Café exprés

Esta pandemia que nos mantiene
resguardados en casa desde hace ya varios días, y que parece extenderse mucho
más. Ha afectado a millones de personas en el mundo entero, causando la muerte
de miles más. México no ha sido la excepción y al corte del día de hoy registra
un total de 1859 decesos por Covid-19; yo vivo en un estado pequeño (que apenas
tiene diez municipios), de esas 1859 muertes por Covid que se han registrado en
territorio nacional, Colima tiene tres y estas tres han sido en el puerto de
Manzanillo (y yo espero fervientemente que el número se quede exclusivamente en
tres). Esto no quiere decir que la población entera se ha resguardado
complemente en casa, que ha respetado la sentencia, vaya. No. Y es que no se
puede respetar esto de #QuédateEnTuCasa en un país donde si no sales a trabajar
simple y sencillamente no llevas el sustento a casa, eso hay que entenderlo y
ponernos en los zapatos de tantísima gente que, a fuerza de su propia voluntad,
tiene que salir y trabajar o que en casa vive una situación complicada y no quiere
estar ahí, punto. Yo he salido a la calle a lo mínimo indispensable que es ir
por comida y por agua (lo más que he hecho es ir al Seguro Social un par de
veces y una más a hacer trámites para la guardería de mi hijo, porque la vida
sigue y los días pasan aunque uno esté en medio de una pandemia como la que nos
aqueja). Todo este verbo mareador es para explicar que esto ha modificado
nuestro patrón de vida y nos ha llevado al famoso «trabajo en casa» (que no lo
diré en inglés como muchos de los mortales que se quieren sentir anglosajones
aunque sea con un solo término). El trabajo en casa está a todo dar, la verdad;
uno, no me tengo que levantar todos los benditos días a las madrugadoras cinco
de la mañana (aunque créanme que el cuerpo se acostumbra y me sigo levantando a
esa hora pero para hacer lo que me gusta que es leer, he leído varios libros
que tenía pendientes), en caso contrario me levantaría a esa hora a seguir una
rutina nefasta que va del baño a la recámara para estar listo e ingresar a mi
lugar de trabajo a las siete de la mañana y continuar con otra rutina que
parece no tener fin, como esta pandemia; dos, no tengo el maldito estrés del
tiempo, mi vida ha sido agitada y como siempre me gusta ser puntual, esto es un
martirio (martirio para las personas con las que vivo que les cuesta un poco de
trabajo la puntualidad); tres, no he gastado un solo peso en gasolina (vaya, sí
he usado el vehículo en estos días, sí he puesto gasolina, pero no cada semana
o cada tercer día o cada dos, como lo hacía antes), así que el ahorro ha sido
notorio amén de que antes el litro costaba casi veinte pesos y se ha reducido a
catorce, a veces trece y si tienes un poco de suerte lo encuentras hasta en
doce pesos; cuatro, mi oficina está a unos pasos de mi recámara, esto es
maravilloso porque puedo meterme a bañar, me seco rápidamente y casi casi estoy
listo para ponerme a trabajar, sin ir más lejos, el otro día tenía una reunión
de esas virtuales con algunos compañeros/as del trabajo, la hora fijada para la
tal reunión fue a las seis de la tarde, eran las cinco y media y yo seguía sin
bañarme, en la mañana trabajé, cociné, limpié mi casa y jugué con mi pequeño,
dieron las cinco cuarenta y cinco y decidí meterme a bañar, cinco minutos
después (porque los hombres nos bañamos en cinco minutos) salí, y listo, estaba
en mi oficina, eso sí, me tuve que poner un pantaloncillo corto y una playera,
me acicalé un poco el cabello y listo, no tuve que hacer más; seis, la ventaja
de trabajar en casa es que puedes hacerlo en pants sin que te tachen de mal
vestido, de vicionudo, de cuachalote y demás, entonces se ha notado también el
ahorro en prendas de vestir, por ejemplo, el par de zapatos que compré para
este semestre sigue como nuevo, en su caja original, empolvándose en el armario
de mi casa, sí, me la he pasado en chanclas, a veces de esas calzaletas o a
veces crocs para no perder el bendito estilo, aunque más bien son caras, porque
de estilo no tienen mucho, eso sí, son comodísimas (y siempre hay que buscar la
comodidad) excepto cuando empieza a sudar la pata; siete, puedo beber un trago
de mi, vaya la rebuznancia, bebida favorita pero aquí entramos en
complicaciones severas, resulta que mis bebidas favoritas son las que tienen
alcohol (whisky, cerveza, vodka, ron, tequila), sin embargo si yo hiciera esto
en el trabajo sería tachado de alcohólico (seguro estoy que hay otros más
ebrios que yo y rondan las oficinas que rondo yo) pero bueno a la mejor yo sí
soy alcohólico, a la mejor, pero pues
qué les importa, nadie salvo yo me pago ese vicio, como nadie salvo yo me pago
ese otro de acumular muchos libros, así que si no les pido dinero para mis
vicios, por favor déjenme en paz, pero bueno, estoy en la libertad que me da mi
casa y puedo entonces beber lo que se me dé mi regalada gana, así que voy al
refri, destapo una cerveza, en lunes, sí en lunes laboral y a disfrutar; ocho,
el esfínter también se relaja estando en casa porque yo no recuerdo ir, en la
oficina, tantas veces al baño como lo hago estando en mi trabajo en casa;
nueve, no tengo un horario establecido, soy de las personas que funciona más en
la mañana y en la noche, en la tarde me apendejo, el calor me aletarga, no sé,
el trabajo en casa me ha ofrecido la posibilidad de realizarlo a la hora que se
me venga mi regalada gana y avanzar. Pero después de este paraíso terrenal,
porque la verdad es que es un verdadero paraíso terrenal estar trabajando desde
casa porque uno puede estar comiendo a la hora que también le dé su rechingada
gana, después de todo esto y de que entre trabajo y trabajo puedo chingarme una
película, una serie, oír mi música favorita o leer… después de todo esto viene
lo que he catalogado aquí como ciertas desventajas de estar haciendo el trabajo
desde casa; uno, el trabajo desde casa es ideal pero cuando eres soltero, y me
explico, en casa somos tres almas adultas y un bebé, esas almas adultas
necesitan los equipos para también, hacer trabajo en casa, el adolescente tiene
que estar conectado en la computadora de escritorio porque él tienen clases en
línea, la mujer necesita estar conectada porque tiene una carga de trabajo
interesante que tiene que resolver y yo necesito estar conectado porque siendo
descoordinador de una carrera se ofrecen cosas que, bueno, requieren solución,
el problema es que tenemos sólo dos computadoras, aquí alguien tiene que
esperar su turno al bat (en términos de béisbol) y como yo funciono más en la
noche, me aplico en la noche, pero resulta que mis compañeros/as quieren
reuniones en la mañana, todo lo hacen en la mañana y pues en la mañana yo no
estoy o sí, a veces (ya me pasó que en una reunión no pude estar, vamos, ni me
enteré que hubo reunión hasta que vi mis mensajes en el teléfono); dos, el bebé
de tres años (que todavía es bebé y aún no se vale por sí sólo), ese pequeño
terremoto necesita que alguien juegue con él, que lo acompañen al baño, que le
lean un cuento, que le hagan de desayunar cosas ricas como las que hacen en su
estancia infantil, que le presten el teléfono celular para ver sus videos,
vaya, el pequeño Ricardo no sabe de pandemias, él quiere ir a la playa, ir al
parque, salir a jugar con sus amiguitos/as, frecuentemente nos pregunta por
ellos/as y ahí tengo que inventarle una historia de amor, porque este resguardo
domiciliario es una bella historia de amor y de quererse, así que hay que
dedicarle tiempo al bebé, en tanto el grueso de la familia utiliza los dos
equipo que hay en casa; tres, regreso a esos equipos porque quizá sea el punto
medular del trabajo en casa, los equipos que tenemos son modestos, no tenemos
grandes programas o paquetes para edición de videos, edición de audio, no, no
los tenemos, amén de que son equipos propios y no de la oficina los que estamos
gastando y utilizando hasta en jornadas dobles o triples… ¿si se me llegara a
joder mi máquina, el gobierno, la universidad, los institutos me la van a
reponer?, claro que no, lo tengo que hacer yo mismo, de hecho estoy analizando
la posibilidad de hacerme de otro equipo, pero resulta que, a estas fechas,
todas las tiendan están cerradas; cuatro, lo que me lleva a este punto, los
jefes/as, sabedores de que uno está en casa han de creer que la cosa es fácil y
que estamos disponibles a toda hora; para ellos no hay puentes, fines de
semana, horarios, piensan que no hay que hacer el desayuno, que no hay que hacer
la comida, que no hay que barrer, trapear (y ahora con esta enfermedad esta
actividad hay que hacerla dos veces al día y con Pinol y Cloro para
desinfectar), que no hay que lavar platos y/o ropa, y no sé qué piensan los
jefes o compañeros/as de trabajo (y no es reclamo eh, no, no lo es, sólo es un
punto de vista), porque resulta que todo urge, todo es para yayaya, que los de
arriba piden formatos, cartas, constancias, programas y todo es papeles,
obsoletos papeles, y para los jefes/as parece que no hay horario y piden,
piden, piden como para darse cuenta o no… de que uno está trabajando con todos
los pros y con todos los contras en y desde casa, de estos mismos pros y
contras que estoy enlistando u otros. No, señores/as, si esto del trabajo en
casa va a ser de aquí en adelante una constante, creo que tenemos que poner
horarios y días, yo mismo he contestado mensajes de whats (laborales los
mensajes) a las cuatro de la mañana, lo he hecho en sábado y en domingo, me
llegan correos en la madrugada (entiendo que haya compañeros/as que a esa hora
pueda trabajar porque esto mismo que estoy diciendo aquí o por otra razón, pero está cabrón, oigo mi
celular y ya pienso que es cosa del trabajo, lo pongo en silencio y luego no
oigo otras llamadas de la familia que son importantes o de si me gané un premio
literario o no, en fin, ahora entiendo los ataques de ansiedad) y, si lo vemos
así, estas vacaciones no pude salir con mi familia a ningún bendito lugar, sí,
nos amamos, nos queremos, nos adoramos, pero también el roce diario y continuo es
desgastante, mi mujer ve el tiradero que deja el bebé y se quiere volver loca,
yo igual, pero me sereno, inhalo y exhalo, amén de que el pequeño Ricardo ya
está harto del encierro; cinco, tengo familia con enfermedades crónicas y adultos
mayores que son propensos a este ataque llamado Covid-19, mi padre trabaja en
el taxi y pues mucha gente en la calle no hay (su fuerte son los estudiantes),
así que su ingreso bajó considerablemente, amén de que está a cargo de mi
madre, enferma, de mi tía coca, también enferma y de mi abuela, no es para nada
fácil y cuando no es una es otra y pues uno tiene que estar al pendiente,
llevar comestibles y apoyar de alguna forma. Así están las cosas en el trabajo
desde casa, quizá se me escapan muchas más, el calor, por ejemplo, no tengo en
mi casa un aire acondicionado, me la vivo con un ventilador que hace un ruido
de la chingada y avienta aire caliente. De pronto todo se acumula, quejas de un
sector, quejas y estrés del otro, entrega inmediata de algo que no tiene pies
ni cabeza. ¿Qué tal que esta pandemia decide matarnos a todos? Para qué,
entonces estresarnos con funciones que, no sabes cómo vayan a seguir. De seguro
la vida de ahora en adelante va a ser diferente, quizá tengamos que vivir
acostumbrados a esta pandemia o con ella a un lado, quizá. Viene una crisis
severa y muy fuerte en muchos aspectos y eso es innegable. Simplemente me estoy
desahogando un poco porque hoy fue un día de verdad de mucho estrés, como el
que nunca había vivido. Por todos lados piden y piden cosas y todavía hay
quienes nos dicen que grabemos un video para promocionar la lectura, que
hagamos una convocatoria para un concurso de cuento, que seamos jurados en
concursos de escritura creativa, que les mandemos actividades a los chicos y
chicas, que pongamos en función nuestros talleres o, ahora que tenemos mucho
tiempo, revisar los cuentos y las novelas de ene, ye o zeta. Está cabrón. Que
este texto sea una tabla de salvación para alguien más que se halle en medio de
un ataque de ansiedad. A mí me ha relajado escribirlo y externarlo y jamás
había sentido un ataque igual, vaya, ni siquiera sé si sea un ataque de
ansiedad como tal o sólo un momento. Como dice esa frase que ronda por ahí en
las redes sociales: «No. No estás trabajando en casa. Estás en casa, en medio
de una crisis, tratando de trabajar». Punto, fecha y firma, así lo dejo
escrito.