Monday, May 06, 2019

Oralidad literaria para la infancia en ¿Cómo nacieron las estrellas?

Café exprés La oralidad es una historia que ha pasado de boca en boca, ha surcado la brecha generacional del tiempo y ha llegado a nosotros transformada en mito, leyenda, pero es una historia escuchada por ahí. Me sorprende gratamente que una autora nacida en Chechelnik (Ucrania) en 1920, como lo fue la escritora brasileña Clarice Lispector, se apropie de todo lo latino (o de este lado del mundo), para darlo a conocer; claro, la autora es brasileña por adopción, puesto que sus padres desde muy pequeña (a los dos meses de nacida) la llevaron a vivir a Recife, aunque la ciudad que se le quedó marcada fue, sin lugar a dudas, Río de Janeiro. Clarice, en sus escritos, buscaba adentrarse en la profundidad de los sentimientos y las sensaciones humanas, tocándonos a todos los que ahora somos sus lectores. ¿Cómo nacieron las estrellas? es del libro que platicaré en este escrito, donde la oralidad de las historias de un pueblo quedan como testimonio del profundo amor que la autora tenía por la tierra que la vio crecer y desarrollarse amén de haber nacido en la antípoda, es decir; del otro lado del mundo. Clarice falleció en Río de Janeiro en 1977 siendo una autora netamente brasileña. En 2014 el grupo editorial V&R Editoras, sacó a la luz pública para américa latina el título ¿Cómo nacieron las estrellas? de Clarice Lispector; una edición hermosa en su diseño, imagen, imágenes, concepción y contenido. El documento recaba doce cuentos, como doce son los meses que tiene un año. Cada cuento da muestra de un mes y en enero descubrimos exactamente ¿Cómo nacieron las estrellas?, que a mí en lo particular es una de las formas geométricas o no geométrica que me fascina por su encanto titilante y su forma aguda y de picos; en febrero conoceremos la historia de una Fiesta en el cielo, donde sabremos de las victorias regias que son lirios o nenúfares de agua también conocidos como Victoria amazónica, nativo de las aguas profundas del río Amazonas. Quiero hacer hincapié, antes de proseguir con todos los demás meses, que en estos cuentos se revelan leyendas de Brasil y conoceremos del mismo modo su paraje exótico, flora y fauna característicos, donde el verde de la selva, su exuberante belleza y su vasta geografía nos van a dar pleno en el rostro hasta sentir, incluso, una pequeña asfixia tan natural que ninguna ciudad cosmopolita nos puede ofrecer; amén del sentido del humor tan agudo que tiene cada una de estas bellas historias. En el mes de marzo llega El pájaro de la suerte que es el uirapuru, que según la leyenda el canto de ese pájaro trae bendiciones a quien lo escucha y vive en las ricas selvas de la Amazonía; en abril llegan Las aventuras de Pedro Malasartes que no quiero hacer ningún tipo de spoiler para que el lector/a busque este título y conozca la buena o mala suerte de Pedro Malasartes, según se quiera ver. En mayo conoceremos a La peligrosa Yara, una especie de sirena sin aleta que vive en las profundidades de las aguas y surge de lo hondo, magnífica; adorna su cabello negro con flores acuáticas en tanto busca pececitos mientras juegan a perseguirse y huir. Yara siempre está en busca de novio y parece ser que con uno solo no le es suficiente, ¡cuidado hombres!, Yara anda suelta; en junio hay Fiesta en la selva porque se encienden las hogueras de San Juan y hace fresco, la gente de la Amazonía come batatas (un tubérculo de los países de Latinoamérica que puede pasar como papa dulce, camote o boniato), en la fiesta de la selva se oye el canto del sabiá (un ave sudamericana, similar al zorzal colorado); julio es el mes donde conocemos a una criatura bastante extraña Curupira el travieso hace de las suyas. Los indios nativos llamaban curupira a una criatura fea como el Tiñoso y peludo como un oso, pero mucho más pequeño y con los dientes muy muy verdes, como claro reflejo del verdor de la selva del Brasil. Además de todo esto, el curupira tiene las orejas afiladas, pero no, no es un adefesio, está lejos de serlo… es una criatura traviesa y nada más y lo único que pide a cambio (a cambio de no hacer tantas travesuras es un poco de tabaco para poder fumar). En agosto llega El negrito pastor, un esclavo Negrito, Negrito de nombre y de color que cabalga un caballo bayo (bayo es igual a una variedad de pelaje de los caballos, de color blanco amarillento con crines y cola del mismo color o, a veces, más oscura) toda esta historia sucede en Pelotas, un municipio en la costa sudeste de Brasil, en el estado de Río Grande del sur; septiembre es el mes en Lo que me da miedo que es el Saci Perê que se esconde entre los matorrales y es medio-hombre pero también medio-bestia y no es de hacer grandes maldades, pero las hace pequeñas y maliciosas porque es capaz de volver agria la leche hervida y, si hay una mosca en tu sopa, no dudes que la culpa fue de Saci Perê, que asusta a las gallinas (ya de por sí de naturaleza asustadiza) y las hace huir aterrorizadas para no dejar en paz al cuidador o dueño. El Saci Perê también se pasa de malo con las amas de casa porque es quien les quema los frijoles en la olla, todo esto lo hace el muy canalla por venganza o para divertirse de armar y crear estas confusiones en la familia. El mes de la niñez en Brasil se celebra en octubre (el día doce para ser más exactos), en octubre, este libro maravilloso nos regala la historia-leyenda-mito El fruto sin nombre que relata la historia de un árbol que no daba frutos, pero cuando los dio el fruto era desconocido. Todo esto generó un rumor: «En la selva amazónica crecía un árbol especial». La gente corrió a preguntar a Tupá (dios supremo de la cultura guaraní) por el nombre de este árbol y por ende del fruto y el Tupá les dijo que el nombre del fruto era: «Muça, muça, muça»… todo esto sucede en octubre. En noviembre Clarice Lispector nos cuenta de estas leyendas que ella retomó y reescribió con su talento y nos narra Cómo aparecieron los animales. En la leyenda-mito-historia, aparecen Maués (una tribu aborigen brasileña, también conocida como Sateré-Mawé), hay una parvada de Mutum (que es un ave conocida también como urumutum, mitu o mitua, que habita en la región amazónica), encontraremos también Sarucuras (aves que habitan en los bosques húmedos de Brasil); por ahí nos puede sorprender una parvada de Macucos (que es un ave que vive en los bosques del este brasileño, cerca de Pernambuco y la historia no podría estar completa sino cierra con un poco de guaraná (planta trepadora, originaria de la Amazonía y de fruto comestible) pero el guaraná ahora nos lo venden incluso, en los refrescos de famosas marcas comerciales… En diciembre tenemos Una leyenda verdadera, un hermoso texto sobre el nacimiento de Jesús, la estrella que guía e ilumina, el pesebre, los reyes magos y todo lo demás. El silencio de Dios hablaba dice maravillosamente esta frase que recupero de este texto. Este niño (refiriéndose al niño dios, pero que puede ser cualquier niño o niña que nace…)… «Este niño, que renace en cada criatura que nace, querría que fuéramos fraternos en nuestra condición humana y delante de Dios». (página 52). ¿Cómo nacieron las estrellas? es un libro que no sólo es para niños (por sus gráficos, dibujos, colores e historias); sino que es libro que se debería disfrutar en familia, siendo cómplices todos de los mitos y leyendas de la Amazonía, verde Amazonía que se respira en cada una de las doce historias que componen este maravilloso libro de leyendas que se vuelven mito, que se vuelven oralidad, que se hacen historia y que se disfrutan al leer... Gracias Clarice. 66 años de la Acpe.

Wednesday, April 03, 2019

#MeToo

Café exprés La semana pasada salió a la luz una serie de acusaciones, vía redes sociales (como se estila en estos tiempos más modernos que otros tiempos), bajo el hashtag MeToo donde acusaban de acoso sexual (gente anónima, con nombre apellido o alias) a ciertos escritores mexicanos (yo lo vi primero con escritores) y de ahí se desató una reacción en cadena donde pulularon nombres de gente conocida en el gremio. Todo comenzó cuando se acusó a alguien de acosador, violentador y demás (al inicio no dijeron quién, pero luego hubo personas que le pusieron nombre y apellido y el mencionado resultó ser Herson Barona), repito, ante esto salieron muchas personas más a denunciar acoso no solo de Barona; sino que se dieron a conocer nombres de escritores sin ton ni son, famosos y no tan famosos pero que pertenecen al mismo gremio. Posteriormente, me di cuenta que se abrió otro hashtag ahora dedicado a periodistas también mexicanos y la lista, como sucedió con los escritores, resultó extensa y salieron nombres conocidos y otros no tanto, pero igualmente de mismo gremio; ahora de periodistas, igual que sucedió con el MeToo dedicado a los escritores. Ya que estamos en estas salió, el fin de semana (fin de semana que estuve alejado de las redes sociales y del internet porque viajé a Cuernavaca, Morelos) salió el hashtag MeTooActores y Músicos y ahí también se dieron vuelo confesando acoso de varios de estos actores, músicos y cantantes; quienes se dan vuelo definitivamente son mujeres que dicen haber sido atacadas, incluso violentadas por #Escritores #Periodistas #Actores y #Músicos y #YoSíLesCreo, les creo porque soy parte del gremio y me ha tocado ver cómo algunos escritores se portan con sus mujeres y las mujeres de otros autores. Tan sólo yo viví el caso cuando me di cuenta que un poeta conocido y reconocido… delante de mí empezó a tirarle el rollo a la que entonces era mi mujer haciéndole propuestas subidas de tono, claro, ese autor no sabía que aquella mujer era mi pareja en ese momento, estoy hablando del año 2006, 2007. Esto del movimiento MeToo no empezó en México ni empezó este año. Acá voy a hacer mención de que la actriz Karla Souza hace un año lanzó una declaración bastante fuerte contra uno de los productores de alguna de sus películas por este mismo motivo y hay que ver los líos que ha tenido gente muy conocida en el medio internacional como Kevin Spacey, James Franco, Gary Oldman, Christian Slater (y la lista se vuelve extensa, pero sólo por mencionar a algunos) todos ellos acusados por abuso sexual, acoso, violencia, comportamiento inapropiado contra las mujeres, etcétera. Posteriormente, me entero que, también por redes sociales (repito, como se estila en estos días modernos), ha salido un grupo que se hace llamar #MeTooHombres que surgió con la consigna, muy poco valiente de ponerle rostro y nombre a la otra cara de la moneda, sí, a las mujeres que acosan a los hombres (hagan el chingado favor). La muerte del cantante, músico, escritor y fotógrafo de Botellita de Jérez Armando Vega-Gil no debe ser impedimento para que salgan a la luz pública todos estos casos de abusos contra de las mujeres. Aquí no voy a defender a nadie pero tampoco voy a atacar a nadie. El movimiento #MeTooHombres sólo ha provocado la burla de los seguidores de la red social del pajarito. Y yo me pregunto… ¿después de esto qué sigue?, que las mujeres hagan otra cosa más que lleve a la violencia, que los hombres respondan a eso que ellas hagan y así hasta que esto no tenga final? No entiendo ¿cuál es el punto ni adónde, como sociedad queremos llegar odiándonos entre géneros?, la verdad. ¿Que siga creciendo el odio, las muertes, este tipo de actos? Repito, no voy a defender a nadie porque somos adultos y tenemos que ser consecuentes y afrontar el resultado de nuestras decisiones. #YoSíLesCreo a ellas porque las redes sociales son a veces, el único medio que hay para no quedarse callado. Si el integrante de Botellita de Jérez tomó la decisión que tomó, fue a causa de no afrentar sus consecuencias y, lejos de que su “carta” dice que «no se culpe a nadie y que esta decisión (suicidarse) es un acto, una decisión voluntaria, consciente, libre y personal y que aunque su muerte no es una confesión de culpabilidad sino todo lo contrario, es una radical declaración de inocencia», a mí me da la impresión al respecto dos cosas, que el maestro ya estaba mal desde antes y tenía en mente suicidarse por ene o ye razón (y esto vino a detonar ese fusible que el maestro ya traía fundido) o que en realidad sí tuvo culpa, sí fue un acosador (como él mismo lo dice: en esta cultural machista en la que vivimos) y no pudo con todo esto y su solución fue rápida, de mucho valor, pero de victimario a víctima y, si lo vemos así, egoísta y cruel por dejar a su hijo a las buenas de dios… pero él lo dijo… es una decisión libre, voluntaria y personal y a final de cuentas.. una decisión y ahora está ahí viviendo o muriendo las terribles consecuencias. Sólo Armando Vega-Gil sabe y se llevó a la tumba lo que en realidad ocurrió. Pero colgarse de árbol (como todo un Judas Iscariote) en las inmediaciones de su casa, luego de que nadie diera con él y dejara la puerta de su apartamento abierta y con su celular dentro… se me hace un acto muy teatral para alguien que tiene en sus planes cometer suicidio como dijera Café Tacuba en aquella vieja canción. ¿Hipocresía sin límites?, repito, no lo sé… sólo el indio sabe lo que carga en el costal y al parecer el costal del maestrazo Vega-Gil llegó a su límite. Descanse en paz Armando Vega-Gil / 66 años de la Acpe.

Friday, March 22, 2019

Las mujeres del rock

Café exprés (Parte 1) Mucho antes que se hablara del empoderamiento de la mujer. Ya existían bandas o mujeres solistas que, con su voz, carisma y belleza cautivaron a toda una generación. En este breve artículo haré, someramente, un breve repaso por algunas de ellas. Seguramente dejaré a muchas fuera, pero es innegable que la escena del rock ha tenido a muy buenas exponentes, representantes o líderes de bandas conformadas por mujeres o sólo por mujeres. El primer recuero que tengo de una mujer con una voz mega potente y cautivadora es la de la bruja blanca, sí, Janis Joplin quien es y fuera todo un ícono en la escena mundial de la música rock. De ese periodo es innegable hablar de Jefferson airplane y de Blondie; dos bandas que, a la fecha, disfruto y, aunque diferentes en sus piezas melódicas, agradables a mi parecer y como oidor fanático que soy. Soy un tipo que creció en los noventa, rodeado de muchas corrientes musicales, creo que me tocó los orígenes del ahora llamado reggeton en uno de sus máximos exponentes de esa maravillosa década: El general. Pero no vamos a hablar de reggeton. A lo que voy, es que en los noventa bien sonaba buen rock and roll, pero también sonaba rap del bueno, del medianito y del de muy baja calidad y había, creo yo, de todo un poco. Alanis Morrisete fue otra voz que gocé en mi juventud. Bandas que eran conformadas únicamente por mujeres recuerdo a 4 non blondes, banda de hard rock formada en San Francisco, California lidereada por Linda Perry y compañía, ahora Linda Perry escribe canciones para Cristina Aguilera y es una muy buena productora musical, Elástica era otra banda conformada únicamente por mujeres, Elástica tiene un estilo peculiar para transmitir emociones, depresión, angustia qué sé yo. Courtney Love formó su banda a la llamó Hole. Y podemos agrandar y engrosar la lista al antojo de cada quien. Un grupo que me gustó su música pero era bastante fresón y nada que ver con el rock eran las Spice Girls y su poder femenino, una banda conformada por cinco mujeres.
Sheryl Crow tenía una imagen de secretaria sexy, sé que ahora me dirán sexista, pero en aquellos ayeres así era, amén de su imagen yo disfruta su voz. Joan Osbourne me motivó y movió ciertas fibra en mí, su disco Relish es una joya musical y su voz es un portento. Garbage, No doubt, Portishead, The cranberries (la muerte dolorosa y sorpresiva de Dolores Oriordan a inicios del año pasado llamó poderosamente la atención de todos sus seguidores). Seguramente mi lista quedará muy muy corta, pero fueron los años noventa donde la música pululó y había para dar y repartir. Natalie Imbruglia me cautivó en su momento. Los Smashing Pumpkins contaban entre sus filas con la magia, en el bajo, de D´arcy Wretzky, si bien no era la líder del grupo, es una bajista fenomenal. El fallecimiento de la cantante Aretha Franklin me puso a pensar en esta lista y en mujeres como Madonna que se ha forjado una carrera como cantante con pros y contras. En gente como Mariah Carey, Whitney Houston, Amy Winehouse, Björk en fin… gente que, aunque no propiamente rock, pero han contribuido a la escena musical con el portento de su voz. Katie Melua es inspiración plena y total; amén de belleza cautivadora. Esta lista es nada en comparación de lo que podemos escuchar a nivel musical de parte de las mujeres, en México surgieron también grupos Santa Sabina con la voz de la extinta Rita Guerrero, La Lupita y muchas más… pero esto es sólo una probada / 66 años de la Acpe.

¿Hay vida después de estudiar en la Falcom?

Cuando uno anuncia en casa, con bombo y platillo (como debe ser), que vamos a estudiar una carrera en el área de humanidades, cuando anunciamos que a lo que nos queremos dedicar el resto de nuestra existencia es a escribir, o al estudio de la lengua; en casa, (también como debe ser), todos los miembros de la familia pegan el grito en el cielo y nos tildan de locos, nos tachan de irreverentes, nos señalan con el dedo, dicen que somos la oveja negra de la familia y, las que más disfruto y disfruté fueron esas de que con eso nos vamos a morir de hambre o que para qué sirve y mil cosas más. La diatriba es interminable y terminan por no convencernos y, raudos, no quitamos el dedo del renglón hasta continuar y concluir. Perseguir un sueño, se llama este fenómeno que pocos entienden y que pocos más logran perseguir. Así le sucede a la mayoría de los que optan por estudiar una carrera relacionada con las humanidades. Yo estudié en la facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima; todo eso que comenté líneas arriba lo oí y viví en carne propia (era bullying, ahora lo sé) pero me aguantaba, no me importó porque yo tenía un sueño que poco a poco he ido cumpliendo. Ser atleta de alto rendimiento nunca estuvo en mi cabeza (ni me pasó por ahí). A esta edad que tengo si fuera atleta ya estuviera en la categoría de veterano y pronto en la de súper veterano. Rafael Márquez tiene cuarenta años de edad y su carrera deportiva, como jugador activo, está terminada. En los últimos partidos se le veía lento y lejos… muy lejos de aquél Rafa Márquez de antaño que hizo fama con el Mónaco en Francia y con el Barcelona en España, por supuesto surgido de las fuerzas básicas del poderoso Atlas. Muchos escritores y escritoras han empezado su carrera por el mundo de las letras a la edad del retiro de Rafa Márquez. Voy a poner un ejemplo de uno de mis escritores favoritos y que leí con harto frenesí en mis días de estudiante y que releo de cuando en cuando en mi poco tiempo libre o cuando me encuentro un texto (de su extensa biblioteca personal) en mi propia y módicamente extensa biblioteca personal en mi casa; me refiero al maestro oriundo en Azinhaga, Santarém en Portugal: José Saramago. El ejemplo de Saramago tiene trampa y moraleja. Él publicó en 1947 una novela que no tuvo mucha repercusión y, treinta años después editó Manual de pintura y caligrafía (1977). Pero no fue sino hasta 1980 cuando se publicó el libro titulado: Levantado del suelo, novela que se considera el verdadero inicio de su carrera literaria y que vio la luz cuando tenía cincuentaidós años de edad. Pasaron treintaitrés años entre su primera obra real y la obra con la que arrancó su vida literaria, y esto no impidió que el gran José Saramago volviera a publicar hasta conseguir en 1998 en premio Nobel de literatura. Toda su obra o gran parte de ella se la dedicaba, por cierto, a Pilar. He comentado con mis alumnos que uno podía encontrarse, antes de esa fecha, solitario y por los pasillos de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara al escritor portugués y nadie le hacía caso; casi casi podría decir que pasaba desapercibido, luego de esa fecha era prácticamente imposible acercarse al autor. El año pasado el país invitado a esa magna feria de libro fue Portugal y, claro, su plato fuerte fue José Saramago junto a Fernando Pessoa y muchos autores más, pero ellos sobresalían del resto. Clarice Lispector, Joao Almino, el mismísimo Joaquín María Machado de Assis no son portugueses propiamente (de terruño, pues), pero sí son brasileños y sin lugar a dudas el lenguaje, la lengua materna es lo que los hermana con Portugal. Como nos hermana a nosotros, estudiantes y egresados de las diferentes carreras que oferta la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima (y de cualquier otra universidad que oferte la carrera de letras) que a saber son: periodismo, lingüística, comunicación y letras hispanoamericanas; lo que nos hermana, nos conjuga y nos da identidad es el conocimiento pleno de nuestra lengua de origen: el español; traído por los conquistadores, obviamente. Ahí radica la importancia del estudio de la lengua y sus ramificaciones. Mostrar por medio de nuestros escritos, la percepción, la cosmovisión que tenemos del mundo. El lenguaje es un ente que está vivo y en constante cambio, es la forma en que nos podemos diferenciar del resto de seres que pueblan la tierra; aunque hay muchos estudios donde otras especies animales (delfines, águilas, murciélagos sólo por mencionar algunos), tienen sus propios códigos de comunicación; a diferencia de que nosotros podemos comunicarnos por escrito y de manera oral gracias al lenguaje, ese código de letras que hemos desarrollado para expresarnos y ser cronistas de nuestro tiempo y nuestro aquí y ahora, de este momento que nos tocó vivir porque, si conocemos la vida antes de… fue porque alguien la dejó por escrito, baste nada más echarle un ojo a las Cartas de relación y a todas las crónicas de indias que hablan de cómo era la vida en lo que se conocerá después como México, esto fue cuando la invasión de los conquistadores, porque ese no fue un descubrimiento de América como le mal llaman, no descubrieron nada; América ya existía y estaba poblada por nuestros antepasados, esto fue invasión, masacre, humillación, dominación, esclavitud, avasallamiento y otras vejaciones más. Las Cartas de relación (gracias al lenguaje) dan muestra a los reyes católicos de España la forma y condiciones de vida que tenían los grupos indígenas en nuestra tierra que fue terriblemente abolida. He ahí la importancia del estudio y preservación de nuestra lengua materna, de nuestra ideología y de la cosmovisión del mundo. La pregunta inicial era: ¿Hay vida después de estudiar en la Falcom?, claro que hay vida y una vida llena de pasión e identidad, de encontrarse y reencontrarse viendo en el otro, en la otredad, en las historias que alguien más nos escribe y leemos… nuestro propio reflejo, a nosotros mismos. Vernos en los ojos de cualquier persona así viva en la antípoda; esa es la condición. Los problemas de la humanidad son los mismos y de ellos tenemos que aprender y crecer gracias al conocimiento y al desarrollo de nuestro lenguaje. Miles de veces me han dicho que me voy a morir de hambre por estudiar letras, incluso hay quien llegó al cinismo de preguntarme que si estudiaba letras en cuál letra iba, repito, era un Bullying descarado del que he salido avante, pero a la fecha puedo decir que no me he muerto de hambre y, al contrario, he engordado por la buena fortuna que me dio estudiar en la amada Facultad de Letras y Comunicación. Hubo quien incluso me abatió vilmente (con palabras y aquí es donde entendí que la palabra hiere más o igual que la espada) cuando vio mi primer pago por mi trabajo periodístico; al analizar la cantidad (ella era cajera del, hermosa, por cierto), dijo: «que si eso ganaba no me alcanzaba ni para invitarle a un buen café». Me fui con el ego (y todo lo demás) herido, no supe qué responderle en ese momento. Yo, que iba emocionado por cobrar mi primer pago de la carrera que había estudiado, al salir de ahí estaba derrumbado y con un mísero salario en mi bolsillo. Ahora puedo decir que me alcanza para un buen café y para algo más. Y no, no es presunción, es calidad de vida y nada más. Y puedo decir también que esto es una pasión que… con el paso del tiempo… crece a pasos agigantados. ¿Hay vida después de estudiar en la Falcom?, claro que la hay… y muy buena vida diría y agregaría yo. / 66 años de la ACPE.

Tuesday, March 05, 2019

Somos lo que hemos leído…


Café exprés
No hay un método para fomentar la lectura. Y menos en un país como el nuestro donde las necesidades básicas son otras. Donde gastar en un libro se ve precisamente como eso, un gasto y no una inversión que rendirá frutos a corto o largo plazo; y donde se fomenta la lectura y no la escritura. No, no hay un método para enseñar la lectura por placer. Porque no todos los grupos son iguales y mucho menos porque todos los textos funcionan igual en grupos diversos. Lo que sí hay son estudiosos del tema y bibliografía al respecto. Mi gurú en ese sentido es Daniel Pennac con “El derecho de los lectores”, derecho que viene implícito al leer el libro Como una novela, donde unos papás tratan de guiar, porque a final de cuenta eso somos los papás, una guía, un faro… a un niño por el camino de la lectura, las letras y los libros. Juan Domingo Argüelles dice que debemos trabajar en pequeñas sectas, grupos que se reúnan de cuando en cuando a leer pero también a escribir, porque una actividad es inherente a la otra. Yo creo que se debe fomentar la escritura para así tener más y mejores lectores. Benito Taibo, otro gran promotor del placer de leer, en su libro Persona normal narra la vida de Sebastián quien a temprana edad se queda sólo (huérfano) y llega a vivir con su tío, el tío se va a convertir en mediador de las lecturas del pequeño. En un guía indiscutible… y las aventuras están por venir. Quedando en entredicho que el placer de leer empieza desde casa. Felipe Garrido, en el maravilloso libro El buen lector se hace, no nace (desde el título queda esto muy en claro) cuenta que a él le agradó sobremanera “La libertad de elegir”, libertad de elegir los libros que él quisiera, sobre las temáticas que él quisiera y que fueran atrayentes y adecuadas o no para su edad (eso él lo decidió); todo esto luego de que su padre lo llevara a una librería y le dijera que podría seleccionar dentro de ese universo infinito de posibilidades, el título, la portada, el tema, el autor o autora, los colores y lo que más le gustara de su libro favorito. Hago hincapié en que el gusto por la lectura comienza desde casa, quizá ese sea el único método efectivo. En Leo, luego escribo, Mónica Lavín nos deja un perfecto manual de sus lecturas (esas que la han marcado) y que si el cuerpo registrara todas las heridas provocadas por la lectura estaría llena de pequeñas cicatrices (algunas más profundas, otras más ligeras y livianas, otras menos notorias) que le han dejado los libros y las historias de los libros en ella. Y los complementa con cuentos que uno no pude sacar de su cabeza tan fácilmente y loe reúne en ese libro. Ricardo Garibay en su Oficio de leer se asume antes que nada como lector y algo que consiguió y que es raro de lograr… “que le pagaran por leer”, el mejor oficio es el que tengo, soy un lector, dice Ricardo Garibay. Benito Taibo, hombre más dedicado a las letras que a los números, saca cuentas de los libros que podría llegar a leer una persona en su vida, teniendo en cuenta que la vida lectora útil oscila entre los setenta y cuatro años; eso si tenemos la dicha de vivir ochenta años y si empezamos a leer desde los seis de edad (buena edad para comenzar), y si a todo esto le agregamos… el leer, sin parar, un libro a la semana y durante esos setenta y cuatro años, lo que nos da tres mil ochocientos cuarenta y ocho títulos que si lo comparamos con lo que se imprime diario, en todo el mundo, es nada y si lo comparamos aún más con Honorato de Balzac que escribió más de ciento treinta libros, que Víctor Hugo tiene más de setenta y que Salgari tiene más de cien y ya no digamos Julio Verne entre otros, nos queda el entendido de que no leemos absolutamente nada. Por eso hay que seleccionar bien nuestras lecturas porque el tiempo es implacable y a ese no lo detiene nadie, nadie. Decía Tomás Eloy Martínez en una frase contundente a la vez que terrible: “Somos lo que hemos leído o seremos por el contrario la ausencia que los libros han dejado en nuestras vidas”. ¡Pum! En mi experiencia como guía lector, como faro, como mediador de una sala de lectura, puedo decir que nada está escrito, que siempre nos tenemos que sorprender y que es un gran elogio leer en voz alta con alumnos, personas, iniciados, expertos en el tema, compartirles el gusto por la lectura y es mucho más halagador que digan que gracias a un texto que compartimos en clase, en sesión, en taller, en una sala de lectura, en una charla, en una presentación… alguien se astilló bondadosamente con la astilla de la literatura y esa pequeña partícula se le quedó grabada, metida profundamente y para siempre y que con eso empezó a leer. Eso es sumamente halagador. Y puede también empezar la labor desde casa o con nuestro alumnado. Dejo en este pequeño texto que no pretende ser ni académico ni aleccionador, ni mucho menos quiere ser ostentoso o pecar de presumidor, simplemente es un pequeño universo de tantas y tan variadas posibilidades lectoras, decía pues, que dejo en este pequeño texto un top diez de los textos que en mi experiencia lectora utilizo, comparto y leo en voz alta con mis grupos y sé que funcionan para el trabajo en las salas de lectura o en los talleres de lectura en voz alta: 1) Persona normal de Benito Taibo 2) El azar es azul de Luis Horacio Heredia 3) Luna caliente de Mempo Giardinelli 4) Demasiado amor de Sara Sefchovich 5) El complot mongol de Rafael Bernal 6) Música lunar de Efraín Bartolomé 7) Nuevo recuento de poemas de Jaime Sabines 8) Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda 9) La tormenta Hindú de Ana García Bergua 10 La verdad sobre el caso Harry Quebert de Jöel Dicker Espero que estas propuestas guíen al mayor número de personas al poder que tiene y ha tenido la palabra. Bienvenidos a leer. Bibliografía en orden de aparición: Pennac, Daniel (1992). Como una novela. Grupo Editorial Norma, México. Domingo, Juan Argüelles (2003) ¿Qué leen los que no leen? Paidós, México. Taibo, Benito (2011). Persona normal. Destino, México. Taibo, Benito (2014). Desde mi muro. Planeta, México. Garrido, Felipe (1999). El buen lector se hace, no nace. Paidós, México. Lavín, Mónica (2011). Leo, luego escribo. Lectorum, México. Garibay, Ricardo (1996). Oficio de leer. Océano exprés. México.

Friday, March 01, 2019

Café exprés Compartir Interactuar con el otro, con nuestro semejante, con nuestro igual… siempre será una labor inherente al ser humano. Somos entes políticos y sociales. Aristóteles, en un concepto nos define como «zoon politikon» que en su significado literal quiere decir «animal político, animal cívico» porque a diferencia de los animales tenemos la capacidad de relacionarnos políticamente y crear sociedades y organizar la vida en ciudades, en grupos, aunque a veces los animales resulta que nos dan un mejor ejemplo; pero esa es otra historia. Tenemos esta capacidad, sin duda. Somos pues entes políticos y sociales por antonomasia. Oír las ideas, compartirlas y comentarlas nos da la posibilidad de cotejar y aprender de las nuestras para mejorarlas o sentirnos parte de… De nuestra visión o cosmovisión del mundo, además de darnos cuenta de ciertos detalles que no hemos percibidos, compartir historias resulta interesante más allá de la historia misma porque nos da la oportunidad de profundizar y relacionarnos con el otro. Vernos reflejados en los ojos del otro también nos da la posibilidad de cerciorarnos de que estamos hechos de la misma sustancia y de que nos aquejan, a veces y hasta sin quererlo, los mismo problemas o que tenemos los mismos gustos, las mismas inquietudes, las mismas necesidades y que cojeamos del mismo pie, aún si vivimos dos humanos en la antípoda cada uno. El beneficio de leer y compartir lo leído es increíble y va más allá del trato con mi semejante, aunque a veces nuestro mundo sobre tal o cual obra se pueda venir abajo, porque tenemos, indudablemente, puntos de vista diferentes. El proceso lector colectivo crea un lazo afectivo entre los pares y si ese texto mueve emociones la experiencia de lectura compartida será inolvidable, será un momento único, especial e irrepetible. A veces nos falta compartir mucho más con nuestro semejante… el pan, el vino, la charla, una buena comida, sí, somos entes políticos como bien lo dice Aristóteles, pero también nos hemos vuelto muy ensimismados, muy solitarios con tanta tecnología; ya no queremos salir a la calle y todo lo resolvemos o queremos hacerlo así vía redes sociales e internet. Nos estamos volviendo ermitaños viviendo en la ciudad, solitarios en un mundo que avienta personas, millones de personas cada minuto con un alumbramiento nuevo en diferentes partes del mundo. ¿Para qué seguir entonces llenando el mundo de gente si no somos capaces siquiera de compartir un momento de charla, un intercambio de ideas, un breve instante para sentarse a comer? Hay que compartir con nuestro semejante. Seguro estoy que si un profesor, profesora, sea de la materia que sea (física, matemáticas, química y qué mejor si es de lectura o literatura) iniciara su clase compartiendo un poco de lectura con sus alumnos, leyendo en voz alta un fragmento de una novela, un cuento, una minificción, un pequeño poema, una obra de teatro, lo que sea, pero leído en voz alta y para todo el auditorio, a estas alturas no tendríamos que estar preocupados fomentando la lectura y el gusto por las historias y los libros, no, no tendríamos ese problema, amén de ello el gozo de esa clase y la experiencia sacada de ello sería inolvidable y los alumnos hablarían en el futuro de ese maestro o maestra que les cambió la vida porque tuvo el tino de… compartir la lectura.

Monday, September 24, 2012


Él Nicolás Por José Agustín Hubieras visto a este cuate tan bravero (se llama Nicolás y es nosequé dÉL equipo de fútbol americano), apenas se subió al camión, ya estaba diciéndole a un cuate: —Óigame, infÉLiz, me cae de la patada que me usen de recargadera. ÉL pobre tipo éste pÉLó unos ojísimos y rapidito se metió más. Después, ÉL buen Nicolás se volvió, riendo, hacia nosotros. —Tarugo, ni se me había recargado. Palabra de honor que sentí re gacho: por nada dÉL mundo me gustaría estar frente al Nicolás y oír que me diga me cae de la patada que me usen de recargadera. Qué cuate. Pero ya estaba emboletado con estos gandallas y ni modo de echarme para atrás. Por otra parte, ÉL rÉLajo me atraía. Con nosotros también andaba un gordito bien vaciado, siempre trae un suéter dado al cuas y le dicen ÉL Tarólas o ÉL Prángana o ÉL Apestoso: todos los apodos le caen a todo dar. La verdad es que ya estaba sintiendo un poco de miedo. Tú sabes que no soy un charles atlas así y estos cuates bronquean a todo ÉL mundo. Me junté con ÉLlos porque había ido al estadio buscando al maestro Rodríguez Ceniceros, que según me pasaron ÉL tip, andaba echando lente para evitar las broncas. ÉL caso es que al pobre maestro le rajaron la cabeza y ni supo cómo (por ahí dijeron que quiso separar a unos y ni separó a nadie y nomás le colocaron un soberano guamazo), la cosa es que ya se lo habían llevado para echarle su alcoholito y todo eso. Ahí encontré a Rolando que venía con este Nicolás y con ÉL Tarólas. Me dijeron que jalara con ÉLlos, y sin saber ni por qué, jalé con ÉLlos. Había ido a buscar al maestro Rodríguez Ceniceros a ver si me daba una manita para ÉL examen (la verdad es que no me siento muy fuerte y quien quita y me truena), además, me dijeron que ÉL maestro me daría la manita, y si ya deveras no daba una, con un cien se arreglaba todo. Pero ahora, imagínate, ÉL maestro Rodríguez Ceniceros quedó con la cabeza ra¬jada y yo jalé con estos cuates. Desde un principio me olí que se armaría la pÉLotera y tuve ganas de jalar al Rolando para decirle que nos cortáramos, pero ÉL muy menso iba lambisconeando al Nicolás. Me repatea cuando se pone de barbero para quedar bien con alguien y nomás anda jorobando la borrega. Y este Nico¬lás (lo hubieras visto) se sentía a todo dar oyendo al otro tarugo dándole coba. Al poco rato se desocupó un asiento y que se abalanza ÉL Nicolás. Una señora, con niño y toda la cosa, ya mérito se sentaba y puso una carota cuando ÉL Nicolás le dio mate con ÉL asiento. ÉL infÉLiz sacó un cigarro y todavía le echó ÉL humo al chamaquito. ÉL pobre ha de haber sentido ho¬rrible porque ÉL Nicolás fuma DÉLicados. La seño, como quien no quiere la cosa, también se fue haciendo para atrás. La verdad es que me dio lástima pues casi creí que ÉL Nicolás le soltaría un descontón (es capaz, ÉL maldito), nada más sentí que ÉL corazoncito me pateaba como loco. Luego, que se suben unas chamacas y ÉL Tarólas empezó a molestarlas, diciéndonos: —Me cae gordo ir a Filosofía y Letras porque hay puras flacas. ¿Me oyeron? Puras flacas, bien flacas las canijas besuconas. Las chamacas se hacían las disimuladas viendo hacia la ventana, muy se¬rias, pero ÉL Tarólas no las iba a soltar tan fácil. —¿Qué pasó, mis reinas, vamos a un café existencialista? ÉL Nicolás agregó: —Aquí mi cuais, aunque mugrosón, toca la guitarra ÉLéctrica glimson. —Siempre cargo mi guitarra, hoy lolvidé, ni modo, ¿no? Pero pa´ que me crean les voy a cantar ÉL tuis de filosofía. ÉL Nicolás reforzó la ofensiva: —Van a oír lo que es bueno. Órale, tarugo, canta. Entonces que grita ÉL Tarólas: —¡A petición de las flacas aquí presentes ahí les va ÉL Filósofi tuis! Y que deveras empieza a berrear tarugadas, palabrita que no creí que se aventara. Las pobres chamacas se pusieron bien rojas, hicieron la parada y que se bajan (apuesto a que todavía ni llegaban a su esquina). Nicolás y ÉL Tarólas iban risa y risa y cuando alguien los miraba feo, ÉL Nicolás, echándole humo, decía: —Cómo traigo ganas de rajar hocicos. Casi llegando al centro vimos a unos huÉLguistas que ponían una ban¬dera rojinegra, canÉLones y toda la cosa, y lueguito nos dijo ÉL Nicolás: —Órale, bájense. Ya abajo le preguntamos qué le picaba. —Nada, manises, hace unos meses me contrataron los de MURO para rajar madres en una manifestación o algo así en CU y orita tengo ganas de bronquear a esos rojos. —¿Y por qué a ÉLlos? —pregunté. —Po´s porque los rojos, sepa la bola, pero yo soy muy católico. —Estás loco —dijimos. —Ni tanto, ni tanto, si son tres nomás, a poco me creen tan güey. Bue¬no, qué ¿se rajan? ÉL maldito Tarólas dijo mangos y ÉL Rolando también, y pues no me quedó más remedio que jalar parejo. Entonces, encabezados por ÉL Nicolás, caminamos muy sabrosos toda la cuadra hasta donde estaban los pinches huÉLguistas. ÉL Nicolás pasó frente a uno y echó un gargajote al suÉLo, pero ÉL otro ni se dio cuenta. Entonces, le dijo: —Conque de huÉLga, ¿no? ÉL obrero se le quedó viendo y que lo tira a loco. Eso le dio un corajazo al Nicolás, pues mascullando: —Ora verás rojo jijo —le colocó un chingaputamadrazo horrible. Los otros dos obreros se alebrestaron y tuvi¬mos que entrar al quite. Hubieras visto al Tarólas: con todo y lo panzón colocaba sus buenos mandarriazos. Yo me anduve haciendo tarugo, como quien no quiere la cosa, dando patadas aquí y allá hasta que, quién sabe cómo, me dieron un descontón horrible, y como buen menso que soy, me desmayé. Después, apenas y recuerdo que llegó la azuliza y que nos llevaron a la dÉLegación y que ÉL Nicolás le habló a un diputado y que nos dejaron ir. Pero lo que recuerdo muy bien, es que a los huÉLguistas les armaron un lío dÉL carajo por alborotadores y que a mí, ÉL Nicolás me decía: —Bien, manís, te portaste muy machito.

Para escribir...


Raymond Carver (1939-1988) Escribir un cuento Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición, y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento. Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin... Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad. Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse. Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio... Entonces tendré al menos es ficha escrita. “El esmero es la UNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo. Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:... Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar,. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello. Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Solo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores. Hace unos meses, en el New York Times Books Review John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar —y maltratar, incluso— a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá solo resulte interesante par un puñado de especializadísimos científicos. Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas —Barthelme, por ejemplo— no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo. Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos —una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer— con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco. En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento —si las palabras resultan oscuras, enrevesadas— los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura. Tengo amigos que me cuentan que debe acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse. En un ensayo titulado Writing Short Stories, Flannery O’Connor habla de la escritura como de un acto de descubrimiento. Dice O’Connor que ella, muy a menudo, no sabe a dónde va cuando se sienta a escribir una historia, un cuento... Dice que se ve asaltada por la duda de que los escritores sepan realmente a dónde van cuando inician la redacción de un texto. Habla ella de la “piadosa gente del pueblo”, para poner un ejemplo de cómo jamás sabe cuál será la conclusión de un cuento hasta que está próxima al final: Cuando comencé a escribir el cuento no sabía que Ph.D. acabaría con una pierna de madera. Una buena mañana me descubrí a mí misma haciendo la descripción de dos mujeres de las que sabía algo, y cuando acabé vi que le había dado a una de ellas una hija con una pierna de madera. Recordé al marino bíblico, pero no sabía qué hacer con él. No sabía que robaba una pierna de madera diez o doce líneas antes de que lo hiciera, pero en cuanto me topé con eso supe que era lo que tenía que pasar, que era inevitable. Cuando leí esto hace unos cuantos años, me chocó el que alguien pudiera escribir de esa manera. Me pereció descorazonador, acaso un secreto, y creí que jamás sería capaz de hacer algo semejante. Aunque algo me decía que aquel era el camino ineludible para llegar al cuento. Me recuerdo leyendo una y otra vez el ejemplo de O’Connor. Al fin tomé asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. Durante días y más días, sin embargo, pensé mucho en esa frase: Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono. Sabía que la historia se encontraba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a partir de ese comienzo podría crecer, hacerse el cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Y encontré ese tiempo un buen día, a razón de doce o quince horas de trabajo. Después de la primera frase, de esa primera frase escrita una buena mañana, brotaron otras frases complementarias para complementarla. Puedo decir que escribí el relato como si escribiera un poema: una línea; y otra debajo; y otra más. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que había esperado ponerme a escribir. Me gusta hacerlo así cuando siento que una nueva historia me amenaza. Y siento que de esa propia amenaza puede surgir el texto. En ella se contiene la tensión, el sentimiento de que algo va a ocurrir, la certeza de que las cosas están como dormidas y prestas a despertar; e incluso la sensación de que no puede surgir de ello una historia. Pues esa tensión es parte fundamental de la historia, en tanto que las palabras convenientemente unidas pueden irla desvelando, cobrando forma ene l cuento. Y también son importantes las cosas que dejamos fuera, pues aún desechándolas siguen implícitas en la narración, en ese espacio bruñido (y a veces fragmentario e inestable) que es sustrato de todas las cosas. La definición que da V.S. Pritcher del cuento como “algo vislumbrado con el rabillo del ojo”, otorga a la mirada furtiva categoría de integrante del cuento. Primero es la mirada. Luego esa mirada ilumina un instante susceptible de ser narrado. Y de ahí se derivan las consecuencias y significados. Por ello deberá el cuentista sopesar detenidamente cada una de sus miradas y valores en su propio poder descriptivo. Así podrá aplicar su inteligencia, y su lenguaje literario (su talento), al propio sentido de la proporción, de la medida de las cosas: cómo son y cómo las ve el escritor; de qué manera diferente a las de los más las contempla. Ello precisa de un lenguaje claro y concreto; de un lenguaje para la descripción viva y en detalle que arroje la luz más necesaria al cuento que ofrecemos al lector. Esos detalles requieren, para concretarse y alcanzar un significado, un lenguaje preciso, el más preciso que pueda hallarse. Las palabras serán todo lo precisas que necesite un tono más llano, pues así podrán contener algo. Lo cual significa que, usadas correctamente, pueden hacer sonar todas las notas, manifestar todos los registros.

Teatro


El Espejo 2 Emilio Carballido PERSONAJES ELLA EL ALGUIEN Sugerencia de recámara. Un saco en una silla, colgado. ÉL está en un sillón, languideciendo, envuelto en un cobertor. Entra ELLA. Trae un abrigo puesto, carga una maleta. ELLA. (Al público). Somos las víctimas eternas de los hombres, ésa es la verdad. Se nos engaña siempre, se nos miente. Se nos maltrata en las más diversas formas. Una sale de viaje, y al volver a su hogar puede tener muy dolorosas sorpresas. Por ejemplo, puede ocurrir esto. (Sale un momento, vuelve a entrar, muy decidida ya, y furiosa). EL la ve, con ojos de moribundo. ELLA lo fulmina con la mirada, suelta la maleta. EL. (Desfallecido). Mi vida, ya volviste. ELLA. Sí. ¿Te sorprende? EL. Hace ya una semana te esperaba. He estado muy enfermo. ¿Por qué tardaste tanto? ELLA. No trates de cambiar el tema. ¿Dime quién es esa mujer que tienes aquí en la casa? EL. ¿Mujer, aquí? ¿Dónde? ELLA. La acabo de ver cruzar, desbordando lujuria por los poros. De la sala corrió a la cocina cuando me vio. EL. Ah, es la criada que nos consiguieron. ELLA. Criada, ¿no? ¿Y pretendes que lo crea? EL. Pero si tiene más de setenta años. ELLA. A ti siempre te han gustado las mujeres maduras. (Se queda oyendo. Va de puntitas al otro lado). Y estoy oyendo que acá también… (Sale un momento, exclamación). Esto me faltaba. (Vuelve). ¡Otra! ¡Otra! Una mujer de blanco, aficionada a las drogas. Estaba preparando una jeringa. EL. ¡Pero si es la enfermera! ELLA. ¡Todos los vicios en esta casa, todos! Mira que cara tienes. Se nota bien lo que has hecho mientras no estuve. Suena un claxon fuera. EL. Te estoy diciendo que tuve tifoidea. ¡Tengo todavía! ELLA. (Recoge la maleta). Te doy una semana de plazo para deshacerte de tus concubinas y volver a la vida normal. Si yo vuelvo y tú sigues en esta vida, habrá sido el fin de todo. (Claxon, ELLA empieza a irse). EL. ¿Pero adónde vas? ELLA. Me regreso a Acapulco. Por fortuna, no se había ido el coche de mis amigos. (Sale). EL. ¡Te juro que soy inocente! (Sale casi arrastrándose, tras ella). ELLA vuelve. Sin maletas, sin abrigo, elegantísima y llena de joyas. ELLA. Somos victimas. Esto puede pasarle a cualquiera. Aunque hay otras mil cosas que sufrimos. La gente tiende a pensar mal de nosotras, no se por qué. Nadie tan mal pensado como los hombres. Una recibe a un señor para negocios o por razones muy justificadas, y la sorpresa de ver llegar repentinamente al esposo nos hace explicarnos con torpeza, y que algo perfectamente lógico y cierto suene a mentira. Ahora, por ejemplo, yo no tendría nada que ocultar. Recibí una visita, un señor que se encuentra aquí con la mayor corrección. Salió un momento, porque se manchó de anchoas el pantalón. (Saca una charolita con dos copas y bocadillos. La coloca en una mesita). Pero mi esposo es un ogro, tiene un genio infernal y violento, jamás oye razones, y lo más inocente le parece culpable. Por fortuna, salió de viaje. (Hacia el baño). Deja la mancha en paz y ven a tomar una copa. Me chocan los hombres tan cuidadosos. (Ruido fuera, portazo. Ella se altera). ¡No salgas, no te muevas! ¡Está llegando mi marido! ¡Escóndete donde puedas! ¡Envuélvete en la cortina de la regadera! ELLA corre por la habitación, como loca. Toma al fin algo que parece unlibro, lo abre, lee. Entra EL, con la maleta en la mano. EL. Amorcito, se descompuso el avión y tuvimos que regresar, fíjate qué contratiempo. ELLA. Qué barbaridad. (Con disgusto). Y no se cayó ni nada, ¿verdad? EL. No, cómo crees. ¿Qué hace despierta mi mujercita a estas horas? ELLA. ¿No lo estás viendo? Leo. EL. (La besa). Ah. (Extrañado). ¿Pero qué interés tiene leer un estuche? ELLA. ¡Nunca me compras libros interesantes! Leo lo que encuentro, qué quieres que haga. Otras mujeres tienen bibliotecas enteras, yo no. EL. Pero no te enojes, lee lo que quieras. (Se quita el saco, ve el otro que cuelga en la silla). Oye… ¿y este saco? ELLA. Pues es tuyo, de quién había de ser. El. ¿Mío? Yo nunca lo había visto. ELLA. Tienes tanta ropa que ni tú la conoces. EL. (Lo toma). Nunca me lo he puesto. ELLA. No, claro. Los compras para guardarlos, en cambio yo, te he pedido un abrigo nuevo y ¿qué me has dicho? Dilo, ¿qué me has dicho? EL se puso el saco que resulta gigantesco para él. EL. ¿Mío, dices? ¡Pero mira como me queda! ELLA. Te dije que no lo mandaras a la tintorería, ya te lo echaron a perder. Así pasó con el gris. EL. El gris encogió. ELLA. Y éste se alargó. Así hacen. Mañana voy a reclamarles. EL. Pues yo no me acuerdo de este saco. (Se lo quita. La ve). Estás muy arreglada. ¿Saliste? ELLA. A ninguna parte. ¿A dónde querías que fuera? EL. Para dejarme en el aeropuerto fuiste muy sencilla. Y en cambio ahora… ELLA. Es mi ropa de entrecasa, ¿qué tengo de especial? EL. ¿De entrecasa? (La examina). ELLA. ¿Qué querías? ¿Una bata de franela y un gorro de estambre? EL. No, pero… si no salimos, tú nunca estás así a estas horas. (Ve el reloj). Son las tres de la mañana. ELLA. Es tardísimo. Hay que acostarse ya. (EL va a salir). ¿Adónde vas? (Lo detiene). EL. Al baño. ELLA. ¡No vayas! ¿A qué vas? EL. Pues… tú sabes, a… limpiarme los dientes. ELLA. ¡No me dejes sola! (Lo detiene). Hay que dormirse ya. (Apasionada). Ven, precioso; ven, mi rey. ¿Quién lo quiere, dígame? Venga, mi amor, venga. EL. Ya voy, mi amor, pero espérame un segundo. ELLA. No quiero, no quiero. EL. Pero es un segundo, no seas caprichuda. ELLA. No, no vayas. No me dejes aquí, después del susto del avión. EL. Precisamente, después del susto del avión, déjame ir al baño. ELLA. ¡Siempre has de contrariarme! Ven conmigo al balcón, vamos a ver la noche. EL. (Impacientísimo). Luego vamos a ver la noche, caramba. Primero voy al baño. (Se deshace por la fuerza, va). ELLA. Es lo que yo decía. Insoportable y terco. (Espera nerviosa). EL vuelve. EL. Oye. ELLA. Qué. EL. Hay un hombre en el baño. ELLA. (Admirada) ¿En el baño? EL. En el baño. ELLA. Ah, sí. Es plomero. EL. Ah. (Va a salir). ¿Plomero a estas horas? ¿Cómo va a ser? ELLA. No empieces: cobra lo mismo que en el día. EL. Menos mal. (Se asoma al baño). Está muy bien vestido. ELLA. De todos modos cobra igual. EL. Y no trae herramientas. ELLA. ¿No? Qué curioso. Así ha de ser la plomería moderna. EL. (Ha empezado a sospechar). ¿Qué es lo que venía a arreglar? ELLA. …El lavabo. Estaba tapado. EL. ¿Y qué hace entonces envuelto en la cortina de la regadera? ELLA. Cada quién tiene sus sistema de trabajo, déjalo. EL. Mira, dime la verdad y no me engañes. Ese no es plomero, y este saco es de él. ¡Ycopas! Dos copas. Una, dos. ¿Quién es ese hombre? ¡Contéstame! ELLA. Está bien. Te diré la verdad. (Lloriquea). Eres tan duro y tan injusto conmigo. Eres tan arbitrario… EL.¡¿Quién es ese hombre?! ELLA. Es mi hermano. EL. (Se asombra). ¿Tu hermano? ELLA. Mi hermano. EL va al baño. Vuelve. EL. Ya le vi la cara. Ése no es Ernesto. ELLA. Claro que no es Ernesto. Éste es mi hermano Federico. EL. ¿Cuál hermano Federico? ELLA. ¡Todo quieres saber, todo preguntas! Yo no puedo saber tantas cosas. EL. Quiero saber cuál hermano es éste, que nunca lo he conocido. ELLA. Es un secreto de familia, no puedo contártelo. EL. Si no me explicas todo, va a suceder algo muy grave. ¿Es hijo de tu padre? ELLA. No. EL. ¿De tu madre? ELLA. No. EL. ¿Entonces? ELLA. ¡Es hijo de mis abuelos! EL. ¿Entonces cómo dices que es tu hermano? ELLA. Te digo que es un secreto de familia. EL. ¡Si no es hijo de tus padres. Entonces no es tu hermano! ELLA. ¡Es que yo no soy hija de mis padres! (Pausa). Ahora ya lo sabes, nunca debiste preguntar. EL. (No asimila del todo). No eres hija de tus padres… Ese hombre es hijo de tus abuelos… Tú eres su hermana… ¡¿Eres hija de tus abuelos?! ELLA. (Asiente con dolido rubor). EL. ¿Y por qué tus padres dicen ser tus padres? ELLA. Porque mis verdaderos padres… ya habían muerto cuando nací. EL. ¡Pero eso es horrible! (La abraza). ¡Me estás engañando! ¡No es posible! ¡Dime quién es ese hombre! ELLA. ¡Está bien, yo no quería herirte! ¡Ya que insistes, vas a saberlo, y ojalá no te arrepientas de haberlo sabido! ¡Es tu hijo! EL. ¡Mi hijo! (Corre a verlo. Regresa). EL. ¿Mi hijo? ¿Y quién es su madre? ELLA. (Patética) ¡La has olvidado! EL. ¡Es que ese hombre es mayor que yo! ELLA. Por eso olvidaste a su madre. EL. ¡Estás mintiendo, estás engañándome! Dime inmediatamente quién es. (Abre un cajón y saca una pistola). ELLA. Guarda esa pistola, que no hace falta. Vas a saberlo todo. Guárdala. Siéntate aquí. Óyeme con cuidado. (Lo ve con piedad). ¿Tú te acuerdas que estás en tratamiento con el médico? EL. Sí, ¿y qué? ¡Ése no es el médico! ELLA. Tú recuerdas que te están tratando el estómago. EL. ¡Claro! ¿Y qué? ELLA ¿No has pensado que podría no ser el estómago? EL. ¿Cómo? ELLA. Piensa bien. Por ejemplo, ¿no te parece raro que estás aquí, cuando saliste hoy mismo en el avión? EL. Pues no. Si se descompuso. ELLA. Se descompuso… O tal vez avisaron por radio que a bordo estaba alguien peligroso, alguien que no debía viajar… Y tal vez por eso regresaron. EL. ¿Y a qué viene todo eso? Yo lo que te pregunto… ELLA. ¡Ya sé! A eso voy. ¿Te parece muy elegante mi vestido de entrecasa? EL. Es elegante. ELLA. ¿Y crees que hay alguien en el baño? EL. ¡Hay alguien! ELLA. Mi vida, tienes que ser muy fuerte para resistir la verdad: ésta es mi bata de franela y en el baño no hay nadie. EL. ¡Cómo que no hay nadie! ELLA. ¡No te excites porque llamo al doctor! Asómate mejor, a ver si no ha desaparecido. Anda. EL la ve con desconfianza. Va a asomarse. ELLA esconde el saco del otro. EL vuelve. EL. ¡Ahí sigue! Enrollado en la cortina. ELLA. ¿Ves? ¿Cómo va a ser lógico? EL. Pero si yo me probé el… (Va a señalarlo.) ¿Dónde está ese saco? ELLA. Mi vida, pobrecito, no te probaste nada. Siéntate aquí, descansa. Voy a prepararte un té. Alguien pasa al fondo, totalmente envuelto en una cortina de baño. EL lo señala y ELLA le pregunta: ELLA. ¿Es que estás viendo cosas, mi amor? EL se desmaya. ELLA. Esto puede pasarle a cualquiera de nosotras. TELÓN

El equipo... (2-1)...


Viva doña Josefa Ortiz de Dolores (sic)


BajoFondo ¿Patriota? Alberto Llanes El yerro de Mario Anguiano en la celebración del grito de independencia, ante un número incontable de colimenses, se inscribe en la historia de las pifias famosas de los políticos, muy de moda últimamente y que Fox fuera punta de lanza en ello. Al parecer el PRI va a la cabeza (últimamente) o, por lo menos, esos yerros que han cometido quienes pertenecen a sus filas han sido de los más notorios. Peña Nieto confundió a Carlos Fuentes con Enrique Krauze en un funesto error que se volvió trending topic en las redes sociales (y no ha sido el único que ha cometido nuestro flamante presidente electo de la república), todos comentaban el hecho y ese día de error tras error, estoy seguro, no querrá volverlo a vivir; el entonces candidato a ser candidato del PAN para postularse a la presidencia de la república Ernesto Cordero, se autogoleó al quererse ver muy intelectual (tras el yerro de Peña Nieto en la FIL de Guadalajara) y al intentar salir avante y ser el mero chingón se hundió más al confundir a Laura Restrepo con Isabel Restrepo, craso error. El típico caso de quien tenía la portería sin guardameta, soltó el disparo y el gol cayó en su portería en una suerte de boomerang extraño y sin “fuera abajo” y terminó golpeado y autogoleado y mucho más ridículo que el anterior; su excusa, “es que era muy temprano”, dijo, “cuando me hicieron la pregunta”, acotó. Sin embargo, el yerro de Mario Anguiano Moreno fue todavía más ridículo (y es que cuál yerro no lo es), salvo que Mario Anguiano, previo a la citada celebración (y no sólo él, sino todos los gobernadores y para no regar el tepache) llevan en un papel anotados los nombres de todos los héroes que liberaron a este país del yugo español. Y sin embargo, ¿equivocarse con o por algo que está leyendo?, entonces quiere decir que el error fue de origen, ¿qué clase de “asesores” tiene el gobernador?, ¿existen?, ¿hacen, de pura casualidad, su trabajo? Claro, no pasa nada, es un error más. Por ahí, en una red social de moda decían que se dejara de criticar al gobernador, que sí, se había equivocado, pero todos en algún momento nos podemos equivocar, todos somos humanos y podemos equivocarnos, no estamos exentos de ello. La causa viene cuando el error se da en un partido que acaba de ganar la presidencia de república mexicana en unas condiciones no muy favorables, no muy claras, no muy blancas; el yerro se da en un supuesto nuevo PRI, supuesto “nuevo” PRI que está en pro de la cultura de los valores, de la educación, de la preparación y del respeto a la sociedad. Colima me late de corazón, es su falso eslogan. Y es un PRI que, en lo local, también no se ha visto nada bien y no hay cómo quitarlos del poder, porque siempre quieren más y hasta de rectores se hacen en sus filas. Confundir a doña Josefa Ortiz de Domínguez con la famosa Josefa Ortiz de Dolores va a quedar ahí. Como un yerro más, como una confusión de una persona que ni siquiera eso sabe hacer bien, su trabajo. Antes no la confundió con doña Josefa Ortiz de Pinedo para que nos quede bien en claro de dónde viene la pedrada. De Televisa. Pero entonces, ese yerro demuestra que una persona no se preparó para ese evento, sí, nos podemos confundir, nos puede suceder, claro, somos humanos y no estamos exentos de errores, pero si vamos a participar en un evento de ese tamaño, en donde nos tenemos que dirigir al pueblo colimense, al pueblo de México; el sentido común nos debe decir que nos preparemos, que, por lo menos, leamos con atención el papel que nuestra gente nos escribe para, al momento de decir los nombres de los personajes inscritos no regalarla y, si por el contrario, ellos, nuestro equipo de trabajo fueron los que se equivocaron, hacer una limpia o reprimenda si no qué clase de respeto le damos a la sociedad y a la gente que murió por y para reventar las cadenas de la esclavitud (abolir la esclavitud). O por lo menos agarramos una monografía (si nuestro equipo de trabajo la regó) y le damos una leída para no caer en el error. Bueno, eso haría yo si fuera gobernador, pero cada quien hace su trabajo de acuerdo a sus posibilidades y a la pasión que le inyecte diario, a su actividad. No es la primera vez que Mario Anguiano Moreno da un grito, ¿ponerse nervioso?, creo que esto ya lo tuvo que haber superado. ¿Un mal momento?, sin duda que lo fue. Sin embargo, este hecho quedará ahí, para la burla, la broma, el chascarrillo de todas las personas que visitamos las redes sociales, donde, por fortuna, todavía no hay una ley que nos prohíba reírnos de este y otros hechos o errores.

¿Qué es lo primero que levantas del suelo después de un terremoto?

 En palabras Llanes     I Una vez más México hace historia; otro 19 de septiembre que « retiembla en su centro la tierra al sonoro...