Saturday, June 27, 2020
Thursday, June 25, 2020
Tuesday, June 23, 2020
Cubrebocas en días de Covid
Café exprés
He retomado, en estos días, una
actividad que había dejado de hacer: Caminar por las mañanas y recorrer mi
ciudad. Le digo mía aunque no haya nacido en ella porque así la siento, mía,
compartida con muchos colimenses más, pero mía a final de cuentas.


El uso del
cubrebocas entonces, en estos días de pandemia se hace inevitable, más cuando
los casos en nuestro estado y país, como búlgaros, van en aumento de un día
para el otro. Las autoridades que, dicho sea de paso, desde el gobierno federal
han actuado extremadamente mal en medio de esto que nos aqueja a todos, parece
que han doblado las manos y han dejado que la sociedad se cuide. Craso error.
La sociedad ha
salido a la calle (entiendo que luego de una temporada de encierro sí, de
encierro porque eso fue lo que sucedió) ha salido a tomar las calles vuelta y
esto parece un caos que aumentará el número de contagios sin ton ni son.
Hay
cubrebocas que lo asfixian a uno, otros menos complicados que permiten el paso
del aire más o menos bien; mascarillas con las cuales ocultamos en cincuenta
por ciento del rostro, aunque yo, con mis gafas oscuras, cubro la totalidad de
la cara y más cuando le añado un pañuelo a la cabeza ocultando mis verdaderas
intenciones que, no son otras sino salir a caminar por las mañanas, cuando la
gente todavía duerme, claro, lo hago con un poco de miedo, los asaltos, los
secuestros están a la orden del día, pero luego pienso… ¿quién podría
secuestrar a un pobre universitario del que nadie da un peso? Entonces llego a
mi casa, veo el facebook y me encuentro con la noticia y la respuesta; hay
cientos de personas desaparecidas que se dedican a algo similar que yo, y me da
miedo no regresar a mi casa, con mi familia, con mis hijos… que me esperan.
La
actividad física es benéfica para el organismo, eso lo sabemos de sobra.
Recorrer las calles en hora matutina (como lo he hecho en estas últimas
semanas, cuando la gente aún duerme), me ha dado la posibilidad de ejercitar mi
cuerpo, de oxigenar el cerebro, de resolver historias que han habitado mi mente
por cierto tiempo, de conocer las ofertas del Oxxo, de ver a más gente que sale
temprano a trabajar o a hacer esta misma actividad que hago yo (cada persona cargando
a cuestas una historia bien diferente), me he dado cuenta que la economía no
aguanta ninguna cuarentena y menos en este país donde vivimos al día y,
lamentablemente, el gobierno no tiene un proyecto para salvaguardar los
pequeños comercios ni los grandes, este gobierno parece que va para ningún
lado, haciéndose bolas como desde el inicio de la administración, esta
actividad me ha ayudado para olvidar, aunque sea por hora u hora y media,
olvidarme de la salud que padece mi madre en estos momentos y que es delicada,
muy delicada, también me ayuda para olvidar los problemas del trabajo y el
exceso del mismo que se ha desatado en estos días.
Por otro lado
esta pandemia sólo ha dejado ver una cosa, la nula acción y el poco criterio de
los que gobiernan ahora el país y ha dejado al descubierto todo lo que ya
sabemos, pero lo ha hecho más visible, las instituciones no cuentan con los
recursos, el material y personal mínimo necesario para sobrevivir a una
pandemia como la que estamos atravesando. Y eso que ya mero vamos a regresar a
la actividad normal, esto será un completo caos.
El
mi recorrido matutino a veces me pongo el cubrebocas, a veces me lo guardo en
el bolsillo, porque uno suda, uno tiene que jalar aire y el cubrebocas a veces
impide esta actividad, veo, sin embargo, que miles deambulan sin el mínimo de
protección, sin la sana distancia, veo las filas interminables en los bancos
(quienes, por supuesto, también están rebasados y su servicio es pésimo), veo
que la gente escupe en la calle, casi casi te estornuda por un lado y me doy
cuenta que, como sociedad, tampoco estamos preparados, llevo mi cubrebocas en
la bolsa y a veces lo uso, a veces, cuando tengo que jalar aire porque camino a
paso acelerado me lo quito, cuando ya casi voy a llegar a mi lugar de destino,
me lo quito, cuando lo siento muy mojado de sudor, me lo quito, pero llevo mi
cubrebocas en la bolsa porque esa, esa es ahora mi… nuestra nueva realidad…
Por
cierto, hay una promoción de cerveza de Trigo (nueva) en el modelorama de
Avenida de Los Maestros, de todo esto me he dado cuenta ahora que he retomado
esta actividad de caminar…
Carta a la ACPE
Café exprés
Hoy día se cumple un año que entró en funciones la nueva
administración de la ACPE (Asociación Colimense de Periodistas y Escritores),
precedida por el maestro Julio Alberto León Pérez; yo me incorporé a la ACPE
hace dos años, en la dirección del querido Miguel Delgado, así que la
administración del maestro Julio es la primera que me toca desde su inicio y
esperemos hasta su final, sin embargo, la contingencia ambiental por el
coronavirus vino a trastocar todo el panorama y ahora, a un año de gestión
donde se han hecho muchas cosas, les escribo esta breve y, espero, emotiva
misiva.
Buenos días, compañeros y compañeras... agradezco al
presidente Julio Alberto León por el informe detallado que nos ha mandado y, de
igual forma, agradezco al compañero Gilberto Moreno Larios por ser el vínculo
de comunicación y tener, dar y alimentar las redes sociales de nuestra
asociación que es una labor casi casi de 24/7...
Agradezco también la gestión y amistad del querido
maestro Roberto George Gallardo y al doctor Castrejón porque les ha tocado una
presidencia o estar al frente de una asociación maravillosa y de mucha
tradición en nuestro terruño en tiempos muy difíciles.
En la última actividad que iba a llevar a cabo la
asociación (me refiero a antes de la pandemia), yo no pude entrar a dar mi
charla a la secundaria Enrique Corona Morfín porque ese día cientos de
estudiantes se estaban manifestando (con toda su libertad de expresión) en
contra de un profesor (son tiempos álgidos sin duda).
Yo iba con muchas ganas e ilusión y, al llegar al
recinto escolar me topé con esa situación y ni siquiera me dejaron pasar y
mucho menos permanecer ahí, así que me regresé a mi oficina a seguir tecleando,
luego se vino la pandemia y, total, me quedé con las ganas de participar. Ya se
podrá llevar a cabo y, supongo, será con cubrebocas (ahora nuestra nueva moda o
realidad).
Les agradezco también a cada uno y cada una de
ustedes, queridos compañeros/as, al igual que a nuestra querida soberana Lizeth
I (a quien me tocó darle un mensaje de bienvenida al ser nombrada reina de
nuestra asociación) ya los extraño.
Quisiera que esto termine para regresar a los
jueves primeros de mes a nuestra asamblea y a seguir trabajando en pro de lo
que nos gusta que es la cultura, el arte, el periodismo y a servir a la
sociedad. Mis jueves libres ya no los quiero, estoy aburrido (claro que siempre
se puede leer o escribir, ver alguna película, oír música o convivir con la
familia) pero las reuniones, para vernos físicamente eran vivificantes,
sabernos que estamos ahí, unidos, saludarnos, abrazarnos... esto era vida.
Creo que con este virus nuestra realidad,
tristemente, va a ser otra y es lamentable. Sin embargo, son estos días
extraños, difíciles, preocupantes y demás que están corriendo y no nos queda
más que enfrentarlos y salir adelante como sociedad y como siempre hemos
salido...
A-dap-ta-ción parece ser la palabra que define al
hombre (como género humano o especie) y eso tenemos que aprender a hacer...
Adaptarnos y saber vivir con este virus como otra enfermedad más que, en los
últimos días, ha causado la baja de muchas personas.
Quizá la siguiente vez que nos veamos cada uno y
cada una de nosotros va a contarnos su propia historia de pandemia y, con un
vinito en la mano, lo y la vamos a escuchar en torno a una mesa. Quizá también
el próximo número de nuestra revista pueda contener historias de pandemia
porque cada uno y cada una de nosotros tiene su propia historia y esto es
legado, porque otra generación vendrá y nos leerá y se dará cuenta que al
arranque del año 2020 hubo una terrible pandemia mundial que metió a las
personas en cuarentena en sus casas.
Yo jamás había vivido una cuarentena, es un hecho
único e inédito, esto sólo lo había leído en la historia universal o en los
libros de literatura como ese de García Márquez titulado El amor en los
tiempos de cólera (un nombre apocalíptico, sí, pero el amor es lo único que
nos puede salvar en tiempos de cólera y de coronavirus).
Les mando un fuerte abrazo a todos y todas y los
invito a no bajar la guardia y hay que saber vivir con esta pandemia o aprender
a hacerlo.
Espero pronto todo vuelva a la más o menos realidad
y, en tanto, ya tenemos una historia que contar...
Saludos.
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