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Tuesday, January 17, 2012

Escafandra

Escafandra
Patéticas las cafeterías universitarias


Alberto Llanes


Después de un breve periodo vacacional (mismo que sirvió para descansar esta columna, labor sana en todo escritor), retomo entonces…
Y es que cada año pasa lo mismo. Tengo varios años laborando por y para la Universidad de Colima, el único periodo libre para desayunar cómodamente (sin el ajetreo multitudinario de los estudiantes y, sobre todo, que me atiendan a tiempo, sin tardanza y sin esperar filas y filas de estudiantes) es, precisamente, éste, cuando los alumnos aún siguen de vacaciones.
Qué gozo ir a la cafetería a nuestras anchas, poder desayunar con la tranquilidad que da la poca gente (y no es que odie a los estudiantes, pero son tantos que a veces o siempre, no me da tiempo ni siquiera de ir por algo ya preparado para desayunar), y uno espera que el trato sea más placentero (que sí lo es), a lo que voy es la mala calidad de los alimentos ofertados.
Cuando hay muchos alumnos y trabajadores la demanda crece, claro, pero la variedad es la misma siempre haya o no haya alumnos, chilaquiles, huevos (como se le haya ocurrido ese día) y carne con chile… ¿carne con chile para el desayuno?, pufff, el trato y la atención son lentas, sí, hay mucha gente y el que espera desespera.
Pero cuándo no hay alumnado qué, la oferta es la misma o peor, porque como no hay gente, no hacen tanto, ni tan variado, pide uno entonces una energética (por aquello de que el compromiso o el propósito del año es comer más sano) y resulta que no tienen de todas las frutas porque no han surtido, porque no hay estudiantes y porque todo se les quedaría, ajá, ¿y?, el precio aún sin la variedad de frutas es el mismo.
El otro día compré uno de esos famosos triángulos (sándwich de jamón con queso amarillo y aderezo cortado de manera transversal de un pan Bimbo), un vaso de fruta (únicamente había melón) y ya, veintitrés pesos por ese “manjar”. El sándwich era claro que lo habían hecho el día anterior, estaba refrigerado y se sentía duro, todavía no hay alumnos que atiborren la cafetería universitaria y yo no puedo desayunar a gusto, un día antes había pedido chilaquiles, la tortilla estaba totalmente dura, claro, era lunes y esas tortillas bien pudieron durar todo el fin de semana en el refrigerador para ahora convertirse en chilaquiles, qué horror.
No hablo de la calidez en el servicio, los señores son muy atentos, platicadores y lo atienden a uno bastante bien, estoy hablando de la calidad de los alimentos que los muchachos y los trabajadores y gente que visita la universidad consumen ahí, es una pena que venga gente de todo el mundo (diversas partes del mundo) y vea y coma esos productos, sin variedad, siempre lo mismo, nada saludables, estamos hablando de que la Universidad de Colima tiene en su lema Universidad Saludable y no se ve claro, no permitamos que esto se vuelva un monopolio, hay que darle variedad y sabor a los alimentos que se preparan en cada una de las cafeterías universitarias independientemente de que haya exceso o no de alumnos.
Es injusto que el alumnado pague treinta o más pesos por un desayuno desagradable. Habrá que hacer para cambiar a los que preparan la comida o los encargados de eso que pongan un poquito de más atención.

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