Monday, March 13, 2023

El Cerillazo

En palabras Llanes


 

El pasado viernes 25 de noviembre, en lo que fue el cierre de los quince años de lo que conocemos como Zanate, se llevó a cabo un concierto que la banda rockera colimense estaba esperando desde hace mucho tiempo, el regreso del Cerillazo, aquella banda de rock de finales de los ochenta, principios de los noventa, que pusieron a Colima en la escena rock de aquellos años.

              Voy a dar una fuerte declaración, pero ni modo, yo no fui, nunca, fan del Cerillazo, sí, los oía, sabía quiénes eran, pero no frecuentaba sus conciertos, la banda colimense que yo seguía en aquellos años era Aguda Atadura, que luego dieron paso a Delasónica (creo que tuvieron varios nombres que ahora no recuerdo), pero yo era del team: Mario Durán, mi carnal Jorge Rodríguez y Alan Esparza, cuando eran nada más ellos tres, vaya que rockeamos duro, pisteamos más y nos metimos muchas pastas, aceites y ácidos de los meros Gutiérrez cotorreando por todo Colima y las plazas comerciales de moda.

              Sin embargo, El Cerillazo sí me gustaba y, repito, sabían quiénes eran, los cotorreaba y, posterior, los conocí más de cerca. Puedo decir que con el de la lira del Cerillazo, Sergio Tapiro Velasco la relación fue desde cuando mi carnal, David Chávez, lo frecuentaba en su casa allá por la calle Corregidora, mítica casa de fiestas, fiestas, alcohol, alcohol más rock and roll y varias hembras (emulando a la banda de rock La Cuca que era pionera del rock duro en aquellos años), mi carnal Chávez se hizo muy carnal del Tapiro y de ahí nació una pulga hermandad con el resto de la banda de la Falcom, mítica Falcom por decir lo menos.

              Mi siguiente encuentro fue con Lalo Urzúa con quien coincidí en varios #MomentosUdeC, en las cabinas de radios universitaria, en los pasillos de la misma y mítica Falcom, en eventos y reuniones y hasta en fiestas y posadas, el gran bajo del Cerillazo estaba presente junto con un servil servidor; luego, la vida me llevó a apoyarme en la Secretaría de Cultura (cuando existía) y uno de los que me acompañó en el proceso de integrarme con proyectos literarios, que les dio el visto bueno y que me entrevistó en varias ocasiones fue el carnal Rodrigo Ramírez, el bataco del Cepillazo, digo, del Cerillazo. Varias veces nos vimos cuando era director de cultura allá los tiempos de…

              Posteriormente, aunque quizá mi cercanía con mi querida Wendy Hernández me llevó a conocer más de cerca al gritador del grupo, Arturo Hernández, Marurus, como le dicen en el bajo mundo de La Banda Trovera. Aquellos #MiércolesDeRon que instauramos mi querido amigo y contlapache Jaime F. Velasco, me hicieron conocer más de cerca y cotorrear como se debe con Arturo. Mencioné a Wendy, porque a ella la conochí hache yach much tiempoch, mijitoch, cuando íbamos a hacer pizzas (y algo más) a casa de Vanessa para, posteriormente, ir a visitar al maestro Miguel Ángel Cuervo; por supuesto que, desde esos ayeres, hablo de 1997 poco más poco menos    (disculpen, pero las drogas y el alcohol me han carcomido parte del cerebro, de las neuronas), sabía de la existencia de los Hernández; René, Rabí y, por supuesto Arturo (que son a los que conozco). Así que, desde hace tiempo tuve contacto de alguna u otra manera con El Cerillazo.

              La noche del paso 25 de noviembre, amén de que andábamos chavorruqueando duro, de que quizá tiramos dos o tres polillas (unos más otros menos), El Cerillazo nos reunió para un concierto que, simplemente, no me podía perder; luego de una pandemia, de un sismo, aquél encuentro en la hacienda del Carmen, me retornó en el tiempo 20 años, 20 años que se dicen rápido pero han pasado, sí, rápido; me regresó en el tiempo donde nada importaba, sólo estudiar, leer, fumar, follar, beber, leer, escribir, volver a leer para volver a escribir, borrar, follar, beber, fumar, fumar de nuevo, fumar otra vez y fornicar, sudar fornicando, oír rock, ir a los conciertos, volver a leer, intoxicarme de literatura de la onda y de la que fuera y volver a follar para leer, para beber, para escribir y borrar y follar.

              El tiempo no pasa en vano, aquel concierto además de retornarme en el tiempo me hizo conocer, reconocer, volver a ver, encontrar, reencontrarme con amigos de aquella época, de una época más reciente y de la actualidad. Puedo decir que, el momento épico del concierto, fue cuando me topé de nuevo con mi querido carnal Huitznáhuatl Valdivia, me vio en el concierto, me reconoció, lo reconocí (les digo que los años no pasan en vano) y, lo primero que me dijo fue, además de darle de gusto de verme (como me dio gusto a mí verlo): “Pinche Llanes, te acuerdas cuando fuiste al Cedart en falda escocesa, cabrón, desde ese momento te amé y además ibas sin calzones, como debe ser”; mi mujer volteó a verme, se dio cuenta que desde siempre he sido un pinche desmadre/padre, lo comprobó en carne viva y propia y en vivo a todo color y en donde tenía que ser, en el concierto de una de las bandas de rock más importantes de la escena rockera de Colima, El Cerillazo.

              Claro que me acuerdo del momento con mi falda escocesa en el Cedart y claro que me acuerdo de otras fechorías, como cuando amanecí en una casa desconocida, con una chica a mi lado que en mi vida había visto y una zapatilla por almohada, así de grueso este reencuentro con las anécdotas que ya nos hacía falta vivir y escribir.

 

 

En el ánimo de la gente

En palabras Llanes


 

Hace apenas unos días nos avisaron de que regresábamos al horario normal. Estábamos trabajando con un horario «ajustado»; esto quiere decir, empezar actividades a las no antes de las ocho de la mañana y terminarlas no después de las ocho de la noche. Ello a consecuencia de los altos índices de violencia que nuestra entidad está manejando de unos años a la fecha, pero, que, sin lugar a duda, en estos últimos meses «de febrero para acá» se han agudizado poniendo a nuestra Colima en el panorama nacional e internacional de lugares «eso sí, paradisiacos, porque Colima con todo y todo sigue siendo un pequeño gran paraíso» más peligrosos para vivir.

              Así que, vueltos a la «normalidad» el tráfico a las siete de la mañana por todos lados, pero básicamente por los diferentes campus universitarios se hace casi casi imposible. No diré que antes no había tráfico, sí había, pero como que desde la pandemia para acá el flujo vehicular aumentó; y aumentó no sólo en los campus universitarios o en las escuelas, menos a las horas pico de entrada y salida de oficinistas, no, creo que aumentó o lo siento mucho más denso y pesado en toda la ciudad.

              Atribuyo que todo esto tiene que ver con que los colimenses, en medio de todo esto que estamos viviendo, no están dejando que sus hijos e hijas se vayan solos a sus respectivos centros de estudio o lugares de trabajo, ergo, esto hace que la afluencia de láminas, en la mañana, tarde o noche, ya sea a la entrada o a la salida, se vea superada para una pequeña calle que desemboca en un bulevar que, dicho sea de paso, también está atestado de vehículos que a esa hora transitan por ahí.

              Lo recomendable es buscar rutas diferentes. Sin embargo, estamos en un punto donde convergen varias escuelas y sí, de mi casa a la escuela podría irme por una ruta alterna, alterna para mí, alterna para ti, alterna para Einstein, pero una realidad para el resto de las personas y, al llegar o acercarme al campus inevitablemente confundirme entre otras láminas que, parece, traen la misma prisa que yo por llegar temprano porque el checador no perdona o el profe pasados los cinco minutos, ya no nos deja entrar a la clase.

              Creo también que estos dos años de pandemia, donde estuvimos trabajando y dando clases desde la comodidad de nuestra casa nos descancharon, nos sacaron de ritmo para seguir con este trajín del rutinario que es la vida. Siento también que en estos dos años la población automovilística creció exponencialmente y ahora vivimos entre máquinas que echan humo y generan calor. La otra teoría es que en el ánimo de la gente no está para dejar a sus hijos e hijas solas, aventurarse en el llamado transporte público que, en nuestra entidad, ha sido pésimo y lo seguirá siendo amén del nuevo gobierno que parece no estar mucho o que no sale a dar la cara en ningún rubro, llámese como se llame.

                Es cierto, ya regresamos a eso que hemos denominado «normalidad» pero yo sigo viendo en el rostro de los y las colimenses: desazón, angustia, temor, nostalgia por aquél Colima tranquilo, donde no pasaba nada y podías estar en la calle a la hora que fuera sin peligro alguno. No son para nada buenos tiempos para nuestra Colima «aunque se haya dicho otra cosa en días de campaña», no, no lo son. El ánimo de la gente no está en ir a ver festivales a la calle, ni andar del tingo al tango como lo hacía antes. La cuestión es salir de casa por el sustento, a divertirse a lo que sea y regresar con bien, en paz y tranquilo. El tema principal aquí es la seguridad y ahí, ahí sí que nos han fallado como nos han fallado gobiernos anteriores.

             

El amor todo lo puede…

En palabras Llanes


 

He tenido la posibilidad de viajar en muchas ocasiones y de hacerlo en avión, muchas más. Está vez una historia de amor me llevó a una ciudad que no tenía en el radar visitar, no por lo menos pronto, ni siquiera me llamaba la atención.

El amor, que sigue siendo la fuerza que todo lo puede y que, entre humanos, podría decir que es lo que nos hace, nos junta, nos mueve... Me llevó a visitar Ciudad Juárez, Chihuahua.

El adolescente de la familia se enamoró virtualmente, sí, por medio de los video juegos, y se enamoró de la persona con la que entablaba partidas de hasta una hora. Supongo que la chica (ahora sé que se llama Luna, que tiene cuerpo, rostro y familia) seguramente se llamaba en lo virtual algo así como: AR-19LN y mi adolescente, seguramente tenía un nombre parecido.

Vaya a saber cuántas partidas tuvieron que pasar para que él y ella supieran que él era él y que ella era ella, Santiago y Luna, Luna y Santiago. Cuando nos dijo que era su novia casi no lo podíamos creer, aunque yo sí, puesto que pasaba ene cantidad de horas conectado a esos aparatos, jugando con sus amiguitos virtuales, como le digo yo.

Vi una imagen (foto) de Luna y entonces me di cuenta de que no era AR-19LN ni mucho menos, sino una chica, una chica con sueños, con aspiraciones, con metas, con la confianza de mandar una imagen real de ella a una persona que no conoce en persona sino nada más en la virtualidad. Perdón, pero yo todavía soy muy desconfiado de todo esto que se da por lo digital. Ahora recuerdo un puñado de historias (literatura) que surgió con este tema: el del amor por medio de las redes sociales, el internet.

René Avilés Fabila se encarga de narrar una de ellas: El amor intangible, se llama aquella historia de amor surgida desde el internet, el libro se publicó en 2008, cuando esta fiebre recién comenzaba, en fin.

Lo importante es que Luna existe y es real.

La otra cuestión que nos mortificó a mamá y a mí de esta relación a distancia, es que Luna no se ocultara bajo una foto falsa y que Santiago en realidad hablara con una persona y no con un pervertido/a, o con un bot… seguramente ella y su familia tenían la misma preocupación, seguramente.

Los adolescentes manejan mucho mejor la tecnología que yo, vi, entonces, que se hacían video llamadas y que Luna en efecto era Luna, una niña muy simpática debo admitirlo. Ahí entendí el por qué pasaban horas y horas y horas conectados, charlando, jugando, platicando incluso cuando íbamos al súper mercado o al cine. Una relación a distancia es complicada pero, repito, el amor, el amor todo lo puede.

El siguiente paso fue verse en persona y justo es lo que nos llevó a conocer a Luna y a su familia hasta Ciudad Juárez, kilómetros de distancia de nuestra Colima, ja, creo que ya siempre le diré nuestra Colima, jejejeje.

Un viaje siempre es emocionante y sí, cuando me dijeron que íbamos dije vamos, aunque siempre puse algunos peros, sobre todo por cuestiones de dinero, de tiempo en el trabajo, de organizarnos, de movernos todos, de pedir permisos económicos y así. Dos veces cancelamos el viaje, la primera ocasión por algunos gastos inesperados en las vacaciones de Semana Santa; la segunda, nos canceló el vuelo la aerolínea, por mantenimiento a las aeronaves.

El siguiente temor fue que al llegar a Ciudad Juárez, la familia de Luna no fuera una secuestradora (jajajaja, perdón, pero como está la situación en el país uno ya no sabe) y que nos recibieran bien. De esto último diré que es una gran familia, que nos prodigaron mucha hospitalidad, amabilidad, cortesía, paseos, y nos recibieron como hace mucho no me recibía alguien totalmente desconocido, con los brazos abiertos, más que abiertos, dispuestos.

El amor todo lo puede, repito. Y al estar frente a frente todos los temores se nos quitaron, todos los temores se diluyeron y el abrazo adolescente llegó. Smells like teen spirit, escribió y convirtió en himno Kurt Cobain, y ahí volví a sentir ese espíritu del que habla en la canción. La familia de Luna es gente buena, de trabajo, de lucha, que abrazaron a Santiago y a nosotros por igual, fuimos pares por un momento, humanos con los mismos sueños.

Santiago ya conocía, también por los video juegos a Fer, el papá de Luna y creo que también a Perla, su mamá. Mirna y yo no jugamos a nada, yo si acaso Mario Bros y nada más, prefiero perderme en la lectura y la escritura y darle rienda suelta a la imaginación, tratar de hacer tangible, algo intangible; esto fue lo que hicimos en este viaje, dejar que dos mundos, dos seres, dos personas, se vieran, se reconocieran, uno frente al otro, otra frente al uno.

Qué dicha saber que en el mundo todavía existe gente de bien, gente buena que, repito, me recibieron a mí y a mi familia como hace tiempo un perfecto desconocido no me recibía, ahora puedo decir que tenemos una nueva familia lejos de nuestro hogar…    

Checador

En palabras Llanes


 

 Trataré de tocar este tema con delicadeza, sin herir susceptibilidades de ninguna persona, institución o dependencia que se pudiera sentir aludida. Tampoco es un reclamo ni nada por el estilo. Es un texto de salvación para no volverme loco; más de lo que ya estoy.

              Hace unas semanas dejé, por salud tanto física como mental la coordinación de la carrera que estaba a mi cargo «no diré cuál carrera, ni de qué facultad, ni en qué universidad, porque quienes me conocen saben para quién trabajo desde hace casi veinte años». No bien dejé esa coordinación y me empecé a sentir con, digamos, menos responsabilidades, me dieron la fatídica noticia: «Maestro Llanes, tiene que entrar al sistema del checador». Así que fui a poner mi carota y mis huellas y empezó esta bonita-terrible travesía por el mundo godín al que pertenezco.

              Pensé que, antes de ponerme checador podría ir a charlar con las autoridades que tuvieron la brillante idea de instaurarlo «sé perfecto que por unos pagamos todos o, lo que es mejor o peor, ya ni sé, justos por pecadores» y me dijeron que nel, que no, que lo tenía que hacer sí o sí, porque me empezarían a descontar. Así de tajantes.

Mi, si le podemos llamar así, excusa iba a ser ir a la oficina de Recursos Humanos «lean, por favor, la novela de Antonio Ortuño del mismo nombre para que sepan qué patada en los bajos instintos y hasta en los altos, puede llegar a ser dirigir una dependencias de estas, en cualquier institución, amén».

Bien, decía que mi excusa sería decir que, por enfermedad, no me programaran el checador por este semestre, que me dieran chance y, para el siguiente, quizá ya sin citas médicas de por medio, entrarle, pero fui bateado como el que más y no me gusta hacer engrudo de algo que puede ser muy líquido. Fui a poner mi carota y mi dedote ¿algo más que quieran que pongan? ¿el trasero acaso?

              Lejos de sentirme mejor, el checador ha aumentado mis niveles de estrés. Veo, con tristeza y emoción «sentimientos encontrados, sí», que año con año y semestre con semestre, somos bien permisivos con el estudiantado… ¿y con los compañeros/as trabajadores cuándo?

Al estudiantado les estamos permitiendo casi casi de todo «aunque digan que no sea cierto o ellos/as tengan otros datos», pero qué pasa con quienes trabajamos día a día, a ellos/as hay que ponerles la bota en el cuello, así lo siento y así lo creo y el checador viene a ser la gota que derrama el vaso. Y año con el año el patrón, la federación o quién sea, nos complica más las cosas.

              Si yo soy un tipo flojo, con checador o no lo voy a seguir siendo. Me van a obligar a llegar temprano nada más y salir a mi hora y listo, pero seguiré perdiendo el tiempo o no haciendo nada, sentado cómodamente en mi oficina con aire acondicionado. Desde que tengo checador se me ha olvidado un par de veces hacer el registro «ahorita fue una de esas olvidadas, porque vengo justo de checar mi salida de clases tarde, porque debía hacerlo a las 11, y lo hice 11.32, en fin».

Creo que, por las funciones de una persona en su lugar de trabajo sí es válido checar, pero para otras no; ahora bien, si yo doy clases «en el mismo lugar al que estoy adscrito y en la misma universidad para la cual trabajo», se me hace un absurdo tener que checar, cada día, cuatro veces porque tengo que reponer «administrativamente hablando, la hora o las horas que salí de mi cubículo a dar clases; o sea, que me la puedo pasar en mi espacio sin hacer nada y sólo checar dos veces en un día, tentadora la oferta. Checar cuatro veces se me hace grosero y hasta un exceso».

Explicaré un poco mi caso y aquí se responderá solita la pregunta si hecho la fiaca o no. Doy clases prácticamente todos los días, tengo diez horas a la semana frente a grupo, que es el tope de horas que puedo dar, según mi contratación de ser un pinchurriento profesor por horas; no soy PTC, no tengo el rango de 40 horas, nada, soy el escalafón más bajo, el soldado raso en términos militares.

Lunes y viernes tengo dos horas frente a grupo y checo de esta manera; el lunes: de ocho a diez «a las diez vuelvo a ir a checar para ir a dar clases, salgo a las doce y vuelvo a checar para regresar a mi trabajo administrativo, “como si dar clases no fuera ya un trabajo administrativo, al momento de pedirme un programa, subirlo a una plataforma oficial, impartir una clase, también pedirme usar una plataforma oficial para que los chicos/as suban sus trabajos, esto se vuelve administrativo, pero en fin”, y vuelvo a checar a las seis de la tarde para reponer esas horas frente a grupo»; el viernes checo así: «entro a las ocho y voy y pongo mi carota, regreso a checar a las nueve porque doy clases, salgo de clases a las once y voy y vuelvo a checar, para checar, nuevamente, mi salida a las seis de la tarde»; el martes y el jueves es peor, doy tres horas frente a grupo cada día, o sea, seis, mis idas a checar se dividen así «entro a las ocho y checo, salgo a dar clases a las diez y checo, salgo a la una y checo para salir y volver a checar a las siete de la noche, sí, a las siete de la noche», la hora en que aparece la niña y nos empiezan a asustar y bueno, el jueves, bendito jueves, es el único día que checo, digamos, de manera normal de ocho a cuatro de la tarde, pero resulta que es el día que tengo mi taller literario «que, dicho sea de paso, no me pagan, en donde sólo me queda el orgullo de ver el trabajo literario de los chicos y chicas que asisten» y el taller se lleva a cabo de cuatro a seis de la tarde, o sea, soy un obrero de la educación, en pocas palabras.

Díganme ustedes ahora, ¿a qué hora me da tiempo de echar un poco de flojera en mi trabajo, si a veces ni para desayunar o comer me queda un poco de espacio o, de plano, lo hago en mi propia oficina? A todo esto, deben de saber que ya no soy coordinador de la carrera, pero tengo una comisión importante que abarca varias carreras más. Toing. Y, no conforme a esto, tengo que ir a firmar, entrada, salida y clases, ¿es en serio?

Y eso que, según mis doctores «porque consulto a varios, mi médico familiar, mi doctora de similares, mi nutrióloga y la de mis terapias psicológicas (que, por cierto estas citas médicas, si no son del IMSS no me las valen y el IMSS me da citas cada que san Juan para el dedo y a san Juan se le ocurre parar el dedo cada venida del papa a Colima). Decía que estas citas médicas como son por fuera del IMSS NO me las hacen válidas. Lo dicho, soy o estoy peor que soldado raso». Todos mis médicos me han dicho que no tengo que malpasarme para no volver con mi asunto de los triglicéridos altos, como ya me pasó, en fin. Yo sé que no soy el único enfermo en mi lugar de trabajo, pero esto de checar en lugar de mejorar nuestras condiciones labores las empeora, se siente uno vigilado, hostigado, casi casi quiero poner mi demanda digital, pero… ¿a quién voy a denunciar?

El viernes pasado, sin ir más lejos, llevé a mi pequeño a una actividad «que organizó la institución a la que estoy adscrito desde hace casi veinte años» que empezaba a las nueve, él y yo estuvimos desde las ocho de la mañana acá, desayunamos en mi oficina, lo que alcancé a traer de casa mientras resolvía unos pendientes de trabajo, pendientes que llegan casi casi desde las seis de la mañana;  y ahí vamos, lo dejé a las nueve en su evento dentro de la misma institución y vengo de regreso, padre luchón, orgulloso y tras, a medio camino me acordé que tenía que checar para llegar a dar mi clase, desde allá arriba, donde estaba entregando al pequeño, a paso veloz bajé a todo lo que daba para que no se me hiciera más tarde de lo que ya era, eran nueve y cinco, en lo que dejé al chamaco, entró, saludé a alguien, blablablá. Corriendito, fui a checar hasta donde me corresponde, porque esa es la otra, no puedo checar en cualquier checador «ya me harté hasta de la palabrita misma» y, súper corriendo, con el corazón por salírseme y dando tumbos y tras tumbos llegué, nueve y diez. Pregunto yo, ¿esto es mejorar las condiciones de trabajo de uno? ¿dónde está mi sindicato que debería estar peleando porque esto no pase? Tengo rango de llegar quince minutos después, pero la verdad a mí eso no me gusta o siento que lo ven feo, esto es hostigamiento, no quiero decir terrorismo laboral, pero, neta, así me siento y no soy la única voz.

Yo creí que trabajaba en el sector educativo, en el área de humanidades y no en una fábrica y a destajo, haciendo producción sin ton ni son, pensé que trabajaba en un lugar donde se pueden y se deben debatir las ideas y llegar a conclusiones óptimas, ojalá concluyan que esto no tiene sentido, aunque, repito, entiendo que por unos pagamos todos.

No quiero generar ámpula ni mucho menos, he entrado a la rienda del grillete del checador. Sin embargo, esto que escribo lo tenía que decir para que no se me atorara en el pecho, para que no se me ahogara/quedara en el fondo de las entrañas. Si lesioné de pasada a alguien, lo siento, no fue ni es mi intención, lesiones peores, lancetazos peores, como los del checador he recibido yo y poco o mucho me he quejado y aquí estoy, aguantando. Sólo es una pequeña reflexión, bueno, ni tan pequeña porque ya se extendió. Sólo soy un alguien más que sigue órdenes de alguien más que sigue órdenes de alguien más y si la orden es checador, qué se le puede hacer… La maldita federación con sus ideas retrógradas, antediluvianas y, dizque según, de cuartas transformaciones o transformaciones de cuarta.

Ahora bien, si todos vamos a traer el maldito/bendito checador, desde arriba hasta abajo, le entro, de otra manera, creo que no tiene ningún caso, ninguno, porque repito, las funciones que cada quién hace son muy diferentes. Acaso el presidente, los gobernadores o los altos jefes ¿tienen checador?

En fin.

             

Altexto 2022, gracias

En palabras Llanes



Se llevó a cabo la vigésimo cuarta Feria del Libro Universitario Altexto 2022. Si sacamos cuentas la fiesta de los libros universitarios que organiza la máxima casa de estudios en nuestro estado arrancó en 1998. Si a 1998 le sumamos 24 «que son los años de existencia de Altexto», nos da como resultante 2022. Yo entré a estudiar a la Facultad de Letras y Comunicación, área Letras y Periodismo en 1999. Soy de la generación 1999-2003, grandiosa generación, casi de las últimas en estudiar este programa, luego vino una reestructuración en el plan de estudios, pero esa es otra historia.

              Podría decir que soy parte de Altexto desde el año 2000, cuando de estudiante me enteré de su existencia y asistí a mis primeros talleres literarios con la maestra Guille Cuevas como tallerista oficial de Altexto; en aquellos ayeres pensaba en que a mí me gustaría mucho ser tallerista de altexto y lo logré.

En el año 2005, ya egresado de la carrera en Letras y Periodismo y luego de un gran acto de rebeldía, ingresé a laborar en la Universidad de Colima en el departamento de la Dirección General de Publicaciones. Ésta es una de las tantas dependencias que tiene a su cargo, además de las novedades editoriales de la Universidad de Colima, organizar la feria Altexto del Libro Universitario, así que, podría decirlo, regresé adonde fui feliz de estudiante.

Desde el año 2000 asistí a los talleres y diversas actividades organizadas por la Feria del Libro Institucional hasta el 2003 cuando egresé, en 2004 no participé, porque ya trabajaba en y para los medios locales «incluso esto de trabajar lo hacía desde antes, pero en ese año los tiempos no me dieron», pero en 2005 regresé a Altexto y ahora como parte del equipo organizador. Un sueño.

Para Altexto he hecho de todo, moderar mesas, presentar libros y hacer comentarios, dar talleres de creación literaria, participar en el concurso de lectura en voz alta «primero como staff estando al pendiente de los chicos/as participantes, ensayando con ellos, calentando la voz, quitando el nervio y siendo jurado en los regionales; posterior y ya no siendo parte directa del personal de publicaciones, como jurado en la final», he recorrido bachilleratos llevando lecturas en voz alta, impulsando el gusto por los libros entre los jóvenes, el mismo gusto que tengo por ellos desde hace ya varios años y que me ha llevado a acumular un puño y dos montones más, he sido de todo en Altexto, público y staff, he estado detrás de y delante de…, ¡Vaya!, vivo las jornadas con mucha intensidad y este 2022 no fue la excepción.

En una foto que me tomé y que circula en redes sociales «donde aparezco con mis siete constancias al estilo de Michael Phelps con sus siete medallas olímpicas», lejos de presumir quiero exaltar que las jornadas Altexto son parte de mi vida y que las de este 2022 estuvieron cercanas a lo que había vivido hace tiempo y que la pandemia nos quitó en 2020 cuando se canceló prácticamente todo «hasta los juegos olímpicos, por poner nada más un ejemplo muy equiparable».

Tengo tres años adscrito a la Facultad de Letras y Comunicación, mi querida facultad, a la que amo y donde fui y sigo siendo feliz. En Publicaciones cumplí doce o trece años, años de trabajo arduo durante las jornadas, donde pasaron rectores que siempre apoyaron la labor, porque saben de la importancia que tiene el libro, sus historias, sus entrañas, su intríngulis, para la comunidad universitaria, profesorado y alumnado. Lejos de sentirme distante por ya no ser parte de una parte «vaya la redundancia» del comité organizador de las jornadas, estuve en este 2022 más cercano, más activo, más comprometido con la labor de enriquecer y exaltar el libro universitario y conocer lo que hacen otras personas en otras universidades, ese es el gran reto de las jornadas, darle al libro universitario su lugar, para muestra basta ver que, en esta edición, compré varios libros provenientes de diversas universidades.

Quizá el 2020 que nos quitó todo nos lo devolvió todo en este 2022; máxime estas ganas de vernos, de leernos, de acompañarnos en la lectura en voz alta, de ser cómplices además de con los libros, con los ojos «porque seguimos usando cubrebocas» y más que con los ojos, ser cómplices con el corazón por conocer la maravilla que los libros son capaces de regalarnos, de ser parte ya de estas jornadas que vivo siempre con mucha intensidad.

En este regreso a las jornadas me dio mucho gusto encontrarme con Mónica Lavín y Bernardo Ruiz, maestros y amigos amigos y maestros, verlos nuevamente en vivo, saludarlos, compartir con ellos un minuto de su tiempo, de nuestro tiempo y compartir la vida a partir de las letras. Estuve presente con Christopher Domínguez Michael a quien no conocía en persona, sólo por sus artículos en diversas revistas como Letras Libres y otras. Pero, lo más importante, es que pude estar de regreso con los y las estudiantes, verlos, sentirlos, saber que las historias que les leí, las que les compartí a más de uno/a le movieron el tapete y, quizá como les indiqué, irán a su computadora, Tablet o teléfono y buscarán a alguno de los autores/as en esa gira que hice por algunos de los bachilleratos «no todos, esto sería un buen reto para la siguiente ocasión, visitar todos los bachilleratos de la Universidad de Colima de nuestra casa de estudios» y acompañarles en su proceso lector y de formación.

Estoy dispuesto a llevar a cabo este reto por más cansado que sea, por más alejado que esté el bache, seguro estoy que allá llegaremos en una emisión más de Altexto.

Larga vida para las Jornadas del Libro Universitario… ya queremos que arranquen las del año 2023.

 

19 de julio

 En palabras Llanes


 

 

En el faro de tu amor

En el regazo de tu piel

Me dejo llevar al sol

Es que no hay nadie como tú

Que me haga sentir sentir así

En un arrullo de estrellas, ah-ah-ah

Te lo digo desde el alma

Y con el corazón abierto

Zoé/León Larregui

 

Todo está conectado. En esta vida todo tiene un porqué, un motivo, una conexión. Los días 19 de julio se han vuelto un tanto complicados para mí. Hace un par de años, en plena pandemia por el SarsCov-2, exactamente un domingo, mi madre regresó al sol, se fue entre ríos púrpura y caminó a la fuente. Recuerdo que ese día, mi amigo y compadre Ihovan Pineda, estaba en mi casa comprándome uno de mis libros… Ihovan llegó, estacionó su vocho fuera de mi casa, se bajó, charlamos, nos abrazamos… no recuerdo si le destapé una cerveza o no, lo que sí recuerdo es que me preguntó por mi mamá… en ese justo momento mi celular sonó… el domingo, a mediodía, es muy raro que mi celular suene… ese día sonó y era mi papá y, peor, era la terrible llamada, la que ya esperaba desde hace algún tiempo (porque mamá nos fue preparando para el día trágico). Justo cuando le respondía a Ihovan que mi mamá se encontraba estable, delicada pero estable, papá, del otro lado de la bocina, lloroso (¿cuántas veces he visto, oído llorar a papá?, creo que han sido pocas, muy pocas); entonces, del otro lado de la bocina, papá con la voz quebrada por el llanto me daba la noticia, mamá acababa de fallecer. Eran las doce del mediodía de un domingo 19 de julio de 2020. Como dijo Eliseo Alberto, para él y para mamá, su eternidad comenzó por fin, en lunes…

              En 1991 yo tenía trece años, estaba creciendo. Oía a Mc Hammer y a Vaniella Ice, pero también escuchaba a los Red hot chilli peppers y a los Guns and Roses. Recuerdo que vivía en el Distrito Federal (odio que ahora le digan CDMX) y recuerdo también que ese día, viernes, mis papás tenían la graduación de una prima; mi hermano y yo nos quedaríamos en casa bajo el cuidado de mi tío Richard; él prometió ir a cuidarnos, prometió estar a las nueve y media, máximo diez de la noche. Mi hermano tenía ocho años, por una hora, hora y media estuve al frente de la casa, al mando, mientras el tío llegaba. Mis padres se despidieron de nosotros y nos dijeron que, si nos portábamos bien y le hacíamos caso al tío, nos llevarían a Oaxtepec, en Morelos, a unos balnearios muy bonitos. Cerraron con llave seguros de que el tío estaría con nosotros pronto, como lo prometió. A las diez de la noche vi que mi hermano pequeño se quedó dormido, a mí me ganó el sueño también y nos quedamos dormidos en la sala verde, viendo la televisión, una Hitachi a control remoto (la primera a color que había en la casa). El tío nunca llegó. Lo siguiente que recuerdo es que despertamos en la cama, papá estaba listo para irnos y mamá también; llegaron los abuelos y emprendimos la huida al balneario, papá se veía irritado, seguro por la ausencia del tío, pero ya habría un momento para hablar de ello. Al regreso del viaje, a eso de las siete u ocho de la noche, recibimos la fatal noticia de que el tío había muerto, por eso no pudo llegar a cuidarnos como había prometido. El tío era hermano de mamá, mamá y abuela se pusieron terriblemente mal. Yo no sabía bien qué pasaba, mi hermano menos… pero todo está conectado.

              Han pasado dos años de la muerte de mamá y treinta y un años de la muerte del tío Richard. En la mañana, abrí mi aplicación de lectura RedEra, donde leo y releo el libro del mes de julio de mi grupo de lectura, el que me permite reunirme mes con mes con grandes lectores y comentamos al respecto de los libros propuestos. En julio tocó el turno al gran maestro Luis Humberto Crosthwaite y el libro: Idos de la mente. La increíble y (a veces) triste historia de Ramón y Cornelio, un libro que leí hace muchos años y que volví a releer para los fines de este club de lectura. Yo lo leí en físico. Lo compré cuando en Colima existía una tienda maravillosa que se llamaba Ley, ahí vendían bebidas (de buena marca), perfumes (de buena marca), discos, ropa (de buena marca) y libros (de grandes editoriales) a precios irrisorios; pagué 15 pesos por el libro. Le edición que tengo ahora, además de la impresa, es una edición que Luis Humberto decidió sacar en 2020 en digital y que está gratis. En realidad, muchos de los libros del autor, él mismo los regaló durante los días de pandemia, pretextando que era lo mejor que podíamos hacer durante el encierro y tenía razón. Yo tengo en digital todos los libros del autor, por si alguien los quiere. Esta edición digital trae un plus como los buenos discos (a final de cuentas la historia trata la vida y obra de dos grandes músicos de, vaya la redundancia, música norteña) tiene un material adicional, material que la edición escrita no tiene. Al abrir la app para ponerme a leer ese material adicional me topo con que el autor “justifica” la escritura de este relato y dice que esta edición de pandemia se la debe a un amigo suyo que falleció el 19 de julio de 2020, sí, el mismo día que mi madre y mi tío. Hebert Axel González es ese amigo al que Luis Humberto le dedica esta edición especial de: Idos de la mente, una novela que no se debe perder nadie y menos esta edición donde vienen escenas que fueron eliminadas de la primera versión o que el autor no supo dónde deberían ir. Hebert Axel fue, además de amigo de Luis Humberto, uno de los actores que trabajó esta novela en una lectura en atril que terminó siendo una lectura en mesatril, porque los actores leían la novela desde una mesa haciendo todo tipo de personificaciones hilarantes. El espectáculo Ramón y Cornelio fue todo un éxito en Tijuana (de donde es oriundo nuestro autor) y tuvo alrededor de ciento cincuenta representaciones; Hebert Axel estuvo en todas, trabajando de actor-lector. Así que, todo está conectado, porque pienso que, ahora yo, con este grupo de lectores… puedo hacer una lectura en atril de esta obra para que llegue a más público.

Gracias, mamá, gracias, tío, gracias, Luis Humberto y Hebert y gracias a ti que lees esto…

#FormasDeHacerCampaña

 En palabras Llanes


 

 ColiMetiches y ColiNoEraParaUstedes, fue lo que dijeron algunos/as/es (por aquello del lenguaje incluyente) Morenos/as/es, luego de defender a su prócer tras el mensaje que se filtró, el fin de semana pasado en las redes sociales y que causó polémica por estar hablar con el gramema Coli, antes de mencionar el lexema que daba pauta a la palabra en cuestión para ensalzar las virtudes de su equipo de trabajo. ColiMetiches nos dijeron, ni hablar.

              Siento que hasta de hashtag quedaría bien para seguir haciendo campaña que es lo que mejor saben hacer, seguir en campaña, tal y como lo hace su líder y como lo ha hecho todo este tiempo, campanear para que el gas le alcance y seguir en el poder.

              Desde que este equipo llegó al poder, no han hecho más que perpetuar su campaña política, la que les llevó a ganar las pasadas elecciones; están por cumplir un año al frente de la administración y no hemos visto más que simplezas como el famoso hablar con el fonema Coli para referirse a su programa Colibecas que, supuestamente, se iba a entregar a todas las escuelas de la entidad y a todos los niños/as del estado; por lo menos, en la escuela Morelos, seguimos esperando el apoyo.

Sin embargo, eso no es lo importante, que le dé a mi hijo un cuaderno, un lápiz, colores, resistol o un par de uniformes no es tan relevante, por fortuna tengo la posibilidad de solventar estos gastos, pero hay gente que sí los espera y, repito, en la Morelos seguimos esperando (y al parecer así nos vamos a quedar, esperando), como lo seguimos haciendo con el recurso para que las autoridades nos autoricen y puedan arreglar los daños, en la infraestructura, que sufrió el inmueble tras el pasado sismo registrado en nuestra entidad, vaya, ni siquiera una revisión bien a bien han llevado a cabo. Esto somos para esta gente en el poder.

              Cuando comenzó esta ola de violencia, allá por el mes de febrero (ojo, tampoco le voy a achacar todos los problemas a este gobierno, sé perfecto que recibieron una administración precaria, dañada y que la violencia no es nada nuevo, pero sí se desató feamente desde el mes de febrero; aunque, repito, venía de mucho tiempo atrás), decía que cuando arreció esta ola de violencia, a la gobernadora de #NuestraColima (les digo que puro hashtag se avientan en este Coligobierno Coliloquillo) le tomó seis días salir a dar un Colimensaje todo Coliescuetillo (dejaré de hablar como tarado, perdón) a la sociedad, aunque para ello la sociedad ya se había organizado como se ha organizado siempre que sucede un siniestro.

              La gente que le aplaude todo al gobierno dice que van avanzado, y está bien, pero yo avances no he visto mucho, creo que ahora hay que hacer muchos más trámites que antes, más papeleo, en los números de teléfono de ciertas oficinas no te atiende nadie, no contesta nadie y si vas al complejo administrativo por un trámite terminas regañado y con la cola entre las patas cuando nos dijeron que iban a hacer las cosas de manera diferente, que eran el gobierno que la gente necesitaba, que eran la mejor opción porque la líder tenía harta experiencia y porque ya había gobernado (con harta honestidad, un municipio) y que eran los que tenían las claves de la comedia y de la tragedia (las caras que representan al teatro)… y, sinceramente, yo pura tragedia he visto y leído (ya no leeré novelas de tragedia que se me va a secar el seso como a Alonso Quijano, que por leer novelas de caballería se creyó caballero andante y fue en busca del amor).

              No tengo nada contra el gobierno ni en contra de nadie, pero a un año de estar al frente parece que seguimos en campaña o haciendo formas de hacerla y nos tienen así desde que se puso de moda aquello de #NuestraColima y casi casi se volvió trending topic en las redes sociales. Les seguimos haciendo el caldo gordo y no queremos darnos cuenta...

Saturday, May 07, 2022

Masterchef junior

 En palabras Llanes


 

Este espacio también es para escribir sobre cosas que nos gustan; además de leer y escribir, otra de las grandes pasiones es cocinar. Uno de mis programas favoritos ha sido masterchef, he visto todas las temporadas, me dio un algo cuando mi chef favorito: Benito Molina, le dijo adiós a este proyecto, hace ya unas dos o tres temporadas atrás. Sin embargo, masterchef se reinventa y el pasado viernes, por la cadena de televisión que ya conocemos, arrancó la nueva temporada ahora dedicada al público infantil, pero eso no es todo, trae consigo varios cambios…

              Sabíamos que Anette Michel ya no iba a estar al frente de la conducción, nos quedó claro cuando la conductora firmó, hace un par de años, para Televisa y se fue a buscar otra oportunidad laboral allá, en su lugar, para la temporada Celebrity del mismo masterchef, se contó con la presencia de Rebeca de Alba. Al momento Anette Michel no ha hecho nada en Televisa.

              Esa temporada Celebrity, que es la más reciente, estuvo un tanto atropellada, varias celebridades resultaron contagiadas de Covid-19, por lo que se tuvieron que ausentar como: Aida Cuevas y Patricia Manterola; la misma Rebeca de Alba estuvo ausente algunos programas por eso y, bueno, resultó así, atropellada y a la mitad ya había cansado, de esa temporada el ganador resultó Germán Montero, cuando mi gallo, por el nivel de cocina que mostró fue Paco Chacón, el exárbitro de futbol.

La anterior temporada, donde resultó ganadora Adriana Salcedo, se dijo, desde antes de arrancar las transmisiones, que ella iba a ser la ganadora. Cierto es que masterchef ha perdido algo de credibilidad, desde la pandemia por el Covid-19 donde las audiciones tuvieron que hacerse en línea, desde ahí algo se ha roto.

Para esta nueva edición, la temporada número diez u once, donde otra vez toca el turno de los pequeñines, trajo consigo varios cambios, de entrada ya no estará más el chef Herrera con su humor característico, así que de la tripleta que arrancaron este proyecto, chef Betty, chef Benito y chef Herrera, sólo quedará Betty; Herrera se fue con todo su humor a conducir masterchef latino junto a Benito Molina, un reality que, para mi gusto, no ha terminado de despegar en su segunda temporada en curso.

Otro de los cambios que trajo consigo este estreno de la nueva temporada de masterchef junior, es que se incorpora el chef Franco Noriega, un empresario, modelo y chef peruano, en los controles está nada más y nada menos que Tatiana, resurgiendo como el ave fénix desde sus cenizas, claro, para enganchar con el público infantil.

Por otro lado, los niños, con su ingenio, su creatividad, sus comentarios, nos sacan la risa, nos presumen sus sueños, nos presumen sus platillos, los más pequeños tienen ocho años y los más grandes doce y es justo lo que debe estar haciendo un niño o una niña, realizando sus sueños, llevando a cabo lo que les gusta hacer… no como en Colima, donde me tocó, el otro día, estar en medio de un simulacro sobre lo que se tiene que hacer en caso de estar en medio de una balacera. Masterchef junior viene a refrescar un poco la barra de entretenimiento de la televisora del Ajusco, aunque se puede seguir a través de YouTube.

  Apenas fue el primer programa del reality infantil más visto en México y ya van dos expulsados. Seguro que podrán continuar con sus sueños de convertirse en grandes chefs o en lo que quieran ser, menos en niños que se ocultan pecho tierra de alguna bala perdida, como lo hacen los niños y las niñas en #NuestraColima…

Foco rojo en la alfombra roja

 En palabas Llanes


 

Yo no sé si fue actuado o no. El caso está en boca, ojos, manos, textos de propios y extraños, quizá más extraños a propios. Mucha gente ha comentado el hecho. Unos a favor, otros en contra. Hay quienes sólo han visto el hecho, impropio, de Will Smith al levantarse de su asiento, en el Dolby Theatre de Los Ángeles, California, donde se estaba llevando a cabo la entrega de los premios Oscar, en su edición número noventa y cuatro y propinarle tremendo golpazo a Chris Rock.

              Todo marchaba tranquilo, sin contratiempos y ningún tipo de exabrupto, cuando de detrás del escenario (tras bambalinas como suele decirse), salió la figura de Chris Rock, el actor y comediante quien iba a presentar, justamente, una de las ternas al mejor largometraje documental; al arrancar su rutina y casi en medio de esta, Chris Rock hizo un chiste de mal gusto sobre la alopecia, a consecuencia del estrés, de la esposa de Will Smith, Jada Pinckett. El chiste versa en torno a una película de Demi More donde la actriz, para entrar al ejército, se rapa el cabello al estilo G.I. Joe. Rock mencionó que ansiaba verla en esa secuela. El auditorio rompió en carcajadas, la cámara hizo un acercamiento al rostro de Jada Pinckett Smith haciendo una mueca molesta e incómoda tras la broma de Rock…

              Repito, yo no sé si actuado o no (hay quienes opinan esto), el actor de películas como: Yo, robot, Los hombres de negro, En busca de la felicidad, entre otras, se subió al escenario a acercarse a Chris Rock y cuando lo tuvo lo suficientemente cerca, le propinó una cachetada que dejó a la concurrencia atónita y, seguro estoy, a Rock viendo estrellas. Regresó tranquilamente a su asiento en el teatro y vociferó, ya sentado en su lugar y dirigiéndose a Chris Rock en quitar de su maldita boca el nombre de su esposa, lo dijo en un par de ocasiones y la última gritando muy encolerizado. Rock, sólo hizo hincapié en la bofetada de Smith diciendo que le dio una buena… y siguió en lo suyo, el auditorio no daba crédito.

              Las opiniones están divididas, hay quienes dicen y sólo ven la actitud exagerada de Will Smith al propinar un golpazo y generar violencia; en un evento visto por millones de personas en el mundo entero, dejando en tela de juicio la imagen del actor y de paso la imagen de la academia de los premios Oscar; otra parte del público opina sobre la reacción de Smith fue la idónea porque no se pueden normalizar estas cuestiones disfrazándolas de “bromas, a final de cuentas es también violencia y violencia verbal” y mucho menos en estos días donde tendemos a conducirnos política y socialmente con coherencia y siempre poniéndonos en los zapatos del otro.

              Más adelante, Smith recibió la estatuilla a mejor actor y, en su discurso, además de pedir disculpas: a la academia y a los demás nominados (nunca mencionó a Chris Rock), agregó: “en esta industria tiendes a soportar faltas al respeto y actuar como si aquí no hubiera pasado nada y seguir con una sonrisa y ver siempre hacia adelante”; sin embargo, hay días donde el cuerpo, la mente y el ánimo, no están para aguantar nada y, en un mundo normal (quizá utópico), no deberíamos aguantar absolutamente nada de nadie (todo esto lo agrego yo).

              El hecho fue televisado, grabado y quedará ahí, para la posteridad. La violencia siempre generará más violencia. No se pueden seguir haciendo este de violencias verbales, disfrazadas de chistes. La academia debe replantearse bien todo esto y analizarlo a fondo. Tan mal hizo Smith al levantarse y externar su molestia, como mal lo hizo Rock al hacer este tipo de “bromas” y, mucho más mal lo hizo la academia si previo a todo esto, hay días, semanas, meses de ensayo… Sin duda hay foco rojo ahí y en otros episodios (como el de Kirsten Dunst y otros más) donde se deben replantear muchas cosas…   

 

Hoy, como casi todos los días

 En palabras Llanes


 

Me levanto temprano. Oigo a lo lejos y mientras tomo un baño, el ulular de algunas sirenas, de coches que pasan con prisa. Pienso que ya pasó algo malo, que ya mataron a alguien, que ya hubo un suceso que involucra sangre. Quizá sólo sea una falsa alarma, pero es lo que persiste en el inconsciente colectivo de muchas personas y me incluyo. Todo lo que tenga que ver con patrullas, sirenas y ambulancias de inmediato y, casi casi en automático, se relaciona con un algún acto delictivo. Colima no era así. Colima era un lugar tranquilo, un paraíso (y lo sigue siendo el lugar) no así el ambiente que se vive. Conduzco por las calles para llegar a un laboratorio a temprana hora de la mañana. Un laboratorio que haga algunas tomas para un informe que requiero para mi hijo. Obviamente voy con mi familia. El cielo se torna claro pero todavía está oscuro a esta hora. Hay que recordar que ya cambió el horario y las siete de la mañana son, en realidad, las seis, a la naturaleza no podemos engañarla. A ella no. El cielo está más oscuro y sí, da miedo andar por la calle. Conduzco hacia el lugar, veo, a mitad de la calle, una patrulla atravesada con sus luces roja y azul. Pienso que algo malo pasó. Quizá los policías simplemente están haciendo su trabajo y nada más, pero la reacción primera es esa. Recuerdo entonces que muy temprano oí el aullar de las sirenas. La gente en Colima vive con zozobra. Ya no es lo mismo. Hace tiempo que esto ya no es lo mismo. Avanzo más porque tengo que pasar por ahí, quiera o no, ya no puedo regresarme. La patrulla sólo estaba detenida en medio del tráfico de las seis y media de la mañana. De nuevo viene a mi mente el recuerdo, mientras me duchaba, del ulular de algunas sirenas, quizá no se trata de nada malo y todo es producto de mi imaginación o del miedo o de la costumbre (qué feo que nos estemos acostumbrando a esto y no sé si uno pueda acostumbrarse a algo parecido). Oigo que alguien levanta la voz y volteo con miedo, oigo cuetes y tengo miedo. Un ruido fuerte me sobresalta, y tengo miedo. Se me empareja un motociclista y tengo miedo y quizá ese motociclista es una excelente persona, pero yo tengo miedo y mejor ni le dirijo la mirada, pero… y si no le dirijo la mirada y en realidad quiere hacerme algo a mí o a mi familia, entonces, ¿cómo me voy a dar cuenta? Uf, qué terrible es vivir así, con esta ansiedad. No se puede. Es mucho el estrés, mucha la inquietud, la incertidumbre, y sí, la zozobra. Y tengo miedo por mi familia, por mis hijos, por mi mujer, por mi gente, amigos y conocidos y por todos aquellos que han sido, sin conocerlos, víctimas de lo único que está bien organizado en este país... Ya no basta con lo cara que está la vida, que el dinero no alcanza, que los productos de la canasta básica están por los aires, inalcanzables, que las trasnacionales nos están matando con sus productos, que las medicinas son para pura gente que las puede pagar, que cada vez compramos menos y pagamos más, ya no basta con eso, ahora también hay que vivir cuidándonos la espalda, tener miedo del de al lado o estar alerta incluso del vecino (que muchas veces ni conocemos y, repito, puede que ese vecino o quien esté a nuestro lado sea la mejor persona del mundo) sí, con todo esto tenemos que vivir. Creemos o nos han vendido la idea de que todo aquél al que acribillan o lesionan en la calle es porque anda metido en “malos pasos” y no es así, no siempre es así; y entonces la gente nos voltea la historia y dicen que quizá lo mataron porque no pagó su “derecho de piso” y quizá tampoco sea así. ¿Derecho de piso? Tengo el derecho de pisar donde yo quiera porque México, que yo sepa, es un país libre. Muchas personas que tienen nombre y apellido han caído abatidas por quién sabe qué manos asesinas. Han caído dejando familia, gente desconsolada, dejan también un halo de misterio y de terror, sí, de terror en el resto de la población. Porque si yo algo quiero al terminar mi jornada laboral es llegar a la casa y ver a mi hijo, abrazarlo, verlo caminar, sonreír, ver su inocencia en medio de este mundo fiero que está en descontrol y del que ya, sin quererla ni deberla, forma parte y le estamos dejando no sólo a él, a todos. ¿En qué momento mi país se convirtió en un cementerio callejero? ¿En qué momento se nos hace tan fácil portar un arma y más fácil aún, apuntarle a una persona y todavía más fácil jalar de un gatillo y, por si esto no fuera poco, mucho más fácil todavía privarlo de la vida y se las pongo más fácil aún, hacerlo todo a plena luz de día y en plena avenida(s) súper transitada(s)? ¿En qué momento? ¿En qué momento nos estamos desmoronando como sociedad y matándonos a nosotros mismos? Stephen  Hawking en uno de sus tantos artículos predice las tres cosas que acabarán con la humanidad, una de ellas será por la inteligencia artificial; es decir, la tecnología y sus avances desmesurados; la segunda sería si alguna vez encontramos vida extraterrestre, esta no sería para nada amistosa con la humanidad y terminarían destruyéndonos por estar miles de años más avanzados que nosotros y; la tercera y que tenemos justo en la tierra y más cerca de lo que pensamos es la agresión humana, sí, la humanidad destruyendo a la misma humanidad, el hombre destruyendo al hombre, esto sin duda podría acabar con la especie hasta extinguirla y creo que ya estamos llegando a este punto. Qué lejos, literalmente, quedó aquel poeta y gobernante prehispánico de nombre Nezahualcóyotl que dice:

 


 

Amo el canto del cenzontle

Pájaro de cuatrocientas voces

Amo el color del jade

Y el enervante perfume de las flores

Pero amo más a mi hermano… el hombre.

 

 

Hemos llegado al punto de no amar al prójimo, como iguales, como humanos, como hermanos. Va este texto para todos y todas las víctimas que tienen nombre y apellido y que han caído abatidos. Va por todos ellos/as de los que no sé su nombre pero que sin lugar a duda son humanos, son hermanos, son iguales a mí. Vivimos con angustia, vivimos con miedo, vivimos con rabia e impotencia y no sabemos si este día en el cual traigo una playera con el calendario azteca sea la última prenda que vista y sea el último día que llegue con bien a mi casa.

Punto, fecha y firma, así lo dejo escrito…

¿Qué es lo primero que levantas del suelo después de un terremoto?

 En palabras Llanes     I Una vez más México hace historia; otro 19 de septiembre que « retiembla en su centro la tierra al sonoro...