Tuesday, October 07, 2008

¡Por fin!

Bueno, pues acabó altexto 2008. De hecho terminó desde la semana pasada. Miércoles de la semana pasada, para ser un poquito más exacto. Y terminó dejándome encamado. Esta vez sí me tiró. ¿Compré algún libro?, nada. Tanta actividad no me dio chance de ni siquiera darle una visitada (como a mí me gusta) a la librería. Y es que me gusta visitar la librería y tardarme horas y horas. Esta vez simplemente no pude. Vi por ahí un libro de cuentos de Alberto (tocayo) Dalal, pero de ahí a poder comprarlo, nada. Este año contamos con la siempre grata presencia de los bachilleratos de Colima. La noticia se corrió por varios campus, y cuando en el programa estaba indicado con quiénes íbamos (guille cuevas y un servidor) a trabajar, resulta que se dejaron venir ene cantindad de alumnos que salían, quién sabe de dónde. Resulta que todos los días teníamos hasta dos o tres charlas (o presentaciones). Sí, es divertido trabajar con estos chavos, pero también es muy cansado. Las chicas van con sus falditas cortas... cortas... cortas... pero cortas, y los caballeros pues simplemente van. Se presentaron las dos colecciones en esa semana y dos días de actividad con bachilleratos. Y entre habla y habla... mira y mira... cada alumno salió por lo menos, con un libro bajo el brazo, como dice la canción de Gavilondo Soler. Debo aclarar que las cuentas nunca nos salieron bien. Es decir, siempre faltaba dinero, poco, pero faltaba. Aunque de las cuentas yo no me hice cargo, carajo, por algo estudié letras, la matemática y yo llevamos mucho, pero mucho tiempo distanciados, y no se ve por dónde, ni cómo, lleguemos a entendernos. El caso es que estos libritos se han movido, vendido y revendido por aquí y por allá. Aquí quiero abrir un paréntesis para agradecer a dos amigos. Bueno, maestra y amigo, que colaboraron con nosotros. David Chávez y Lucila Gutiérrez, que desde tierras chilenas mandaron su colaboración para este nuevo proyecto editorial que ahora reunió el material de personajes bien leídos y bien importantes en la literatura universal, y que nuestroa amigos hicieron un epílogo para este material. Sinceramente muchas gracias. Y bueno, después de una jornada del libro universitario altexto 2008, me quedó una gripa que poco a poco se me está quitando, y un maldito dengue que, me impidió ir a trabajar dos días.

NO SE ME IMPORTA UN PITO...

NO SE ME IMPORTA UN PITO...

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.


Oliverio Girondo

Tuesday, September 23, 2008

Jornadas Altexto 2008





Chamacos in-su-recto(s) denme un poquito de su tiempo para informales el calentario de las jornadas alsexo dos mil chocho. ¿Quieren verGA-lería Universitaria...?, mis chamacos... se los dejo caer... Óraleeeeeeeeee.

Tuesday, September 09, 2008

Puras mamadas




Puras mamadas
(crónicas defenestrantes)

Me da risa, pero también me da coraje. Me da risa, porque el gobierno del estado, a través de su secretaría de cultura, en el mes de la lectura y el libro se pararon el cuello diciendo que regalaron (y aparece una cifra exhorbitante de libros), y que pegaron (y aparece otra suma exhorbitante de calcomanías) y es verdad, lo hicieron. Qué desperdicio de papel, pineso yo, y no sólo yo, miles más. Qué derroche de dinero. Pero según ellos están trabajando. Está bien. No hay que quitarles la absurda idea.
Resulta que estaba el otro día caminando plácidamente (media hora de caminata diara), y observé dos camionetas, muy bonitas, muy del año, muy cafés, aparcadas (gringuismo españolizado) cerca de un conocido colegio popof, sí, de esos donde la crema y nata de Colima, llevan a sus respectivas natillas a hacerse hombres de bien. Pura pinche postura, pos qué.
Decía pues, antes de que me azotara este exabrupto. Que yo estaba myu campante. Sábado de mañana. Caminaba rumbo al bachillerato número uno a dar mi taller de poesía (sí, suena como a putito recién cogidó, pero qué quieres my deivid, tenía que tener un nombre).
Así, libro en mano (el que estaba leyendo en ese momento, para los que no me conocen estaba leyendo Chiquita de Antonio Orlando Rodríguez) pasé por donde estaban esas dos camionetonas. En la parte posterior, de cada camioneta, se leía la leyenda "AL LEER VIVES MUCHAS VIDAS". Repito, en las dos.
Me dio orgullo y pensé que la secretaría estaba haciendo bien su chamba (eso no está en duda), ellos regalan, pegan, pintan paredes, hacen pendones, giran por todos los municipios, hacen lo posible, pues, pero no basta.
El niño, hijo del magnate dueño de la dichosa camioneta. Quería, (a fuerzas de la voluntad de su padre), que fueran al Zentralia a que le comprara un libro. Fue lo que alcancé a oír al paso. El padre, todo osco, huraño, de esos "nuevos ricos", con mucho folklore en la forma de vestir, y sendo reloj, pulsera, anillo y collar o cadena (sólo los perros y otros animales usan cadena al cuello), le dijo que no. Rotundamente no. No para qué. No. No. No. Y nada más que no. Ese fue el fallo.
Entonces me quedé pensando ¿y dónde queda esa calca de que al leer vives muchas vidas?, el niño le estaba pidiendo un libro, no un maldito juego de video, no una chingadera peor, un ofensivo y tierno librito. Vale verga.
Su excusa final fue que, como ya había pasado el mes del libro juvenil e infantil, los libros ya no iban a estar en oferta. Y volví a pensar, ¿y todo ese lujo, camioneta acá, joyas acá, pantanlón acá?
Y agregó -si te portas bien, el año que entra vamos a esa feria y te compro lo que quieras-. Y me volví a quedar pensado. Ah, qué cosas. Y si la secretaría de cultura el año que entra no hace ni madres, el niño perdera otro año más sin su famoso libro.
Yo de plano mejor le quitaba esa calca a mi camioneta. Me dejaba de mamadas y le decía al niño la verdad...

Wednesday, September 03, 2008

Una flor para otra flor

Una flor para otra flor


Alberto Llanes


Me da mucho gusto escribir, para esta edición, un texto introductorio a la obra Flores de sal de la amiga Magda Escareño.
A Magda, como le llamamos quienes la conocemos dentro del ámbito de la cultura, la conocí hace algunos años cuando fui a ver al foro universitario Pablo Silva García, una obra de teatro donde ella era la única actriz (monólogo extenso de una pieza teatral que llamó mucho mi atención porque al parecer no iba para ningún lado pero que al final tenía su razón y que comprendí después, en la tranquilidad de mi casa).
Hasta ese momento yo no sabía nada acerca de Magda, pero poco a poco (como todo lo que se hace en esta vida) la fui conociendo y también a su trabajo.
Yo no sabía que tenía un grupo de teatro que se llamaba o llama Hiperestesia, que era la escritora de varias obras de teatro, que también sabe hacer cuentos y mucho menos, que escribía poesía.
Además de ser una excelente promotora cultural, sobra decirlo. Yo no sabía nada de eso.
Esto de lo que estoy hablando ocurrió hace ya varios años, cuando yo era apenas un incipiente joven Cedart (es decir, estudiante de Bachillerato).
Por eso me da mucho gusto que haya confiado en mí para escribir estas líneas a manera de introducción a su nuevo libro que lleva por título: Flores de sal, editado por nuestra máxima de estudios.
Uno más a la cuenta de nuestra versátil autora.
A mí, que me ha tocado la labor (por decir algo completa) de la hechura de este libro, puedo decir que lo he visto, junto con la poeta, desarrollarse y crecer.
Me ha tocado tenerlo en hojas tamaño carta (como llegan todos libros a la Dirección General de Publicaciones de la Universidad de Colima), verlo en su versión digital y de ahí tenerlo diseñado (en su primera etapa de formación), hasta el proceso de impresión, todo este ir y venir del libro para su formación Magda lo sabe y lo conoce bien (como autora de varios libros más) y se lleva mucho tiempo.
Entre que pasa por un proceso de dictaminación, un proceso de edición, uno más de diseño y otro final de de impresión. Todo para que al final quede conformado como libro.
Mientras todo esto sucede con la impresión de un libro, pasa el tiempo suficiente como para darle al creador (a Magda) la oportunidad de seguir haciendo lo que sabe hacer mejor: crear (poesía, teatro, cuento etc.) e incluso actuar (grandes pasiones sin duda de la autora de Flores de sal).
Así en este caso.
En este compendio vamos a encontrar una recopilación de textos que hablan de flores.
Yo no conozco mucho de flores. Pero sí conozco, sí he conocido (a lo largo de varios años ya) el trabajo siempre inagotable, siempre eterno de Magda Escareño.
Y en varios ámbitos: promotora, escritora, actriz y poeta, incluso vendedora de obra suya o de alguien más.
Estos poemas pueden llenar nuestro cuarto de flores, o el cuarto de quien sea.
Al leer cada uno de los apartados de este libro, es como si entráramos a un huerto, qué digo huerto, una florería, un sitio donde se encuentra el comprador con la más exquisita y variada colección de flores. Pero también nos topamos con la sala donde las flores se marchitan, y es cuando la poesía cambia drásticamente de tono, y se vuelve intimista, dolorosa, fuerte, sola.
El comprador a su paso por esta vereda va encontrar variedad, perfumes, tonalidades, olores, fragancias qué sé yo de cada una de las especies ahí reunidas.
Así es el viaje que nos ofrece Flores de sal, que de entrada, con el puro título nos regala una de las tantas y muy bellas imágenes que podemos encontrar dentro de este compendio.
Sin embargo, a la mitad del texto los poemas cambian, sigue el tono, los nombres, las citas a las flores pero no así su fuerza poética que nos embriaga por lo fuerte y lo profundo de la poesía que nos ofrece la autora, en un tono más confesional, íntimo y encarnado.
Este el juego que lleva intrínseco Flores de sal.
Ya el lector se dará cuenta de estos vericuetos que entreteje el poemario. No todo es la felicidad de los primeros versos, y esto se nota con los poemas más extensos, cambios de ritmo, de sentimientos y sensaciones que encontramos.
Dejo pues al lector con el regusto de las flores, pero también con su desencanto cuando pierden su aroma, su color, su esencia, su significado.
Gocemos su aroma, sus colores, su tamaño, su diversidad y su forma. Y también la otra parte, cuando se marchitan, cuando ya no sirven y nos duele verlas y nos lástima tirarlas y no queremos pero ya no nos ofrecen la hermosura, gracia y alegría de antes.
Así el poemario cuando se abre a ese lado dócil, profundo y de mucha soledad de la poeta.
Si uno tiene o quiere visitar a un pariente enfermo bueno sería llegar con el libro de Magda bajo el brazo, y como un ramillete dárselo a leer para que con este viaje al fondo de los más intrincados gustos florales recupere poco a poco la salud y el gusto por la vida, que aunque a veces amarga, fuerte, perversa y de cambios, también es parte de ella.

Wednesday, August 06, 2008

Remedios contra el estrés




Este jueves, a las ocho de la noche, en la Pinacoteca de la Universidad de Colima, se presentará el libro Remedios contra el estrés del escritor, ensayísta y columnista mexicano Juan Domingo Argüelles.

Veinticinco aniversario de un ojo vigilante




Veinticinco aniversario de un ojo vigilante


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Es un gusto para la Universidad de Colima compartir con todos ustedes la poesía del poeta Efraín Bartolomé.
El maestro Miguel Ángel Aguayo López, rector de la Universidad de Colima, como promotor entusiasta de la lectura y de la mano de autores como Efraín Bartolomé ha asumido la tarea de publicar libros cada vez de mejor calidad, contenido y diseño.
En la Universidad de Colima estamos conscientes de la importancia de estas acciones si queremos llegar a más lectores; sin dejar de lado, claro está, la divulgación científica que aunque toca a un público especializado también es compromiso universitario.
Por lo mismo nos enorgullece la participación universitaria en este acto que promueve la Cátedra de Literatura y Artes Agustín Yáñez y hacemos extensa una felicitación para cada una de las prestigiadas instituciones culturales que la respaldan, así como a la familia de este reconocido escritor, uno de los más representativos de la cultura mexicana de la primera mitad del siglo XX, por haberla instaurado para la creación y promoción de la cultura y para honrar y recordar al magnífico literato, maestro, filósofo, político, Agustín Yáñez, muy vigente por sus novelas Al filo del agua, Las tierras flacas, Ojerosa y pintada entre muchas más.
Ojo de jaguar es el libro más grande que ha publicado la Universidad de Colima, en edad y en tamaño. Aunque consideramos que la poesía de Efraín Bartolomé no requiere esos grandes formatos, nos pareció que este gran libro, por su contenido, también debería destacar en el librero, en la mesa o en la cabecera de la cama porque es para ser leído y releído, para vivirse una y otra vez, para no perderlo de vista.
Además, los veinticinco años refieren crecimiento y como el mismo autor lo demostró al agregar textos hasta ahora inéditos, quisimos que se viera reflejado en el diseño.
Igualmente rendimos honores a la primera edición de Ojo de jaguar, publicado por primera vez en 1982 en las célebres ediciones de la revista Punto de Partida.
La visión de los coordinadores Sergio Briseño y Verónica Zamora y del editor Carlos Ramírez nos enorgullecen por que es talento netamente colimense.
Y por eso nos complace presentar y dar a conocer, esta edición de lujo y conmemorativa, realizada en la Dirección General de Publicaciones de la Universidad de Colima, y en coedición con la editorial MonteVenus, dirigida por los poetas Sergio Briceño y Verónica Zamora.
Que como bien lo dice en la presentación de esta edición el maestro Marco Antonio Campos: “en 1982 sólo unos cuantos admiraron a un poeta con la capacidad de hacer versos contundentes”. De crear imágenes inimaginables, aún incluso para el Ojo de jaguar mismo.

Ahora, veinticinco años más tarde y con la madurez que da el tiempo. El poemario vuelve a nosotros envolviéndonos en una atmósfera penetrante que nos asfixia de naturaleza, que nos empaña de selva y que nos recuerda que el poeta con su poesía es contundente, mordaz y feroz como el jaguar.

En esta edición, por su tamaño, los versos se pueden apreciar perfectamente.
Es confortable ver en hojas grandes los poemas del autor chiapaneco. Que nos empape de Chiapas, que nos ahogue con el aroma de la selva, porque es notable, y el poeta aquí lo deja ver muy en claro, que su preocupación es hablar de la tierra que lo vio nacer.

Dejemos que el poemario nos aprisione cantándonos con una danza lentísima la hermosura de Chiapas. Y dejemos que el jaguar con su canto, su rugido, su atenazado ojo nos vaya llevando por los recovecos de estas hermosas imágenes que nos regala ahora… aquí… el poeta.

La Universidad de Colima agradece a Efraín Bartolomé su confianza para la publicación y distribución de este gran libro, y a MonteVenus el compartir sus logros.

Enhorabuena por el libro, por el poeta y por quienes tendremos la fortuna de poseerlo (sólo se imprimieron 300 foliados y con firma del autor) para leerlo y releerlo, para vivirlo y por su contenido, tamaño y color, no perderlo de vista nunca.

Wednesday, July 30, 2008

Crónica de la melancolía infinita



Foto: Julio César Zamora






Crónica de la melancolía infinita

Julio César Zamora/Alberto Llanes

Dos infantes y un hombre de bronce frente a una fuente de piedra son el hechizo central del jardín. A un costado, decenas de niños se deslizan sobre los juegos mientras otros prefieren la arena.
Pero esto es relativamente nuevo, junto con las mesitas de metal que tienen la factibilidad de conectarse a un enchufe por aquello de que nuestra lap-top no trae batería. Y poder navegar y disfrutar de una tarde preciosa sí, calurosa también, mientras pájaros, bullicio, gente que va y viene y un pequeño mercadito artesanal nos ambientan mientras platicamos (vía net, por supuesto), con un amigo cien por ciento colimense que anda estudiando en la ciudad chilena de Concepción y nos pide que le describamos el jardín Torres Quintero de sus amores.
Si estuviera aquí David, lo primero que diría después de ojear el andador: “la de blusa anaranjada me gusta para madre de mis hijos”, o, “la de anaranjado me recuerda que siempre es mejor ver a las mujeres en un jardín que en un antro”.
Y es que ahora con la modernidad (que ya también le tocó al Jardín Torres Quintero) mujeres variopintas sacan sus computadoras portátiles y se sientan a disfrutar de una tarde que se antoja sudorosa pero gráciles enseñan también sus celulares y café en mano teclean, mueven el mause, platican, toman un trago, observan a su alrededor, saludan a los amigos (y es que acaba de pasar Rafael Araiza) y así son las tardes en el Torres Quintero, incluso podemos encontrarnos con algún político o alguien muy conocido o de renombre de la sociedad colimense.
Una señora felicita a dos jóvenes por ocuparse de “cosas positivas”, una familia completa bebe agua fresca mientras el niño corre a la fuente y regresa por sus papitas; una muchacha de piernas largas roba el aliento del grupo de señores con sombrero; dos turistas se toman la foto junto a la efigie de nuestro ilustre profesor Torres Quintero; y por allá, cerca de los contrafuertes de Catedral se distinguen los boleros como don Naranjo escuchando la XRL a la vez que trabaja con el cepillo y la grasa.
Pasa el paletero ofreciendo su producto. Y es que “el calor está bien fuerte edá”, edá le digo a mi colega que comparte su lap-top, su tiempo, su energía, su música y esta escritura conmigo. El desfile de chicas en prendas diminutas no termina, como el borboteo incesante de la fuente central. “Qué calorón hace”. “Ajá” respondo. Hace mucho mucho calor, mientras un vientecillo disipa nuestras ansias. Recuerdo que el edificio (palacio de gobierno), en sus mejores tiempos tenía más actividad de personas. Pero se ve bien así, con poco ajetreo de gente que va a arreglar asuntos varios. Y recuerdo que la librería Educal antes era receptoría de rentas. Y en eso pasa una señora con su hija y no tengo más remedio, que echarle una mirada a sus muy abultadas…
Las palomas ya forman parte esencial de la imagen en este jardín; a veces edén transformado los fines de semana con globos, payasos, artesanos, paletas, novios y familias; sin embargo, los días como hoy nunca terminan, nublado o con sol, es como una mañana eterna o una tarde extendida. Pero a cualquier hora hay una banca desocupada, un espacio para sentarse y dejar de pensar en las dificultades del mundo y las tormentas del hombre. A veces, es necesario abandonarse mientras pasa la tarde.
Me pregunto si llegaré a viejo. Mi madre y mi mujer creen que con el tren de vida que llevo no, que no lo voy a lograr. Yo no lo sé. Y me lo pregunto porque de viejo me gustaría sentarme en una banca y contemplar la tarde, la vida que para algunos apenas comienza y que para mí ya se está terminando. Y juntarme con los que ahora son mis amigos (que tendrán la misma edad que yo) y simplemente, como lo hacen nuestros viejos. Simplemente recordar nuestros días. Nuestras andanzas. Nuestra vida. Nuestros sueños. Y nada mejor que hacerlo sentado en una banca y con música de Edith Piaff de fondo, que salga de una de las computadoras. Como yo ahora hago lo mismo.
Hoy una mujer marina me ha dicho que soy “hombre de agua” por preferir a las “mujeres de fuego”, esas que en vez de alma tiene una brasa encendida y corazón de lumbre. Yo lo ignoro, desconozco si soy de agua, pero es necesario partir de aquí.

Friday, June 13, 2008

Fingidor

Subimos a continuación una colaboración del amigo Jorge Vega, publicada en el suplemento cultural del Ecos de la Costa: AltaMar.



SEXTANTE
FINGIDOR
Jorge Vega
Jaime Velasco, como uno de los heterónimos del poeta lusitano Fernando Pessoa, narró
en el escenario del teatro Hidalgo, este miércoles por la noche, su vida, la de su creador y la de todos los creadores verdaderos y anónimos del mundo y de Colima. El monólogo, que se llama Vengando a Pessoa, fue escrito por el novelista y poeta César Anguiano y es actuado con una tremenda honestidad por Jaime Velasco. Es un proyecto apoyado por la Secretaría de Cultura de Colima, en el que intervienen más de diez personas y que aún tiene más presentaciones por delante.
Fernando Pessoa, un hombre que sólo vivió 47 años, que no fue conocido por su obra mientras vivió, que jamás tuvo casa propia, novia conocida, que trabajó siempre como oficinista, y que en la actualidad es de los autores más vendidos en el mundo, fue un artista que logró entender y transmitir, como muy pocos, la soledad humana, la extrañeza de vivir y el absurdo de la existencia.
Tomando esos elementos, y tras un viaje profundo por la obra de Pessoa, César Anguiano redactó un texto donde articula la historia del máximo poeta portugués con la vida de los escritores colimenses y del país que aún respiran y que hablan desde su propia voz, aunque vivan en la pobreza. Además, el monólogo les sirve a sus
creadores para criticar situaciones de nuestra sociedad que les parecen absurdas, ofensivas y crueles, como la necesidad que tienen algunos profesores y gobernantes de callar a quienes cuestionan siempre las figuras y pensamientos de autoridad,
o la decisión que toman muchos de vivir como mulas de carga, yendo de la casa al trabajo y de allí a la casa, sin decidirse jamás a ser hombres o mujeres con gravedad propia.
Se llama Vengando a Pessoa porque en vez de poner a Jaime a recitar poemas bonitos, su autor habla de la vida difícil que llevó este gran poeta, de la vida dura que llevan los ceros-a-laizquierda que se dedican al arte y de lo fácil que nos engañamos todos para callar, para decir que todo marcha bien, que nuestra vida es perfecta y que aquí no ha pasado nada. Más que convertir la obra en un recital de poesía para no despertar a nadie, el autor quiso que el público tragara prosa,
que tragara realidad.
La obra combina el texto de César Anguiano con fragmentos en off tomados del Libro del desasosiego y de diferentes poemarios de Pessoa. Jaime Velasco, quien seleccionó los poemas, muestra su don para la actuación cambiando de un universo al otro sin perder la credibilidad. De ser durante un momento el Pessoa que recorre una buhardilla pobre, con el cigarrillo en la boca y una copa de licor en la mano, se convierte en seguida, ante la vista de todos, en él mismo, en un Jaime Velasco que narra su propia historia, sus accesos de locura, los más de treinta años que ha dedicado a la actuación y su escandalosa falta de dinero.
Aunque hubo momentos en los que pareció olvidar el texto, Jaime Velasco es capaz de llenar con su sola presencia todo un escenario como el del Hidalgo. Maneja, además, el lenguaje simbólico de la escena con naturalidad y frescura. Traza dos grandes escenarios, dos universos, uno actual y otro ubicado en la Lisboa de principios
del siglo veinte, que cruza al final para salir disparado hacia otros territorios portando un paraguas blanco.
La obra se apoyó en la escenografía de Alfredo Medina, la música de Miguel Ángel Cuervo y en la iluminación de Luis Enrique Jiménez. Este monólogo muestra cómo es posible dar el salto al vacío, dejar atrás los modelos de escritura exitosos o de moda, y comenzar a escribir textos verdaderos. En el monólogo es posible sentir,
gracias a la fuerza de César y Jaime, cómo palpita (tibio y un poco tímido aún), el corazón de Colima, el alma de nuestra ciudad, de la gente que ha nacido o que vive aquí. Tal vez por eso los asistentes sonrieron con las claves locales y algunos
hasta dejaron escapar algunas lágrimas.
Sí, al monólogo le faltan algunos ajustes,correrlo varias veces, pero ya muestra (y esto tal vez no lo entienda nadie, sólo unos pocos, quienes ahora escriben) que sí es posible crear, a partir de nuestras debilidades, de nuestras miserias, de nuestro provincianismo y falta de fe, universos capaces de dialogar en igualdad de ondiciones
con las grandes creaciones de la humanidad.
Digo esto porque se trata de una obra escrita por un colimense y actuada por otro, que aborda problemas universales con honestidad, y no sólo es
un trabajo "colorido" y "folclórico" para los extranjeros, para el turismo, un trabajo "experimental", ni la puesta en escena de obras y musicales extranjeros (en inglés, of course).
La obra, que puede ser considerada como una tragicomedia, termina en ritmo ascendente con el hermoso poema de Pessoa titulado "Autopsicografía":

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que en verdad siente.
Y los que leen lo que escribe
del dolor leído sienten,
no los dolores que él tuvo
sino el que ellos no tienen.
Y así en los raíles gira
divirtiendo a la razón
ese trenecito de cuerda
que se llama corazón.

Se escucha a lo lejos un tren, que se acerca. Pessoa abre la ventana de su cuarto y salta al vacío con un paraguas blanco, hacia la muerte por cirrosis o hacia esos otros mundos que llegó a construir mientras tuvo vida, y que palpitan con fuerza cada vez que un lector abre uno de los libros escritos por sus múltiples heterónimos (no pseudónimos, sino poetas con su propia biografía y filosofía), entre los que destacan Bernardo Soares, Álvaro de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis y ahora Jaime Velasco.
La obra fue estrenada el miércoles 11 de junio, con una función extra el jueves 12, en el teatro Hidalgo de esta ciudad. Un día después, el viernes 13, Pessoa cumpliría 120 años de vida.

¿Qué es lo primero que levantas del suelo después de un terremoto?

 En palabras Llanes     I Una vez más México hace historia; otro 19 de septiembre que « retiembla en su centro la tierra al sonoro...