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Friday, August 21, 2009

Y no más para que se den color de quién es Francisco Umbral, o quién era...

Aquí les dejo caer todo esto del maestro Francisco Umbral, chamacos pulgosos.

Tomado de wikipedia...

Francisco Umbral
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Francisco Pérez Martínez más conocido como Francisco Umbral (Madrid, 11 de mayo de 1932[1] - Boadilla del Monte, Madrid, 28 de agosto de 2007) fue un periodista, novelista, biógrafo y ensayista español.

Contenido [ocultar]
1 Biografía
2 Estilo literario
3 Obra
3.1 Narrativa
3.2 Ensayos y crónicas
3.3 Biografías y autobiografías
4 Premios
5 Referencias
6 Bibliografía
7 Enlaces externos



Biografía [editar]Nació en Madrid, en el hospital benéfico de la Maternidad, entonces situado en la calle Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés, el 11 de mayo de 1932, según ha dejado acreditado la profesora Anna Caballé en su biografía Francisco Umbral. El frío de una vida.[1] Su madre residía en Valladolid, pero se desplazó hasta Madrid para dar a luz con el fin de evitar las habladurías, ya que era madre soltera.[1] El despego y distanciamiento de su madre respecto a él habría de marcar su dolorida sensibilidad. Pasó sus primeros cinco años en la localidad de Laguna de Duero y fue muy tardíamente escolarizado, según se dice por su mala salud, cuando ya contaba diez años; no terminó la educación general porque ello exigía presentar su partida de nacimiento y desvelar su origen. El niño era sin embargo un lector compulsivo y autodidacta de todo tipo de literatura, y empezó a trabajar a los catorce años como botones en un banco.

En Valladolid comenzó a escribir en la revista Cisne, del S.E.U., y asistió a lecturas de poemas y conferencias. Emprendió su carrera periodística en 1958 en El Norte de Castilla promocionado por Miguel Delibes, quien se dio cuenta de su talento para la escritura. Más tarde se traslada a León para trabajar en la emisora La Voz de León y en el diario Proa y colaborar en El Diario de León. Por entonces sus lecturas son sobre todo poesía, en especial Juan Ramón Jiménez y poetas de la Generación del 27, pero también Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna y Pablo Neruda.

En 1959 se casó con María España Suárez Garrido, posteriormente fotógrafa de El País, y ambos tuvieron un hijo, «Pincho», que falleció con tan sólo seis años de leucemia, hecho del que nació su libro más lírico, dolido y personal: Mortal y rosa (1975). Eso inculcó en el autor un característico talante altivo y desesperado, absolutamente entregado a la escritura, que le ha suscitado no pocas polémicas y enemistades.

En 1961 marchó a Madrid como corresponsal del suplemento cultural y chico para todo de El Norte de Castilla, y allí frecuentó la tertulia del Café Gijón, en la que recibiría la amistad y protección de los escritores José García Nieto y, sonbre todo, de Camilo José Cela, gracias al cual publicaría sus primeros libros. Describiría esos años en La noche que llegué al café Gijón. Se convertiría en pocos años, usando los seudónimos Jacob Bernabéu y Francisco Umbral, en un cronista y columnista de prestigio en revistas como La Estafeta Literaria, Mundo Hispánico (1970-1972), Ya, El Norte de Castilla, Por Favor, Siesta, Mercado Común, Bazaar (1974-1976), Interviú, La Vanguardia, etcétera, aunque sería principalmente por sus columnas en los diarios El País (1976-1988), en Diario 16, en el que empezó a escribir en 1988, y en El Mundo, en el que escribió desde 1989 la sección Los placeres y los días. En El País fue uno de los cronistas que mejor supo describir el movimiento contracultural conocido como movida madrileña. Alternó esta torrencial producción periodística con una regular publicación de novelas, biografías, crónicas y autobiografías testimoniales; en 1981 hizo una breve incursión en el verso con Crímenes y baladas. En el año 2003, sufrió una grave neumonía que hizo temer por su vida.

En 1990 fue candidato, junto a José Luis Sampedro, al sillón F de la Real Academia Española, apadrinado por Camilo José Cela, Miguel Delibes y José María de Areilza, pero fue elegido Sampedro.

Ya periodista y escritor de éxito, colaboró con los periódicos y revistas más variadas e influyentes en la vida española. Esta experiencia está reflejada en sus memorias periodísticas Días felices en Argüelles (2005). Entre los diversos volúmenes en que ha publicado parte de sus artículos pueden destacarse en especial Diario de un snob (1973), Spleen de Madrid (1973), España cañí (1975), Iba yo a comprar el pan (1976), Los políticos (1976), Crónicas postfranquistas (1976), Las Jais (1977), Spleen de Madrid-2 (1982), España como invento (1984), La belleza convulsa (1985), Memorias de un hijo del siglo (1986), Mis placeres y mis días (1994).

Murió de un fallo cardiorrespiratorio el 28 de agosto de 2007 en el hospital de Montepríncipe, en la localidad de Boadilla del Monte (Madrid), a los 75 años de edad.


Estilo literario [editar]Su calidad literaria viene dada por su fecundidad creativa, su sensibilidad lingüística y la extrema originalidad de su estilo, muy impresionista, de sintaxis muy suelta, metafóricamente muy elaborado y complejo, flexible para los matices más esquivos de la actualidad, abundante en neologismos y alusiones intertextuales y, en suma, de una exigente calidad lírica y estética. Esta particularidad le hace especialmente intraducible y en consecuencia es un autor apenas vertido a otros idiomas y casi desconocido en el extranjero. Francisco Umbral es «uno de los primeros prosistas de la lengua española del siglo XX», según Fernando Lázaro Carreter, y Miguel Delibes lo califica como «el escritor más renovador y original de la prosa hispánica actual».

Como articulista practicó una especie de costumbrismo antiburgués que no renunciaba al yo más intensamente romántico e intentaba dar a lo cotidiano, en palabras de Novalis, la dignidad de lo desconocido, mezclando calle y cultura e impregnándose a veces de una desolada ternura. Como cronista político Umbral hizo gala, además, de una gran acidez y mordacidad y una increíble intuición para captar la epidermis oculta de los asuntos. En 1993 se vio envuelto en una agria polémica por llamar «paletos» a las personas de Aranda de Duero en una televisión nacional. El candidato a la presidencia del gobierno José María Aznar había sido recibido en esta localidad en loor de multitudes mientras que Felipe González había sido abucheado en la Universidad por esos mismos días. En ese mismo programa se produjo también la célebre anécdota, con Mercedes Milá, de "yo he venido aquí a hablar de mi libro"

Otros pasajes de su trayectoria columnística quedan expuestos en el libro "Ladrón de Fuego", de Gómez Calderón, profesor de la Universidad de Málaga que, hasta la fecha, ha realizado la aproximación más completa a la retórica del fecundo escritor madrileño.


Obra [editar]
Narrativa [editar]Su extensa producción narrativa, en la que resaltan los aspectos autobiográficos, está formado por una larga lista de títulos:

Balada de gamberros (1965)
Tamouré (1965)
Larra, anatomía de un dandy (1965)
Travesía de Madrid (1966)
Lorca, poeta maldito (1968)
Valle-Inclán, los botines blancos de piqué (1968)
Lord Byron (1969)
Si hubiéramos sabido que el amor era eso (1969)
Las vírgenes (1969)
Las europeas (1970)
Miguel Delibes (1970)
El giocondo (1970)
Lola Flores. Sociología de la petenera (1971)
Memorias de un niño de derechas (1972)
Amar en Madrid (1972)
Carta abierta a una chica progre (1973)
Los males sagrados (1973)
Spleen en Madrid I (1973)
Retrato de un joven malvado: memorias prematuras (1973)
Museo nacional del mal gusto (1974)
Crónicas antiparlamentarias (1974)
Las españolas (1974)
Travesía de Madrid (1974)
Diario de un snob (1974)
Diario de un español cansado (1975)
España cañí (1975)
Cabecitas locas, boquitas pintadas y corazones solitarios (1975)
Suspiros de España (1975)
La guapa gente de derechas (1975)
Mortal y rosa (1975)
Las ninfas (1975)
España de parte a parte (1976)
Crónicas postfranquistas (1976)
Mis mujeres (1976)
Retrato de un joven malvado (1976)
Los males sagrados (1976)
Iba yo a comprar pan (1976)
Las cartas (1976)
Mis paraísos artificiales (1976)
Los políticos (1976)
Las respetuosas (1976)
Teoría de Lola (1977)
Diccionario para pobres (1977)
Tratado de perversiones (1977)
La prosa y otras cosas (1977)
Las Jais (1977)
El hijo de Greta Garbo (1977)
La noche que llegué al Café Gijón (1977)
Los angeles custodios (1978)
Ramón y las vanguardias (1978)
Diario de un snob II (1978)
Los Amores diurnos (1979)
Diario de un escritor burgués (1979)
Teoría de Madrid (1980)
Los helechos arborescentes (1980)
A la sombra de las muchachas rojas (1981)
La bestia rosa (1981)
Spleen, cuaderno de Madrid (1981)
Crímenes y baladas. Antología de prosas líricas (1981)
Las giganteas (1982)
Las ánimas del purgatorio (1982)
Spleen de Madrid-2 (1982)
Diccionario cheli (1983)
España como invento (1984)
Trilogía de Madrid (1984)
Fábula del falo (1985)
Mis queridos monstruos (1985)
Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo (1985)
El Fetichismo (1986)
Guía de pecadores-as (1986)
La belleza convulsa (1986)
Memorias de un hijo del siglo (1987)
Guía de la posmodernidad (1987)
Sinfonía borbónica (1987)
Un carnívoro cuchillo (1988)
El día que violé a Alma Mahler (1988)
Nada en el domingo (1988)
La escritura perpetua (1989)
Guía irracional de España (1989)
El fulgor de África (1989)
Y Tierno Galván ascendió a los cielos (1990)
El socialfelipismo (1991)
Crónica de esa guapa gente: memorias de la jet (1991)
Tatuaje (1991)
Del 98 a don Juan Carlos (1992)
Memorias eróticas (1992)
Memorias republicanas (1992)
Memorias borbónicas (1992)
La leyenda del césar visionario (1992)
La década roja (1993)
Madrid 1940. Memorias de un joven fascista (1993)
Mis placeres y mis días (1994)
La rosa y el látigo (1994)
Las palabras de la tribu : (de Rubén Dario a Cela) (1994)
Las señoritas de Aviñón (1995)
Madrid 650 (1995)
Diccionario de literatura : España 1941-1995: de la posguerra a la modernidad (1995)
Los cuadernos de Luis Vives (1996)
Los cuerpos gloriosos: memorias y semblanza (1996)
Capital del dolor (1996)
La forja de un ladrón (1997)
Diccionario de literatura : España : 1941-1995 : de la posguerra a la posmodernidad (1997)
La derechona (1997)
La bestia rosa (1998)
Historias de amor y viagra (1998)
Diario político y sentimental (1999)
El socialista sentimental (1999)
Madrid XXIl (2000)
Madrid, tribu urbana (1999)
Los alucinados : personajes, escritores, monstruos. Una historia diferente de la literatura (2001)
Un ser de lejanías (2001)
La república bananera USA (2002)
Cela : un cadáver exquisito (2002)
¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary? (2003)
Los metales nocturnos (2003)
Crónica de las tabernas leonesas (2004)
Días felices en Argüelles (2005)
Sofía Morales (2005)
Amado siglo XX (2007)
Carta a mi mujer (2008)
Obra poética 1981-2001 (2009)

Desde 1985 Umbral inició una serie de novelas sobre los hechos más importantes de la historia de España en el siglo XX, a semejanza de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós para el siglo XIX.


Ensayos y crónicas [editar]También escribió un ensayismo muy personal en títulos como La escritura perpetua (De Rubén Darío a Cela) (1989), Las palabras de la tribu (1994), Diccionario de literatura (1995), Madrid, tribu urbana (2000) o Los alucinados (2001). En Cela: un cadáver exquisito (2002), ofrece su personal interpretación del que fue su protector y amigo y en ¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary? (2003) ofrece una colección de cuarenta semblanzas breves de sus escritores preferidos. Como cronista, publicó Y Tierno Galván subió a los cielos (1990) donde analiza líricamente la transición política de España desde el fallecimiento de Franco en 1975 hasta el entierro de uno de los alcaldes más queridos de Madrid en 1986; en El socialfelipismo: la democracia detenida (1991) y La década roja (1993), desmenuza la presidencia ejercida por Felipe González y en La República bananera USA, que versa sobre los hechos ocurridos el 11 de septiembre en Nueva York, la guerra de los Estados Unidos en Afganistán y el gobierno de George Bush (2002). Su preocupación por el lenguaje se muestra en el Diccionario para pobres (1977), el Diccionario cheli (1983) o Las palabras de la tribu (1994).


Biografías y autobiografías [editar]Ha publicado además ensayos biográficos y literarios con puntos de vista originales sobre autores clásicos de la literatura del XIX y del XX, como Larra, anatomía de un dandy (1965), Lorca, poeta maldito (1968), Ramón y las vanguardias (1978) y Valle-Inclán: los botines blancos de piqué (1997) y otras más bien divulgativas como Valle-Inclán (1968); Lord Byron (1969); Miguel Delibes (1970); Lola Flores, sociología de la petenera (1971). Un capítulo especial en este apartado lo ocupan los libros autobiográficos, aunque la autobiografía inunda también toda su obra narrativa y periodística, entre los que cabe destacar La noche que llegué al café Gijón (1977), Memorias eróticas (Los cuerpos gloriosos) (1992), El hijo de Greta Garbo (1977) y sus memorias periodísticas Días felices en Argüelles (2005).


Premios [editar]Obtuvo el Premio Nacional de Cuentos Gabriel Miró en 1964 con Tamouré y fue finalista del premio Guipúzcoa el mismo año por su novela corta Balada de gamberros. En 1965 su cuento Días sin escuela consigue el Premio Provincia de León. A fines de los sesenta es finalista al premio de cuentos Tartessos por Marilén otoño-invierno. Es finalista del Premio Elisenda de Moncada por 'Si hubiéramos sabido que el amor era eso' (1969).

En 1975 obtiene el Premio Carlos Arniches de la Sociedad General de Autores y ese mismo año el Premio Nadal de novela por Las Ninfas.

Ya en los años 80 Premio González Ruano de Periodismo en 1980 por su artículo El trienio, publicado durante su etapa en El País; fue finalista del Premio Planeta en 1985 con Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo.

En 1990 obtiene el Mariano de Cavia por su artículo periodístico Martín Descalzo, ya de su etapa en El Mundo y el Premio Antonio Machado con su narración corta Tatuaje. En 1992 su novela Leyenda del César visionario obtuvo el Premio de la Crítica 1991. En 1994 logra el Premio Juan Valera de literatura epistolar y el VII Premio Nacional de Periodismo de la Fundación Institucional Española. En 1995 recibe el Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos. En 1996 es Premio Príncipe de Asturias de las Letras; en 1997 es premio Fernando Lara por La forja de un ladrón. En 1997 el Ministerio de Cultura le otorga el Premio Nacional de las Letras Españolas por el conjunto de su obra y se le conceden la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y el premio León Felipe a la Libertad de Expresión. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (1999). En el año 2000 obtuvo el Premio Cervantes y en 2003 el Premio de periodismo Mesonero Romanos.


Referencias [editar]↑ a b c Caballé, Anna: Francisco Umbral. El frío de una vida, Espasa-Calpe, 2004, pp.67-69. ISBN 978-84-670-1308-5.

Bibliografía [editar]Armañanzas, Emy y Fernando Sánchez Gómez (2008): "La muerte de Francisco Umbral, acontecimiento cultural en prensa" en Tonos, Revista Electrónica de Estudios Filológicos, nº XVI, Universidad de Murcia. ISNN 1577-6921

Anna Caballé, Francisco Umbral. El frío de una vida, Espasa-Calpe, 2004. ISBN 978-84-670-1308-5
María P. Celmar, Francisco Umbral, Valladolid: Universidad, 2003. ISBN 978-84-8448-223-9
Javier Villán, Francisco Umbral. La escritura absoluta, Madrid: Espasa Calpe, 1996. ISBN 978-84-239-7823-6
Antonio López de Zuazo Algar, Catálogo de periodistas españoles del siglo XX. Madrid, 1981. ISBN 978-84-86227-81-4
EntreRíos. Revista de Artes y letras nº 2, primavera verano, 2005 (Monográfico dedicado a Francisco Umbral con diversos estudios, un texto inédito y una selección de fragmentos de sus obras) Asociación Minerva de Artes y Letras (Granada).
Gómez Calderón, Bernardo, Ladrón de fuego: la obra en prensa de Francisco Umbral. Málaga, 2004 Asociación para la Investigación y el Desarrollo de la Comunicación. ISBN 84-609-3181-1

Comparto la opinión


El maestro Francisco Umbral, fallecido en 2007.



Tomado de http://www.diariodecolima.com/opinion.php?var=2669
El día 21 de agosto de 2009

Despacho político
ARMANDO MARTÍNEZ DE LA ROSA


Una brigada de muchachos sudamericanos inquietos, informan las agencias internacionales de noticias, se ha dado a la tarea de recuperar la grafía de los acentos y salieron, brocha en mano, a ponérselos a los anuncios callejeros que no los tienen.
Hay que echar un ¡ole! a todo pecho por esos jóvenes capaces de exigir que se respete la lengua de sus ancestros, que es la suya propia, ahora vilipendiada y destrozada por publicistas tan ignorantes como impunes que se las dan de ingeniosos, por ciertos profesores que lindan con el analfabetismo y por no pocos periodistas que desprecian, acaso por desconocimiento, tal vez por haraganería intelectual, su herramienta principal, el idioma.
Ya era hora de que algunos jóvenes tomaran en sus manos la defensa de la buena escritura que otros también jóvenes ignoran o desprecian y asesinan en mensajes de telefonía celular escrita.
Establecer las reglas ortográficas del castellano y, sobre todo, hacerlas respetar, para mejorar la comunicación escrita, ha costado siglos. Cuando se leen documentos de los siglos púberes de nuestro idioma, la arbitrariedad del escribano o del cronista dictaba la regla a su gusto y a su modo, aun en la misma página. Bueno, no había reglas, digamos en su descargo.
La ortografía facilita el entendimiento entre quienes escriben y quienes leen. Los paleógrafos, en una suerte de ejercicio arqueológico del idioma, nos hacen claros los documentos oscuros del pasado. Me refiero, claro, a los buenos paleógrafos, los que estudiaron la ciencia de la paleografía, no los improvisados, que los hay y lo presumen.
Cosa aparte es la libertad de hacer y deshacer las palabras en el arte literario, particularmente en la poesía. La lengua cambia con sus hablantes -ya lo decía hace buen tiempo Miguel de Cervantes, en boca de Don Quijote-. Pero a su proceso de transformación ni le corre prisa ni le agobia horizonte. Su rigor es otro, mientras en el arte la anarquía es sana práctica.
Como si se tratara de contrarrestar a los jóvenes de los acentos, una agencia de noticias reprodujo el miércoles -acaso a falta de mejores materiales periodísticos- la absurda recomendación del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, de “jubilar la ortografía” y su admonición de “enterremos las haches rupestres”, entre otras tonterías del brillante escritor. Sugerencias contenidas en su ponencia Botella al mar para el dios de las palabras, presentado al Tercer Congreso de la Lengua Española, organizado en Zacatecas, en el ya lejano 1997.
Proponerlo era innecesario. A la ortografía la está jubilando la educación deficiente y la ignorancia gramatical que genera la pobreza al impedir el acceso de los muchos a la buena escuela. Con toda su autoridad de gran escritor y Nobel, el colombiano decreta el nacimiento de una Babel contemporánea en donde terminemos por no entendernos entre los hablantes del castellano. Para fortuna de todos, nadie le hizo caso, pero sí tuvo al menos una respuesta brillante.
Y si una agencia de noticias resucitó el asunto doce años después, me siento en derecho de traer yo la respuesta felizmente irónica y oportuna que García Márquez obtuvo de Francisco Umbral, periodista español y brillante narrador, en su columna Los placeres y los días, en el diario madrileño El Mundo.
Hela aquí:


“Los placeres y los días
Jarzia Marques
FRANCISCO UMBRAL
Lo escribo así, Jarzia Marques, a ver si le gusta al gran prosista colombiano, que ahora maldice de la hache y todo lo demás. Cuando le dieron el Nobel, él ponía todas las haches en su sitio. Cien años de soledad es novela que tiene unas haches cojonudas. ¿Por qué la ha tomado ahora con la hache?
La ortografía, ciencia modesta, es el andamiaje del idioma. América ha enriquecido mucho el español de España, desde Rubén Darío al propio García Márquez, por no salirnos de lo contemporáneo. Y ha tenido muy buenos especialistas, como Bello, Cuervo, etc. Si se trata de ir contra España, me parece que se equivocan de enemigo. Su enemigo son los Estados Unidos, que les tienen colonizados mediante el inglés comercial y literario. Pero parece que tragan esta colonización material e intelectual incluso con orgullo, mientras van a vengar una afrenta de hace 400 o 500 años talando la hache como se tala un árbol. Fidel Castro, buen amigo de García Márquez (y a quien seguimos admirando los castristas españoles), lleva 30 años tratando de escolarizar a su pueblo, pues, en buen marxismo, el idioma es una herramienta que, en manos del pueblo, sirve para pedir lo justo, denunciar lo injusto, trabajar en algo, hacer acto de presencia y luchar por lo suyo. ¿Y qué van a hacer los niños cubanos con una gramática que se les deshace entre las manos?
García Márquez sabe que por cada boquete que se le abre al castellano entrará el inglés a bocanadas. El idioma es una empalizada, la última que le queda al Tercer Mundo para defenderse del coloso triste del Norte.
Eso de jugar con las letras, quitar y poner puntos, cambiar la ortografía, ya lo hicieron Mallarmé, Apollinaire, Juan Ramón Jiménez entre nosotros, todas las vanguardias de hace casi un siglo. Son juegos burgueses de señoritos ilustrados, cosa elitista que nunca ha trascendido a la gente. Suponemos que García Márquez tampoco quiere caer en eso. Las herramientas y los fusiles del pueblo tienen que estar en buenas condiciones, bruñidos de uso y cuido, para la hora del trabajo o la vindicación. «Jubilemos la ortografía», ha dicho el escritor en Zacatecas. Este impar prosista a lo mejor se está jubilando a sí mismo y no lo sabe. El pueblo quiere aprender a escribir una carta correctamente. Son los estilistas caprichosos y minoritarios quienes hacen gracias con la ortografía y la tipografía. La ortografía, aunque de origen azaroso, como el idioma mismo (cualquier idioma), necesita solidificarse con el uso del autor y el lector. Prefiero una hache edificada a un revuelto de letras con fríjoles o frijoles o como coños quieran llamarlo ahora. La ortografía es la armadura de la palabra, la palabra es la avena loca del idioma, el idioma es la panoplia del pueblo sin panoplias.
A uno todo esto de Zacatecas no le suena a literatura, sino a política. Por Méjico andan emergiendo dialectos indios muy adecuados para la lucha contra el Gobierno y su jerga, que es el solemne castellano. Eso está bien y nos devuelve a la realidad legendaria del nativismo. Los indígenas quizá odian el «latín» del Poder, mas, para ponerse de su parte (que es lo que hay que hacer), no basta con quitar y poner comas, tildes, minucias. Es mejor coger un fusil. O callarse, maestro”. (Publicado en el diario español El Mundo, el 10 de abril de 1997).

Thursday, August 20, 2009

"No consigo andar por el mundo tirando cosas "...Un texto de Eduardo Galeano

ESTE ARTÍCULO DEBERÍA MÁS BIEN, SER DIRIGIDO A LOS MENORES DE CUARENTA PARA QUE COMPRENDAN LA MANÍA DE GUARDAR PARA CUANDO SE OFREZCA AUNQUE CON ELLO OBSTRUYAMOS LA ENTRADA DE LA PROSPERIDAD.


Eduardo Galeano, Periodista y escritor Uruguayo (Para mayores de 40)



El maestro Eduardo Galeano.


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! ¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida! ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces. ¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... 60 años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! ¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado. Hasta aquí Eduardo Galeano.

A poco no está sabrosona

A esta chica, que salía en la niñera, al lado de Fran Drescher, la podemos ver moverse, y moverse muy bien, en la serie "Californication".



Chamacos piojosos, hay se las dejo caer.




Quién se anima pulgosos.



La última y se van a la verch, escuincles endemoniados. Óraleeeeeee!!!

Wednesday, August 19, 2009

Más...

Hay les dejo caer a la Medeline Zima