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Saturday, August 01, 2020

La magia de la poesía Parte I

Café exprés

 La magia de la poesía
Parte I

Fue el 13 de marzo de este año 2020. Estábamos, un grupo de escritores y escritoras, todos amigos y en sana convivencia, reunidos en la hermana ciudad de Tecomán. La maestra Isabel Martínez nos había hecho la invitación de estar presentes para platicar con un selecto grupo de chicos y chicas de secundaria; ellos y ellas, tienen a su cargo un proyecto muy noble que involucra a la literatura, el café literario: «Libros y café comunitario», proyecto que se desprende de su sala de lectura del mismo nombre. Lo que considero otro gran proyecto muy noble, sin duda alguna. Porque la maestra Isabel y yo nos hemos conocido en ese otro proyecto, del que somos o fuimos parte; un diplomado, del que, por cierto, a estas alturas todavía no sabemos si concluimos satisfactoriamente o no. Digo que son ambos son proyectos muy nobles porque se desprenden y desarrollan a partir del trabajo personal, no nos pagan por fomentar la lectura, al contrario, ambas salas tienen alumnado, la mía, habita, por lo pronto en las instalaciones del Museo Regional de Historia de Colima, en el Centro Histórico y la de la maestra en su escuela, en Tecomán.

              Ese día de marzo, antes de la pandemia, viernes 13 por cierto para quién cree en esas cosas, los chicos y chicas del taller: «Libros y café comunitario» sesionaron (por decirle de alguna manera) y el plato fuerte éramos nosotros, los escritores/as colimenses para hablar de nuestras obras, proyectos y las ganas de seguir escribiendo amén y a pesar de todo. El objetivo, transmitirles un poco o un mucho de esta pasión a ese numeroso grupo de adolescentes deseosos de buscar algo más que tragedias en su vida, algo más que un futuro incierto como a algunos les puede esperar.

              En la mesa, esa tarde calurosísima, por cierto, estábamos Jetzabeth Fonseca, Lía Llamas, Armando Polanco, Adín Valencia, Melquiades Durán, Juan Carlos Recinos y yo (dentro del público se encontraba Zeydel Bernal). Fue una tarde de reencuentro con los amigos/as escritores (desde ese día no los he vuelto a ver en persona por la contingencia sanitaria que, días después, nos volcó de lleno en nuestras casas y nos tiene guardados, sin vernos, sin platicar de nuestras pasiones, entre ellas, por supuesto, la literatura).

La imagen puede contener: 42 personas, incluido Alberto Llanes, personas sonriendo, multitud y exterior

              Cada uno/una habló de sus proyectos, de su técnica y obra. En mi intervención traté de ser muy breve porque ya había estado un viernes anterior con ellos. Aquél día regresaba de la FIL del palacio de minería en la Ciudad de México y esa tarde me moví a Tecomán para estar con ese grupo y la promesa de regresar días después con un selecto equipo de amigos y amigas escritores. Y, pues ahí estábamos. Me volví una especie de moderador del evento. El interés personal era que mis amigos/as participaran, pero más que eso, que los chicos y chicas ahí reunidos (en la biblioteca de la Casa de la Cultura de Tecomán) se atrevieran a preguntar, a charlar y que fuera un rollo un tanto más interactivo.

              Así que, a la mitad, justo a la mitad y luego de que cada uno de nosotros participamos, presentándonos con los chicos y chicas, hablando de nosotros mismos, leyendo un poco de nuestra obra, etcétera, tuvimos un breve receso donde nos convidaron unos panecillos deliciosos y uno o dos vasos de agua fresca. Al regreso del, vamos a decirle festín, ya no tomé mi lugar en el espacio designado para mí, sino que pedí el micrófono y pregunté a la amable concurrencia si había alguna intervención. Por un principio dudé que alguien se animara, pero estaba equivocado como casi siempre lo estoy. Tecomán es un lugar donde casi no llegan presentaciones de libros o eventos culturales, la gente, entonces, está ávida por algo más que calor, cocos, playa, limones y bañistas; y ahí estábamos nosotros para beneplácito (espero que así lo haya sido) de la concurrencia. De pronto vi muchas manos levantadas y allá me dirigí, micrófono en mano. Hubo preguntas para todos y de todo tipo. Las autoridades de la biblioteca regalaron cinco libros a igual número de personas que levantaran la mano y lanzaran una pregunta. Se agotaron súper rápido. Cada uno de los participantes, al ver esto, sacó sus libros y me los entregó para seguir regalando obra porque las manos seguían levantadas. Saqué de entre mi mochila parte de mis libros y también los doné. Se juntarían otros diez o quince libros. Muy generosos los compañeros y compañeras escritores que, sin cobrar, llegando de Colima, Manzanillo o, incluso, de mucho más lejos, estaban ahí, gustosos/as y, todavía, regalando sus libros.

              Hubo de todo, gente que enseñó sus dibujos, alguien que declamó poesía; Lía Llamas fue la que más fans tuvo y la que más preguntas respondió, quizá su voz de locutora atrapó a la concurrencia, quizá su sombrero llamó la atención o su manera de ser tan libre, directa, franca y sin caretas fue lo que atrapó al público juvenil y vaya que el público juvenil es exigente. Adín Valencia robó cámara y fue el que más fotos concedió, al final de todo esto «y los demás no nos podemos quejar», creo que nos fue muy muy bien con este público exigente que pedía una segunda parte de este evento, pero ahora en el jardín de Tecomán (proyecto que se quedó trunco como se han quedado muchas cosas y eventos por la situación que estamos viviendo a nivel mundial).

              Posteriormente, y como agradecimiento a nuestra participación, la maestra Isabel y la directora de educación y cultura del municipio Claudia Verduzco Anguiano, nos invitaron a comer-cenar. No quiero hacer muy largo este cuento que les estoy contando. Pero al finalizar el día, al regresar a Colima y dejar a mis amigos Armando Polanco y Lía Llamas (quienes me acompañaron de ida y vuelta). Pasé por mi mujer y mis hijos y nos fuimos a casa a descansar. El trajín había sido largo, agotador y cansado.

              Antes de despedirnos, como debe ser, a las afueras del restaurante del que no recuerdo su nombre, pero prometo que lo voy a investigar… intercambiamos firmas y libros, libros y firmas y una que otra foto, repito, como es costumbre. Sin embargo, y ya en casa, un hecho me asombró sobremanera. Al abrir mi mochila, en el interior, descubrí un libro de poesía que no era mío, vaya, que no había comprado yo, ni había intercambiado con el autor.

Me hallé con Jericó de mi querido amigo Juan Carlos Recinos.

              Y esta historia continuará…


Friday, August 16, 2019

Ianis Guerrero o Juan y Vanesa


Café exprés



Retomando esta columna luego de algunos días de vacaciones y del regreso a clases, voy a hablar del día nacional del cine mexicano y de algo que nunca sospeché que podría pasarme.
                Resulta que para celebrar el día nacional del cine mexicano en el Museo Regional de Historia de Colima en conjunto con IMCINE (Instituto Mexicano de Cinematografía) y la Universidad de Colima se están llevando a cabo una serie de proyecciones de películas mexicanas (la cartelera se puede ver en www.imcine.gob.mx).
El día de ayer se proyectó la cinta escrita y dirigida por Ianis Guerrero titulada Juan y Vanesa. No sé qué tanto, en Colima, pueda decirnos el nombre de Ianis Guerrero (debo confesar que cuando me dijeron su nombre ya lo había oído, leído en algún lado, pero no estaba del todo seguro). Ianis es, entre otras cosas actor, y lo que nunca imaginé es que lo fuera a conocer y no sólo eso, sino a convivir con él y coincidir.
Debo aceptar que jamás había convivido con alguien a quien le pidieron fotografías y autógrafos o que reconocieran en la calle (debo decir también, que él siempre estuvo dispuesto a ceder ante la petición de sus fans), es el precio de la fama… pensé.
                Soy fanático in extremis de la serie de televisión de Netflix llamada Club de cuervos, y resulta que Ianis Guerrero interpreta, en ese serial televisivo a Moisés, sí, uno de los jugadores del club de futbol. Su actuación es vital porque es un delantero que a veces hace la función de un medio volante férreo y por ahí, en algún episodio y cuando Chava Iglesias tiene al equipo casi casi en la bancarrota, Ianis o, mejor dicho, Moisés, decide cambiarse de club por lo que lo toman por traidor y no sale muy bien con Chava ni con los Iglesias en general.
                Ianis no sólo ha trabajado en esa producción, estuvo en la película más taquillera del cine mexicano titulada Nosotros los nobles en el papel de Lucho, sí, ese que va empujando en un diablito a mi todavía novia Karla Souza; lo hemos visto también en el cine en películas como: A la mala, ¿Quién es Samantha?, Bala mordida, Morenita y Casi divas; en televisión ha aparecido en Doña flor y sus dos maridos, La balada de Hugo Sánchez, Blue Demon, Un camino hacia el destino, La patrona, Capadocia, entre otras.
                Lo que me sucedió sin pensarlo y casi casi sin querer queriendo, fue verme reflejado en el otro (en Ianis) porque platicamos de historias, de cómo surgen, cómo contarlas, del lenguaje literario y el lenguaje cinematográfico y compartimos unas buenas cervezas al calor de una cuachala de súper mega lujo preparada por nuestro buen amigo Christian Peña en su conocido bar San Cayetano (un sitio que, a propósito de nuestros temas, tiene muchísima historia, sólo falta que alguien se atreva a contar todo lo que se vivió en su interior, Christian Peña, dueño de este bar-restaurante, cuenta las anécdotas con mucha pasión, ahí está otro plus para visitar el lugar). Conocí pues, el lado humado de una persona que había visto a través de la pantalla de televisión, ya sea por medio de series o películas.

Juan y Vanesa
Esta cinta es la ópera prima de nuestro buen invitado. Una historia de amor, de encuentro pero también de desencuentro, de esas novelas de camino o historias que tienen como eje la carretera (la música debe ser la adecuada para viajar y creo que, en este caso, la música de la película Juan y Vanesa es increíble y a lo que me dijo el propio Ianis, toda es o fue original).
No les quiero ni les voy a contar la historia de la película porque lo mejor es que cada quien la vea e interprete según la recepción de cada uno de los espectadores. Cada quién recibe, en el momento especial de su vida, la cinta o la historia y lo que sucede en ella.
                Ianis, luego de la proyección de su filme respondió preguntas que el público le formulaba en torno a su percepción de la película. La sala del cine universitario lució a medio llenar; quienes no asistieron, se perdieron de una muy buena historia, de una muy buena película que fue realizada con muy poco presupuesto y sin ningún tipo de apoyo por parte de ninguna institución; factor que nos habla de la pasión de Ianis por contar una historia, y una muy buena historia; digo, porque a final de cuentas uno lee un libro o ve una serie o película, obra de teatro… para conocer una historia y desentrañar lo que hay en ella.
                El personaje de Juan está interpretado de muy buena forma por el actor Fabián Robles que hace de un camionero de entre 35 o 40 años que quiere rehacer su vida maltrechamente vivida, pero, en el camino (como esa novela de Jack Kerouac), se topa de frente con el desenfreno, Vanesa, Vanesa o Daniela Díaz como es su nombre en la vida real de la película, porque ese personaje en realidad lo interpreta la actriz Karen Martí, quien es una chica de entre 15 y 18 años que está escapando de todo, incluso de ella misma.
El encontronazo es directo y sincero, salen chispas y su explosión y misterio es inminente. La película hace que te vayas respondiendo ciertas interrogantes que pueden ser como tú las piensas o no. El filme siempre está dando giros o cambios y eso es sumamente interesante.
                Las historias se repiten y se suceden, Lolita, Luna caliente, La uruguaya y aquí bien cabría mencionar a Juan y Vanesa, todas las historias nos cuentan vidas desde puntos de vista diferente, desde diversas perspectivas, lo que nos hace, indudablemente, humanos.
Lo que relaciona las historias que recién acabo de mencionar, es que todas tienen como hilo conductor a una Lolita en ciernes que, como dice aquella vieja canción, nos va enredado entre sus redes, hasta quedar, prácticamente y casi casi sin quererlo, preso entre las redes de un poema (o de una Lolita).
                Recomiendo ampliamente que la gente que no fue al Museo Regional de Historia a ver la película de Ianis Guerrero aprovechen la plataforma de Amazon para verla, porque ahí la pueden encontrar.
En esta era digital y con este tipo de plataformas, cada uno de nosotros elegimos el contenido que queremos ver, leer o escuchar y disfrutar. Ya no dependemos para nada de lo que nos puede regalar la televisión que, podría decirlo, ha pasado de moda y oferta, de un tiempo a la fecha, pura mierda.
                Gracias Ianis Guerrero por tu visita a Colima, por tu humildad y por dejarnos conocer ese lado humano que, en tiempos como los que vivimos en la actualidad, hace mucha falta.
Espero que mi libro quede o llegue a manos de Karla Souza para que se dé otro encontronazo y que la vida siga girando para llegue a su forma circular u original.            
               
                  




¿Qué es lo primero que levantas del suelo después de un terremoto?

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