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Thursday, May 31, 2007

Defenestrar (Crónicas defenestrantes)

Defenestrar
(Crónicas defenestrantes)


Alberto Llanes


Nada hay de pronto que salga bien. Uno es un tonto. Error tras error. Y error con error se paga. Justo cuando acababa de pasar poco más de un mes y medio de que me cirujearan. Tómala barbón. Un par (primero, después fueron más) de cervezas se cruzó en mi camino. Un mes y medio sin tomar y mucho menos sin fumar es mucho tiempo para alguien que tiene todos los vicios. Yo. En cuanto cayó el primer tragonón (desgraciado) a la barriga, dejada descansar por antonomasia, puta… la vida me llegó al cuerpo de pronto. Extrañaba el delicioso elixir (si se le puede llamar así) de la cerveza. Ese tono dulcificante y vivificante y amargonizante y espumeante que tiene. Pero digo, uno es un tonto.
No he pasado ni un mes de operado cuando una pinche alergia me ha defenestrado el cuerpo (el significado de la palabra defenestrar es el que yo quiero darle). Total. A decir de los doctores es una alergia pasajera… una alergia que con un tubito de Tetraderm sale -me dijo un médico-, es una soriasis -me dijo otro-, no es soriasis -dijo un tercero-, es un quien sabe qué hongo que viene un poco alterado por las dosis de pomada, tómate esto (y anotó en una receta Meticorten), y untante estotro (y volvió a rayar en la receta ahora Claradril), y ponte todas las noches esta crema (y anotó Lubriderm) y con eso vamos a ver la evolución de estos granitos que… a decir verdad están muy raros… y se les quedaba viendo. Pero un cuarto médico, más cabrón que bonito. A media clase de dermatología con sus alumnos. Dio, al parecer, el diagnostico más acertado, el medicamento más efectivo y la curación más viable para este problema, por lo menos lo dijo en términos médicos:

-Usted trae una dermatosis diseminada a tronco y extremidades y afecta tanto las superiores como las inferiores de forma bilateral y simétrica, concéntrica, bla bla bla.

Le creí. Que dijo que no dijo. Sabe dios. Me compró. Total. Sus alumnos echaron una mirada a mi cuerpo enrojecido por la salvedad de estas mermas. Un grupo de tres chicas y un enfermero o doctor o pasante de… se acercaban a mi cuerpo como si tuviera lepra. Examinaban. Tocaban. Veían. Decían diagnósticos imposibles de entender. Hacían cosas de médicos pues. Subí a una cama. Cuasi me desnudo. El médico decía su clase. Los alumnos atentos. El paciente nervioso por tantos ojos. Abrió mi boca. Buscó dentro algo. No, -dijo- no hay alteraciones en la garganta. El doctor que lo secundaba hacía lo propio, ANO-te. Nada. Todo bien -decía-. Pero la verdad es que no, nada estaba bien. Si hubiera estado todo bien, las protuberancias no las tendría, menos estuviera, a esa hora, ocho y tantos de la mañana, en el Seguro Social y menos con un grupo de enfermeros o médicos o pasantes de… observando tan temprano, tan como bicho raro… mi ya de por sí comensonzudo y rojo corpacho.
Por eso digo que error con error se paga. El corpacho no hubiera estado en rojo (color que ya quedó claro en post anterior es de mis favoritos). Tan en carne así, tumefacta (si es posible la inserción de dicho término aquí), que yo creo que sí, porque es un texto mío y yo le meto lo que yo quiera. De no haber sido por las cervezas del día anterior. Que dicho sea de paso, defenestraron a mi mujer, a mi madre, a mi perro, a mí mismo y a mi cuerpo. Y es que uno es un tonto, por eso hago hincapié. La urgencia llama a… el cuerpo necesita de… pero corazón, alma y espíritu parece que están peleados a veces.
Y es que mi memoria nunca, pero nunca, nunca nunca se acordó de que no podía aún beber cervezas por el antibiótico tan fuerte que estaba tomando. El famoso: Meticorten. Ahora soy piel roja (estuviera bien si viviera en Washington) pero oh, no, vivo en Colima.
De eso nunca me acordé. La urgencia de beber era más fuerte. Tonto de capirote. Pero lo que en la mente no me falló. Es que a decir de noticieros deportivos y de fuentes fidedignas por ahí (del mismo ámbito). Resulta que para el torneo venidero, en el banquillo de mis amados Diablos Rojos del Toluca, en el puesto de director técnico, estará nada más y nada menos que José Peckerman, exdirector técnico de la albiceleste (Argentina). Yo nada más pregunto ¿otro argentino para el Toluca? Verdad que la memoria no falla...

Wednesday, May 30, 2007

Pero sigo siendo el rey (Crónicas defenestrantes)

Pero sigo siendo el rey
(Crónicas defenestrantes)


Alberto Llanes


Así es el futbol. Despierta pasiones. Dramas. Se suda frío. Hay apuestas. Se pierde o se gana. Las dos caras de la moneda. Frase trillada pero no hay de otra. Así es el futbol. Así es la vida también. No hay felicidad completa.
Sí, soy hombre y me gusta el futbol ¿qué se le va a hacer?, como todo buen conocedor (porque si uno se aficiona a algo o gusta de algo hay que hacerlo pero con estilo)soy fanático de dos de los mejores equipos del mundo: El toros Neza y el Toluca. El que diga lo contrario es un TONTO de CAPIROTE.
Por fortuna no le voy ni a las chivas, ni al América (guácala de pollo como dijera Arturo Rivera, que sí sabe de futbol y le va a los rudos los rudos los rudos y al Atlante). O está el caso de Juan Villoro que también sabe de futbol y le va a los Rayos del Necaxa, por poner otro ejemplo.
Mi fanatismo por el club burel nació cuando ni siquiera ese animal estaba en sus planes. Antes eran coyotes Neza y entrenaban cerca de donde vivía. Ahí cambié para siempre de equipo de futbol y me aficioné a esos coyotes de Neza que entrenaban cerca de mi casa y que veía con tanto entusiasmo de cerca.
Debo confesar, sin embargo, que alguna vez fui (sino fiel, sí favorito del América), esto se me pegó por convicción no propia, sino por herencia familiar. Todos en mi casa le van al América. Padre. Tía. Hermano. Abuelo. Abuela. Madre. Etc., yo no. Rehúso irle a ese equipo de mier%&. Total.
Mi apoyo al América sólo viene cuando juegan contra las Chivas (sí, es rara mi posición, pero… ¿quién dijo que un escribano era normal?). En cuanto veo el clásico Chivas-América apoyo con todo a las águilas. Esto me convierte en un antichiva de cepa. No soporto a ese mugroso equipo. Menos su cansada retahíla de que juegan con puros mexicanos. ¡Bah!
En el primer trabajo que tuve en mi vida laboral (que fue en un súper mercado), todos empezamos así. Mi jefe en turno y directo me lanzó una pregunta así, directa también, con posibilidad de dos respuestas, no más. ¿A qué equipo le vas? -dijo-, e inmediato respondió él mismo, Al América o a las Chivas. Me quedé mirando los miles de anaqueles que tenía que acomodar. Mi respuesta lo dejó helado. A ninguno de los dos -dije-, Qué -contestó con ceja levantada-, acaso no te gusta el futbol, Sí, pero hay más opciones -repliqué-. Y mejor no cuento la cara que puso cuando se enteró de mi fanatismo por esos dos equipos. Total. Parley como dijera el código de los piratas.
El Toluca llegó a gustarme como segunda opción, cuando el toros Neza tuvo la desdicha de descender a primera A. Uno siempre debe tener un equipo en la primera división y yo no podía darme el lujo de no tenerlo, siendo fanático como lo soy. Ahora, recuerdo aquellos primeros años del Toluca cuando era un equipo que pasó por una muy mala racha. Año 1995 cuando José Saturnino Cardozo llegó al club por primera vez. En varios partidos no hizo nada más que lesionarse y no jugar en un buen rato. Cuando estaban a punto de transferirlo, le salió lo Diablo. Ahora es leyenda indiscutible del club. Y aquellas intervenciones del croata Darko Bukich, el pelón que en cuanto entraba (y no es albur) hacía muy buena mancuerna con Cardozo, Abundis, Morales, Estay y Víctor Ruiz. Total, ahora me doy cuenta que me gusta lo rojo. Como a los toros, que en cuanto ven algo se dejan ir de bruces.
Sí, así es, me gusta lo rojo: Marlboro (rojos), Coca-Cola (roja), Johnnie Walter (etiqueta roja), Manzana Lift (roja), los equipos que llevan este color incluyendo al Liverpool y a la selección de Inglaterra y la sangre rojísima del cuerpo. Eso sí, que chingue a su madre el PRI, es lo único rojo que no me gusta para nada.
Total. Hay que hablar de cosas interesantes. Decía de mi gusto por el Toluca. Por el toros Neza. Por el futbol. Así es, no le voy ni a las Chivas, ni al América, ni a los Pumas, ni al Cruz Azul, ni a los Tigres y menos aún al Monterrey. Pero admiro y aplaudo la valentía de quien le vaya a uno de estos equipos. Qué valor.
Yo prefiero los equipos pequeños. El Veracruz, el San Luis, el Santos, el Pachuca, el Querétaro (hoy descendido), el toros Neza (descendido hace algunos años), el Toluca, el Irapuato (también descendido), el Curtidores, los Dorados, el Puebla, incluso hasta a veces los Tecos (lo malo son los Leaño), en fin.
Con títulos o sin títulos. Mis rojos (el Toluca y Neza)siguen siendo los reyes. Carajo.

Tuesday, May 29, 2007

Yo, el peor de todos (Crónicas defenestrantes)

Yo, el peor de todos
(Crónicas defenestrantes)


Alberto Llanes


Los compañeros de oficina me han de odiar. Y cómo no si me la paso ganando la quiniela de equipos de futbol. Ha decir verdad nunca había ganado nada. Siempre he sido muy malo para los juegos de azar. Ahora, de tres quinielas llevo ganadas dos. Gran subterfugio si tenemos en cuenta que antes, me tocaba siempre pagar apuestas.
Recuerdo varias de ellas. Una fue con mi compa el Volpi (Oscar Fernando). Apostamos en futbol americano. A estas alturas la memoria no me da para recordar exactamente a qué equipo cada quien. Pero eso sí. Yo siempre a la conferencia Nacional. Él, (aunque no siempre) a la conferencia Americana. La apuesta: corte a rapa de pelo. A estas alturas también, la memoria no me da para recordar cuán largo o corto podría tener el cabello. Pero eso sí, una apuesta es una apuesta. El Llanes perdió. La burla general no se hizo esperar después de haber ido, en ese mismo instante, a la peluquería en cuestión para pagar una deuda de juego que es también, una deuda de honor.
Como en estos casos siempre pasa. La revancha tenía que serme concedida. Y se me dio. Pero otra vez, mala fortuna. El Llanes volvió a perder. La apuesta: corte a rapa de pelo. No lo podía creer. Dos veces perder es mucho perder. En esta ocasión, mi amigo y cuasi hermano me perdonó la vida (hecho que no se debe hacer). Total. La apuesta más reciente que he perdido ha sido también en el futbol americano. Y es que parece que mi deporte favorito es el que más mala suerte me ha dejado. En esta ocasión aposté lo mejor que se puede apostar: libros.
Ahora la apuesta fue con mi compadre Ihovan. Él le iba a los Potros de Indianápolis. Yo a los Osos de Chicago. Siempre apostando por la conferencia Nacional (donde se encuentran mis amados Vaqueros de Dallas). Yo, le pedía que si perdía su equipo me comprara el libro de Nacho Padilla: La gruta del Toscano. Él, se fue por uno más ojete. Si mis Osos perdían (como al final pasó), quería que le regalara el libro de Jorge Volpi: No será la tierra. Total. Volví a perder. En esta ocasión como en ninguna otra, no tenía salvación. Una apuesta es una apuesta. Y habría que pagar.
Me lancé a las librerías de la ciudad pero no, no encontré el texto, a pesar de lo malo que es el libro se había agotado. Se había agotado en una ciudad que, estaba seguro, leía poco. Total. Lo mandé pedir. En unas cuantas semanas llegaría. Mi compadre se complació ante mi querencia del pago de la deuda recién contraída. En eso estábamos, a la espera del tomo editorial Alfaguara cuando se nos atravesó algo aún mejor: la edición conmemorativa de Cien años de soledad. Y esa fue al final la que le compré a mi amigo y compadre Ihovan.
Así he ido pagando mis deudas. Pian pianito. In crescendo como dijeran los músicos. He apostado de todo. Dinero. Cervezas. Cabelleras. Tintes para el pelo. Libros. Discos. Y una infinidad de artículos que sería largo, muy largo enlistar. A la fecha me había ido medio mal en esto de las apuestas. Y es que cómo no me va a ir mal si le voy por ejemplo al toros Neza, al Toluca (que a veces da partidazos y a veces le parten su madre), a los Vaqueros de Dallas, y mermas de esas. Haber, cómo no me ha a ir mal yéndole a esos equipos. El caso es que las apuestas son un vicio. A veces una necesidad. Máxime cuando se caldean los ánimos. Cuando llevas los colores de tu equipo bien metidos en el cuerpo.
Sin embargo la suerte cambia, todo lo que era perdición, derrota, vencimiento, inferioridad, descalabro, fracaso, perdida, derrotismo, desentrega y un largo etcétera más. Se ha convertido en triunfo, campeón, éxito, laurel, victoria, conquista, superación etc.
Todo empezó cuando en el mundial de Alemania 2006, cuando dubitativamente (tras tantos descalabros en mi vida aposteril), opté por entrar a la quiniela de los miembros de la oficina. Mi desmoronamiento vino cuando entregué el dinero que había que dar y más, cuando al abrir el papelito blanco leí que me tocaba (por suerte de azar) Italia. Tómala barbón. Complicado cuando hay equipos como Francia, Brasil, Argentina, Inglaterra, la misma Alemania que eran o se veían más fuertes. Aún así gané. Primera victoria de muchas (espero) que vengan después.
El éxito continuó cuando en el torneo local. Nacional quiero decir. Al volver a abrir el papelito blanco (y aún sin dar el dinero correspondiente) se leía: Pachuca. Es decir. Me tocó el súper líder. Complicado pensé. Lejos de complicado me dije que era algo maldito. El súper líder nunca o muy pocas veces se corona campeón. Chin. Aflojé la lana correspondiente y esperé que pasaran los días… los juegos… los marcadores… los equipos… al final… el Pachuca salió campeón del torneo de clausura 2007. O sea, volví a ganar la quiniela. Dos de tres y sereno.
El torneo pasado mi hicieron alguna triquiñuela que, cosa curiosa, me tocó, según dijeron por azar, el Atlas (sí como no). Como no estuve presente para escoger el papelito… pero en fin… los compañeros de oficina me han de odiar.
Saludos a Pedro Ángel Palou, el Puebla está de regreso en la primera división.

Monday, May 28, 2007

El jiote de la Mancha (Crónicas defenestrantes)

El jiote de la Mancha
(Crónicas defenestrantes)


Alberto Llanes


En algún lugar del cuerpo del cual su nombre no quiero mencionar. No ha mucho apareció un jiote gallardo y de dudoso plumaje (aunque plumaje plumaje, lo que se dice plumaje, pues no…), pero hay que ver. Decía que el jiote hizo acto de presencia de pronto. El bello jiote (que a ciencia cierta no sé se en realidad era jiote o estaba disfrazado de jiote pafra defenestrar mi día), se veía alegrísimo y rojo, con una circunferencia cuasi perfercta, justo en (ah, dije que la parte del cuerpo no la iba a mencionar por respeto a…) habrá que ver.
Decía que la mancha (voraz) como la bauticé después. Me dio tanto, pero tanto sentimiento (de ese del bueno, del que todavía hay, del que sacas botella de tequila y todo), y de tanto sentimiento que me dio, no hice nada, pero nada para sacarlo, de pronto, como llegó, de mi vida.
Saqué un bolígrafo punto fino. De la marca noséqué. Y fui directo a la protuberancia (porque a esas alturas, un montículo se empezaba a formar), y le dibujé una hermosa carita feliz. Ojitos y boquita (y no precisamente de gomita), fueron los aditamentos necesarios para que el jiote de la Mancha tuviera forma de persona. Unos pelillos en la cabeza hubieran estado bien, pero a duras penas sé dibujar los ojos y la boca, cuantimás el cabello.
El jiote quedó, de tan bonito, convertido en una bella carita que sonreía siempre. Feliz. Así. Sonriente. ¿De qué?, no lo sé, tal vez de su aparición por vez primera en mi (ah, dije que la parte del cuerpo donde apareció no la iba amencionar por respeto a…) habrá que ver.
Total. El jiote y yo. Felices ambos. Él más. Su carita lo delataba. Luego de ese dibujo lo volví actor de teatro guiñol. Como es de suponerse ambos. Jiote y enjiotado. Tuvimos que disimular la voz en tanto decíamos cada quién nuestro parlamento:

YO: Hola jiote.
JIOTE: Hola jiotudo.
YO: Cómo estás jiote, y qué milagro verte por… (ah, dije que la parte del cuerpo no la iba a mencionar por respeto a…) habrá que ver.
JIOTE: Po´s aquí no más. Pasándola. Un poco defenestrado. Pero… chido one tu iu. Y tú, qué onda.
(Transición. Todo este diálogo con voz fingida).
YO: Pues aquí. Viéndote crecer mano, ayer no estabas… (interrumpiendo).
JIOTE: Claro que sí. Pero obvio no te diste cuenta.
YO: Oye, pero guapo te ves.
JIOTE: Hay no más pa´l gasto, papá.
YO: ¿Oye?
JIOTE: Qué pasión te domina, mi rey.
YO: Nada. Eres mi héroe, papá. Eres el héroe de esta película.
JIOTE: Yo lo sé, yo lo sé…
YO: Oye, ya le voy a caer. Nos vemos mañana tempranito.
JIOTE: Sirol vato loco forever.
(Y me quedé dormido).
Al otro día, el trajín diario de mi vida me hizo olvidarme por completo del jiote que había aparecido muy cerca de… (ah, dije que la parte del cuerpo no la iba a mencionar por respeto a…)habrá que ver. Mientras me duchaba y tallaba con fruición la zona. El jabón y el agua fueron acabando con la vida de mi amigo el jiote. Salí volando. Siempre voy que llego tarde a todos lados. Me fui.
En el trabajo, un exceso de comezón, que primero no le di importancia y después tampoco me distraía de mis labores de editorazo en jefe (de quién sabe qué tribu). Total. Las cosas en la oficina pasaron sin mucho sobre salto. Eso sí. Las zonas de comezón empezaban poco a poco a irritarse. Supuse que con una puesta de crema Lubriderm todo estaría bien, y eso hice. Me dirigí a la farmacia más cercana para hacer efectivo el pensamiento.
Minutos después y cuarenta y cinco pesos menos llegué a mi casa y tras desnudarme, noté que la mancha se había expandido a lo largo y ancho del cuerpo (he ahí el por qué el mote de mancha voraz). En cuanto me apliqué la primera capa de crema escuché una voz que decía: Todos flotan. Todos flotan. Soy tu peor pesadilla.
Entonces comprendí que al día siguiente, urgía que viera a un dermatólogo.

Friday, May 25, 2007

Los veintitantos (Crónicas defenestrantes)

Los veintitantos
(Crónicas defenestrantes)


Alberto LLANES




Uno llega a los veintiocho, y todo se vuelve Materialismo histérico y nada más (como dijera Xavier Velasco). Porque uno se encuentra con amigos que hace tiempo no ve, y las preguntas salen disparadas a toda velocidad. ¿Ya tienes casa?, ¿Cuántos coches tienes?, ¿Cuánto ganas?, ¿En dónde trabajas?, ¿Vas a salir de vacaciones?, ¿Ya te casaste?, ¿Cuántos hijos tienes? ¡Bah!, como si estuviera escrito que uno, a fuerzas, al llegar a esas edades debe tener todo eso, o en otras palabras, la vida resuelta. Entonces las respuestas son obvias: No, no tengo casa, no tengo coche, gano una madre, trabajo aquí y allá y a veces de free lance, en mi puta vida he salido de vacaciones, no me he casado ni quiero por lo pronto, y no tengo hijos, por lo menos que yo sepa.
Entonces, el amigo, ése que hace tiempo no veíamos, cambia de pronto el rictus, y lo que parecía un encuentro amistoso se convierte en un desencuentro, y lo que parecía alegría por volverse a ver luego de tanto tiempo, se vuelve incómodo, hostil, indiferente me atrevería a decir.
Y a uno entonces le sueltan una mirada, (mirada especulativa de arriba abajo quiero decir), y entonces lo ven a uno todo jodido, todo dado a la chingada, todo harapiento, todo greñudo, todo con las ropas jodidas, o puede que incluso, con las mismas garras de aquella juventud, y entonces el amigo increpa un: Es que no has cambiado nada, sigues igualito. Y entonces uno se encabrona, cómo que no he cambiado, cómo que sigo igual, han pasado diez pinches años desde que no nos vemos, y este cabrón me sale con que todo sigue igual, de estoy igualito. Y por no molestar, uno se sale por la tangente, y uno entonces le pregunta al amigo de la adolescencia lo mismito con que nos recibió en ese “amistoso encuentro”.
Y entonces, el amigo nos responde que a él le ha ido a toda madre, que trabaja aquí, y allá y que se mete sus buenos miles de pesos mensuales, que tiene un súper carrazo último modelo, que toma champagne, whisky y cogñac, que vive en lomas (turbas) de no sé qué madre, y que se casó con la chava más guapa, más buena, pero la más puta también (para que nos hacemos pendejos) del bache., que ya tienen dos hijos y no sé qué más, y cuando te dice, saca su cartera de piel marca Armany para enseñarte las fotos de la familia, y entonces se ven las tarjetas, las credit card, las máster card, las express card, las visa card y sí, en las fotos la familia está contenta, y claro, trae el muy mendigo las llaves de su coche en la mano, porque acaba de dejarlo estacionado en quien sabe dónde. Y te presume que lo acaba de sacar de la agencia y a cada movimiento brusco (porque habla moviendo de un lado a otro las manos) mueve el llavero y suenan las llaves y se ve que es de la Crhysler.
Y a uno le dan ganas de saber donde está aparcado el móvil para darle un rayón de miedo, y en eso suena su teléfono celular y nada más oyes que dice: sí señor, aquí estoy cerca señor, en eso ando señor, en un momento más señor, en eso estaba pensado señor, claro señor, por supuesto señor, desde luego que sí señor, como no señor, como usted diga señor, lo que usted mande señor, a la hora que usted guste señor, como diga el señor, y cuelga.
Y sigue tratando de recordar entonces lo que estaban platicando apenas un instante, y te vuelve a decir: Es que qué bárbaro, sigues igualito, de verdad, no has cambiado nada. Como insinuando que él sí, que él es muy cabrón, que tiene una posición importante, que tiene, en pocas palabras, la vida resuelta, que es alguien importante, que de hecho es más importante que tú, y bueno sí, puede ser que sí, pero qué se le va a ser, (uno no es lo quiere, sino lo que puede ser). Y te pregunta que a qué te has dedicado, A que has dedicado tu vida, Dice, Soy escritor, Le respondes sin ningún gesto de más en tu cara. Y te dice, Claro, cómo no lo pensé antes, sigues con tus sueños de ser escritor, verdad, Interroga, Te digo que nos has cambiado nada, Dice, Y qué tal te va en eso, se gana bien, Pues nada más para irla llevando, Respondes optimista, Claro, claro, dice, se te nota, Pásame tu número celular para ponernos de acuerdo y juntarnos toda la banda no, Te dice, Claro, Respondes, Y le das entonces un número falso, el número de una persona que te acaba de dar ese número para que la contactes para una trabajo importante, y le dices entonces que no deje de llamarte, que te fascinaría ir a esa reunión para darte cuenta de la deplorable situación de los demás, Y te dice entonces que sí, que cómo no, que él se pondrá de acuerdo con “la banda” y te avisará, y de eso no te queda duda, y se despiden con un apretón de mano, y se te queda el perfume carísimo impregnado en la mano.
Se aleja. Ves cómo se diluye y se pierde en las calles contiguas. Y ya que no se ve, ya que se perdió y que no es más que un punto negro, ya que está lejos de ti, te sientas entonces en la banca más cercana, sacas tu libro y te pones a leer: Opiniones de un payaso de Henrich Böll. Quieres mirar sus movimientos con los catalejos, pero la historia, la historia es más fuerte que tú…

Thursday, May 24, 2007

Entre médicos te halles (Crónicas defenestrantes)

Entre médicos te halles
(Crónicas defenestrantes)


Alberto Llanes


Aquí se inicia un ciclo: Las crónicas defenestrantes. Relatos sucedidos en un tiempo-espacio que no tienen otra intención para el lector, que defenestrarlo. Yo defenestro. Tú defenestras. Él defenestra. Nosotros defenestramos. Ustedes defenestran. Ellos defenestran. Vosotros defenestreís. Bla bla bla. Pinche Llanes saca para andar igual. Bájete del avión FZ-10. Y como dijera Alex Lora y lo que falta…
Total, estas crónicas surgen a partir del defenestramiento (buscar la palabra en el tumbaburros si no se conoce) en el que estoy, estuve y estaré inmerso. Por los siglos de los siglos…
Es curioso… muy curioso las visitas a los doctores de la índole que sean. Es decir, tiene uno que pasar por ese proce(xo) (ir al médico), pero es raro, máxime cuando últimamente, los médicos han sido lo que más he visitado.
Resulta, que uno llega al doctor por una dolencia… mal funcionamiento… deformación… aparición extraña de algo extraño en el corpacho, en fin… por miles de razones uno acude a esas instancias (medidas extremas requieren soluciones extremas). Entonces hay va uno todo cabizbajo, cejisjunto, meditabundo, errabundo, dubitativo, dolorido, defenestrado pues, y en pocas palabras.
Hay vas… como perro regañado… lo que más esperas de un lugar así, es un trato cordial, amable, sentirte a gusto pues, aunque te esté cargando Pifas (pinche Pifas y sus cargamientos). Generalmente el trato es así, digo, para eso pagas una cantidad importante de dinero. Claro que si uno mismo supiera qué pedo con el cuerpo, pues no requerirá de este tipo de instancias, pero en fin, nadie sabe, nadie supo.
Llegas. Entras. Das las buenas tarde al respetable. Te contestan como tú, es decir, con la duda que se les nota en la cara, con el nervio a flor de piel etc., Llegas a la recepción o a lo que haga de recepción o a donde está la señorita enfermera para avisar que ya… que ya llegaste a un auscultamiento o vaya a saber qué más. Generalmente eso pasa con un médico particular. En el seguro es otro pedo. Pedo que por supuesto no voy a relatar aquí para no poner en mal a la institución.
Generalmente la espera es de unos cuantos minutos. Digo generalmente porque es a previa cita. Entonces uno empieza a observar a los vecinos. Qué malestar tendrá ése por ejemplo, qué malestar tendrá ese otro etc., luego uno observa la estancia, si tiene fuente, el tipo de sala de espera, los muebles, si hay cuadros etc., así van pasando poco a poco los minutos. Y uno siente una ansia interesante, antes de escuchar las palabras funestas. Sr. Llanes, Adelante, Pasé usted. Tómala bigotón. Yay vas. Cola metida entre las patas. En una fracción de segundo vas pensando lo que le vas a decir al médico, cómo se lo vas a decir, qué te va a hacer, cómo te lo va a hacer. Joder.
Entonces pasas, no te queda de otra y… el médico muy amable te suelta un: Bienvenido Sr. Llanes, Es la primera vez que viene con nosotros, Sí doctor, la primera, Bueno, le voy a hacer una serie de preguntas, Está bien. Y con las manos entrelazadas la una con la otra, y sudando frío, esperas el tiempo necesario (en que transcurran las preguntas), para ver cómo carazos vas a empezar a decir la serie de síntoma que tienes y que te hizo llevar a tomar esa decisión, la decisión de ir a visitar un médico.
Y las preguntas salen rápido y fáciles, y las respuestas también. El miedo se te empieza a escapar. El dolor sí lo tienes, pero hay que ser francos, ni te acordabas de él. El médico empieza por el nombre completo. José Alberto Llanes Castillo. Luego la edad. Veintitantos. Domicilio. Conocido. Teléfono. Tal. Estado civil. Pues emparejado. A qué la gira. Trabajo en tal parte doctor. Y entonces viene lo más funesto de todo… Y ahora sí -dice el doc-, dígame qué chingados lo trajo acá. Generalmente no dicen chingados en la primera cita, quizá después sí. Pero entonces uno ve el rictus del doctor, y los lentes, y la bata, y el porte, y la cara, y el consultorio, y todos los artefactos, y entonces vuelve uno a sudar friyón. Puta madre, qué coños tengo -piensa uno-, por dónde empezaré -piensa uno-, qué le digo a este güey -piensa uno-. Y entonces uno se acuerda de que lo importante, lo very important es empezar por el principio, por el mero comienzo, por lo que tragamos la noche anterior, por los síntomas que tenemos, por los dolores que nos dan, por la pinche fiebre de días pasados, etc.
Y uno cuando descarga todas las dolencias habidas y las por haber, se empieza uno a sentir mejor, todo pasa, vuelve uno a la normalidad, relax total, en fin. Sientes que te quitan un peso de encima y es verdad, te quitan un gran peso de encima. No pasa nada si le ponemos de hecho: varios pesos de encima. De todo esto uno se da cuenta, cuando precisamente uno tiene que ir a pagar por la consulta y todavía tienes que comprar la medicina y te das cuenta que en la cartera nada más traes cincuenta pesos, y que por el dolor y los malestares y los bal bla bla, se te olvidó pasar al cajero a retirar el dinero para pagar…

Monday, May 21, 2007

Situación del héroe degradado

Situación del héroe degradado en la novela:
Con la muerte en los puños de Pedro Ángel Palou


Alberto Llanes


Para llegar a obtener el título de tesis que a continuación voy a proponer, como base, tuvieron que pasar primero, algún tiempo, algunas lecturas, y por supuesto, delimitar el tema lo más posible porque era prácticamente complicado, no así imposible, el ambicioso proyecto para titulación que traía entre manos.
En primer lugar, mi situación era abordar todos los deportes (que a mí me gustaran y con los cuales me sentía identificada y hubiera material literario para trabajar), para la hechura de la tesis y/o investigación que me llevaría a la tesis final.
Como al final los deportes siempre eran cuatro (que me gustan, no así que practico), pensando en un posible corpus me vi en la necesidad de separar en capítulos los deportes, que por orden de aparición fueron: futbol, béisbol, boxeo y lucha libre, teniendo que dejar fuera el futbol americano, sin duda, el deporte que me gusta más por excelencia.
Al empezar el proceso de crítica de la crítica, y de lectura de material literario para la investigación final. Me topé con la nada, pero complicada situación de que de entrada, el futbol está tocadísimo, leidísimo y criticadísimo. Fueron fojas y fojas de material que nunca iba a terminar de leer por completo. Y aún, menos aportar algo diferente o nuevo, a la tesis de investigación de Alberto Ramos Zaragoza sobre el mismo tema, hecha unos cuantos años antes que ésta, que tocaría además, otros deportes.
La tesis de Alberto Ramos y que está en el centro de lectura de la Facultad de Letras, abarca en todos los géneros literarios y periodísticos, el tema en cuestión. Por lo que hacer algo mínima diferente iba a estar un poco difícil, así salió el futbol de mi gusto central.
Por otro lado, el béisbol salió porque es un deporte que tiene poco interés en el público en general, público literario quiero decir, e incluso para mí, me gusta, pero sólo cuando están en serie mundial y tengo algunas cervezas enfrente mío. De otra forma se me hace un juego demasiado largo en tiempo, y aburrido cuando no hay batazos.
Así el béisbol, el rey de los deportes, salió por completo de mi espectro a deporte a tratar para la investigación que apenas iba a empezar. Aunque encontré buenos escritores de temas béisboleros, Vicente Leñero y Gerardo de la Torre. Habrá más, muchos más, pero como ya no me interesa el tema, que otro haga la investigación correspondiente.
El boxeo lo voy a dejar al último y me brinco a la lucha libre. Por un momento pensé que sería bueno, además de muy mexicanísimo, abordar en una tesis de maestría el material habido y el por haber acerca de este deporte que para muchos es pantomima, pero para otros es la mera onda, tanto para el público televidente como para el que se da cita en un cuadrílatero.
Mis guías en este regusto por la literatura luchística fueron de pronto pocos. Víctor Ronquillo con su novela Ruda de corazón, (en el nombre lleva la penitencia), José Emilio Pacheco cuando en El principio del placer describe una situación verdaderamente de risa que tiene que ver con el pancracio. Y claro, estaba también la autora Lourdes Grobet con sus libros Espectacular de lucha libre, además que en México tenemos a la leyenda máxima de estos menjurjes El santo el enmascarado de plata.
Con este respecto, y sobre este tema, del Santo. El recién finado autor Rafael Ramírez Heredia tiene un cuento dedicado al Santo precisamente, en su libro títulado Otra vez el Santo. Todo esto sería material que sin lugar a dudas me podría ayudar para realizar mi trabajo de investigación. Pero si el futbol es un deporte que no es tomado en serio por la crítica y los que se dicen intelectuales (aún a pesar de los miles y miles de textos serios que hay escritos al respecto), la lucha libre sería lanzar una cachetada con guante blanco y seguir en la irreverencia de antaño.
Al box lo he dejado al último, porque sin duda es el deporte, junto con el futbol, más practicado en México, y con más tradición, y el que ha dado a grandes leyendas. “Mantequilla” Nápoles, “Púas” Olivares, Julio César Chávez, entre otros, claro que también ha dado a grandes payasos del cuadrilátero Héctor “Maromero” Paez, por ejemplo.
Sin embargo, en justas olímpicas, el boxeo está catalogado como el deporte que más medallistas tiene para México, junto con la marcha (caminata). Es también, el deporte que se tiene en el olvido, como la marcha, es decir, es el deporte en el que más se le tiene que sufrir por parte de quien lo práctica. Tiene además, en su tradición, una serie de textos literarios Las glorias del gran “Puas”, de Ricardo Garibay, por ejemplo, como grandes filmes del cine de oro mexicano. Y ahora, actualmente, en una contribución verdaderamente importante, el documental dirigido por el actor juvenil Diego Luna que ha titulado simplemente Jota Ce Chávez, en honor, a quien honor merece. Nuestro campeón.
Otra particularidad del boxeo es la degradación de los ritos, la belleza, y hacer mundano algo que es sagrado. Con ello me refiero a la actitud que toman los boxeadores ante tanta gloria, ante tanta fama que les cae de pronto.
La mayoría de los boxeadores empiezan sus entrenamientos de sparings, es decir, viven de los guamazos que les dan otros. El lugar donde entrenan esos otros se llama chiquero, o redil, encierro o establo, ahí, de entrada, ya está la degradación del ser humano. Posterior de ser sparring de otros, el boxeador tiene que demostrar habilidades en ataque y defensa, agilidad en piernas, movimientos rápidos, relajación, respiración, y sobre todo, fortaleza, aquí se encierra todo lo que tenga que ver con la condición física, porque hay que tener en mente que son (en peleas oficiales) doce rounds de tres minutos cada uno, por uno de descanso. Así que el desgaste físico es impresionante.
Cuando un boxeador está debidamente entrenado empieza su ronda de golpes por la vida, los que tiene que dar, pero aún más, los que tiene que recibir. En los carteles el chamaco (sobrenombre muy utilizado en el gremio), se publicita siempre en la última posición, que al final termina siendo la primer pelea de la noche. Todos quieren ver al campeón mundial (peso que sea), hasta el final.
Si el chamaco en verdad es bueno puede ir subiendo de escalafón hasta ganas posiciones y poder enfretarse con un rival de talla, y porqué no, pelear por el cinturón tal el campeonato cual, de peso tal, en la rama cual etc., en un golpe de suerte el chamaco puede estar, en poco tiempo, ganando los miles de pesos, los millones por qué no.
Y como dice el refrán: el que nada tiene y llegar a tener, loco se quiere volver. Así la nefasta existencia del boxeador. De pronto se ve rodeado de lujos, de vinos, de drogas, de mujeres, de placeres, y se da la gran despilfarrada de su vida. Yo creo que tanto putazo en la cabeza también les afecta. Así que empiezan a perder el piso…, por ello, y retomando aquí el título de la investigación “La situación del héroe degradado en la novela “Con la muerte en los puños” de Pedro Ángel Palou, es como me doy a la tarea de iniciar un proceso de investigación, que, mediante mitos (como el del rey midas, o el mito de job), me permitan llegar a la conclusión, con base en el personaje central de la obra “El Baby” Cifuentes, a: por qué los boxeadores siempre (en la vida real y en la liteararia) terminan todos igual, en la pobreza, locos, solos y sólo con el anhelo de que pudieron ser y no fueron las grandes figuras del deporte mexicano.
Para lograr esto, además de la novela de uno de los narrados más prolíficos en la actualidad como es el case de Pedro Ángel, tendré que buscar los mitos por supuesto, checar algunos datos en el libro Mitologías de Roland Barthes, y acercarme a los textos teóricos de la construcción del personaje, entre algunos de ellos están Greimás, Vladimir Proop, Luz Aurora Pimentel, y quizá Fernando Sánchez Alonso.
Así como la literatura que haya sobre el tema boxístico, donde también resaltan como grandes aficionados y escritores de historias así, Vicente Leñero, Rafael Ramírez Heredia con el Rayo MaCoy, Antonia Mora con Los cuarenta chatos, y Juan Villoro entre otros.
Así, realidad o ficción. El boxeo es un deporte apasionante por el lado que se le mire, ya sea el literario o meramente deportivo. Independientemente que nos guste o no, como el futbol, los toros, la lucha libre y todos los deportes más.