La beca o el viaje al extranjero Alberto Llanes Monólogo en un acto (Soledad se pasea de un lado a otro de una casa amueblada cómodamente. Al fondo, en un cuarto se ve una cama con alguien acostado. Es Jaimito que está dormido sin moverse, de cuando en cuando hace movimientos a lo ancho de la cama. Soledad se ve desesperada. Se truena los dedos. Camina. Se rasca la cabeza. Se sienta en un sillón que hay por la estancia. Ve el reloj con insistencia. Lleva puesta ropa común para dormir. Se levanta y se sienta constantemente en el sillón. Avanza un poco. Regresa al lugar de origen. Manotea. En fin). Soledad: (De pie pero cerca del sillón) ¿Cómo se lo voy a decir? (Hace mutis y se sienta finalmente). Ni modo que le suelte todo de un sopetón, así, como va. (Da unos manotazos ligueros en el aire). Ni modo de decirle por ejemplo (Haciendo una voz más grave y poniéndose de pie). Jaime, han expulsado definitivamente a Jaimito de la escuela, a nuestro Jaimito… sí… definitivamente (Pausa). Aunque dicho así no suena tan difícil (Se rasca la cabeza). No, si eso no es lo difícil ¿A cuántos niños no los expulsan a diario de las escuelas?, ni que mi Jaimito fuera el primer expulsado del mundo, tampoco será el último, ni el único al que le prohíben terminantemente la entrada a una escuela. Aunque siendo una expulsión definitiva la cosa ya cambia (Se queda pensativa. Reacciona y sigue en su monólogo). Incluso al propio Jaime lo expulsaron alguna vez de la escuela. Sí cómo no. Si él mismo me lo contó cuando éramos novios. Ja, si la expulsión fue casi por mi culpa. Nos estábamos dando un besote en el mero pasillo de los salones. La prefecta pasó en ese momento y como yo estaba manoteando, pensó que Jaime me estaba besando a la fuerza. Y ¡zas!, que me lo mandan a la dirección, y que le ponen un reporte, y como con ese reporte cumplía tres seguiditos, que me lo expulsan por un día. Y le dijeron que si volvía a las mismas me lo expulsaban una semana. Y que si lo volvían a cachar haciendo eso me lo expulsaban un mes. Y que si volvía a las andadas me lo expulsaban definitivamente. ¡Bah!, sí sólo era un beso, tanto alarde por un besito francés. Y yo no estaba manoteando porque no me gustara o porque Jaime me lo estuviera plantando a la fuerza, como dijo la prefecta que pasó. Al contrario, si porque me estaba gustando y porque me estaba quedando sin aire, fue porque empecé a manotear como loca y a respirar tan seguidito y tan rápido y a gemir tan hondo y a…. (Hace una breve pausa) pero todo fue del puro regusto. Si casi yo misma incité al pobre Jaime a que me besara, me le paré en frete, le di un rozón con mis senos en su brazo para que reaccionara, le paré los labios, abrí la boca y entonces él me tomó por la cintura, me jaló consigo, me apretó refuerte, sentí que algo se le abultaba, a mí también me reaccionaron los pezones y luego, ¡Zas!, el besazo. Después ya no pasó nada. Nos seguimos viendo normal, pero en la escuela controlábamos nuestras ansias porque siempre estaba la sentencia de que para la próxima, la expulsión sería de una semana. Y ya ser expulsado una semana pues es bastante ¿no?. Si con un día ya tuvo el pobre. Me acuerdo que ese día no nos vimos para nada, tenía prohibidísima la entrada o acercarse a 200 metros a la redonda. Pero… por la tarde llamó para mi casa. Me dijo que había pensado mucho en mí. En el beso. En la cara de la directora cuando se enteró de por qué lo habían llevado con ella. De la cara que puso su mamá cuando le dijo que no iba a clases al otro día porque lo habían corrido por un día de clases. Del gesto enojón, y el sermón que le dio su padre. Que cómo era posible. Que él le pagaba sus estudios para que fuera un hombre de bien no un mamarracho besucón. Que no le pagaba la escuela para irse a besuquear con quién sabe quién. Que a la escuela se iba a estudiar, o a qué carajos iba entonces. Que eso le pasaba por andar de caliente. Que todavía ni se sabía limpiar bien las nalgas y ya andaba de faje. En fin. Pero quién no empieza a cachondear en la secu. Si es el mero momento en que a los hombres se le va notando qué tan grande lo van a tener, y a nosotras se nos empieza a notar qué tamaño de pechos vamos a tener. Tanto alarde por un besito, si ni nos estábamos metiendo mano, aunque ganas no me faltaban… (Soledad ve el reloj y se sienta). Sí, me acuerdo muy bien de esa vez. Ya cuando fuimos novios formales lo recordábamos a cada rato. Jaime me decía que ese día por poco y me sube la mano a un seno (Y se toca cachondamente un seno), yo le dije que también y por poco le agarro el… (Hace una pausa) Pero era muy divertido la verdad. Y luego cuando nos casamos y nos dieron la noticia de que íbamos a ser padres, recordamos ese suceso cuando el doctor nos dijo que nuestro hijo era varoncito, entonces Jaime y yo nos pusimos a pensar en cómo lo íbamos a cuidar, la educación que le íbamos a dar, en fin, lo planeamos bien. Me acuerdo que le pregunté como una bala fría a Jaime. ¿Cómo seremos de padres? Y él me dijo que los mejores del mundo. Que al niño no le faltaría nada. Que no me preocupara. Que él iba a trabajar duro para que nos faltara nada y sí, lo ha cumplido cabalmente hasta la fecha. Sale de la casa desde temprano y no llega sino hasta en la tarde-noche. Todo lo que gana me lo da. Y ni modo que le salga ahora con que… (Se rasca la cabeza) expulsaron al niño definitivamente del colegio. Todavía que me hubieran dicho un día, bueno, un día como quiera pasa… pero… definitivamente… como a mi Jaimito (Transición. Se pone de pie y se mueve de un lado a otro. Se prepara un café y se va a sentar otra vez al sillón). Aunque eso no es lo peor. Aún hay más. Lo peor no es que me lo hayan corrido definitivamente. Lo peor es el motivo. Pero cómo le voy a decir a Jaime… Cómo se lo voy a explicar si soy un manojo de nervios y Jaimito ahí, tan campante, tan dormido, tan sin preocuparse, tan muy quitado de la pena, tan como si no hubiera hecho nada, tan como si todo estuviera bien, y yo con los nervios de punta. Con el Jesús en la boca. Cómo decirle que me expulsaron al niño por… (Carraspea un poco) Hummm… por… por andar de… (Suena el teléfono y se dirige a contestar) Si, diga… Hola Marta, no…, aún no llega del trabajo quieres que le diga algo en cuanto llegue… ¿Preocupada?... que me oigo preocupada…, no… no es nada… cosas. (Risilla fingida y repite algunas palabras dos o hasta tres veces)… sí, no pasa nada… ya no tarda en llegar… no, para nada, nos está yendo muy bien… sólo que… ya sabes… problemillas de siempre… cuando uno tiene hijos los problemas llegan en manojos… hombre no… simplezas… cosas sin importancia (Le da un sorbo a su café mientras escucha a su interlocutor). Claro que sí…. Ajá… sí… ajá…, no te preocupes… ja, que la preocupada soy yo… no qué va (La misma risilla ahora más fuerte para ocultar la preocupación). En cuanto llegue Jaime yo le digo que le llamaste ¿sí?… sí claro… no… hasta luego… bye… (Hace mutis y se queda con el auricular en la mano). D-e-f-i-n-i-t-i-v-a-m-e-n-t-e. Sí. Clarito me lo dijo la mera mera la directora del plantel, quien más. Si lo me hubiera dicho una maestra o la prefecta aún quedaba alguna esperanza, una oportunidadcita, aunque sea chiquita. Pero no. La directora me citó en calidad de urgente. Y ahí voy yo. Y como soy la presidenta de la sociedad de alumnos pues tiene a la mano mi número telefónico y nuestra comunicación es constante. Y cuando me lo dijo no lo podía creer. Y agregó que no era posible que el hijo de la presidenta de la sociedad de alumnos (Acentuando esto último) tuviera ese comportamiento, era él precisamente el que tenía que dar el ejemplo (Cambio de tono). Me dijo. (Imitando la voz de la directora). Me da pena señora pero su hijo es un… (Sin terminar la frase). Y yo le hice la chillona, ¡Por favor, denle otra oportunidad!, ¡Por favor señorita directora! Mire que es un alma de Dios. Mírelo, ahí con su carita tan así… tan asá… tan… pero tan… Mire, en la casa le damos la mejor educación. Casi ni puedo creer lo que me está diciendo. Cómo va a ser. Su padre es un hombre intachable. Y yo soy la presidenta de la sociedad de alumnos. Fue una broma de niños señorita directora. Mi hijo no puede ser un… no puede ser un... (Ha dado muchos manotazos al aire con el auricular en la mano y entonces se da cuenta que aún lo tiene ahí y lo pone en su lugar). Pero la señorita, ¡Bah!, (Con tono fuerte) la señora directora me lo dijo bien clarito, con las letras muy separaditas y con muy buena dicción para que no quedara lugar a dudas. D-e-f-i-n-i-t-i-v-a-m-e-n-t-e. Y pues así ni cómo hacerle… (Sin terminar la frase porque suena el reloj) Chin, ya casi llega Jaime. Y con el coraje que trae porque ayer fue día delpadre y yo me fui con mis amigas de compras y ahora lunes le salgo, bueno le salimos con que... Cómo se lo diré, cómo le diré que me expulsaron a Jaimito por… por… por mirón (Esto último dicho muy rápido y persignándose). Y porque le gusta verle los calzones a sus compañeritas con un espejo que se pone en un pie. Y eso no es todo, aún hay más. Cómo le voy a decir que lo descubrieron en el baño de los hombres bien pegado a un hoyito que da al baño de las niñas y que desde ahí las espía cuando hacen sus necesidades. Sobre todo siempre espía a la maestra rosita que viéndola bien no está del todo mal. No, si malos gustos no podría tener. Pero cómo se lo voy a decir. Cómo le voy a decir a Jaime que Jaimito ha salido mirón. Que no entra a clases por estar de morboso viendo desnudas a sus compañeras. Que ya conoce en cueros a casi todas sus compañeras. Y que por eso se quería llevarse la videograbadora el otro día a la escuela. Seguramente para filmarlas y subir los videos a Internet ¡Cómo se le digo por Dios, cómo! (Se oye un rechinido de puerta que se abre). Chin, ahí llega ya, cómo le digo, cómo... (Su desesperación es total. Se levanta y se sienta del sillón. Se rasca el pelo. Se quita y pone una coleta en el cabello. Se truena los dedos. Se levanta y se para del sillón. Toma y no toma del café. Agarra y no agarra la taza. Se le viene una idea a la mente y se levanta del sillón como impulsada por un resorte y después se vuelve a sentar). ¡Ya sé!, le diré que Jaimito se ganó una beca para estudiar en el extranjero pero que él, como esposo de la presidenta de la sociedad de alumnos tendrá que cubrir con todos los gastos de su hijo por ser la primera vez que pasa algo así…por lo pronto, veré qué escuelas hay disponibles en… (Sale de escena como para recibir a su marido y la luz se va apagando poco a poco Ya fuera de escena el personaje grita). …en Tombuctú… ( Oscuro final). |
Monday, August 28, 2006
La beca o el viaje al extranjero
Wednesday, August 16, 2006
La monumental
La monumental Alberto LLANES Primer tercio Frente a la virgen, el matador se persigna. Ha rezado una larga letanía y está completamente solo frente a la imagen. Reza y se persigna. Le faltan sólo siete corridas de la temporada para que ésta llegue a su final. Que también, dicho sea de paso, será el final de su carrera. Lo ha prometido y no puede quedar mal con su familia. Hace un mes que anunció su retiro a los medios de comunicación. Primero no podían creerlo, después como que se fueron haciendo a la idea. Su familia tampoco le creyó mucho eso del retiro. Y es que el matador, decían, no podría vivir sin los cosos, no podría vivir sin la fiesta brava, decían, no podría vivir sin matar una res bravía, decían, no podría vivir, decían… y como una letanía interminable la incredulidad no dejaba de amedrentar a la familia del matador. Es que nació para matar, decían, y vivió para matar, decían, y vivió para torear, decían, y vivió para partir plazas, decían, y la letanía, lejos de terminarse se agrandaba hasta que con un Segundo tercio Ha empezado la faena. El joven novato es al que por el sorteo le toca ser primero, tiene que lidiar el primero y el cuarto de la tarde. Empieza con una faena buena, pero no ha logrado motivar al público. Incluso comenzó nervioso, dubitativo. Conforme iban pasando los tercios y el toro Tercer tercio Llegó entonces tu turno. El primero, para ti, de la tarde. Se llamaba |
Wednesday, August 09, 2006
El tío Benito
El tío Benito Alberto Llanes El tío Benito siempre se quedaba dormido en las fiestas. Esto fue de un tiempo acá, porque antes no. Antes era el alma de todas. Pero le ganó la edad o qué sé yo. El tío Benito era muy desafortunado. Pero de un tiempo para acá el tío Benito en todas las fiestas familiares (que eran muchas) se apartaba de la gente, encendía un Te amo, se servía su quinto cognac y se sentaba en la misma silla de mimbre de siempre a dormitar primero, a dormir después. Al principio, cuando recién tomó esta moda, el tío Benito nada más dormía cinco minutitos. Luego fueron diez. Más tarde quince. Posterior veinte. Al rato veinticinco. Y así fue subiendo de cinco en cinco, hasta que el tío Benito llegó a la media hora y luego… a nada o a todo, según se quiera ver. El tío Benito creía mucho en la suerte. Aunque era desafortunado creía mucho en la suerte. Toda su vida compró billetes de lotería para ganarse el premio gordo. Y toda la vida compró primero, cachitos con terminación en cinco, luego la serie completa también con terminación en cinco. Creía primero que con el cinco iba a ganar el premio gordo (no le interesaban los reintegros ni premios menores, el quería el premio mayor), y durante cinco años compró billetes con esta terminación. Luego fueron diez años. Después quince. Luego veinte. Y así fue subiendo de cinco en cinco hasta que se dio cuenta que con el cinco no iba para ningún lugar y cambió. Aumentó cinco dígitos más y el diez apareció en su vida entonces. Sólo compraba billetes de lotería con la terminación unoycero. Primero fueron cinco años. Luego diez y después quince y nada. El premio gordo no salía. La dichosa terminación nunca cayó. Por eso digo que el tío Benito era muy desafortunado. Hasta que cambió al quince. Y fue subiendo de cinco en cinco pero nada. El cinco no cayó. El tío Benito no quería cambiar de número a pesar que el cinco no le traía nada de buena suerte. Sus deudas aumentaron pero no le importaba, era rico, es decir, no tenía deudas. Pero el sueño de ganar la lotería nunca llegó. La familia del tío Benito hacía fiestas cada fin de semana. En esas tertulias se reunía la crema y la nata (también) de la cultura contemporánea actual. Siempre en grupos de cinco, por cierto. Las fiestas empezaban desde el jueves, seguían el viernes, continuaban el sábado y terminaban el domingo, y el tío Benito las continuaba el lunes, -porque era malo romper el ciclo de cinco-, decía, y -además, nadie trabaja en lunes-, decía. El tío Benito tenía que estar ahí para recibir y convivir con los invitados, grandes poetas, narradores, pintores, músicos, verdaderos actores y actrices de teatro, novelistas, en fin, pura cultura. El tío Benito tomaba cinco whiskies y se fumaba cinco habanos en toda la noche. Al tío Benito no le faltaba el dinero, pero soñaba un día, con ganarse el premio mayor de la lotería nacional. Cuando iba al mercado, el tío Benito tomaba un carrito y lo iba llenando de cosas para la fiesta, siempre de a cinco tantos. Cinco botellas de whisky. Cinco de tequila. Cinco de vino blanco. Cinco de vino tinto. Cinco de cognac. Cuando tenía que comprar kilos o litros pedía cinco kilos de huevo, por ejemplo. Cinco kilos de jamón, queso o salchicha. Cuando era líquido, pedía entonces cinco litros de jugo, de aceite, de leche. El tío Benito era el alma de las fiestas. Bailaba cinco pasos-dobles, cinco twist, cinco tangos, cinco de todo. Y cargaba cinco relojes. Dos de bolsillo. Dos de pulsera y uno de cadena al cuello. La obsesión del cinco le pegó al tío Benito cuando no pasaba de cinco en la escuela. Pero él decía que iba bien. Que iba a la mitad del camino. Y que la otra mitad la sacaría cuando estuviera grande. Decía que el cinco era la mitad de todo. Los dedos de la mano en el medio se cortan bien. Dos para un lado y dos para el otro. Quedando el dedo grosero aparte. El tío Benito nunca faltó a ninguna fiesta por cinco razones: 1) todas eran su casa, 2) él las organizaba, 3) era él el alma de todas las reuniones, 4) las necesitaba, y 5) soñaba con que esa noche de fiesta iba a ganar el premio mayor de la lotería nacional. Pero al tío Benito no le importaba ni siquiera sacar reintegros (que sí los sacó alguna vez, pero no le interesaban), tenía muy mala suerte para el premio mayor. La primera noche que el tío Benito se quedó dormido en una fiesta fue el cinco de mayo. Viernes cinco de mayo. Viernes: quinto día de la semana. Cinco de mayo. Mayo: quinto mes del año. Día cinco. Cinco: número de su suerte o su desgracia, según se quiera ver. En la última fiesta que se le vio tío Benito fue en la navidad de 1995. Veinticinco de diciembre de 1995, para ser más exactos, por cierto, esa navidad cayó en viernes, quinto día de la semana. En esa fiesta el tío Benito se tomó sus cuatro bebidas, se fumó sus cuatro habanos y bailó sus cinco piezas de rigor. Y a eso de las cinco de la mañana se sirvió su quinto trago, un coñaquito, encendió su quinto habano, un Te amo y se fue a sentar a la silla de mimbre de siempre (en la que usaba a últimas fechas cuando el tío Benito se empezó a quedar dormido en las fiestas) y se alejó de los demás invitados como si no existiéramos. Cinco horas después, o sea, a las diez de la mañana, nos dimos cuenta que el tío Benito estaba muerto. No a la mitad, no. Estaba completamente muerto. De todo el cuerpo muerto. Era la mañana del 25 de diciembre de 1995, a las diez quince de la mañana, cinco horas después de que se alejó de todos. Al revisar sus pertenencias. En la bolsa de su camisa talla cincuenta y cinco, por cierto. Encontramos una serie completa de billetes de lotería con terminación en cinco. Ese mismo día, en el sorteo celebrado para la navidad. La terminación que el tío Benito había comprado resultó la ganadora. Por fin el tío se había sacado el premio gordo de la lotería. El tío Benito había quintuplicado lo que invirtió en tantísimos años de comprar billetes de lotería. Pero el tío Benito no se dio cuenta. Por eso digo que el tío Benito tuvo muy mala suerte. Ahora el tío Benito descansa en la cripta cinco de la calle cinco, número cinco. Que está justo a la mitad de dos restos más de alguien, por un lado y dos restos más de otros alguien por el otro. El panteón de la avenida cinco, con el apartado postal número cinco cinco y número telefónico 55-55-55-55 le tiene preparada una vida más a la mitad, por cierto. |
Tuesday, August 08, 2006
Ella y él, él y ella
Ella y él, él y ella Alberto LLANES …Mentiroso, Acusó ella, Yo, Preguntó estúpidamente él, Sí, quién más baboso, Repuso bruscamente ella, Es que cómo estás bien tocadiscos del cerebro, francamente ya no sé ni a quién le hablas, Respingó copiosamente él, Loca yo, Ahora cuestionó estúpidamente ella, No pendeja, tu mamá, Correspondió él, Mira imbécil, con mi madre no te metas, oíste haragán, Sentenció la dama, Créeme que no vuelvo a cometer el mismo error dos veces, si ya me metí contigo, no quiero acabar con toda tu prole, Se alargó diciendo él que maquinaba algo mentalmente, Mira sabandija, bueno para casi nada, mide tus palabras baboso, Escrutó estruendosamente ella, No tengo un palabrómetro, Creyó que sonaría chistosamente salido de sus labios él, Que baboso, animal, pendejo, retrasado mental, ignorante, idiota y buey estás, Enlistó largamente ella, Tú has de ser muy inteligentita, Reaccionó luego de un breve mutis él, Pues sábetelo engendro vilipendiado por falta de neuronas, que más que tú sí, Prosiguió sarcásticamente ella, Nooooooo me digas, dijo alargando muchamente la o él, Haber, Prosigió acentuando algunas letras de la palabra, Si eres taaaaaaaaan inteligente, Y volvió a alargar pero esta vez la a, Dime por qué repetiste materias en el bachillerato, Sentenció con dedo acusador él, Pues para seguir viéndole las nalgas, y al decir esto se tocó la parte mencionada e hizo un gesto masturbatorio, Al profe de matemáticas, Terminó ella ofreciéndole una mirada al punto penetrante, Hummmmm, Y ahora alargó en demasía la eme, mientras se le ocurría qué decir para defenderse, Pues las tuyas no son ni están de concurso, Observó él mientras groseramente, quiero decir, con el dedo grosero, le hacía unas señas del todo obscenas a la dama en cuestión, Pero de aquí te has alimentado, te has agarrado, las has estrujado, masajeado, torteado, vaciado e incluso penetrado, Volvió a enlistar largamente ella, mientras con mirada lasciva se veía en el espejo de cuerpo completo la parte trasera, levantada quiero decir, del culo en cuestión, Pues déjame decirte enferma sexual, que tus nalgas no se parecen para nada a las blancas, suaves, tersas, paraditas, olorosas, ricas, apetitosas, comibles, estrujables, apachurrables, admirables, confiables, tocables, besables ¿ya dije suaves?, bueno otra vez, suaves, dulces aunque no rime y acariciables, Y cuando se dio cuenta que la lista se empezaba a alargar, Añadió, Nalgas de Martita, Ya se las habrás, E iba ella a repetir todo lo anterior pero se dio cuenta que era bastante largo y sólo dijo, Todo eso, Refiriéndose a todo lo que acababa de enunciar, No nada más se las besé, Clamó él dejando abiertamente la frase sin terminar, Que estúpido puerco eres, Calificó adjetivamente ella, Mira mira mira, Imitando frenéticamente a Pedro Infante él, mientras agregaba, Tú has de ser muy limpiecita, Lo soltó como si chistosamente se fuera oír él, mientras agregaba, Y qué me dices de cuando me lo hacías oral, Recriminó suplicantemente él, Bueno, observando cariñosamente a él, Porque tú también te bajabas, Tocándose cariñosamente la parte sentenció masturbadoramente ella, Bueno sí, pero yo no ando dándome baños de pureza, Dijo instantáneamente él, A todo esto, Replicó insistentemente ella, Por qué estamos peleando, Inquirió cuestionablemente, No sé, Contestó brevemente él, Y si ya le paremos, Propuso elocuentemente ella, Sería aburrido, no crees, Carraspeó dudosamente él, Es verdad, Afirmó tentativamente ella, Por algo decidimos vivir juntos, verdad, Preguntó vergonzosa a la vez que eufóricamente, Claro, Se apresuró a decir maquinalmente él, Tú de antemano sabíassss que incluso me cogí a Martita, no, Agregó dudosa y caprichosamente él, Ajá, Mugió tristemente ella, Como tú también sabías que me cogí al de matemáticas en el bachillerato, verdad, Dijo recordando satisfactoriamente ella, Eso no lo sabía, Dijo amorosamente él, Claro, amor, lo tuve adentro, muy adentro, Aclaró placenteramente ella, Hija de tu mentirosa madre, Acusó encabronadamente entonces él… |
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