Monday, September 24, 2012

Viva doña Josefa Ortiz de Dolores (sic)


BajoFondo ¿Patriota? Alberto Llanes El yerro de Mario Anguiano en la celebración del grito de independencia, ante un número incontable de colimenses, se inscribe en la historia de las pifias famosas de los políticos, muy de moda últimamente y que Fox fuera punta de lanza en ello. Al parecer el PRI va a la cabeza (últimamente) o, por lo menos, esos yerros que han cometido quienes pertenecen a sus filas han sido de los más notorios. Peña Nieto confundió a Carlos Fuentes con Enrique Krauze en un funesto error que se volvió trending topic en las redes sociales (y no ha sido el único que ha cometido nuestro flamante presidente electo de la república), todos comentaban el hecho y ese día de error tras error, estoy seguro, no querrá volverlo a vivir; el entonces candidato a ser candidato del PAN para postularse a la presidencia de la república Ernesto Cordero, se autogoleó al quererse ver muy intelectual (tras el yerro de Peña Nieto en la FIL de Guadalajara) y al intentar salir avante y ser el mero chingón se hundió más al confundir a Laura Restrepo con Isabel Restrepo, craso error. El típico caso de quien tenía la portería sin guardameta, soltó el disparo y el gol cayó en su portería en una suerte de boomerang extraño y sin “fuera abajo” y terminó golpeado y autogoleado y mucho más ridículo que el anterior; su excusa, “es que era muy temprano”, dijo, “cuando me hicieron la pregunta”, acotó. Sin embargo, el yerro de Mario Anguiano Moreno fue todavía más ridículo (y es que cuál yerro no lo es), salvo que Mario Anguiano, previo a la citada celebración (y no sólo él, sino todos los gobernadores y para no regar el tepache) llevan en un papel anotados los nombres de todos los héroes que liberaron a este país del yugo español. Y sin embargo, ¿equivocarse con o por algo que está leyendo?, entonces quiere decir que el error fue de origen, ¿qué clase de “asesores” tiene el gobernador?, ¿existen?, ¿hacen, de pura casualidad, su trabajo? Claro, no pasa nada, es un error más. Por ahí, en una red social de moda decían que se dejara de criticar al gobernador, que sí, se había equivocado, pero todos en algún momento nos podemos equivocar, todos somos humanos y podemos equivocarnos, no estamos exentos de ello. La causa viene cuando el error se da en un partido que acaba de ganar la presidencia de república mexicana en unas condiciones no muy favorables, no muy claras, no muy blancas; el yerro se da en un supuesto nuevo PRI, supuesto “nuevo” PRI que está en pro de la cultura de los valores, de la educación, de la preparación y del respeto a la sociedad. Colima me late de corazón, es su falso eslogan. Y es un PRI que, en lo local, también no se ha visto nada bien y no hay cómo quitarlos del poder, porque siempre quieren más y hasta de rectores se hacen en sus filas. Confundir a doña Josefa Ortiz de Domínguez con la famosa Josefa Ortiz de Dolores va a quedar ahí. Como un yerro más, como una confusión de una persona que ni siquiera eso sabe hacer bien, su trabajo. Antes no la confundió con doña Josefa Ortiz de Pinedo para que nos quede bien en claro de dónde viene la pedrada. De Televisa. Pero entonces, ese yerro demuestra que una persona no se preparó para ese evento, sí, nos podemos confundir, nos puede suceder, claro, somos humanos y no estamos exentos de errores, pero si vamos a participar en un evento de ese tamaño, en donde nos tenemos que dirigir al pueblo colimense, al pueblo de México; el sentido común nos debe decir que nos preparemos, que, por lo menos, leamos con atención el papel que nuestra gente nos escribe para, al momento de decir los nombres de los personajes inscritos no regalarla y, si por el contrario, ellos, nuestro equipo de trabajo fueron los que se equivocaron, hacer una limpia o reprimenda si no qué clase de respeto le damos a la sociedad y a la gente que murió por y para reventar las cadenas de la esclavitud (abolir la esclavitud). O por lo menos agarramos una monografía (si nuestro equipo de trabajo la regó) y le damos una leída para no caer en el error. Bueno, eso haría yo si fuera gobernador, pero cada quien hace su trabajo de acuerdo a sus posibilidades y a la pasión que le inyecte diario, a su actividad. No es la primera vez que Mario Anguiano Moreno da un grito, ¿ponerse nervioso?, creo que esto ya lo tuvo que haber superado. ¿Un mal momento?, sin duda que lo fue. Sin embargo, este hecho quedará ahí, para la burla, la broma, el chascarrillo de todas las personas que visitamos las redes sociales, donde, por fortuna, todavía no hay una ley que nos prohíba reírnos de este y otros hechos o errores.

En la pura concentración...


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Tuesday, January 17, 2012

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Escafandra

Escafandra
Patéticas las cafeterías universitarias


Alberto Llanes


Después de un breve periodo vacacional (mismo que sirvió para descansar esta columna, labor sana en todo escritor), retomo entonces…
Y es que cada año pasa lo mismo. Tengo varios años laborando por y para la Universidad de Colima, el único periodo libre para desayunar cómodamente (sin el ajetreo multitudinario de los estudiantes y, sobre todo, que me atiendan a tiempo, sin tardanza y sin esperar filas y filas de estudiantes) es, precisamente, éste, cuando los alumnos aún siguen de vacaciones.
Qué gozo ir a la cafetería a nuestras anchas, poder desayunar con la tranquilidad que da la poca gente (y no es que odie a los estudiantes, pero son tantos que a veces o siempre, no me da tiempo ni siquiera de ir por algo ya preparado para desayunar), y uno espera que el trato sea más placentero (que sí lo es), a lo que voy es la mala calidad de los alimentos ofertados.
Cuando hay muchos alumnos y trabajadores la demanda crece, claro, pero la variedad es la misma siempre haya o no haya alumnos, chilaquiles, huevos (como se le haya ocurrido ese día) y carne con chile… ¿carne con chile para el desayuno?, pufff, el trato y la atención son lentas, sí, hay mucha gente y el que espera desespera.
Pero cuándo no hay alumnado qué, la oferta es la misma o peor, porque como no hay gente, no hacen tanto, ni tan variado, pide uno entonces una energética (por aquello de que el compromiso o el propósito del año es comer más sano) y resulta que no tienen de todas las frutas porque no han surtido, porque no hay estudiantes y porque todo se les quedaría, ajá, ¿y?, el precio aún sin la variedad de frutas es el mismo.
El otro día compré uno de esos famosos triángulos (sándwich de jamón con queso amarillo y aderezo cortado de manera transversal de un pan Bimbo), un vaso de fruta (únicamente había melón) y ya, veintitrés pesos por ese “manjar”. El sándwich era claro que lo habían hecho el día anterior, estaba refrigerado y se sentía duro, todavía no hay alumnos que atiborren la cafetería universitaria y yo no puedo desayunar a gusto, un día antes había pedido chilaquiles, la tortilla estaba totalmente dura, claro, era lunes y esas tortillas bien pudieron durar todo el fin de semana en el refrigerador para ahora convertirse en chilaquiles, qué horror.
No hablo de la calidez en el servicio, los señores son muy atentos, platicadores y lo atienden a uno bastante bien, estoy hablando de la calidad de los alimentos que los muchachos y los trabajadores y gente que visita la universidad consumen ahí, es una pena que venga gente de todo el mundo (diversas partes del mundo) y vea y coma esos productos, sin variedad, siempre lo mismo, nada saludables, estamos hablando de que la Universidad de Colima tiene en su lema Universidad Saludable y no se ve claro, no permitamos que esto se vuelva un monopolio, hay que darle variedad y sabor a los alimentos que se preparan en cada una de las cafeterías universitarias independientemente de que haya exceso o no de alumnos.
Es injusto que el alumnado pague treinta o más pesos por un desayuno desagradable. Habrá que hacer para cambiar a los que preparan la comida o los encargados de eso que pongan un poquito de más atención.

Friday, December 16, 2011

Buen blog... a seguirlo

http://diadelcalenton.com

Mundo loco

Va la colaboración de Juan Villoro...



Onetti pensaba comenzar La vida breve con una frase oída al azar acerca de los absurdos del destino: "Burdel de Dios", pero los editores no se atrevieron a incluir esa expresión con aire de blasfemia. En la primera línea de la novela, una voz sin nombre dice: "Mundo loco".

Aunque la frase perdió carga transgresora, introdujo de mejor manera a un escenario desastroso que a fin de cuentas puede sobrellevarse. Los defectos del mundo rara vez nos llevan a abandonarlo.

La imperfección suele percibirse como algo muy localizado (en otra parte estaríamos mejor). Al mismo tiempo sabemos que está bien repartida (en otra parte estaríamos peor). Cada susto se relativiza con otro.

El sábado pasado, poco después de las nueve de la noche, caminaba en Brooklyn por Franklin Avenue cuando escuché disparos a muy poca distancia. Me volví por un segundo: vi las sombras de tres cuerpos corpulentos, realzadas por gruesos abrigos. Sólo un objeto se perfilaba con nitidez: una pistola.

A unos pasos estaba una lavandería. Entré ahí con otras personas. No había dónde refugiarse. Las lavadoras se extendían en dos hileras sin dejar huecos. El único sitio seguro era el de la ropa, pero entrar por esas portezuelas exigía pertenecer al circo chino. Nos vimos las caras en silencio. La mitad de los presentes sostenían bandejas con calcetines y camisas; tal vez por estar ahí con un fin práctico tenían rostros más tranquilos que los de quienes sólo sosteníamos nuestro miedo.

Alguien mencionó un bar que se había vuelto problemático y lo peligroso que era ese tramo de la calle. Brooklyn se había pacificado en los últimos años, pero nunca se puede estar seguro de nada. Mundo loco.

Mientras esto sucedía, en la Ciudad de México temblaba. Mi familia había ido a una reunión en Villa Olímpica y mi hija jugaba a las escondidas en el jardín. Le tocó ocultarse cuando ocurrió el sismo. No sintió nada especial, o nada más especial que la emoción de estar sola, dispuesta a no delatar su presencia. Los demás niños supieron que pasaba algo importante y el juego se suspendió, lo cual quiere decir que Inés dejó de ser buscada. Su madre, que estaba en uno de los edificios, bajó por ella y comenzó otro equívoco: mi hija creía que el juego seguía en curso y perfeccionó su ocultamiento; mi esposa la buscó con creciente angustia, entendiendo la desaparición como una consecuencia del terremoto.

Inés pensó en la posibilidad de que no dieran con ella. Planeó hacer una camita con hojas y trató de recordar el sitio donde había una toma de agua. Ya era de noche. Dormiría como Robinson Crusoe. Tardaban tanto en localizarla que seguramente había ganado el juego. La recompensa, sin embargo, era la soledad.

Mientras tanto yo seguía en el falso escondite. Ofrecíamos un blanco seguro. La lavandería semejaba un acuario iluminado en exceso, hecho para mostrar especímenes que no saben moverse. Mi esposa dio con Inés antes de que la desesperación fuera total. Mientras tanto, ya abandonaba la lavandería. Me dijeron que si doblaba en la siguiente calle entraría a una zona más tranquila. La violencia estaba claramente demarcada. En Estados Unidos el caos tiene reglas. En la esquina, una patrulla avanzaba al sitio del delito.

Una vez a salvo, pensé en la suerte de que mi familia no estuviera conmigo. Pero no hay mundos perfectos, no en éste.

Iba por primera vez a casa de unos amigos. Ninguno era mexicano. No había noticias del terremoto. Al día siguiente supe lo que pasó con mi familia. Recordé mi infancia, que en buena medida transcurrió en la calle. Cuando anochecía, mi madre se asomaba a decirle a un vecino: "Si ves a Juan, dile que ya vuelva". A la distancia, me sorprende la tranquilidad con que se renunciaba a buscar directamente a un hijo. Alguien lo encontraría. La ciudad estaba en orden.

Obviamente también entonces el mundo incluía peligros. La mayor diferencia es que los niños conocíamos el camino de regreso. Hoy son llevados de un sitio a otro. Saben en qué hueco, en qué rincón, en qué lugar están. Pero alguien debe llevarlos de ahí a su casa. Para alguien de 11 años, encontrar su camino entre las torres y los prados de Villa Olímpica para recomponer después la ruta a casa es una hazaña digna de un precoz Ulises citadino.

"Eran tiempos difíciles, como todos los tiempos", escribe Dickens. Acaso incurrimos en una imaginativa nostalgia al suponer que hubo grandes seguridades anteriores. Mi abuelo se embarcó como polizón a México a los 13 años y padeció indecibles rigores. Sin embargo, la inseguridad contemporánea nos hace pensar que incluso en las circunstancias más extremas la noción de estar a salvo tenía más sentido en el pasado. Hay una erosión esencial de esa confianza. "Burdel de Dios" es un reclamo teológico. "Mundo loco" expresa un sinsentido sin causa.

Y sin embargo, como los atribulados personajes de La vida breve, sobrellevamos la calamidad, ya sea en compañía de unos desconocidos que sostienen calcetines que no hacen juego o en la soledad donde una niña convierte el hueco de un jardín una habitación.

¿Qué es lo primero que levantas del suelo después de un terremoto?

 En palabras Llanes     I Una vez más México hace historia; otro 19 de septiembre que « retiembla en su centro la tierra al sonoro...