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Wednesday, March 28, 2007

My Friends (Red Hot Chilli Pepers)

Antes de continuar con la historia de la Sherezaii, y los vericuetos que me sucedieron en Manzanillo. Quiero, hacer mención, también, a mis amigos. Por qué digo también?, abrí el blog de mi amigo Carlos Ramírez, y una sorpresa muy grande embargó mi corazón... mis ojos... dos de los post que vienen ahí, mencionan a los amigos. Dicen que los amigos amigos son tan pocos que se pueden contar con los dedos de la mano... ahí les van... mis amigos de la secundaria practicamente son inexistentes... los del bachillerato, andan hay... haciéndole al rock... pero los de la licenciatura... esos... amigos míos... esos han sido los mejores amigos que he tenido en mi Albertina vida. Y bueno, los voy a enumerar... Carlos Ramírez... David Chávez... Oscar Fernando... Ihovan Pineda... y Sergio Plascencia... uno, dos, tres, cuatro, cinco. Como dedos tiene la mano, así mis amigos... y quiero nada más mencionar a los hombres, porque ha sido con ellos, con los que he pasado momentos, de verdad, bien chingones. Hay mujeres, claro, en la vida de un hombre siempre hay mujeres. Pero los amigos que he tenido, han sido como enviados por obra divina. Nos divertimos a más no poder. Y devo decirlo. A tres años de egreso, no nos dejamos de ver, de frecuentar, de pistear juntos, de jugar también. El texto de mi amigo Carlos, sobre nosotros, me puso a pensar en el valor de la amistad, y aunque de pronto parezca que los tenga olvidados. Saben que en mi corazón, todos y cada uno tiene su lugarzote, y en el refri de mi casa, su chela, cómo no, y si no hay, vamos al ARCE y la compramos, papás. Y que todos, y cada uno de los antes mencionados, lejos de las desavenencias que siempre hay, siempre podrán contar con su brother que los estima, admira y respeta. Hay otros cuates que son los de parranda, no kiere decir que los otros cuates no sean de parranda. Pero el Jaibol, por ejemplo, no más me llama para puras pedas, Jolik, para ir de antro a antro de mala muerte, Chaka, también, Pako, ni se diga... pero bueno, a todos los estimo, todos tienen algo especial, que somos amigos de la cerveza, por ejemplo. Salú por eso, amigos... Chequen la rola de los Red Hot Pepers, "My Friends", viene en el disco One hot minut... eso merece, otro brindis... Salú...

Siguen más vilipendios, cervezas, y lo mejor, la Sherezaii, artista... artista...!!!

Todavía estamos en miércoles 21, primaveralón, acá, como burros en ídem. Me quedé en que Gerardo y yo hicimos acto presencial. Bueno, pues en cuento Memo vio la tella de tinto, los ojos de los simpson quedaron pendejos, Memo los agrandó más, y obvio, me pidió un vaso (ah, porque hasta vasos plásticos llevaba, por ejemplo, soy borracho como dice la gente, pero hasta eso consciente). Total. Me dio mucho ver ahí a Melquiades, una cara amigable, chingá, digo, estaba Gerardo, pero ya Gerardo y yo llebábamos varias tellas de tinto. Bueno, el curso o charla o taller o lo que sea que dio Memo, estuve genial, me pasé cagando de la risa, aunque ofenda sus castos y puritanos oclallos, pero es que ah, inche memo, estuvo genial, sobre todo con eso de las musas, que dicen: "ponte a escribir, pendejo". Frase que puede quedar plasmada en una playera. Después del curso del maestro Memo Vega, nos fuimos a pistear, creo que él, a trabajar todavía más, pero bueno, son cosas que pasan. El primer día noche (el segundo para mí), hubo un conciertillo muy chafa (no mames pinche Avelino, la neta eh), quesque de trova, bueno, me tomé una chela. Iba con la wera Irene, ella no está tomando. Sergio, trabajando. Tenía unas ganas imperiosas casi, de jugar billar. Y como la música estaba realmente muy pinche, que le digo a Irene, juimonos y nos juimos. Memo Vega estaba platicando con ls mujercilla esa, en el bar social, lugar donde se llevaba a cabo el concierto de música trovadora... Fuimos al manzagrillos, ahí hay mesas de billar y toda la cosa, muy puteadas, hay que aclararlo, pero bueno, mesas al fin y al cabo. Esperamos entonces a que mi compadre terminara su desmadre (trabajo), pero creo que iba para largo. Siempre tengo sed de Negra Modelo, así que no lo pude evitar, la pedí... el vino tinto y la cerveza no hacen buena mezcla, lo ponen pedo a uno. Menos con la crema de la cerveza, uta, qué peda, pero bien, hacía calor, o siempre tengo calor (pinche caliente). Luego de otra chela, como que la desvelada de la noche anterior me vino en seco. Por fin llegó Sergio, como a las doce de la noche. Total. Me estaba quedando jetón. El hotel estaba a una cuadra. Y como que no vi claro qué pedo con la demás banda. Melquiades, y tenía razón, se estaba quedando jetón en el concierto de música mamoma trovera. Bien, aquí se rompió una taza y cada quien a su casa. Fuime a mi habitación. Hotel colonial 204. Entré. saqué mi librín de Efraín Bartolomé, que no es precisamente mío, y fui a hacer una necesidad mientras leía: Del mar, del ancho mar, del negro y tormentoso mar... en la cama contigua a la mía, unas cosas esperaban por alguien. Traducción, dijera el padre de mi chika bonita: El gran Alfredo Hermosillo había tomado poseción. Bien. Declame y declame terminé. Voy viendo que no tenía pasta, ni jabones ni champú, la pasta la compré antes de... los jabones bien podía usar los rosa venus como de motel (me han dicho) y el champú lo podía compar al día siguiente. Final en laguna (dijera José Agustín), del día ajeteadrón.
Jueves 22 de marzo... (a dos días de mi cumple... por eso me fui rápido el sábado mi Memo).
Cómo olvidar ese jueves, gran día. La cuarta o tercer locura que ha hecho mi mujer desde que estamos juntos... pero vamos por partes... La noche anterior, la compartí en la habitación doble con el Hermosillo. Uno no está acostumbrado a dormir acompañado, menos si esa compañía es de un cabrón. Salí pues del baño, y llegó él, tocó a la puerta y se presentó, aunque ya nos habíamos visto en el taller literario con Memo Vega. Luego de intermcabiar bagatelas que se acostumbran en ese tipo de situaciones. Ambos nos quedamos jetones. La fiesta en el centro histórico de manzanas termina pronto... esa la frase suya de él, que no voy a poder olvidar porque tiene toda la razón.
Amanecí. Siempre voy al baño antes de... esta no fue la excepción. Me acordé que no tenía champú. Prendí la tele para ver las noticias y me acosté, al rato iría a comprar la indumentaria. Al cabo se despertó el Hermosillo. Intercambiamos palabras también de costumbre más que de amistá, como en el caso. Y opté por lanzarme a comprar el champú para darme un buen baño. Me tardé una rato en la compra. Antes fui a caminar un ratito por el parque del centro. Despertar con el mar a tu lado es genial. Me cae de madre. Entonces le hice caso a mi amada, me compré un yogurth, porque la pinche gastritis, estaba cabrona. Se me acentó un poco es estómago. Las tiendas empezaban a abrir. El clima era frescazo. Se respiraba mar. Rico la verdad. Esos amaneceres son chingones. Voy a una farmacia. En el camino, pasé por una tienda de ropa, vi una blusa tan chingona, que pensé en cómprarsela ipso factum, a alejandra, pensé que se le vería de maravilla, y en efecto así es, se le ve de maravilla. Palpo las bolsas de mi short, y tonto de capirote (dice Juan Diego), no llevaba la puta cartera. Solo un móndrigo billetito de cincuenta pinchurrientos pesos, que obvio, no me alcazaba para nada más, que no fuera el puto champucito. Bien, vade retro al hotel. A la suite presidencial. El Hermosillo yastaba vestido y listo para ir a desayunar. Estaba también, en plena corrección de sus textos, porque al rato, además de tocarle leer en público, tenía taller con el gran Memo. Bueno, hay te dejo, voy a desayunar y me lanzo -me dijo-, sobres, contesté, y qué bueno que quedé solo, porque bañarme, me gusta hacerlo con musikita, como con muskita me guatan hacer otras muchas cosas. Total. Tomé una ducha. El puto cabello resintió el cambio de agua. Se me puso espezaso (si ya de po), pero chido. Un mensaje de mi reina me alegró el día. Contestele como siempre había hecho desde que puse pie en manzanillo. Mensaje va, mensaje viene de regreso. La romantiquez mejor me la reservo para ella solita. Alisteme, púseme más o menos presentable, y fuime a desayunar. Esto de ponerme presentable tiene su historia. Resulta que siempre que voy a manzanas, lo hago para dos cosas, pistear y andar en fachas, pero ahora no podía andar en fachas, no, cómo, iba a leer, total. A la salida me encontré de frente con el gran Melquiades. Intercambiamos algunas palabras, y nos disponiamos a ir a la oficina del sargento, cuando al bajar aún más, Guille Cuevas compartía mesa con Hermosillo. Nos sentamos. Desyuné. Por cierto, me chingué los huevitos que le habían mandado a Guille, porque ella los había pedido tal y se los llevaron cual. Estas meseras porteñas igualadas -dice Guille-. Memo Vega hizo acto de presencia con una cara que francamente, no se veía muy bien. Se presentó diciendo, antes que los buenos días, que había pasado mala noche por todo lo que comió. Caray.
Desayunamos muy agusto, Melquiades dice que no está acostumbrado a hacer esa actividad tan temprano, pero nos acompañó de igual manera. El tiempo ya lo teníamos encima, y en efecto, no tarde en levantar cuando el móvil sonó... pensando que era mi reina lo cogí de prisa pero oh, no, no era mi reina, era el sargento Gómez. Onde andas cabrón, con quién y a qué horas piensan llegar. Tres preguntas lanzadas como una mendiga bala fría. Estoy en el hotel, desayunando, con cuasi todos excepto los innombrables y ya vamos saliendo para allá. Lo bueno que el hotel está a una broma de la presidencia, sino, hubiera hecho, el sargent, el primer coraje del día. En un santiamén estuvimos trepados como changos de circo, en una van, que nos llevaría a nuestros lugares de lectura. A mí, y como es crónica mía van a tener que aguantar porque fue lo que viví yo, me tocó leer en el CET del MAR... (indudable no pensar en mi reina con ese MAR de MARgarita). Y como dicen los Tacuba, va mi pensamiento otra vez a ti...
La lectura nos salió rebién. Compartí mesa con la Alegría (sic) y Memo Vega. Empecé yo. Me caga que lean curriculos largos que no dicen nada. Yo sólo soy Alberto Llanes /les dije a los chavos/, y me dedico a escribir, pero antes, a leer, excelente presentación, para qué salgo con la mamada, como la intruseta, de pedirle al sargento Gómez nuestros curriculos, pura pinche vanagloria, me cae de madre. Bueno, después del exabrupto, creo que mi texto les gustó, oí por ahí risas, cuando un texto mío logra eso, me vale madre el resto, estoy conforme. Igual me conformo con poco, pero poco es lo que necesito para vivir. Memo Vega leyó un cuentazo. A leguas se le nota lo chilango, debo decir que yo también soy de por allá. Total. El otro texto... me reservo el derecho de admisión, jajaja.
El lugar CET del MAR, está hasta encajo aquél. Lejos Lejos Lejos, a la chingada, dice Alex Lora, más allá del balneario del tapo, no, les digo, encajo el miembro. Pero la banda fue buena onda. Hizo sus preguntas y toda la cosa. El temor de Memo Vega, era que en realidá vinieran por nosotros, que no nos dejaran ahí. Que de cosas se le ocurren al Vega, bueno, vamos de regreso en la misma van. Aquí, viene un apartado que voy a poner en mayúsculas, gusten o no. EL MÓVIL DEL SEÑOR LLANES SONÓ, SONÓ CON TIMBRE DE LLAMADA, NO DE MENSAJE. AL VER LA CARÁTULA, ERA MI REINA. QUE ME SOLTÓ UN QUÉ CREES, QUÉ CREO MI AMOR, LE DIJE, QUE TRABAJÉ EN BALDE, NO ME DIGAS CHIKITA, SÍ MI AMOR, QUE ESTOS PENDEJOS DE LA TRADUCCIÓN ME DIJERON QUE NO MÁS NO, QUE ERA A PARTIR DE LA CINCUENTA Y... HAY MI AMOR, Y AHORA, NO PUES YA NO VOY A HACER NADA, YA ME PIDIERON LA TRADUCCIÓN QUESQUE PORQUE LA VAN A METER A UN TRADUCTOR (PROGRAMA), PARA QUE LA TENGAN MÁS RÁPIDO, HUMMM MIJA, POS QUÉ PINCHE DESMADRE... SÍ MI AMOR, PERO BUENO, LUEGO TE CUENTO TODA LA HISTORIA... SALE PRECIOSA... Y A TÍ CÓMO TE FUE, EXCELENTE, UN ÉXITO EL TEXTO QUE LEÍ, YA VAMOS DE REGRESO EN LA VAN... SÍ, OIGO MUCHO ALBOROTO. SÍ, VAMOS PARA EL CENTRO DE MANZANAS... OYE, TE KIERO, YO TAMBIÉN TE KIERO MI REINA... BUENO CHIQUITO, TENGO QUE DAR CLASES, NO MÁS TE HABLÉ PA ESO, YA TE EXTRAÑO, YO YAMBIÉN TE EXTRAÑO, NO TOMES MUCHO, MI AMOR, NO PRECIOSA, YA VEZ QUE A MÍ NI ME GUSTA ESO... BESITOS LANZADOS POR LA BOCINA... Y UN TE QUIERO...
la van nos dejó exactamente en el centro, de ahí, cada kien a su desmadre... Melaquiades se había ido en otro carro a otro lugar, a leer. Yo tenía que pasar al hotel primero, dejar mis chingaderas segundo, y salir haber a qué, porque calor, ya hacía y un chingo. Pasé otrora vez por el lugar donde venden ropa y vi la blusa chingona para mi mujer... me llegó el acá de había trabajado de balde, entré a la dependecia, compré el artículo en mención (pinche lenguaje policiaco, mi Brenán), y tómala barbón, que veo una chidilla como para Mi key mause. Y zas, que la compro. Igual esto a nadie le importa, pero qué, es mi crónica. Voy al hotel, dejo entonces mis chingaderas. Salgo del hotel. Camino un rato por ahí en busca de una librería que había visto ya rtiempo por ahí. Nada. Regreso al hotel, veo a Armando tomando solo, me le acerco, iba a pedir una chela, antes intercambiamos palabras, cuando el móvil del Llanes volvió a sonar... de inmediato pensé en ella, pero no, ahora era Avel, Onde andas cabrón, Melquiades ocupa un hombre (pa pistear juntos vaya la aclaración) y a qué hora vienes... jajaja pinche Avel es la onda... estoy en la explanadita del hotel, con Armando, y bueno, dónde están ustedes y vamos a pistear con todo gusto... qué pasó pinche Llanes, cómo que no sabes dónde, pues en el bar social. Y allá vamos... (La Sherezaii, mis chamacos impúberes, se las remeto en otro post).

Ella tiene su historia, yo tengo la verdá (parte uno)

Empezaré esto sin palabras /dijo Kurt Cobain en una de sus canciones/. Martes 20 de marzo, casi once la noche. Llegué a Manzanillo al cuarto festival del centro histórico del puerto, al cual, me había invitado, mi amigo, Avelino (nuestro siempre director de cultura), desde hace varios días. Casi, con un año de anticipación. El programa no estaba muy claro. Yo sólo sé, que iba banda medio acá, Alberto Chimal que engalanaría el pedo, y Guille Cuevas, que me conformaba la convivencia, ahora sin el Daivid preciso (en Chile por antonomasia). Total. La central vacía a esa hora. Me fue un poco complicado abordar un taxi. El lugar al que llegaría. La casa de mis amigos Irene y Checo (pacheco). Abordé la unidad. El chofer rápido ha de haber pensado que no era de manzanas, porque el sudor, la maleta y los cabello alborotados, delataban mi extranjería en el puerto, ello sin contar que me encontraba en la central camionera, con toda la máscara de haber llegado apenas. Total. La labia siempre es más chingona, y como no es la primera vez que voy para allá, me puse a platicar todo el camino, con el chofer, ya saben, de cosas tan banales como simples. Que qué calor, que cómo va la noche, que qué chida canción están tocando en la radio (aunque la pinche canción ni me gustara). Total. Mis amigos viven en el sector cuatro, residencial del Sol, algo así, andador Aries (vaya persecusión), número tal... el tipo hasta eso no me cobró más que 18 pesos. Irene me había dicho que me iba arrancar 25, pero repito, la labia a veces es más chingona que cualquier bagatela más.
Llegué, y la güera estaba cuidando al heredero (su bebé). La wera está convertida en toda una madre de familia. Sergio también, aunque él, como se sabe, en padre de familia. Siempre ansío, al llegar a manzanillo, una cerveza helada. Es cierto, nunca antes les había llegado tan, pero tan, pero tan, tarde, o sea, cuando el calor está más en su apogeo. Sergio andaba trabajando con nuestro siempre director de cultura. No le voy a poner a mayúsculas, pero ya sabe el Avelacuas, que lo apreciamos. La cena de esa noche estuvo conformada por unos perros calientes, y yo, claro, mis siempre y tradicionales papas caseras. Qué se le puede hacer, la comida chatarra es mi preferida, o como dice mi gran compa Oscar (Volpi), unos le dicen colesterol, yo le llamo: delicioso.
El primer comentario de Irene al respecto del evento fue, que el programa iba a estar muy ojete, a comparación con el de poesía, y que los invitados (salvo su valiosa excepción, estaban en el mismo tener). Bueno sí, tiene toda la razón la wera. Pero qué se le va a hacer. La noche, velada nocturna, nos la pasamos jugando al dominó, luego al cubilete, y como es costumbre, no le pude ganar, chingá. Las cuatro de la mañana marcaba el reloj, Sergio se fue a acostar en cuanto terminó de cenar, y nosotros, en cuanto terminamos de jugar. Lo que me encantan de esas veladas nocturnas es que nos ponemos a jugar hasta deshoras de la mañana, oyendo música en el sistema televisivo sky (comper) y claro, tomándonos unos alcoholes. Dice mi mujer que por qué tomo taaaaaanto, creo que es una actividad inherente a mí. Total.
Al otro día. Alberto Llanes. Estaba levantado a las siete de la mañana. De las cuatro a eme., a las siete hay (tres horas de diferencia), mismas que dormí a pierna suelta. Que en cuanto pegué la cabeza a la almohada, ya no supe de mí. Lo bueno, es que estoy en confianza de años. Con amigos admirables, a los cuales admiro, quiero, y respeto (uta madre, tráiganme los violines, carajo). La wera tenía, al otro día, que trabajar bien temprano. Sergio un poco más tarde. Yo, ni madres, no más presentarme con el sargento Gómez, y estar en el taller con Alberto Chimal, el engalanador.
Después de un buen baño. Hay vamos mi compadre y yo, a dejar al heredero a la guardería. Esos lugares no me gustan mucho (en caso de que yo fuera padre), pero bueno, qué se le va a hacer cuando dos personas trabajan y la familia también. Llegamos al centro de Manzanillo a eso de las cuasi diez de la mañana. Fui a la oficina de la wera, que labora en comunicación social, hojee algunos diarios para qué mentiras decían. Y a las diez y media, que llegó el sargento Gómez a laborar, me presenté con él. Luego de un abrazo me dice: Llanes, que bueno que llegaste..., de ahí fuimos a su oficina, y me quedé el ratonón ahí, haciendo mosca, sin hacer nada mientras Avel movía hojas, firmaba papeles, fumaba, platicaba conmigo, y llamaba por teléfono. Me sorpredió su capacidad de hacer varias cosas a la vez, porque dicen, malamente, que los hombres no tienen esa capacidad. En fin.
Luego de arreglar y afinar unos detalles finalísimos. Me dijo que ya podía hacer uso de las instaciones en que había hecho reservación, para los narradores, para esos tres días. Genial -contesté-, le pedí que me prestara un ratito a su trabajador, o sea, a mi compadre para ir al carro por mi cosas, y ahora sí, como dicen los gobernantes, tomar posesión. Y eso fue lo que hice.
El hotel colonial es, ¿cómo decirlo?, pues así, es colonial. Me dio, de entrada, la impresión de que el cuarto era un poco más pequeño que el baño, pero total. Uno nunca pasa tanto tiempo en los cuartos de hotel. Menos yo, que como vuelve a decir mi mujer, me pica la cama. Tomé posesión, pues. Agandallé la cama, pues. El cuarto lo iba a compartir con el hasta entonces para mí, desconocido Alfredo Hermosillo. Quién era este cuate. Quien sabe. Pero me cayó rebién. Él, espero, tenía primero la misma pregunta que yo. ¿Alberto Llanes?, quién sería ese wey, pero total. en el poco tiempo que convivimos, hicimos migas.
Volví a tomar posesión, ahora, de la oficina del sargento Gómez. Antes de salir de la habitación, me topé de frente con Gerardo Gónzalez, gran amigo, y excelente narrador colimense, que no es precisamente oriundo de Colima. Total. Hay vamos de regreso a tomar posesión de la oficina del sargento Gómez. A esa hora, y luego de haber desayunado unos tacos de guisado, ya el calor empezaba a mermar. Gerardo iba con la firme intención de empezar a pistear. Devo confesarlo, yo también. Cada que digo esto, la imagen de mi mujer me viene a la cabeza. Y su pregunta me taladra el cerebro ¿Mi amor, porqué tomamos tanto?, chéquese el anexo, no dice por qué tomas tanto, no, por qué tomamos tanto.
La oficina de Avelino es sencilla, escritorio antiguo estilo años setenta. Ventilador que rechina a cada mínimo movimiento. Teléfono con largo alcance (y lo digo por el cable), una lap top, y muchos instrumentos musicales, conforman la estancia. Mi compadre siguió trabajando. Gerardo, Avelino y yo, empezamos a pistear, sí, ahí, en su oficina. Aunque algunas gentesencillas, digan que el Llanes no más a pistear a esos eventos, y yo pregunto, cuasi con espuma de perro rabioso Tanem en la boca ¿acaso se va a otra cosa?...
Una botella de vino después y media cajetilla fumada, llegó la gran Guille Cuevas, ahí, a la oficina del sargento Gómez. Tengo que hacer hincapié en un detalle que me llama mucho la atención, antes de seguir con esta narrativa. Todo el personal que tiene Avelino, fuman pura madre, obvio, cuando vamos nosotros, fumadores empedernimos, máxima cuando estamos pisteando, salimos siempre regañados de ahí. Por lo que mejor opté, no por mala onda si no por salú mental. Cerrar la puerta que divide la oficina de Avel, con el resto del mundo, por decir lo menos.
Ahí está Guille Cuevas, luego de un leve reclamo, hacia mi persona, se contentó. Y es que Avel trajo otra botella de tinto y guille pudo entonces, fumar a gusto. El disgusto leve entre guille y yo, no lo voy a narrar, no sean chimosos. Pero bueno, guille no se puede enojar conmigo, es mi amá literaria, cómo pues...
Total. Yo empecé a ver medio borrosón a Gerardo, y es que nos faltaba comer algo. Digo, puro pinche vino tinto así, a lo pendejo, no deja nada bueno. En tanto, Avelino seguía en su chamba. Lo que me encanta de fumar en su oficina con las puertas cerradas y con varios amigos (todos fumadores, Avelino, Gerardo, Guille y yo), es que en su oficina se hace una natita de, como dijera Cabrera Infante (que no diga la intrusa que no conozco de literatura) puro humo. Después, el sargento Gómez dice, cambio de planes, Chimal siempre no viene, bueno sí viene, pero no viene, ohhhh qué la chingada, viene o no, pues que sí viene, pero llega hasta el jueves, o sea, al otro día. Estaba dispuesto a lanzarme a empedar al bar social, cuando oh!!!, frustración, el sargent peper dice, no se me vayan, papás, porque no viene Chimal, pero viene Guillermo Vega, por su puesto nadie conocía a Memo (con todo respeto mi Memo, pero a Colima está cabrón que lleguen obras de autores jóvenes. Total). Y nos dice Avelino, pero pues ya láncense porque ya está aquí. Tómala barbón. Así. En seco lo soltó. Y hay vamos al archivo histérico. Gerardo y yo, un poco con la vista nublada. Yo, con la botella en mano. Cosa que a Memo le dio mucho, pero al resto de los invitados como que vi que no mucho, incluyendo a la intrusilla esa. En el archivo, ya estaba Melquiades, Armando, los no dichos, Martita, un arqui que dicen que siempre va, Hermosillo, y bueno, Gerardo y yo, que hicimos acto, y como desde que he venido diciendo, tomamos posesión... (continúa porque continúa).

Monday, March 12, 2007

Mis dos chicas, el Catastófico, Mr equis, Señor Celofán, y las consecuencias de una noche de verano después de Chicago

Vuelve todo a la carga. Noches van y viene. Pero pocas memorables. Dignas de ser narradas. Logradas a base de estoisismo pedero. De callo chelero. De amistades chingonas. De situaciones pendencieras que a veces nos toca librar. La noche empezó como siempre. Normal. Un espectáculo en un teatro. Brindis al final. Pero no por la obra. Sino por la presentación de un libro nuevo. Como si faltaran libros nuevos. Lo que falta son lectores chingada madre. Bien, después de exabrupto mañanero, continuo. Un espectáculo teatral, musical. ¿Hace cuánto que A doble ele (el Catastrófico), no iba a un espectáculo teatral musical? Esa es una pregunta que sólo él conoce la respuesta. Chicago era el show. Recordaba la actuación magistral de Catherine Zeta Jones emulando a la sensual Velma Kelly, pero nada más. Claro, también recordaba a Renée Zellweger en el papel de Roxy Hart. Así que, minutos (escasos por cierto), antes de las siete de la noche. El Catástrofes llegó al recinto cuasi del brazo de Roxy Hart. La primera de las mujeres en cuestión, rememorando aquel cuento de De la Cabada, "Mi primer mujer", leído en una clase de maestría que no me compete contar aquí, porque nada más lo que quería mencionar. A las afueras, con el ansia por la tardanza (que no fue culpa mía), esperaba Velma Kelly boletos en mano. Cual capo de la mafia de Chicago, precisamente. El Catastrófico entró al recinto con las dos mujeres por delante. Una pistola en el cuerpo, una gabardina hasta las rodillas, un sombrero típico de la época y un puro en la boca, o al menos, un cigarrillo, hubieran dado el tipo ideal. Pero no. En esa ocasión la afición tendría que conformarse con una simple camisola rojísima (de sangre, quizá, según la anterior Triquiñuela, el color favorito de Mr. Catástrofe), y un pantalón de la época, eso sí, las botas mineras, el cabello largazo y la finta de la malechor, sí venían incluidas en el kit original. Después sentarse. Intercambiar algunos vericuetos con las chicas, como es obvio, una de cada lado, a la izquierda Velma Kelly, con su pelazo negro, bien peinada, de blanco impoluto (hubiera estado mejor de negro, más sensual, pero no estamos aquí para complacer a nadie, ni siquiera a Mr. Catástrofe, héroe de esta película, papá), del lado derecho Roxy Hart, con su cabello rubio, camisola roja y pantalón negro, un tanto más elegante que ambos: hombre y mujer. Y tiene que ser, Roxy es la primera que logra una sesión de jurado por su libertad. Oscuro. Todo empieza. Los personajes, como es lógico, se presentan. A la distancia, quizá fila 10. El Catastrófico logra captar a una chica hermosa. No es que las que fueran con él no lo sean, pero es hombre, le tira a todo lo que se mueve. Ella se movía sensualona. El tipo perfecto para Mr. Catástrofe. Cabello negrazo, piel blanca. El estilo, le mera verdá. El tipo en como a él le gustan las chicas. Total. Buenas voces, no se puede negar. Aunque, a decir verdad, la que hacía el papel de Roxy Hart la tenía más cachonda, la neta. Un poco de falta de fuerza en los bailes, es lo que Mr. Catástrofe nota a esa obra. Quizá, poniéndose muy exigente, falte también, en algunos de los actores, dicción, pero bueno, por cincuenta pesos la entrada no se puede pedir que las viejas estén buenas, bailen bien, canten mejor, y que además, gusten del gusto del Catastrófico, y todavía que enseñen piel, pues no, dónde se ha visto eso. Total. El intermedio dio chance de socializar un poco. Darse un baño de pueblo siempre hace falta. Cambiar otras expresiones con las chicas. Las veía, y el Catástrofico veía en ellas a Roxy Hart y a Velma Kelly. No está de más decir que de abogado no tiene nada. Pero bueno, así el Catatrófico, le gusta inventarse. Los viernes son días así. Le pasan cosas inesperadas. Aunque al Catastrófico le pasen cosas inesperadas lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos. Y a veces días entre semana, ya no, en fin de semana. La salida del teatro vino acompañada por una voltereta a la celebración del brindis por el libro que se acababa de presentar en la Casa de la Cultura. Como el Catastrófico no vio a nadie conocido, optó por irse con sus chicas. Porque, a decir verdad, una fiesta esperaba por ellos. Cualquiera hubiera sido buena excusa para acercarse, tomar una copa, quizá un bocadillo, pero no. La premura es también así. Suele durar lo que dura lo efímero. Las chicas, en su actuación magistral de Roxy y Velma, respectivamente. Nadie conocido. Vámonos. Aquí no hay nada. Y la fiesta, la fiesta está por comenzar. El auto no tiene finta de ser de capos de la mafia de Colima. Ellos usan Suburban, a veces con choferes, unos, hasta en el palacio trabajan, o se dicen, algo así como amigos de la gente. Vueltas gansteriles esas sí. Velma Kelly al volante. Roxy Hart en la parte trasera. El Catástrofico, que bien puede ser Billy Flynn, de copiloto. Y es que, cuando se ha visto que un capo de la mafia conduzca. Generalmente van ocupados con drogas, con alcohol, con mujeres. O en tiempos modernos, los capos modernos. Moviéndole no sé qué al teléfono celular, a la Palm, a la laptop, así son los capos. O mejor, limpiando su arma, calculando el tiempo necesario que tiene un hombre para morir, por ejemplo. Así son los capos de la mafia. Te los encuentras en la esquina de la calle, sombrero en su lugar, gabardina negraza hasta las rodillas, cigarro en la boca, lanzando una moneda al aire, esperando, sólo esperando.
El lugar de la fiesta, irracional. Por qué ahí, primero. Los capos de la mafia de Chicago-Colima, no se pueden dar a conocer así, en una fiesta ahí. Total. El capo de la mafía de Chicago-Colima, mejor conocido como Mr. Catastrófico, optó por cambiar de identidad. Se volvería un mero estudiante de alguna maestría, de una universidad poco conocida, y también, adoptaría la identidad de un simple escritorcito de ficciones. Refueguero. Chelero por sincenridad autómata. Eso sí. Llegar con dos mujeres del estilo de Velma Kelly y Roxy Hart, siempre es un regusto, bueno, entonces, el capo de la mafia de Chicago-Colima, mejor conocido como Mr. Catástrofe, que se hizo pasar por un estudiante de maestría, medianamente bueno, declaró ser, ahora, para la concurrencia Billy "Muñe" Flynn. Los invitados, todos con caras conocidas, por cierto, ni se inmutaron. Dijero quizá salú, le ofrecieron a Mr. Catástrofe y a sus chicas una dotación de cervezas, y empezó el refuego. Uno nunca sabe lo que fiestas como esas pueden lograr. Quizá no sé, terminar en otro lugar, ebrio de nocturnidad, drogado por copulación disyuntiva oxigenación doble carrujo y candado francés. Total. Todas las noches son oscuras. A menos que la luna ilumine con su odiosa redondez brillante el planeta. De ahí en fuera, todo es oscuro. Catastrofes lo prefiere así, oscuro, lento pero rápido, con sus intervalos, claro. Con sus rapideces de 3.9 segundos, intermitencias de 4.3 segundos, lentitudes de 5.4 segundos, modificaciones de 6.3 segundos, aclaraciones de 1.2, consecuencias de 8.7, entradas de 9.8, salidas de 2.5, recesos de casi nada. Lo rápido, no quiere decir que no dure mucho. Así, todo a reloj, aunque el Catastrófico reloj reloj, lo que se dice reloj, no lleve nunca. Para qué, se le para a cada rato y eso es chido. Los wiskies son buenos porque le recuerdan, al Catastrófico, a Charles Bukowsky, aunque una de las chikas que acompañan a Mr. Catástrofe, no tome más que pura chela, con limón. Eso es chido, pero a veces, no, no hay limón. Pero ese no es el asunto. Lo que pasó pasó. Son mis fans. Porque lo mío lo mío lo mío, es la Dreaming Californication. La lectura de Octavio Paz ahorita no sirve de mucho, aunque bueno, La llama doble, quizá al Catástrofico lo saqué de apuros. Larga fue la fiesta. Como a veces se torna tantito, la semana santa y por ende la cuaresma. Los wiskies le recuerdan al Catastrófico cosas. Generalmente chidas. Pero a veces, prepararse una le da hueva. Ahora, que si el preparado va para Velma Kelly, no se le puede poner pretexto. Es decir, sí, es capo de la mafia, pero antes, es caballero, tenga o no tenga mesa redonda. Eso viene valiendo madres. Después del exabrupto regreso. A los demás personajes de la tertulia, como llaman los literatos a sus desmadres, Mr Catastrófico me ha pedido que no los mencione. No es que no sean importantes, aquí los importantes, los meros gallos, los héroes de esta película, papá, son nada más sus chicas, sus ídolas. Ídolos, avísoles, confírmoles, anuncíoles, dúdolo, que sean otros. El mosaíco de posibilidades se expande... (continuará... si el catastrófico, no decide lo contrario).

Thursday, March 08, 2007

La mujer de rojo, Mr Catástrofe, el sarcástico señor equis, la saga continúa y otras historias de rojos depravados

De hecho ni siquiera la vi. Ni siquiera la vi a la cara, quiero decir. Sus pelos rojazos como berengenas fue lo que primero atrajo mi atención. A la sombra se veían como una mata de pelos de elote, conseguida la tonalidad roja por medio de color vegetal, qué sé yo de tintes y bagatelas. En el plexo solar, los destellos impedían una mirada directa, por aquello de la luminosidad intensa, radiante. Su coloración era tomada como de un cuento de hadas. El rojo, maldito rojo. Debo reconocer que soy un fetiche de espaldas, de mujer, claro, que son finas, excitantes, clandestinas. Pero esta ocasión. La dueña de ese cabello bermejo idiotizó mi mirada ya de por sí, idiotizada por unas piernas pétreas, y con esto quiero decir, bien puestas en la tierra. Nada de divagadoras, de soñadoras, de punzantes, no, firmes, seguras a cada paso que su dueña, la de las piernas daba. Si ese cabello escarlata hubiera ido suelto, de seguro a cada paso su movimiento, incluso su olor me hubieran, ya de por sí, cautivado. Pero no. La dueña, la de las piernas y la del cabello, llevaba una simple coleta, una coleta que ataba desde la punta, esos mechones que comprendí inalcansables. Si cupiera aquí la palabra protuberantes, la pondría, pero no. Lo que tenía protuberante eran las nalgas. Tun tun tun, se movía toda la parte a cada paso. Me hice pendejo yendo todo el camino detrás de ella, como un mladito lunático tras de su siguiente presa o presea. El paso macilento, calmo, y el cabello, resplandeciente en la luz, oscuro en la sombra, oscuro, resplandeciente. No pude ver nada más. De hecho si me preguntan cómo es. Diré, macilento, incólume, que tenía una boca cachondísima, una mirada cachondísima, unos pechos cachondísimos, una voz cachondísima, una cara cachondísima, tanto, que no podía con ella. Eso sí, y como no siendo mujer. El bolso que le colgaba del lado derecho, hacía perfecto juego con la coloración y tonalidad de su pelo, rojo por antonomasia. Rojo, incluso, como me gustan las cosas, rojas, profundas, las marcas también, me gustan rojas, y me refiero a marcas comerciales. Si tomo coca cola, es porque el rojo me produce una pronfunda sed de tomar. Si fumo marlboro, tienen que ser rojísimos como la sangre bermeja de cada veintiocho días, porque no sé fumar de otro color. Si le voy a algún equipo de futbol, tiene que tener los colores de la sangre profunda carmesí, en su uniforme, por eso de todos prefiero al Toluca. Pero esta historia es una mujer reacia. Como su tono de cabello. Y como depravado la fui siguiendo. Creo que ella también tenía algo de depravado. Casi respiraba en su oído. Por eso digo que también pudo tener algo de depravado. De que era maniática de eso no me queda la menor de las dudas. Sus unas, las de los pies, tenían ese tono que me inspira a escribir, que me da sed, que me incita a fumar, que me gusta ver, el rojo, incluso, que me gusta pedir para comer, porque mi pizza favorita, tiene, en su logo, el tono rojo que me pone los pelos de punta. Maldito rojo. Sigo, la mujer era sin duda una maniática, como maniático soy yo. Porque sus pies, enfundados en sendas alpargatas de fina hechura, eran también rojas sangre, como rojo, en mi imaginería supuse, eran también su tanga y su bra, quizá el color de su sexo haya sido también rojo estropajo, rojo fuego, rojo ocre tostado, rojo pasión, rojo otoñal, rojo soledad incurable, rojo teléfono celular a punto de sonar, rojo esputo enfermo, rojo algodón ¿qué dónde lleva lo rojo el algodón?, en la mera sangre por dios. Igual un tinte en la región genital, podría convertir su mata en una tonalidad como las que me gustan. Senos rojos. Leche de sus pezones rojisímas. Pupilentes que ponen los ojos rojísimos, para ver igual. Descarada la mujer ya si no. Que no sabe, ¿que su maldito rojo me puede hacer matarla? En fin.

Friday, March 02, 2007

La chica azul, Mr Catástrofe, el sarcástico Sr. equis, y otras protuberancias

Mr ekis: Ya. Todo. Ya. Por ejemplo, ayer no estornudé. Y ya son las tantas de la mañana de este día. Del que ya estamos viviendo, quiero decir, y nada. Nadie me dice salú. Salucita de la buena. Porque no. No he estornudado. Eso se me hace muy cagado. Estornudar. Ayer vi a una muchacha bonita que lo hizo, y nadie le dijo salú. Es que, por qué tenemos que decir salú inmediatamente después de que alguien hace achú (a veces, como mi mamá, hasta diez veces seguidas). A, no lo sé (me vale si después de la A vaya o no vaya una coma, yo la quiero poner). La muchacha está bonitilla. Morenaza de fair (de fuego pues), acorpachada, como más o menos me gustan las chavas. Tetas en su lugar. Nalguitas como que a gusto. Piernitas largas (y a qué hora abren). Pelo laciazo, negrazo y largazo. Ojos también, negrazos. Siempre se sube en la misma esquina, y siempre en la misma ruta que yo, y siempre lleva una chamarra de mezclilla que se ajusta a su cuerpecito. Y precisamente ayer estornudó y nadie le dijo salú, menos yo, que no quitaba los ojos de las líneas de Roberto Bolaño. Y es que Roberto estaba contando cómo un necrófilo hace de las suyas. Pero el cadáver lo está viendo, después le habla, el cadáver, claro, y el necrófilo ni se inmuta, queda inpertérrito ante esa voz sí, pero hasta ahí. Incluso el Bolaño recuerda esa historia protagonizada por la entonces poco tetona Demi More, y el actor Patrick Swayze, Ghost, la sombra del amor. Entonces la chava ésta estornudó, y nadie, nadie fue para decirle: salú señorita (perdón por el apodo). Después, creí óptimo decirle salú yo. Pero la vi tan lejos de mí, y había pasado ya taaaaaanto tiempo desde que estornudó, que dije, no Mr catástrofe, creo que te vas a ver fuera de onda, creo que ya pasó mucho tiempo desde que la morenaza estornudó. Y es que cuando uno estornuda, el tiempo, el tiempo que pasa desde el hecho, hasta decir salú, se puede contar por micromilesimas de segundo. Porque eso sí, ipso factum, cuando uno estornuda, alguien, siempre, dice salú, casi automáticamente. Pero a ella no, y eso que está guapaza la chava, digo, igual puede ser un buen pretexto para iniciar una platica. Pero no, nadie dijo nada. Se me trabó, literalmente la lengua, y no coordiné, mi cerebro no coordinó entre seguir la lectura, decirle salú o taparme el sol. Tanto así, que no me atreví a decirle nada, por sentirme fuera de... ya saben... no sé cómo explicarlo... aunque tengo la palabra... no la quiero poner... y es que la morenaza es de fuego puro. Yo siempre cumplo el ritual de siempre. En cuanto se sube, dejo las líneas y le echo un vistazo. No un vistazo morbozo, no (aunque sí le pego su miradaza ahí, en esas zonas que tiene chic), entonces todo es una mirada seria, incólume, si la mirada puede ser incólume, por ejemplo. Creo que ella lo siente, porque en cuanto prevé mis ojos recorriéndola (aunque debo aclarar que no de arriba a abajo, sino de abajo a arriba, porque tiene unos pies lindos)mi mirada la pone nerviosa, se sienta cerca, pero lejos (yo me entiendo en este rubro)y con el rabillo del ojo mira a donde yo, que siempre tengo la mirada fija en algunas líneas del libro en cuestión. Para dar el toque inteletual que a ellas les gusta. Entonces, estornudó. Pero lo hizo con tanta gracia, con tanta hermosura (si un estornudo puede llegar a ser hermoso, por ejemplo), como ella misma, que se me hizo bien escribir sobre ella, sobre su estornudo, sobre sus cosas, sobre su vida, aunque de su vida nada más sepa tiene veintiún añitos, el pelo lacio, muy negro, y los ojos de asiática porteña-latina. El otro día, amigos, Mr catástrofe, o sea, yo, me metí en una parte de su vida, o ella se metió en la mía, no lo sé. Se subió en la misma esquina. Se sentó delante mío. Cuadras después, el choche (amigo suyo por antonomasia) se sentó a su lado. Como es obvio, platicaron. Eso del choche lo supe después, como después también supe que tenía veintiún añitos. Ese día no estornudó, no, pero su voz se me hizo sensual. ¿Todo en ella se me hace sensual?, últimamente le echo la culpa al calentamiento global de mis vicios. Ella ya es mi vicio. Mi estratagema. Mi..., de la platica ni me digan, oí pero no oí nada (también yo me entiendo en este rubro), recuerdo nada más su voz, cachondaza, me cae. Me puso romanticón, debo aceptarlo. La imaginé todo el camino siendo telefonista, con todo respeto a mi chica azul, de líneas hot line, de esas en que, me han dicho, llamas, y se pone al otro lado una voz a decirte cosas sucionas, puerconas pues, en lo que echas a volar la imaginación, y poco a poco te vas, cual foco, prendiendo, hasta ponerte cañón cachondazo. Bueno, la imaginé, total, nunca va a leer esta parte de mi pensamiento. Acaso entre a este blog y lo lea, y se vea ahí, sentada en ese camión, delante de mí pero del lado derecho, yo, el izquierdo, estornudando, bonita siempre, con gracia, sin nadie que le diga salú, nadie porque voy leyendo a Roberto Bolaño, y el cadáver parlante me pone los pelos de punta, como me puso ella el día que se sentó al lado mío. Con esta, van dos veces que lo hace. Aquella ocasión estaba leyendo otra cosa, no lo recuerdo bien, la duración de los empeños simples, la eternidad por fin comienza un lunes, no lo sé, siempre estoy leyendo, poco o mucho, siempre leo. Ella se sentó en el último lugar del mundo, es decir, en el único lugar vacío en ese camión, al lado mío. Como siempre, la vi, me vio, cómo no haber amado sus grandes ojos fijos y oscuros (me anerudé). Quise decirle algo, pero últimamente, como a Vanesa (amiga mía por antonomasia), mi cerebro no logra coordinar, pulsera pulsera pulsera (y yo aquí también me entiendo en este rubro), y no le dije nada. Seguí leyendo. Vio lo que leía. Iba a preguntarle algo, pero el personaje se tomó sus orines. No, otra vez, un personaje bizarro hace de las suyas. El problema radica en que no puedo dejar de leer. Una vez metido en este vericueto no puedo dejar de leer. Y no, se bajó donde siempre y nada, no le dije nada. En otra ocasión, la segunda que se ha sentado a mi lado. Qué rico perfume llevaba, me permito hacer esta acotación. Que rico huele siempre. Otra acotación. Iba leyendo otra Triquiñuela más, de otro autor más, de esos que nada más engañan al pobre lector con tanta palabra, con tanta cursilería, bueno no, curslería no es la palabra, en fin, yo también aquí, vuelvo a entenderme. El caso es que a uno le gusta la chinga, ya me di cuenta. Eso de empezar a hablar de estonudoz no lleva a ningún lado. Termino diciendo que no, no le volví a decir nada, me pase todo el camino pensando cómo se vería mi mano en su pierna, por ejemplo. Siempre pienso cosas como esa. Total, fui todo el camino, pensando cuál sería la excusa adecuada, para poner mi mano en su muslo. Todo se me fue en eso. Y no volví a decirle, ni a hacer nada. Esos veintiún años de ella me ponen, no sé, locuaz. Hasta que me di, otra vez cuenta, que el camino había llegado a su fin y otra vez, se me había ido viva la paloma. No sé qué, pero sí lo sé. También yo solo me entiendo, el caso es que ya van tantas horas de la mañana, y es todavía hora, en que no puedo estornudar. Salú!!!