
Cronicario
La charrería, no es signo de buena política
Alberto Llanes
Luego del mal gobierno de Vicente Fox (y yo que voté por él, lo reconozco), quedó demostrado que la charrería no es señal de buena política. El presidente necio (del hoy, hoy, hoy) y refresquero por antonomasia, nos convenció a todos con sus puntadas “charrezcas” y sus botas y sus tepocatas y víboras prietas y sus “V” de victoria (aunque yo hubiera preferido que fueran de Vendetta, sólo para que nos recordara la hermosura de Natalie Portman, en fin).
Así nos ganó el presidente más charro (en todos los sentidos) que ha tenido México. Luego vino su debacle, su fama y/o popularidad (como se le quiera llamar) se estropeó o la estropeó él mismo en un santiamén; y tras el fracaso de su matrimonio (fracaso para México, no para Martita ni para él), las rancheradas se vinieron como en cascada, una tras otra (como dijera Paco Stanley).
Primero, las toallas y sábanas carísimas, en tanto que miles de mexicanos se morían y aún hoy, siguen muriendo en la hambruna y pobreza y marginación totales. Y tantos y tantos episodios cómicos y vergonzosos que se atrevió a pasar poniendo a México en ridículo (si ya de por sí) como en esa ocasión del premio nobel peruano (sic) Gabriel García Márquez.
En fin, pobre del gremio de los charros, si alguien le hubiera reclamado a ese presidente balín algo deberían haber sido ellos, por que su imagen, con este preciso que tuvo el país, quedó muy mal parada. En fin.
Yo no tenía la desgraciada fortuna de conocer a nuestro gobernador de lujo Mario Anguiano Moreno, hasta un evento realizado el sábado anterior en lo que serán las instalaciones de Altozano, el residencial que, como su slogan lo dicen “cambiará la forma de vivir de los colimenses” y yo me pregunto, ¿y qué colimense, trabajador clasemediero, o sea, honesto, que no sea ni narco ni político (que hay se van ambos trabajados en degradados últimamente), sino que sea un trabajador normal, promedio, con un sueldito base de 7 mil pesos (cuando más cuando menos) al mes, podría pagar esos “lujos” que nos tienen reservados los Brun? Nadie, para acabar pronto.
Pero decía, que yo no tenía la desgraciada fortuna de conocer a nuestro gober (precioso) sino hasta ese evento. Maldita sea la hora en que estuve ahí, pero funcionó para observar algunos detalles con precisión. Para empezar, me di cuenta que su popularidad está cayendo; si entró al gobierno de Colima con una popularidad más o menos alta, ésta se ha venido abajo poco a poco de forma para nada sorpresiva, luego de tan incómoda que está la gente con un charro más al frente del gobierno, (igualito que le pasó a Fox en su primer trimestre como presidente de todos los mexicanos y mexicanas).
Anguiano Moreno no ha hecho sino correr a miles de empleados de “su mismo gobierno” (o del que le antecedió), dejando a “N” número de familias en el abandono económico y eso que votaron por él, yo conozco a varios. Luego hizo, según él porque nadie se dio cuenta un programita de 100 días 100 actividades que, siendo sinceros, yo no vi esas 100 acciones en los famosos 100 días.
Segundo, en ocasiones pasadas, cuando me tocaba estar en algún evento con el gober presente, se le tenía respeto a su investidura, ahora no, máxime cuando él, el propio gober, pobrecito, es un charrito que no se quiere bajar de su caballito y asiste a un evento, donde va la crème de la crème de Colima, con unas botitas mineras (como si el campo fuera a estar minado o fuera a hacer trabajos forzados), un pantalocinto de mezclilla (rancherito casi marca Yale o Renegado que no iba para nada con las botas mineras, pero sí le podrían quedar a unas de cuello de víbora, claro, si las víboras tuvieran cuello) y una camisita de manga larga a rayas bastante fuera de lugar, por Dios, ¿que no tiene quién lo asesore en casa?
Los demás personajes íbamos adhoc al lugar, al día, a la vegetación etc., guayabera (refrescante), pantalón de lino o de vestir y zapato casual, algunos con sombrero (no vaquero, porque nuestro gober siempre anda pensando en rancheradas) y todos bien vestidos y de acuerdo a la ocasión. Pobre de nuestro gobernador, por eso le llueve sobre mojado y todavía derrapa el pobre.
Pero bueno, todavía supiera hablar, pero no, ni eso. De estar hablando en plural de pronto se deja venir en singular y es un relajo entender lo que quiere decir con su vocecita tipluda y al mismo tiempo amanerada, y esa sonrisa, caray, como si el horno estuviera para bollos y su antecesor no hubiera dejado un boquete millonario que éste no quiere, no puede o le tiembla la mano enfrentar.
Yo no entiendo como los charros no hacen algo para que no sigan fregando su imagen. Ya pasó con Fox, está pasando con Anguiano y ellos tranquilos. Las nueve y sereno.
No tengo nada contra el gremio de la gente que se dedica a la charrería, al contrario, creo que debe haber gente de muy buena estirpe, pero sin embargo, estos políticos “charros” están ensuciando esa imagen que se han ganado con el paso del tiempo. Y que quede claro, la charrería no es signo de buena política. Y nuestro flamante gobernador, de lujo, está en picada. Punto fecha y firma, así lo dejo escrito.