Un trabajo para todos
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
He pensado en una forma creativa para pasar más tiempo con los amigos. Una forma maravillosa y poco ordinaria que nos hará pasar tanto tiempo juntos que vamos a vernos de lunes a viernes (porque haremos semana inglesa conforme los cánones), y de tanto que nos vamos a ver hasta nos podremos, en una de esas, caer hasta mal. Pero nada que una cerveza, o varias cervezas no puedan en un domingo aciago, o un sábado toooooodo el día arreglar.
Me refiero a crear nuestra propia empresa. Sí, nada mejor que poner nuestra empresa editorial y traer a todos mis amigos para trabajar juntos.
Un día que fui a Sericolor, acompañando a Carlos se me ocurrió que bien podríamos hacer lo propio. Existiría por ejemplo, buen ambiente de trabajo, compañerismo, diversión y todo lo que un trabajo requiere. Seríamos dueños de nuestro horario, podríamos ir a frontonear a nuestro antojo y cumplir con nuestras labores sin ningún problema.
Los días de permiso o de faltas por algún evento especial, no serían problema, sólo con tratarlos con anticipación quedarían arreglados. El nombre de nuestra empresa sería chistosón, algo así como: “Se lo imprimo, se lo pegó o se lo engrapo y se lo entrego sin errores ese a de ce ve y asociados”, o “Editores Peder no se nos va ninguna herrata (con hache)”, o, “Editorial Pederísima” no sé, algo así.
a) Oscar: Por ejemplo, a él le vendría bien la chamba de diseñador. Además de que es lo suyo lo suyo lo suyo (lidiar y entenderle a las computadoras, menos cuando se le descomponen cual rayo les cae), creo que su carácter (a veces bonachón-puercochón en el sentido literal de la palabra) va de maravilla con el carácter que tienen todos los diseñadores en el gremio que nos compete. Un editor llega con pinchemil o un único cambio en sus humildes hojitas, y el diseñador pega el grito en el cielo (así pasa siempre) y creo, fervientemente, que esa chamba es la de él, encabronarse cuando el editor llegue con sus correcciones, que al cabo, para enojarse, no hay nadie como el gran Volpi.
b) Carlos: Él quedaría perfecto como editor jefe. Creo que su responsabilidad y su capacidad para ver la más pequeña errata son inmejorables para inmejorable trabajo. Además de que también le halla a esa chamba (porque hoy día, encontrar editores de calidad es trabajo complicado), y dicho sea de paso, es también un apasionado y no le gusta, en el texto, ni el más mínimo error, como me supongo le pasa a todo editor. Creo también que tiene el tino y la gracia para hacer enojar al diseñador (Volpi), pero como todos vamos a ser amigos nada va a pasar. Nada que las cervezas, como ya he dicho, no puedan arreglar.
c) David: A él le gustaría ser el cortador y el engrapador de los libros y cuadernillos (respectivamente), que vayamos a imprimir. Recordaría así, sus años mozos de cuando era universitario y llevaba ese pantalón azul de bolsitas a los lados (quien tuviera un pantalón de bolsitas a los lados, frase hecha) y grapas en la bastilla, por eso y nada más por eso, le vendría bien esta chamba de e-n-g-r-a-p-a-d-o-r, y es que la experiencia que se requiere para esto David la tiene y de sobra (por eso, la experiencia). Finísima persona también podría ayudar, cuando no haya trabajo de engrapador o cortador, en labores editoriales y de corrección, así recordaría, finísima persona, sus años de traductor, rehacedor y otras vaguedades, de notas en periódicos diversos de Colima y sus alrededores.
d) Jaime: A Jaimito le vendría bien ser el pegador (sobre todo si vamos a utilizar para nuestros libros Resistol 5000). Además de tener la finta de… finísima persona B puede ser ideal para este trabajo. Pondría por ejemplo el libro a pegar, se daría antes un touch, luego al libro, luego otro touch él, luego al libro, luego dos touchs él, luego al libro, luego tres touchs él, luego al libro ya no le toca nada y así sería bien divertido verlo pegar. Aunque también podría hacer labores de corrección, recordando como cuando en Avanzada esa era su chamba y, como todos los demás, sería uno de los prolíficos autores de la Editorial Pedera ese a de ce ve.
e) Julio César: Mejor conocido como el Parri, y en el bajo mundo, como el Diablo. El Parri es ideal para las relaciones humanas. Es decir, sería el vínculo preciso entre el cliente y nosotros, máxime si el cliente es mujer, usa minifaldas, le apodan la Pecas o Piernas Largas y les guste el agua (es decir, el agua que se junta en un receptáculo gigante y se hace llamar alberca). Por que después de sus labores, nuestro flamante negociador (vamos a llamarle así), tendrá que hacer labor de convencimiento y ventas y distribución y bueno, todo aquello que le genere a la empresa dinero y placer. Aunque uno vaya de la mano de la otra. Y tendría, como es menester, que llevar a la suscrita clienta a la alberquita de su tío donde se han generado verdaderas bacanales.
f) Alberto: Por último yo. Yo sería el impresor. Tener las manos siempre negras de pintura es lo mío lo mío lo mío. Estar al pendiente de la compaginación, las tintas, los colores, los tonners bla bla bla. Haría también labores de: ámonos a las chelas, ámonos a la birria, ámonos a la academia, ámonos al ejecutivo, ahora hay que descansar porque es cumpleaños de equis o ye y hay fiesta en tal o cual lugar, es decir, mi labor sería también la de animador, aunque pudiera, a veces, cuando no haya nada que imprimir, hacer labores de corrección o de edición, o apoyando al diseñador a buscar imágenes para portadas o cosas así. Sería también el que fuera por las cocas, los tortas (nadadoras) y las papitas. El que llevaría la televisión para cuando hubiera mundial de futbol, o juegos olímpicos o algún partido de fut americano o qué sé yo.
Así el acomodo de nuestra empresa. Cualquier sugerencia o comentario favor de hacerlo aquí, en caso de solicitar empleo, mandar su currículo a los correos electrónicos que ya conoce o en la página de Internet www.editorialpedera.com.mx
Friday, August 31, 2007
Thursday, August 30, 2007
Todos son héroes, chingada madre, el “Peder Club” (Crónicas defenestrantes)
Todos son héroes, chingada madre, el “Peder Club”
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Leyendo el “Anecdotario político colimense”, de don Ismael Aguayo Figueroa (que quede claro, lectura por mero compromiso no así por gusto), se me vinieron a la mente, por las historias que en él se cuentan, los momentos felisazos que pasamos los compas y yo.
Resulta que en tiempos de don Ismael, como en el de nosotros, se juntaba con un grupo de amigos, como nosotros, e iban a pederear (entiéndase el verbo como todo lo humanamente posible por entender, hacer, pensar, actuar etc.) con ellos, igual que lo hacemos nosotros.
Es decir, un día, día del grito de independencia, por ejemplo, don Ismael y su grupo de amigos “pederos”, se lanzaban al volcán a rendirle tributo al lábaro patrio, y no faltaba el poeta, que ya pedo, lanzaba una oración, soneto, frase, rima, estrofa, qué sé yo, en honor a nuestra bandera. Igual que hacemos nosotros. Que no hemos llegado al volcán, pero sí a las conchas a invicar a SATANÁS…
También, dicho sea de paso. En tiempos de don Ismael había, dentro de ese grupo, a los que les gustaba el deporte, y se iban, como lo hacemos nosotros, a jugar, sólo que ellos le entraban al voleibol y nosotros al frontón. Claro que este deporte no tendría chiste sin, como lo dice en esos textos don Ismael Aguayo, irse después de cada partido a echarse sus cervecitas bien heladas, sus carnitas bien grasosas, sus cigarritos bien apestosos, igual como lo hacemos nosotros. Ahora en el chanal, lugar óptimo para ello.
En mucho se parecen los tiempos de don Ismael a nuestros tiempos. Salvo que nosotros semos más modernos (sí, leyó usté bien, semos). Por eso y nada más por eso, he pensado en los requisitos que se requieren para ser miembro activísimo (hágame el chingado honor de serlo), del “Peder Club”. Bajo las siguientes bases, reglas, conformidades, o como le quiera llamar.
1) Antes que nada, para ser miembro activo del “Peder Club” se tiene que ser egresado de la facultad de letras (aquí debe venir incluida la comunicación, pero esa no vale mucho, de todos modos de una forma u otra, comunicamos). Por eso insisto en que se debe, antes que nada, ser egresado de la facultá de letras.
2) Muy importante. Tener tarjeta de banco pedero. En este caso el banco pedero es Inbursa, donde te dice, en el estado de cuenta, que tienes un crédito disponible de mil pesos, por poner un ejemplo, y al momento de la verdad no puedes pagar algo de cincuenta pesos, cien cuando muy caro. Banco sin dudas, pedero. Además, es el único que te da la opción de sacar del cajero, por lo bajo, veinte pesos (abrase visto banco igual).
3) Ser por lo menos poeta o buen poeta o un poeta decente, valioso o simplemente, pero realmente, un poeta (JS). O ser por lo menos cuentista o un buen cuentista o un cuentistas decente, valioso o simplemente, pero realmente, un cuentista (ALL).
4) Tener una afición especial por la cerveza, de preferencia del grupo Modelo. Y por los cigarros, de preferencia Marlboro rojos.
5) Decir, hacer o pensar por lo bajo de quince a veinte pederismos por día, por lo bajo (recalcando bien las letras). Creo que mi grupo de amigos y yo superamos esa marca, lo cual quiere decir que estamos dentro.
6) Tener un vínculo, últimamente eso sí, muy fuerte, en la forma que sea, con Roma, ya sea viendo la serie de televisión de HBO, o jugando Civ City Roma o leyendo o viendo películas qué sé yo.
7) Demasiado importante. Andar en onda retro tirándole a ruquez in extremis, es decir, si la banda actual se alucina con banditas como Kudai, Timbiriche la nueva generación y mamadas désas, nosotros, miembros activos del “Peder Club”, oiremos a los Illya Kuriaky and the Valderramas, Víctimas del doctor señuelo (cerebro), Caifanes (Caifanes no Jaguares), Pearl Jam, Nirvana, Red Hot Chilli Peppers y los clásicos como no, Led zeppelín, The doors, etc y un montón de grupos más que nombrarlos sería cansado. Sin embargo, hay por ahí, un miembro activo del Peder Club que ha llegado a oír en el paroxismo de la desfachatez retro a los Carpenters, ese wey si no está jugando. Es factor importante que las bandas tengan muchos seguidores, pero también, detractores.
Estos son sólo algunos de los requisitos básicos e indispensables para pertenecer al “Peder Club”. Al momento de la redacción de este manifiesto pederista y desde hace un buen tiempo, son cuatro los miembros activos de este ejemplar consorcio…
Qué dice amigo (a) pedero ¿lo inscribo?...
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Leyendo el “Anecdotario político colimense”, de don Ismael Aguayo Figueroa (que quede claro, lectura por mero compromiso no así por gusto), se me vinieron a la mente, por las historias que en él se cuentan, los momentos felisazos que pasamos los compas y yo.
Resulta que en tiempos de don Ismael, como en el de nosotros, se juntaba con un grupo de amigos, como nosotros, e iban a pederear (entiéndase el verbo como todo lo humanamente posible por entender, hacer, pensar, actuar etc.) con ellos, igual que lo hacemos nosotros.
Es decir, un día, día del grito de independencia, por ejemplo, don Ismael y su grupo de amigos “pederos”, se lanzaban al volcán a rendirle tributo al lábaro patrio, y no faltaba el poeta, que ya pedo, lanzaba una oración, soneto, frase, rima, estrofa, qué sé yo, en honor a nuestra bandera. Igual que hacemos nosotros. Que no hemos llegado al volcán, pero sí a las conchas a invicar a SATANÁS…
También, dicho sea de paso. En tiempos de don Ismael había, dentro de ese grupo, a los que les gustaba el deporte, y se iban, como lo hacemos nosotros, a jugar, sólo que ellos le entraban al voleibol y nosotros al frontón. Claro que este deporte no tendría chiste sin, como lo dice en esos textos don Ismael Aguayo, irse después de cada partido a echarse sus cervecitas bien heladas, sus carnitas bien grasosas, sus cigarritos bien apestosos, igual como lo hacemos nosotros. Ahora en el chanal, lugar óptimo para ello.
En mucho se parecen los tiempos de don Ismael a nuestros tiempos. Salvo que nosotros semos más modernos (sí, leyó usté bien, semos). Por eso y nada más por eso, he pensado en los requisitos que se requieren para ser miembro activísimo (hágame el chingado honor de serlo), del “Peder Club”. Bajo las siguientes bases, reglas, conformidades, o como le quiera llamar.
1) Antes que nada, para ser miembro activo del “Peder Club” se tiene que ser egresado de la facultad de letras (aquí debe venir incluida la comunicación, pero esa no vale mucho, de todos modos de una forma u otra, comunicamos). Por eso insisto en que se debe, antes que nada, ser egresado de la facultá de letras.
2) Muy importante. Tener tarjeta de banco pedero. En este caso el banco pedero es Inbursa, donde te dice, en el estado de cuenta, que tienes un crédito disponible de mil pesos, por poner un ejemplo, y al momento de la verdad no puedes pagar algo de cincuenta pesos, cien cuando muy caro. Banco sin dudas, pedero. Además, es el único que te da la opción de sacar del cajero, por lo bajo, veinte pesos (abrase visto banco igual).
3) Ser por lo menos poeta o buen poeta o un poeta decente, valioso o simplemente, pero realmente, un poeta (JS). O ser por lo menos cuentista o un buen cuentista o un cuentistas decente, valioso o simplemente, pero realmente, un cuentista (ALL).
4) Tener una afición especial por la cerveza, de preferencia del grupo Modelo. Y por los cigarros, de preferencia Marlboro rojos.
5) Decir, hacer o pensar por lo bajo de quince a veinte pederismos por día, por lo bajo (recalcando bien las letras). Creo que mi grupo de amigos y yo superamos esa marca, lo cual quiere decir que estamos dentro.
6) Tener un vínculo, últimamente eso sí, muy fuerte, en la forma que sea, con Roma, ya sea viendo la serie de televisión de HBO, o jugando Civ City Roma o leyendo o viendo películas qué sé yo.
7) Demasiado importante. Andar en onda retro tirándole a ruquez in extremis, es decir, si la banda actual se alucina con banditas como Kudai, Timbiriche la nueva generación y mamadas désas, nosotros, miembros activos del “Peder Club”, oiremos a los Illya Kuriaky and the Valderramas, Víctimas del doctor señuelo (cerebro), Caifanes (Caifanes no Jaguares), Pearl Jam, Nirvana, Red Hot Chilli Peppers y los clásicos como no, Led zeppelín, The doors, etc y un montón de grupos más que nombrarlos sería cansado. Sin embargo, hay por ahí, un miembro activo del Peder Club que ha llegado a oír en el paroxismo de la desfachatez retro a los Carpenters, ese wey si no está jugando. Es factor importante que las bandas tengan muchos seguidores, pero también, detractores.
Estos son sólo algunos de los requisitos básicos e indispensables para pertenecer al “Peder Club”. Al momento de la redacción de este manifiesto pederista y desde hace un buen tiempo, son cuatro los miembros activos de este ejemplar consorcio…
Qué dice amigo (a) pedero ¿lo inscribo?...
Friday, August 24, 2007
Ya mero empieza, el fut americano (Crónicas defenestrantes)

Ya mero empieza, el fut americano
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Así es en efecto. La temporada regular del futbol americano ya está por comenzar (en septiembre para mejor informar a los fanáticos).
David Chávez le seguirá yendo a los Bills de Búfalo, Volpi a los Malosos de Oakland, que dicho sea de paso, ¡ah qué pinche contratación más mala de coreback (quarterback) hicieron para este año!, y yo le seguiré yendo a los grandes Vaqueros de Dallas.
No hay grandes novedades en los Bills de Búfalo, así que le auguro a este equipo, cuatro veces perdedor del trofeo Vince Lombardy (dos de ellas contra los Vaqueros de Dallas) un año perdedor.
Si acaso llegarán como equipo comodín y no se hablé más, los van a sacar pronto, muy pronto, y es que en la conferencia americana (a la que pertenencen los Bills), hay verdaderos trabucos para este año, si no, ahí están los campeones Potros de Indianápolis, o los siempre incómodos Patriotas de Nueva Inglaterra comandados por el aún joven mariscal de campo Tom Brady, los Bengalíes de Cincinnati que concluyeron el año con marca ganadora, los Jets de Nueva York, los Acereros de Pittsburg, o los Cargadores de San Diego, que tienen, estos últimos, entre sus filas al terrible Ladain Tomlinson, el mejor novato corredor del año pasado.
Aunque también de la conferencia americana son los Malosos de Oakland, no puedo decir que ellos lleguen muy lejos. En primer lugar porque fueron el peor equipo de toda la liga el año pasado. Siguen con problemas en cuanto a actitud, es decir, es el equipo que más yardas pierde por castigos, y para cerrar con broche de oro contrataron este año, como mariscal de campo, al deplorable y viejo y muy interceptado el año pasado, y muy lesionado también Daunte Culpepper, que vio sus mejores años en con el equipo de los Vikingos de Minnesota (pero nunca los llevó a juegos importantes), y que viene como desecho (por una malísima temporada) de los Delfines de Miami.
Por otro lado, y no es cuestión de fanatismo, pero mis Vaqueros de Dallas (de la conferencia nacional) se ven mucho mejor que estos dos equipos. Luego de que Bill Parcells anunciara su retiro, Jerry Jones, dueño como se sabe de la franquicia, adquirió los servicios de Wade Phillips como Head Coach.
Por su parte, Julios Jones, corredor de poder, ha mejorado notablemente sus marcas, claro, sin compararlo con el grandioso Emmith Smith. Tony Romo es quien va a estar al mando del equipo y esperemos que se mantenga con una racha buena, como con la que concluyó el año pasado y que lleva actualmente en juegos de pretemporada (basta decirlo, los Vaqueros van invictos).
Si Tony Romo logra acertar el cincuenta por ciento de sus pases, su porcentaje se verá favorecido y su confianza al momento de lanzar será dar con el objetivo preciso, ya sea el terrible Terrel Owens o el efectivo Terry Glenn. La dupla Ti, TI O versus TI YEI.
Cabe señalar que desde Troy Aikman al mando del equipo de la estrella solitaria, por los Vaqueros de Dallas han desfilado multitud de mariscales de campo, desde el doctor Quincey Jones, hasta los veteranos Vinny Testaverde y Drew Bledsoe. En tanto que como corredores de poder, desde la salida de Emmith Smith, Julios Jones se ha consagrado en esa posición.
Como mariscal de campo suplente, el equipo de la estrella solitaria decidió tomar los servicios del veterano Brad Jhonson, ex Bucanero de Tampa Bay, quien llevara a este equipo a disputar el súper tazón XXXVII frente a los Raiders de Oakland.
En cuanto a su cuadrilla de pateadores, el equipo de la estrella solitaria se hizo de los servicios, por dos años más, del argentino Martín Gramática y le dieron su carta de despedida a Mike Vanderjagt, que venía como estrella de los Potros de Indianápolis pero que en Dallas no encontró el kick y los Vaqueros perdieron muchos partidos, lo que provocó que este año, Jerry Jones le extendiera su carta de renuncia y saliera del equipo. Hay que mencionar que Gramática entró en año pasado a las filas de los Vaqueros a mitad de temporada a hacer frente al pésimo trabajo de Vanderjagt.
Así es la NFL, considerada la mejor liga en cuanto a organización, disciplina, organigrama y todo lo concerniente a contratos, equipos, distribución y negocio etc. Y ahora, después de meses de sequía de domingos embriagantes frente al televisor, vuelve el deporte más aclamado en el mundo entero. Y si alguien tiene duda vean en línea la revista muy interesante, que trae como dato nada más para darse un quemón, cuántas personas vieron el pasado Super Bowl XLI, rompiendo con ello, récord no sólo nacional, sino internacional...
Thursday, August 23, 2007
Jiuston, perdemos contacto (Crónicas defenestrantes)

Jiuston, perdemos contacto
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Hace un instante precisamente, estaba embargado de nostalgia. De esa nostalgia que de pronto lo invade a uno. De esa nostalgia de día lluvioso. De esa nostalgia más o menos estoy hablando.
Y es que Camarada David pasó, vía net, unas fotografías del antaño Guanajuatense. De cuando éramos felices estudihambres de la facultá de letras y comunicación (fiestas y depravación).
Sacando cuentas, esas imágenes tienen, bajita la mano, sus buenos siete-ocho años. Todos nos vemos con la cara de morros, con el cuerpo de morros, con la actitud de morros. Nos vemos años menos, kilos menos, sobre todo kilos menos.
Hemos perdido pelo (sobre todo Volpi), hemos perdido barbas (sobre todo yo), hemos perdido grapas (sobre todo David). Pero hemos ganado panza, gastritis y un ramillete de enfermedades que incluso nos han llevado al quirófano de un hosco hospital de inseguro sucial.
Lo que no hemos perdido en todos esos años es la amistad. Aunque uno esté en Chile, otro se la viva entre Fajamitla y Colima, el otro se la pase metido en labores varias y uno más esté casado (Carlitos) y todos en asuntos varios, ese detalle no se ha perdido, la amistad.
Y aunque al paso del tiempo tenemos ideas más enfermitas que cuando estudiantes (no sé la merita verdad el motivo de ese fetiche pero creo que es bueno), diré sin embargo que estamos mejor que nunca. Cada plática del Chat es risa tras risa tras risa, y aunque en mi lugar de trabajo a veces la tengo que ahogar porque abunda un silencio (las más de las veces) incómodo, no me importa y de cuando en cuando suelto tremenda carcajada, máxime cuando hacemos esos tremendos tríos y cada quien suelta su frase puercota, su idea enferma, su albur favorito, su rola preferida, su acontecimiento chusco o simplemente un dato, una situación, un pasaje de nuestras vidas que nos da mucha risa, y que el tiempo había, por un instante, todo es acumulación de instantes, borrado, o simplemente, traspapelado en nuestro almacén cerebral, pero que no falta quién, como es el caso, que nos lo haga recordar.
Y aunque a veces tenga mucho trabajo acumulado por equis o ye razón, no puedo perderme una platicadita de esas para despejarme un rato de las labores cotidianas a las que se enfrenta un editor, que no son muchas y ni tan variadas como se puede pensar, sino corregir y corregir y corregir [ad infinitud] letras y letras y más letras.
Decía que Camarada David nos puso nostálgicos. De pronto esas fotografías nos dispusieron a recordar esos momentos que quedaron congelados ahí, en esa diapositiva. Digo pues, que estamos perdiendo contacto porque las actividades diarias que tiene cada uno nos permiten vernos tan pero tan poco, que a veces es imposible pensar, como lo he estado haciendo yo al ver estas imágenes, en momentos que compartimos hace ya tanto tiempo y que quizá, ya no volveremos a vivir, porque nadie se baña en las aguas del mismo río dos veces, y el momento, ese de la fotografía, ya pasó.
Eso sí, cuando nos vemos (cada que nuestras actividades nos lo permiten), la diversión, la risa, la cerveza no faltan. Y es que todo es pretexto para celebrar. Que si jugamos frontón, celebramos. Que si perdemos en el frontón, celebramos. Que si alguien ganó, celebramos. Que si juega México, celebramos. Que si nos vamos a la playa a comer y de paso nos tomamos unos Soul Citric, celebramos. Que si las carnitas del Chanal, celebramos. Que el cumpleaños del David, pero que está en Chile y no puede venir, celebramos por él. Ahora también hay momentos de trabajo, claro, acompañados de una refrescante cervecita, eso es inevitable.
Últimamente nuestro grupo se ha visto mermado. Hemos tenido dos bajas en las filas. Pero también, las hemos suplido (aunque no es lo mismo), por otros integrantes más. Las cobras locas, gran equipo de antaño, ha perdido potencial en la media cancha. Flechitas “Zidane” Chapula nos ha abandonado por el trabajo… pero eso está bien, para cuando sea millonario pueda invitarme un chingo de chelas, porque de seguro yo seré paupérrimo porque me gasto el dinero precisamente en esa actividá.
David “Chitiva” Chávez también nos ha dejado un poco abandonados (esperemos que sea por breve taim). Anda sentadito en Chile tomando clases de no sé qué madres pa´llegar a ser el famoso galeno (jajaja) doctor cheves y gane muchos miles y nos invite la peda o de plano, me pague los médicos, que al paso que voy, la cirrosis me carcomerá las entrañas…
Thursday, August 16, 2007
El deporte y yo, poco compatibles (Crónicas defenestrantes)
El deporte y yo, poco compatibles
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Es jueves. Han pasado (si no me salen mal las cuentas) cinco días desde aquel sábado mañanero en que hice algo que no suelo hacer frecuentemente. Resulta que le fui a hacer un poco al Romualdinho. Mi amigo carlangas ramírez me ha insistido-invitado, en varias ocasiones a jugar futbol. Yo por angas o mangas siempre me resisto. Y es que el poder de la cerveza es más fuerte que un balón. Si no, ahí está el diablo que no me dejará mentir. El caso es que fui. En un principio creí conveniente estar sentado (ahora sí que como el chino) no más milando. Pero resulta que ¡oh!, al parecer los dioses Juno, Júpiter y Minerva, no estaban tan de mi lado esa mañana, porque en cuanto llegamos, la escuadra, la de nosotros, la de la facultad de letras y comunicación estaba mermada en su totalidad. Y es que pareciera que los legionarios de la treceava hubieran tenido una rudísma (de siete suelas y gran turismo) batalla contra quién sabe qué poderosa legión, y esa mañana, calurosísima del mes de hongosto, los, digámoslo así, titulares de la escuadra azzurri (para seguir italianamente ad hoc) no se presentaron al tremendísimo juego de preparación, contra la poderosísima escuadra azul-blanco de difusión cultural. Viendo entonces la situación, carlitos me volvió a hacer extensiva la invitación para jugar. ¿Hace cuánto, no pasa nada si le ponemos cuantísimo Llanes, que no juegas futbol, menos en una canchota tan verde y tan grande como la que estaba frente a mis narices?, la respuesta es sencilla: anales. Yo, debo decirlo, no iba en condiciones de jugar; es decir, no iba crudo, ni pedo, ni desvelado, ni nada de eso que me sale tan bien, pero mi condición física, aunque de pronto juego fonchón, no es muy, lo que digamos muy muy buena. Pero cómo dejar así a la treceava, haber, cómo. En tanto todos se cambiaban de ropaje, yo me preparé haciendo ejercicios de calistenia (no muchos por aquello de las reumas) y en un dos por tres estaba listo para entrar a la cancha como todo un legionario (toga en mano). Debo decir, también, que mis ropajes para jugar no eran los mejores, ni los más parecidos a los de la escuadra a la que me disponía defender. Prácticamente jugué con la misma ropa que llevaba en ese instante puesta. Short Wilson gris tirándole a un tono raro. Playera azul tirándole a gris. Tenis Vans blancos también tirándole a gris. Pañuelo (en la cabeza) blanco tirándole a azul y también a gris. Y unos mendigos calcetines que más bien parecía que no llevaba nada, y que yo he bautizado con el mote de los de Robin, blancos, también tirándole a gris. Bueno, parecía más jugador del otro equipo que de los míos, ellos, mi escuadra, llevaban un chillante y horrendo (hay disculparán) tono amarillo, que me recordaba a las águilas del América, escuadra no tan querida, pero bueno, qué se le iba a hacer, hay que estar con la legión. Zapatillas de tachones no llevaba. Espinilleras tampoco. Número en la espalda menos. En fin, nada del bendito equipo. No iban ni cinco minutos de partido cuando ya andaba aventando el bofe (órgano que aún no sé para qué sirve), y todo lo humanamente posible por aventar. Mi ridícula posición fue la de delantero. Pero no, creo que esa posición no es la mía. Lo que es lo mío lo mío lo mío es estar atrás (puerconamente también). Recuerdo, en una ocasión, de morrito, que mi Director Técnico (cuando me torturaba jugando futbol), me dijo que lo mío era defender. No sé entonces que empeño el mío de estar adelante. Total. El partido acabó como tenía que acabar. Con el Llanes en banca y jalando aigre por todos los poros de la piel y la nariz y los codos y la boca y por donde se pudiera. Por más que corrí y corrí no logré colar un balón al fondo de la red. En la segunda parte jugué de medio de contención (qué chingaos es eso, quién sabe, pero suena bien). Y ahí estaba yo, corre y corre tras un balón de cuero muerto. Qué defiende ahí. Que párate acá. Que no dejes que pase. Que parado parado. Que esto. Que lo otro. Y yo no creo haber dado una. Eso sí, la divertida no nos la quita nadie. La escuadra azul anotó seis pepinos. Nosotros, con jugadores que iban desde los doce años hasta los cincuenta y poco más, sólo anotamos uno. La goliza fue inminente. El equipo estaba mermado. Y por más refuerzos y por más fuerzas básicas a que recurrimos, no logramos sacar al buey de la barranca. Si esto fuera profesional, es decir, si hubiera sido un partido de la primera división, de plano cumpliríamos con varios requisitos, pero también, seríamos el gran ridículo, y yo, en especial con esa ropa. No sé si vuelva a jugar otra vez. Creo que es más efectivo ver los partidos por la televisión, aunque tampoco es mi gran gran pasión (quizá alguna vez lo fue). Pero aunque juegue remal, defenderé, aunque no me gusten, esos colores chillantes de la facultad de letras… mi sagrada legión…
Lucius Vorenus y Tito Pullo
Legionarios de la treceava.
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Es jueves. Han pasado (si no me salen mal las cuentas) cinco días desde aquel sábado mañanero en que hice algo que no suelo hacer frecuentemente. Resulta que le fui a hacer un poco al Romualdinho. Mi amigo carlangas ramírez me ha insistido-invitado, en varias ocasiones a jugar futbol. Yo por angas o mangas siempre me resisto. Y es que el poder de la cerveza es más fuerte que un balón. Si no, ahí está el diablo que no me dejará mentir. El caso es que fui. En un principio creí conveniente estar sentado (ahora sí que como el chino) no más milando. Pero resulta que ¡oh!, al parecer los dioses Juno, Júpiter y Minerva, no estaban tan de mi lado esa mañana, porque en cuanto llegamos, la escuadra, la de nosotros, la de la facultad de letras y comunicación estaba mermada en su totalidad. Y es que pareciera que los legionarios de la treceava hubieran tenido una rudísma (de siete suelas y gran turismo) batalla contra quién sabe qué poderosa legión, y esa mañana, calurosísima del mes de hongosto, los, digámoslo así, titulares de la escuadra azzurri (para seguir italianamente ad hoc) no se presentaron al tremendísimo juego de preparación, contra la poderosísima escuadra azul-blanco de difusión cultural. Viendo entonces la situación, carlitos me volvió a hacer extensiva la invitación para jugar. ¿Hace cuánto, no pasa nada si le ponemos cuantísimo Llanes, que no juegas futbol, menos en una canchota tan verde y tan grande como la que estaba frente a mis narices?, la respuesta es sencilla: anales. Yo, debo decirlo, no iba en condiciones de jugar; es decir, no iba crudo, ni pedo, ni desvelado, ni nada de eso que me sale tan bien, pero mi condición física, aunque de pronto juego fonchón, no es muy, lo que digamos muy muy buena. Pero cómo dejar así a la treceava, haber, cómo. En tanto todos se cambiaban de ropaje, yo me preparé haciendo ejercicios de calistenia (no muchos por aquello de las reumas) y en un dos por tres estaba listo para entrar a la cancha como todo un legionario (toga en mano). Debo decir, también, que mis ropajes para jugar no eran los mejores, ni los más parecidos a los de la escuadra a la que me disponía defender. Prácticamente jugué con la misma ropa que llevaba en ese instante puesta. Short Wilson gris tirándole a un tono raro. Playera azul tirándole a gris. Tenis Vans blancos también tirándole a gris. Pañuelo (en la cabeza) blanco tirándole a azul y también a gris. Y unos mendigos calcetines que más bien parecía que no llevaba nada, y que yo he bautizado con el mote de los de Robin, blancos, también tirándole a gris. Bueno, parecía más jugador del otro equipo que de los míos, ellos, mi escuadra, llevaban un chillante y horrendo (hay disculparán) tono amarillo, que me recordaba a las águilas del América, escuadra no tan querida, pero bueno, qué se le iba a hacer, hay que estar con la legión. Zapatillas de tachones no llevaba. Espinilleras tampoco. Número en la espalda menos. En fin, nada del bendito equipo. No iban ni cinco minutos de partido cuando ya andaba aventando el bofe (órgano que aún no sé para qué sirve), y todo lo humanamente posible por aventar. Mi ridícula posición fue la de delantero. Pero no, creo que esa posición no es la mía. Lo que es lo mío lo mío lo mío es estar atrás (puerconamente también). Recuerdo, en una ocasión, de morrito, que mi Director Técnico (cuando me torturaba jugando futbol), me dijo que lo mío era defender. No sé entonces que empeño el mío de estar adelante. Total. El partido acabó como tenía que acabar. Con el Llanes en banca y jalando aigre por todos los poros de la piel y la nariz y los codos y la boca y por donde se pudiera. Por más que corrí y corrí no logré colar un balón al fondo de la red. En la segunda parte jugué de medio de contención (qué chingaos es eso, quién sabe, pero suena bien). Y ahí estaba yo, corre y corre tras un balón de cuero muerto. Qué defiende ahí. Que párate acá. Que no dejes que pase. Que parado parado. Que esto. Que lo otro. Y yo no creo haber dado una. Eso sí, la divertida no nos la quita nadie. La escuadra azul anotó seis pepinos. Nosotros, con jugadores que iban desde los doce años hasta los cincuenta y poco más, sólo anotamos uno. La goliza fue inminente. El equipo estaba mermado. Y por más refuerzos y por más fuerzas básicas a que recurrimos, no logramos sacar al buey de la barranca. Si esto fuera profesional, es decir, si hubiera sido un partido de la primera división, de plano cumpliríamos con varios requisitos, pero también, seríamos el gran ridículo, y yo, en especial con esa ropa. No sé si vuelva a jugar otra vez. Creo que es más efectivo ver los partidos por la televisión, aunque tampoco es mi gran gran pasión (quizá alguna vez lo fue). Pero aunque juegue remal, defenderé, aunque no me gusten, esos colores chillantes de la facultad de letras… mi sagrada legión…
Lucius Vorenus y Tito Pullo
Legionarios de la treceava.
Friday, August 10, 2007
Se nos metió el diablo (Crónicas defenestrantes)
Se nos metió el diablo
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Aunque haya por ahí un culero que se esconde en el anonimato. Me vale. Pues bien… yo necesito decirte que… en efecto… se nos metió el diablo. Y ahí vamos el Parri y yo. Primero pensé que sería demasiado bueno. De- ma- siado bueno celebrar en jueves. Celebrar qué, da lo mismo, pero celebrar. Y nada mejor que hacerlo desde tempranito, en “Las cazuelas” (nhombre… finísimo lugar). Y ahí vamos el Parris y un servidor. En cuantito llegamos supe que… se nos iba a meter el diablo. La japy our estaba en su mero apogeo. Es esa hora cuando pides una y te llevan dos. Lástima y lastima… que no sea así con las chicas (que pidas una y te lleven…). Pero bueno, no se puede pedir todo en la vida. Ipso facto nos atendió la misma wera del otro día. Está en veremos eso de wera, habrá que verla al natural a ver si es cierto. De inmediato nos identificó como los borrachales de la otra vez, y de inmediato nos dijo que nos iba a mandar a la chica de la otra vez… tómala barbón. Nos trajo una cubeta (con sus respectivas veinte chelas) y nos sirvió de comer. Esto último la sorprendió mucho porque nos dijo, al final, que comíamos muy poco. Y es que al diablo y a mí nos da más por beber que por comer. De hecho, comer está en mi tercera actividá que suelo hacer bien. La primera es beber. La segunda fumar. La tercera comer (con eme y con ge) y así continua la lista que además no es tan extensa. Total. La vieja que nos prometió la wera nunca llegó, bueno, sí llegó pero ya hasta el final. Y a la wera, de cuatro veces que le insistimos en que se sentara con nosotros, no más no jaló ni una. Y es que al último, todo para el último, nos dijo que no pensaba que el rollo fuera en serio y que no quería rivalidades, porque nos veía muy entrados con la otra morra. Total. Veinte chelas para el diablo y para mí fueron, al principio, muchas. El detalle está en que se nos metió el idem y pedimos dos más. Porque la cubeta, de lo mucho que era, se terminó. El diablo me conminó a seguir la juerga. Pero no aquí, me dijo, Qué te parece “La academia”. Zas pensé, esta peda pintaba para largo. A mí “La academia” no me parece nada mal, digo, si ya estábamos en la peda, y en “Las cazuelas” qué más da un lugar que el otro, pero bueno, si hay chavas, mejor. Llegamos al tugurio. Al diablo lo recibieron con bombo y platillo… y es que el diablo no puede pasar desapercibido. Ipso facto una bailarina désas exóticonas, que le mete tremendo baile y todo por un pinche prendión… de cigarro… y cigarro también. Motivadazo, el diablo y yo tomamos asiento. En la pista bailaba Tania o Dalia o noséqué. Los nombres de ellas siempre son iguales. Eso sí. Era morenaza de fair y pos ya motivados pedimos la primera (de no sé cuántas) cubetas. La hicimos mucho de pedo para pedir a dos viejas. Porque no teníamos ni media hora en el antro cuando una wera (que no era wera y eso sí lo pude ver con mis propios ojos) se le sentó al Parri y una blancaza de pelo negro (mi mero mole y como me gustan) se me sentó a mí. En efecto. Era de Tecomán. Jajajaja, tengo una pinche suerte. Y sí, también me gusta la chinga. Total. Estas viejas traían embudo. Ipso facto se chingaron las chelas que les pagamos y pidieron otras y otras y otras y bueno, se pusieron pedas bien rápido. Sí, eran novatas. Las viejas-embudo se fueron y nunca supe si la que traía el Parris estaba embarazada o de plano tenía panza chelera. Pero ¡ah! qué pinche panza tan fea tenía. Y ya viéndola bien, ella también estaba medio gachona. Pero pos en la peda todos los gatos nos parecen pardos. O algo así. Estuvimos nada más un ratito solos el Parris y yo, cuando llegaron otras dos chavas. Estas con más oficio. Se les notaba, pues. De entrada no pidieron chelas como las otras dos. Pidieron tequila. Cien pesos por bebida pero pos, bien vale la pena. Uno no siempre se empeda así. Total. El Parris y yo nos pusimos hasta la mera madre de pedos. Se me acabó la feria y también se le acabó la feria al Parri. Y ahí me tienes, sacando la tarjeta, dándole mi NIP al Parri y mandándolo a sacar feria del banco. La chava que se me sentó a mí nostaba mal. Nada mal, diría Jolik. La del Parri ni me acuerdo. De pronto me quedé solapas. En tanto la chava iba a cambiarse de no sé qué. Ya andaba muy pedo, ni le entendí qué me dijo. Y el Parri iba al cajero. Pasó como media hora hasta que llegó el diablo… y con un bonche de billetes en la mano me los pasó. Error. Pedimos la nosécuántasibanya cubeta, y seguimos pisteando. De pronto noté todo oscuro. Esa es una laguna mental que tengo de varias en esa noche. No me di cuenta que ya era muuuuuuyyyyy de noche. Seguimos la gran fiesta. Siguieron las chavas en su lugar, es decir, sentadas en nuestras piernas. Y entonces el diablo (este cabrón si es el diablo no chingaderas). Me dijo que sacáramos a las viejas para llevarlas a la alberquita. Jajajaja. Ni hablar, el diablo manda. Y ahí estuve toooooooda la chingada noche duro y das con la morra que traía yo. Ándale mira, vamos. Que es una alberquita bien chida. Que esto. Que lo otro. Que o no nos tienes confianza. Que ni fuéramos malandrines. Que somos gentes decentes (ei (sic)). Total. La vieja nunca jaló. La que traía el Parris sí, estaba bien puestaza a seguirle pero awelita necesitaba que alguien más (de las chicas) la acompañara. Entonces se nos fue la oportunidad de hacer de adobe la casita… puercazos… terminamos el diablo y yo tragando tacos… sin dinero… sin chelas… y cuasi peleándome en un kiosko con un güey que no nos quiso vender pisto a altas horas de la madrugada… (continuará… si el diablo quiere…).
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Aunque haya por ahí un culero que se esconde en el anonimato. Me vale. Pues bien… yo necesito decirte que… en efecto… se nos metió el diablo. Y ahí vamos el Parri y yo. Primero pensé que sería demasiado bueno. De- ma- siado bueno celebrar en jueves. Celebrar qué, da lo mismo, pero celebrar. Y nada mejor que hacerlo desde tempranito, en “Las cazuelas” (nhombre… finísimo lugar). Y ahí vamos el Parris y un servidor. En cuantito llegamos supe que… se nos iba a meter el diablo. La japy our estaba en su mero apogeo. Es esa hora cuando pides una y te llevan dos. Lástima y lastima… que no sea así con las chicas (que pidas una y te lleven…). Pero bueno, no se puede pedir todo en la vida. Ipso facto nos atendió la misma wera del otro día. Está en veremos eso de wera, habrá que verla al natural a ver si es cierto. De inmediato nos identificó como los borrachales de la otra vez, y de inmediato nos dijo que nos iba a mandar a la chica de la otra vez… tómala barbón. Nos trajo una cubeta (con sus respectivas veinte chelas) y nos sirvió de comer. Esto último la sorprendió mucho porque nos dijo, al final, que comíamos muy poco. Y es que al diablo y a mí nos da más por beber que por comer. De hecho, comer está en mi tercera actividá que suelo hacer bien. La primera es beber. La segunda fumar. La tercera comer (con eme y con ge) y así continua la lista que además no es tan extensa. Total. La vieja que nos prometió la wera nunca llegó, bueno, sí llegó pero ya hasta el final. Y a la wera, de cuatro veces que le insistimos en que se sentara con nosotros, no más no jaló ni una. Y es que al último, todo para el último, nos dijo que no pensaba que el rollo fuera en serio y que no quería rivalidades, porque nos veía muy entrados con la otra morra. Total. Veinte chelas para el diablo y para mí fueron, al principio, muchas. El detalle está en que se nos metió el idem y pedimos dos más. Porque la cubeta, de lo mucho que era, se terminó. El diablo me conminó a seguir la juerga. Pero no aquí, me dijo, Qué te parece “La academia”. Zas pensé, esta peda pintaba para largo. A mí “La academia” no me parece nada mal, digo, si ya estábamos en la peda, y en “Las cazuelas” qué más da un lugar que el otro, pero bueno, si hay chavas, mejor. Llegamos al tugurio. Al diablo lo recibieron con bombo y platillo… y es que el diablo no puede pasar desapercibido. Ipso facto una bailarina désas exóticonas, que le mete tremendo baile y todo por un pinche prendión… de cigarro… y cigarro también. Motivadazo, el diablo y yo tomamos asiento. En la pista bailaba Tania o Dalia o noséqué. Los nombres de ellas siempre son iguales. Eso sí. Era morenaza de fair y pos ya motivados pedimos la primera (de no sé cuántas) cubetas. La hicimos mucho de pedo para pedir a dos viejas. Porque no teníamos ni media hora en el antro cuando una wera (que no era wera y eso sí lo pude ver con mis propios ojos) se le sentó al Parri y una blancaza de pelo negro (mi mero mole y como me gustan) se me sentó a mí. En efecto. Era de Tecomán. Jajajaja, tengo una pinche suerte. Y sí, también me gusta la chinga. Total. Estas viejas traían embudo. Ipso facto se chingaron las chelas que les pagamos y pidieron otras y otras y otras y bueno, se pusieron pedas bien rápido. Sí, eran novatas. Las viejas-embudo se fueron y nunca supe si la que traía el Parris estaba embarazada o de plano tenía panza chelera. Pero ¡ah! qué pinche panza tan fea tenía. Y ya viéndola bien, ella también estaba medio gachona. Pero pos en la peda todos los gatos nos parecen pardos. O algo así. Estuvimos nada más un ratito solos el Parris y yo, cuando llegaron otras dos chavas. Estas con más oficio. Se les notaba, pues. De entrada no pidieron chelas como las otras dos. Pidieron tequila. Cien pesos por bebida pero pos, bien vale la pena. Uno no siempre se empeda así. Total. El Parris y yo nos pusimos hasta la mera madre de pedos. Se me acabó la feria y también se le acabó la feria al Parri. Y ahí me tienes, sacando la tarjeta, dándole mi NIP al Parri y mandándolo a sacar feria del banco. La chava que se me sentó a mí nostaba mal. Nada mal, diría Jolik. La del Parri ni me acuerdo. De pronto me quedé solapas. En tanto la chava iba a cambiarse de no sé qué. Ya andaba muy pedo, ni le entendí qué me dijo. Y el Parri iba al cajero. Pasó como media hora hasta que llegó el diablo… y con un bonche de billetes en la mano me los pasó. Error. Pedimos la nosécuántasibanya cubeta, y seguimos pisteando. De pronto noté todo oscuro. Esa es una laguna mental que tengo de varias en esa noche. No me di cuenta que ya era muuuuuuyyyyy de noche. Seguimos la gran fiesta. Siguieron las chavas en su lugar, es decir, sentadas en nuestras piernas. Y entonces el diablo (este cabrón si es el diablo no chingaderas). Me dijo que sacáramos a las viejas para llevarlas a la alberquita. Jajajaja. Ni hablar, el diablo manda. Y ahí estuve toooooooda la chingada noche duro y das con la morra que traía yo. Ándale mira, vamos. Que es una alberquita bien chida. Que esto. Que lo otro. Que o no nos tienes confianza. Que ni fuéramos malandrines. Que somos gentes decentes (ei (sic)). Total. La vieja nunca jaló. La que traía el Parris sí, estaba bien puestaza a seguirle pero awelita necesitaba que alguien más (de las chicas) la acompañara. Entonces se nos fue la oportunidad de hacer de adobe la casita… puercazos… terminamos el diablo y yo tragando tacos… sin dinero… sin chelas… y cuasi peleándome en un kiosko con un güey que no nos quiso vender pisto a altas horas de la madrugada… (continuará… si el diablo quiere…).
Wednesday, August 01, 2007
A.S.E.S.I.N.O. (Crónicas defenestrantes)
A.S.E.S.I.N.O.
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Dicen quel ratero y el asesino siempre regresan al lugar de los hechos. En efecto, está comprobado. En las recientes vacaciones me volví asesino y regresé al lugar de los hechos más rápido de lo que tenía planeado. Y vaya que regresar al lugar de los hechos no era lo mejor que tenía en mente. Pero regresé.
Resultó que… “la mujer”, (la exmujer vamos a llamarle de aquí en adelante), me pidió, en una noche de tantas, vía teléfono celular, que le ayudara con un problemita que tenía. La exmujer, muy a eso de las once de la noche, y justo cuando yo le estaba tratando de poner… (y aquí es donde un caballero se debe mostrar como tal y omitir esta parte de la historia), llamó cuasi histérica a mí para pedirme ayuda…
-Quieres que vaya -le dije-.
-No, mejor mañana -me respondió-.
Y seguí en lo mío después de la plática de siempre. Que cómo has estado. Cómo fue tu día. Cómo esto. Cómo lotro. Bla. Bla. Bla. Bla. Las cuestiones de costumbre que se dicen por teléfono dos que alguna vez fueron… bla bla bla…
Total. Para no hacer la crónica más defenestrante de lo que ya de por sí se torna. Colgué. Al cabo de tres señales ella hizo lo propio. Dormí. Curiosamente, esa noche soñé con el primer asesinato de la historia de la humanidad. Según cuenta la Biblia, Abel se chingó a su carnal (en cierta forma, lo que propinó el enojo del otro y tómala barbón). Caín se chingó a su carnal después de haber sentido celos del regalo que éste (Abel) le llevó a Yahweh (wazaaaaaa mayate). Uno de pronto sueña cosas así, y es que si hay una danza que sueña la tortuga, que uno no tenga sus propios sueños sacados de quién sabe qué película de Michelangelo Antonioni (qepd).
Esa noche fue de un sueño profundísimo como presintiendo mi acción del día siguiente. En la mañana, muy de temprano me despertó un mensaje telúrico de la exmujer, diciendo que aún necesitaba ayuda. Ipso factum me levanté del camostre. Dirigí mis pasos a la ducha e hice lo idem. Salí aliviado y sin remembranzas acerca del sueño que soñé durante toda la noche...
Vestime a la A doble ele potencia. Y salime de mi casa con rumbo conocido. Cerca de la Ve Carranza empecé a recordar el sueño que baila la tortuga. Es decir, el que tuve en la noche, pero no le di mucha importancia, porquel chofer empezó a platicar de futbol y cosas peores. No sabe que a mí me gusta el americano. Sí, y con dos de azúcar por favor.
Llegué a la ene dirección. Tomé la pose de quien he sido últimamente, un Caín. O asesino Free lance, como sea. Toqué la puerta y al cabo de tres señales alguien respondió. Yo soy quien tú sueñas ser, dijo, y abrió. La exmujer estaba ahí (no es necesario que diga que se veía hermosa porque eso está de sobra), enfundada en una pijama-bata que dejaba sus encantos muy a la vista y muy a la mano también. Mmmmmmmaaaaaaaaaaaa.
-Dónde está -pregunté en seco como cuando te…-.
-En la pileta –respondió igual de seco como cuando se…-.
-Bien.
Fui a la suscrita pileta. En efecto, ahí estaba. Su suerte estaba echada. Era él o yo, y en casos como éste es mejor ser uno que dos. Total. Lo vi y me vio. Lescupí y mescupió. El trabajo requería de otros métodos. Situaciones extremas requieren soluciones in extremis. Me puse unos guantes. Es encantandor matar con guantes. Es como cuando te la jalan con guantes. Muy elegante el pedo. En un movimiento feroz mi presa se puso a nadar. Desde el momento en que cayó ahí su destino estaba previsto. Cogí hábilmente (favor que usté me hace) una escoba. No para volar, la situación lo requería con extrema urgencia. La presa seguía en chinga nada que nade. El agua le llegaba a la barbilla y contando… diez y sereno. La presa sintió entonces el poder de la escoba. Se negaba a ser acribillada de forma brutal. La escoba, generalmente flácida en sus partes más endebles, daba un resquicio por donde pudiera respirar. La presa luchaba por su vida bajo el agua. Era su vida o la de Goyo, quiero decir, la degüello… colorado, aunque ésa sea la del moño. No lo podía permitir. Estaba saliendo a la superficie. En un descuido podría lanzarme su rayo gamma y destruir mi campo de fuerza magneto...-fónico para morir cual ella o él. Pero en un movimiento habilísimo, como de prima valerina del güinipeg (pa´ los insapientos Winnipeg) ballet Bolshoi de Rusia. Tomé en mi mano una second escoba y apretujé. Apretujé tanto quel “Compañero”, como lo hubiera llamado Vicente Leñero, quedó ahí. Bajo las garras de Miiiii siiiiii fuzz. Bajo el agua y bajo las escobas.
Después de una truculenta plática con la mujer, la exmujer, quiero decir, en la questuve sosteniendo por varios minutos y con mucha fuerza las ambas dos pareja dueto dúo escobas sobre mi presea mamiiii presea… por fin pude comprobar el grado de persona en la que me he convertido… hasta ese instante lo más grande que había matado era una cucaracha, ahora, con esta rata o ratón muerto. ¡¡¡¡¡Yo lo matéééééééééé, Yo lo matééééééééé: Pepe el toro es inocente!!!! este hecho me convertía en el predador más grande en mi lista de asesinatos.
Un ratón se cruzó en mi camino… y eso es todo lo que tengo que contar al respecto, cito: Forrest Gump. Quiteme los guantes y me senté a ver la tele tooooodo el puercacho o puercochóooonnnn… día. Fin de A.S.E.S.I.N.O. en las rocas.
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Dicen quel ratero y el asesino siempre regresan al lugar de los hechos. En efecto, está comprobado. En las recientes vacaciones me volví asesino y regresé al lugar de los hechos más rápido de lo que tenía planeado. Y vaya que regresar al lugar de los hechos no era lo mejor que tenía en mente. Pero regresé.
Resultó que… “la mujer”, (la exmujer vamos a llamarle de aquí en adelante), me pidió, en una noche de tantas, vía teléfono celular, que le ayudara con un problemita que tenía. La exmujer, muy a eso de las once de la noche, y justo cuando yo le estaba tratando de poner… (y aquí es donde un caballero se debe mostrar como tal y omitir esta parte de la historia), llamó cuasi histérica a mí para pedirme ayuda…
-Quieres que vaya -le dije-.
-No, mejor mañana -me respondió-.
Y seguí en lo mío después de la plática de siempre. Que cómo has estado. Cómo fue tu día. Cómo esto. Cómo lotro. Bla. Bla. Bla. Bla. Las cuestiones de costumbre que se dicen por teléfono dos que alguna vez fueron… bla bla bla…
Total. Para no hacer la crónica más defenestrante de lo que ya de por sí se torna. Colgué. Al cabo de tres señales ella hizo lo propio. Dormí. Curiosamente, esa noche soñé con el primer asesinato de la historia de la humanidad. Según cuenta la Biblia, Abel se chingó a su carnal (en cierta forma, lo que propinó el enojo del otro y tómala barbón). Caín se chingó a su carnal después de haber sentido celos del regalo que éste (Abel) le llevó a Yahweh (wazaaaaaa mayate). Uno de pronto sueña cosas así, y es que si hay una danza que sueña la tortuga, que uno no tenga sus propios sueños sacados de quién sabe qué película de Michelangelo Antonioni (qepd).
Esa noche fue de un sueño profundísimo como presintiendo mi acción del día siguiente. En la mañana, muy de temprano me despertó un mensaje telúrico de la exmujer, diciendo que aún necesitaba ayuda. Ipso factum me levanté del camostre. Dirigí mis pasos a la ducha e hice lo idem. Salí aliviado y sin remembranzas acerca del sueño que soñé durante toda la noche...
Vestime a la A doble ele potencia. Y salime de mi casa con rumbo conocido. Cerca de la Ve Carranza empecé a recordar el sueño que baila la tortuga. Es decir, el que tuve en la noche, pero no le di mucha importancia, porquel chofer empezó a platicar de futbol y cosas peores. No sabe que a mí me gusta el americano. Sí, y con dos de azúcar por favor.
Llegué a la ene dirección. Tomé la pose de quien he sido últimamente, un Caín. O asesino Free lance, como sea. Toqué la puerta y al cabo de tres señales alguien respondió. Yo soy quien tú sueñas ser, dijo, y abrió. La exmujer estaba ahí (no es necesario que diga que se veía hermosa porque eso está de sobra), enfundada en una pijama-bata que dejaba sus encantos muy a la vista y muy a la mano también. Mmmmmmmaaaaaaaaaaaa.
-Dónde está -pregunté en seco como cuando te…-.
-En la pileta –respondió igual de seco como cuando se…-.
-Bien.
Fui a la suscrita pileta. En efecto, ahí estaba. Su suerte estaba echada. Era él o yo, y en casos como éste es mejor ser uno que dos. Total. Lo vi y me vio. Lescupí y mescupió. El trabajo requería de otros métodos. Situaciones extremas requieren soluciones in extremis. Me puse unos guantes. Es encantandor matar con guantes. Es como cuando te la jalan con guantes. Muy elegante el pedo. En un movimiento feroz mi presa se puso a nadar. Desde el momento en que cayó ahí su destino estaba previsto. Cogí hábilmente (favor que usté me hace) una escoba. No para volar, la situación lo requería con extrema urgencia. La presa seguía en chinga nada que nade. El agua le llegaba a la barbilla y contando… diez y sereno. La presa sintió entonces el poder de la escoba. Se negaba a ser acribillada de forma brutal. La escoba, generalmente flácida en sus partes más endebles, daba un resquicio por donde pudiera respirar. La presa luchaba por su vida bajo el agua. Era su vida o la de Goyo, quiero decir, la degüello… colorado, aunque ésa sea la del moño. No lo podía permitir. Estaba saliendo a la superficie. En un descuido podría lanzarme su rayo gamma y destruir mi campo de fuerza magneto...-fónico para morir cual ella o él. Pero en un movimiento habilísimo, como de prima valerina del güinipeg (pa´ los insapientos Winnipeg) ballet Bolshoi de Rusia. Tomé en mi mano una second escoba y apretujé. Apretujé tanto quel “Compañero”, como lo hubiera llamado Vicente Leñero, quedó ahí. Bajo las garras de Miiiii siiiiii fuzz. Bajo el agua y bajo las escobas.
Después de una truculenta plática con la mujer, la exmujer, quiero decir, en la questuve sosteniendo por varios minutos y con mucha fuerza las ambas dos pareja dueto dúo escobas sobre mi presea mamiiii presea… por fin pude comprobar el grado de persona en la que me he convertido… hasta ese instante lo más grande que había matado era una cucaracha, ahora, con esta rata o ratón muerto. ¡¡¡¡¡Yo lo matéééééééééé, Yo lo matééééééééé: Pepe el toro es inocente!!!! este hecho me convertía en el predador más grande en mi lista de asesinatos.
Un ratón se cruzó en mi camino… y eso es todo lo que tengo que contar al respecto, cito: Forrest Gump. Quiteme los guantes y me senté a ver la tele tooooodo el puercacho o puercochóooonnnn… día. Fin de A.S.E.S.I.N.O. en las rocas.
Thursday, July 26, 2007
Un rincón cerca del cielo (Crónicas defenestrantes)
Un rincón cerca del cielo
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Antes de aclarar el por qué soy un asesino, voy a contar un hecho que me parece importante.
Martes: cuatro de la tarde. Personas: Carlos Ramírez y Alberto Llanes. Lugar: Centro de Readaptación Social de Colima. Hecho: ir a dar un taller de literatura a los interesados.
Pues sí. Ahí vamos Carlos y yo. Semanas atrás me había dicho que si quería hacerme cargo de ese taller porque él ya no podría. Acepté sin chistar. Siempre es emocionante aceptar cosas nuevas, emprender retos nuevos. Me dijo que las personas que están ahí, es cierto, necesitan que alguien se interese por sus labores. Ha de ser muy perra la vida ahí dentro, como dijo en un texto un señor (prometo recordar en otro post sus nombres). Entonces, uno les lleva un poco de felicidad, me comentó Carlos. Y es cierto, uno les lleva un poco de felicidad.
Uno siempre se imagina cosas antes de ver cómo son en realidad. Una vez que pasamos por puertas y puertas y puertas, que nos esculcaron y preguntaron nuestros nombres por ene vez, recorrimos un pasillo al aire libre cercado por malla ciclónica. Llegamos a lo que hace de centro, una plazoleta donde todos se congregan a platicar, jugar, comprar cosas (porque eso sí, se vende de todo, hasta a un paletero me encontré). Total.
Seguimos caminando. Uno siente miradas extrañas, penetrantes cuando camina por esos pasillos. Quiero pensar que Carlos sintió lo mismo la primera vez que puso el pie ahí. Yo iba sumamente nervioso. Y más nervioso me había puesto todo el trámite para entrar. Que registrarse en un folio. Que dejar las llaves en paquetería. Que el de la foto y yo no nos parecemos. Que las firmas de Carlitos no son iguales. Que esto. Que lo otro. Que qué pasó con mi greña y un largo etcétera más.
Al pasar por todo esto viene lo mero bueno. Enfrentarse con las personas que están ahí dentro purgando condena. Entonces te topas a los tatuados. A los que tienen cara de pocos amigos. A los fortachones. A los de bigote pronunciado. Que se te quedan viendo como si fueras nuevo en esa crujía. Pero no, uno nada más va de paso. Entonces yo clavé la mirada en el piso y caminé… y nada más caminé…
Llegamos pues a lo que hace de escuela. El programa dentro del Cereso se llama “Auto-ayuda”. Ahí es donde Carlitos… y ahora yo… vamos a dar el curso. Carlos me ha dicho que su grupo empezó siendo de veintidós personas. Yo nada más conté diez en esa ocasión. Cuando estaba pasando lista se me ocurrió una broma, pero nada más la pensé, no la dije. La broma consistía en que nombraba a alguien que se supone estaba en el curso y al no obtener respuesta se me ocurrió (pensar-decir)… no vino (como en la escuela)… pero cómo no va a ir si no puede salir de ahí el interfecto. Pero como lo he dicho, nada más lo pensé.
El caso es que los motivos por los que el grupo ha ido para abajo son variados: dos han salido en libertad, otros dos fueron cambiados (a dónde no lo sé), otros dos se enfadaron del curso y a otros los trasladaron a otro lugar (tampoco sé a dónde). El caso es que quedan diez. Diez personas que me parecieron sumamente interesantes. Diez personas que quién sabe qué hayan hecho para estar ahí. Diez personas que en sus textos se nota la urgencia de vivir, de salir, de volver a respirar el aire sin necesidad de estar detrás de una reja. Diez personas por las que tengo que pensar para llevarles un poco, aunque sea un poco de distracción de ese encierro en el que viven.
El respeto que le tienen al maestro Carlos (como le dicen a Carlitos), es impresionante. En cuanto me presentó como el nuevo titular de la materia noté inmediatamente un dejo de tristeza. Incluso don Mario (me acuerdo del nombre porque fue el más participativo), llegó a pensar que el curso se iba a terminar. No -dijo Carlos-, nada más que mi compañero Beto se va a ser ahora cargo de él. Ah, -fue todo lo que comentó-.
Para ir conociéndolos un poco más, Carlos me pidió que hiciera una dinámica mientras él revisaba una serie de textos que ellos mismos escriben. Total. Les di una frase genial (la frase no es mía, se la pedí prestada a Dolores Castro y lo comenté ahí mismo), y les dije que con esa frase (inicio de algo), continuaran haciendo una historia breve en prosa poética. El resultado fue sorprendente. Nos reímos un montón por las soluciones que cada quien le daba a esa frase. El ingenio es maravilloso cuando se comparte.
Mientras estaba ahí. Me olvidé por completo de los problemas que me están aquejando en los últimos días. También, mientras estaba ahí, me olvidé por completo de que las clases las estábamos impartiendo en el CERESO. De todo se olvida uno mientras tanto.
Seguimos platicando muy a gusto sobre literatura, ángeles, viajes estelares. Carlitos les dijo que el lenguaje es un ente vivo. Yo les platiqué de una literatura nueva interesante que está haciendo Ruy Xoconostle, entre otros, o Luis Humberto Crosthwaite y varios más. Se interesaron por ese rollo entre spanglish y literatura molotov. Les aseguré que nos íbamos a divertir horrores como con el ejercicio de la frase, y los noté animados. Les comenté que, aunque no soy experto, podemos ver poesía también, y crónica y cuento y novela y ensayo y todo lo que podamos ver, porque esa gente se lo merece y porque, a decir de Carlitos, hay personas que nunca fallan a ese taller. A ver cómo me va en esta nueva aventura... esperemos que bien.
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Antes de aclarar el por qué soy un asesino, voy a contar un hecho que me parece importante.
Martes: cuatro de la tarde. Personas: Carlos Ramírez y Alberto Llanes. Lugar: Centro de Readaptación Social de Colima. Hecho: ir a dar un taller de literatura a los interesados.
Pues sí. Ahí vamos Carlos y yo. Semanas atrás me había dicho que si quería hacerme cargo de ese taller porque él ya no podría. Acepté sin chistar. Siempre es emocionante aceptar cosas nuevas, emprender retos nuevos. Me dijo que las personas que están ahí, es cierto, necesitan que alguien se interese por sus labores. Ha de ser muy perra la vida ahí dentro, como dijo en un texto un señor (prometo recordar en otro post sus nombres). Entonces, uno les lleva un poco de felicidad, me comentó Carlos. Y es cierto, uno les lleva un poco de felicidad.
Uno siempre se imagina cosas antes de ver cómo son en realidad. Una vez que pasamos por puertas y puertas y puertas, que nos esculcaron y preguntaron nuestros nombres por ene vez, recorrimos un pasillo al aire libre cercado por malla ciclónica. Llegamos a lo que hace de centro, una plazoleta donde todos se congregan a platicar, jugar, comprar cosas (porque eso sí, se vende de todo, hasta a un paletero me encontré). Total.
Seguimos caminando. Uno siente miradas extrañas, penetrantes cuando camina por esos pasillos. Quiero pensar que Carlos sintió lo mismo la primera vez que puso el pie ahí. Yo iba sumamente nervioso. Y más nervioso me había puesto todo el trámite para entrar. Que registrarse en un folio. Que dejar las llaves en paquetería. Que el de la foto y yo no nos parecemos. Que las firmas de Carlitos no son iguales. Que esto. Que lo otro. Que qué pasó con mi greña y un largo etcétera más.
Al pasar por todo esto viene lo mero bueno. Enfrentarse con las personas que están ahí dentro purgando condena. Entonces te topas a los tatuados. A los que tienen cara de pocos amigos. A los fortachones. A los de bigote pronunciado. Que se te quedan viendo como si fueras nuevo en esa crujía. Pero no, uno nada más va de paso. Entonces yo clavé la mirada en el piso y caminé… y nada más caminé…
Llegamos pues a lo que hace de escuela. El programa dentro del Cereso se llama “Auto-ayuda”. Ahí es donde Carlitos… y ahora yo… vamos a dar el curso. Carlos me ha dicho que su grupo empezó siendo de veintidós personas. Yo nada más conté diez en esa ocasión. Cuando estaba pasando lista se me ocurrió una broma, pero nada más la pensé, no la dije. La broma consistía en que nombraba a alguien que se supone estaba en el curso y al no obtener respuesta se me ocurrió (pensar-decir)… no vino (como en la escuela)… pero cómo no va a ir si no puede salir de ahí el interfecto. Pero como lo he dicho, nada más lo pensé.
El caso es que los motivos por los que el grupo ha ido para abajo son variados: dos han salido en libertad, otros dos fueron cambiados (a dónde no lo sé), otros dos se enfadaron del curso y a otros los trasladaron a otro lugar (tampoco sé a dónde). El caso es que quedan diez. Diez personas que me parecieron sumamente interesantes. Diez personas que quién sabe qué hayan hecho para estar ahí. Diez personas que en sus textos se nota la urgencia de vivir, de salir, de volver a respirar el aire sin necesidad de estar detrás de una reja. Diez personas por las que tengo que pensar para llevarles un poco, aunque sea un poco de distracción de ese encierro en el que viven.
El respeto que le tienen al maestro Carlos (como le dicen a Carlitos), es impresionante. En cuanto me presentó como el nuevo titular de la materia noté inmediatamente un dejo de tristeza. Incluso don Mario (me acuerdo del nombre porque fue el más participativo), llegó a pensar que el curso se iba a terminar. No -dijo Carlos-, nada más que mi compañero Beto se va a ser ahora cargo de él. Ah, -fue todo lo que comentó-.
Para ir conociéndolos un poco más, Carlos me pidió que hiciera una dinámica mientras él revisaba una serie de textos que ellos mismos escriben. Total. Les di una frase genial (la frase no es mía, se la pedí prestada a Dolores Castro y lo comenté ahí mismo), y les dije que con esa frase (inicio de algo), continuaran haciendo una historia breve en prosa poética. El resultado fue sorprendente. Nos reímos un montón por las soluciones que cada quien le daba a esa frase. El ingenio es maravilloso cuando se comparte.
Mientras estaba ahí. Me olvidé por completo de los problemas que me están aquejando en los últimos días. También, mientras estaba ahí, me olvidé por completo de que las clases las estábamos impartiendo en el CERESO. De todo se olvida uno mientras tanto.
Seguimos platicando muy a gusto sobre literatura, ángeles, viajes estelares. Carlitos les dijo que el lenguaje es un ente vivo. Yo les platiqué de una literatura nueva interesante que está haciendo Ruy Xoconostle, entre otros, o Luis Humberto Crosthwaite y varios más. Se interesaron por ese rollo entre spanglish y literatura molotov. Les aseguré que nos íbamos a divertir horrores como con el ejercicio de la frase, y los noté animados. Les comenté que, aunque no soy experto, podemos ver poesía también, y crónica y cuento y novela y ensayo y todo lo que podamos ver, porque esa gente se lo merece y porque, a decir de Carlitos, hay personas que nunca fallan a ese taller. A ver cómo me va en esta nueva aventura... esperemos que bien.
Tuesday, July 24, 2007
Alcohol, roncanrol y cine (Crónicas defenestrantes)
Alcohol, roncanrol y cine
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Pues bien. Yo necesito decirte que… en las vacaciones (dos grandes semanas), no hice nada, pero nada de nada de nada. Si desperdiciar el tiempo es hacer algo, está bien, eso hice. Desperdiciar el tiempo. Avances de tesis no tengo. Sólo leí un libro “El último campeonato mundial” de Pedro Ángel Palou. Escribir tampoco. Hace mucho que no lo hago, salvo estas crónicas que de entrada, defenestran.
Compartir el tiempo con los amigos, sí, eso fue lo que hice, compartir el tiempo. También me volví peli-culero. Agoté la cartelera del cine. Compré un chingo de DVD´S. Hay uno buenísimo de Nirvana, aquel donde Kurt le parte su madre a un güey de seguridad. Ja, está cagado, nada más se ve el guitarrazo que le pone en la jeta al cabrón ese, y cómo éste se levanta y le da unos putazos a Kurt. Entonces nada más se ve a Dave Grohl que salta la bataca y quiere poner orden porque están madreando al líder de la banda, en tanto Chris Novoselic anda en la pendeja con el bajo cuneiforme, porque le dio un putazo y se le enchuecó.
Así me la pasé en las vacaciones. Bueno, ahora que hago memoria también pinté mi casa. No toda pero sí una bona-parte. También compré el DVD sinfónico del Tri. Ese me gusta porque le mienta la madre a cuanto cabrón ojete se le pone en frente.
También me la pasé de pedo. Una semana sí, y la otra también. Esas fiestas donde uno pierde la conciencia son chidas. Quién sabe cuántas mamadas te metes (todo excepto el dedo, aunque si te gustan los frijoles pues…) y fui a una desas. Ah, ¿ya dije que vi muchas muvis?, compré por fin la película "Chicago", con la mamirrona de la Z Jones. También me refiné la de "La maldición", con ella misma. Pinche película, no me acordaba que cuando la fui a ver al cine, una escena me hizo cuasi cagar pa´ dentro y dejar en la alfombra media Coca-cola tirada.
Hay sin embargo, una película que no había visto porque no me llamaba la atención… esa de “Atrápame si puedes”, con el weyón de Leonardo Di Carpio, aunque tengo que reconocerlo, el reyecín está trabajando chido, aún así, dijera Ruy Xoconostle, me cago en Leo Di Capri y en Quentin Tarantino. Decía pues que “Atrápame si puedes” no me convencía del todo (manque sale también Tom Hanks actorazo), pero como que no, la historia no me convencia. Después de tanta pinche recomendación la vi, me gustó y me gustó como me gustó "Hollywoodland", con el weyete de Ben Afleck en el papel de Supermán el señor Reeves pa los compas, George Reeves. Ahí sale la otrora mami Diane Lane, sí, esa misma que sale en “Infidelidad”, al lado de un güey que también sale en "Chicago" que se hizo famoso por ser el amante de la "Mujer bonita", con Julia Roberts, Richard Gere. Total, todo este pinche desmadre para llegar otra vez a "Chicago" jajaja.
Esas fueron mis memorables vacaciones. Entre película y película, cerveza y cerveza, frontoniza y frontoniza, amigos y amigos y hasta me hice medio piquete para el X-Box, cosa o factor o situación o juego o máquina o apología o materia o examen o circunstancia en la que el Llanes nunca se ha distinguido en ser muy ducho: ser Total.
Pendientes para las vacaciones tenía y tengo un chingo. Leer teoría para la hechura de la tesina. Ponerme a escribir avances de la tesina. Terminar el protocolo. Escoger una metodología. Bla bla bla, cosas que lo lastiman a uno… dijera Jaime Sabines.
También vi Harry Piutter. Transforgays, donde sale la mamirrona de Megan Fox (esa es vieja no #$%&/(“). Por ene vez me chuté "Forrest Gump", y por ene vez me chuté también "¿Conocen a Joe Black?", con el ahora Sr. Smith, Brad Pitt-(o), y creo ser el único wey en todo el estado, que en julio se pone a ver por ene vez también, "El expreso polar". Bueno, pinté, le consumí a mi madre una cantidad inigualable de cervezas. Joder, dijera el capitán "Alatriste" (película que también me refiné en estas vacaciones), tengo una deuda perenne con mi madre. Pero a ver, quién le manda a vender cervezas y tener un hijo alcohólico.
Ah, también me volví asesino en estas vacaciones. Pero este secreto lo revelaré en otro post. Sí, soy A-S-E-S-I-N-O y eso no lo puedo negar… Y tiene mucho que ver con "Ratatouille".
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Pues bien. Yo necesito decirte que… en las vacaciones (dos grandes semanas), no hice nada, pero nada de nada de nada. Si desperdiciar el tiempo es hacer algo, está bien, eso hice. Desperdiciar el tiempo. Avances de tesis no tengo. Sólo leí un libro “El último campeonato mundial” de Pedro Ángel Palou. Escribir tampoco. Hace mucho que no lo hago, salvo estas crónicas que de entrada, defenestran.
Compartir el tiempo con los amigos, sí, eso fue lo que hice, compartir el tiempo. También me volví peli-culero. Agoté la cartelera del cine. Compré un chingo de DVD´S. Hay uno buenísimo de Nirvana, aquel donde Kurt le parte su madre a un güey de seguridad. Ja, está cagado, nada más se ve el guitarrazo que le pone en la jeta al cabrón ese, y cómo éste se levanta y le da unos putazos a Kurt. Entonces nada más se ve a Dave Grohl que salta la bataca y quiere poner orden porque están madreando al líder de la banda, en tanto Chris Novoselic anda en la pendeja con el bajo cuneiforme, porque le dio un putazo y se le enchuecó.
Así me la pasé en las vacaciones. Bueno, ahora que hago memoria también pinté mi casa. No toda pero sí una bona-parte. También compré el DVD sinfónico del Tri. Ese me gusta porque le mienta la madre a cuanto cabrón ojete se le pone en frente.
También me la pasé de pedo. Una semana sí, y la otra también. Esas fiestas donde uno pierde la conciencia son chidas. Quién sabe cuántas mamadas te metes (todo excepto el dedo, aunque si te gustan los frijoles pues…) y fui a una desas. Ah, ¿ya dije que vi muchas muvis?, compré por fin la película "Chicago", con la mamirrona de la Z Jones. También me refiné la de "La maldición", con ella misma. Pinche película, no me acordaba que cuando la fui a ver al cine, una escena me hizo cuasi cagar pa´ dentro y dejar en la alfombra media Coca-cola tirada.
Hay sin embargo, una película que no había visto porque no me llamaba la atención… esa de “Atrápame si puedes”, con el weyón de Leonardo Di Carpio, aunque tengo que reconocerlo, el reyecín está trabajando chido, aún así, dijera Ruy Xoconostle, me cago en Leo Di Capri y en Quentin Tarantino. Decía pues que “Atrápame si puedes” no me convencía del todo (manque sale también Tom Hanks actorazo), pero como que no, la historia no me convencia. Después de tanta pinche recomendación la vi, me gustó y me gustó como me gustó "Hollywoodland", con el weyete de Ben Afleck en el papel de Supermán el señor Reeves pa los compas, George Reeves. Ahí sale la otrora mami Diane Lane, sí, esa misma que sale en “Infidelidad”, al lado de un güey que también sale en "Chicago" que se hizo famoso por ser el amante de la "Mujer bonita", con Julia Roberts, Richard Gere. Total, todo este pinche desmadre para llegar otra vez a "Chicago" jajaja.
Esas fueron mis memorables vacaciones. Entre película y película, cerveza y cerveza, frontoniza y frontoniza, amigos y amigos y hasta me hice medio piquete para el X-Box, cosa o factor o situación o juego o máquina o apología o materia o examen o circunstancia en la que el Llanes nunca se ha distinguido en ser muy ducho: ser Total.
Pendientes para las vacaciones tenía y tengo un chingo. Leer teoría para la hechura de la tesina. Ponerme a escribir avances de la tesina. Terminar el protocolo. Escoger una metodología. Bla bla bla, cosas que lo lastiman a uno… dijera Jaime Sabines.
También vi Harry Piutter. Transforgays, donde sale la mamirrona de Megan Fox (esa es vieja no #$%&/(“). Por ene vez me chuté "Forrest Gump", y por ene vez me chuté también "¿Conocen a Joe Black?", con el ahora Sr. Smith, Brad Pitt-(o), y creo ser el único wey en todo el estado, que en julio se pone a ver por ene vez también, "El expreso polar". Bueno, pinté, le consumí a mi madre una cantidad inigualable de cervezas. Joder, dijera el capitán "Alatriste" (película que también me refiné en estas vacaciones), tengo una deuda perenne con mi madre. Pero a ver, quién le manda a vender cervezas y tener un hijo alcohólico.
Ah, también me volví asesino en estas vacaciones. Pero este secreto lo revelaré en otro post. Sí, soy A-S-E-S-I-N-O y eso no lo puedo negar… Y tiene mucho que ver con "Ratatouille".
Friday, July 06, 2007
La semana maldita o cuarta y largo y no voy a patear (Crónicas defenestrantes)

La semana maldita o cuarta y largo y no voy a patear
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Hay semanas perversas. Semanas que se ensañan con uno. Semanas que no las quieres vivir, que sería mejor saltarlas, no vivirlas, pasarlas de noche como la escuela. Semanas en las que no quieres ser tú. Semanas en que por más ganas que le eches, no, nada te sale bien. Semanas de colores, dijera Elena Garro, pero de colores oscuros, negros, hoscos, ocres, tormentosos, colores para nada combinables, para nada alegres. Esta fue una semana de esas en todos los ámbitos.
El trabajo: Pues ni fú ni fá. Ahí va, como siempre, revisando, leyendo, trabajando como dicen que trabajan los editores, para el anonimato, para nadie, para la oscuridad, es cierto, uno no quiere la fama pero de cuando en cuando es muy vivificante que alguien le diga a uno: “Órale, qué bien hiciste éste (tal o cual trabajo)”. Con eso a uno le dan ganas de seguir haciendo las cosas que uno más o menos aprendió a hacer, y hace en la vida, la puerca vida.
En la escuela: Aquí está el verdadero problema: La escuela. Aunque me vea demasiado grande, vetarro pues, sigo yendo a la escuela. Y aunque me va muy bien ya no es como antes, donde me ponía máscaras de luchador para tomar clases, pero en efecto, sigo yendo a la escuela. Y ese no es el problema, no, el problema radica en que, bueno, uno a veces entra en problemas con personas (cuestión que no voy a tocar en esta crónica), y la relación se vuelve al punto, pesada. Las lecturas también son muchas. Más aparte las lecturas de revisión de textos del trabajo. Más aparte las lecturas que el Llanes hace por su cuenta. Total, que el cerebro a veces no da para más. Y con pleitos con personas especiales, aún pior.
En el amor: Este espacio lo voy a dejar en blanco por que… (ad infinitud puntos suspensivos)…
Los amigos: Esos siempre van a estar en los problemas que uno cree irresolvibles (aunque no sé si el término exista o no pero me vale). Últimamente mis amigos de toda la vida me han acompañado en situaciones varias. Y cuando digo amigos de toda la vida, quiero decir de la licenciatura para acá. Porque amigos amigos amigos lo que se diga amigos pues son pocos… los de la secundaria ni los recuerdo… los de la prepa no andan por aquí… los de la licenciatura, mi tercia dinámica, son los únicos con los que el Llanes jala para todos lados. Y ellos saben perfectamente quiénes son… Los de la maestría, los veo tan poco… que…
Total. La semana ha sido catastrófica. Peleas. Chelas. Gastar a lo menso. Comprar libros y no leer o no tener ganas de hacerlo cuando antes todo era diferente. No tener la capacidad de concentración en nada. Los partidos aburridos de México. La buena selección sub-20. El teléfono sin sonar ya tanto. Las ventanas del chat aburridas, pláticas que se quedan ahí y se pierden en quién sabe dónde. La lluvia que no cae. El calor que no me deja vivir en paz. Los cuentos que ya no puedo escribir y las ideas que se han perdido en quién sabe dónde. La mala vibra de una enemiga cultural. El ajetreo de un ir y venir de dimes y diretes. Total. La lista sería un poquito más larga pero no, no quiero enfadar a mi sublime lector.
Para colmo, nada más quiero poner el colmo de todo esto. Es la nota de la trágica muerte de “Pepe” Espinosa. Para quien no sepa quién fue “Pepe” Espinosa, anexaré a este post, una foto del gran comentarista deportivo, que sin embargo, no es muy conocido porque el deporte que narra, a poca, muy poca gente le gusta. A mí me encanta ver tanto madrazo que se meten. Y si en algo estaban puestas mis esperanzas para que la semana fuera más llevadera, era precisamente la cercanía que ya se siente del futbol americano profesional, deporte que narra el buen Pepe, o narraba…
Por que de pronto ya se respira futbol americano, ya se siente la vibra, ya se ve, ya se presiente, pero ahora, sin “Pepe” Espinosa en Fox Sports, quién me va a alegrar los domingos de por sí, de la chingada, solo, acostado en la cama, sin ganas de beber una maldita cerveza y sin los comentarios tan finos, pero tan finos, de un señorón de los deportes (máxime del americano que tanto me gusta).
Fue el comentarista oficial de mi equipo favorito de futbol americano. Los vaqueros de Dallas. Mejor no haberme enterado, en esta abulia que tengo, de la muerte del gran Pepe Espinosa (qepd).
Thursday, July 05, 2007
Vas peinado pa´tras (Crónicas defenestrantes)
Vas peinado pa´tras
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Apenas ayer se sintió el rigor. Un trío de tres se desplazaba por los pasillos de la Fac., exfacu de letras, y volvió a sentirse el rigor. Ese rigor de cuando estudiantes usábamos máscaras de luchadores de la triple A, o del consejo de lucha libre.
Yo era identificado como coco rojo. David Cheves (nuestro siempre narrador), era coco azul, en tanto que el muerto, alias Alejandro, era coco naranja. Nuestro siempre Juan Pablo (y no precisamente el segundo que ese anda en estadus mortis) era tinieblas, y no lo hubiera sido nunca porque le dábamos cada putiza que para qué les cuento.
El fervor por la lucha libre nos surgió (a los tres citados), desde muy morritos. Cuando nos encontramos en la facu., todos verijones y toda la cosa, nos valía literalmente madre y usábamos las máscaras todo el tiempo. Así tomábamos las clases. Yo enfundado en la máscara de coco rojo ocultaba el rostro a propios y extraños. Lanzaba manotazos a diestra y siniestra y mis compañeros, de la tercia maldita, me secundaban o yo los secundaba a ellos. Total.
Sin embargo, ayer, recorriendo estos pasillos de dios, volvió a sentirse esa furia de antaño. Claro, compartiendo tripleta ahora con otros dos grandes amigos. Carlos Ramírez y Oscar Fernando.
De aquellos que empezamos a luchar por las causas rudísimas de siete suelas y gran turismo, dos terminamos los estudios y nos seguimos frecuentando, aunque ahora lo hacemos por el msn porque David (y aquí entra la siempre frase de que es y será y seguirá siendo nuestro siempre narrador) anda en los chiles. De Alejandro, alias el morido, sé más poco aunque lo tenga cerca, en Manzanillo.
El caso que ayer me recordó esos lejanos días de lucha libre y saltos mortales desde la tercera tercera tercera cuerda Magadán. Íbamos caminando con paso cuasi rudísimo de siete suelas y gran pederismo. Se sintió la vibra, dijo el gran Lalo. Y como la lucha libre la traigo bien metida en las venas de inmediato me acordé de la tripleta ruda ruda ruda de Emilio Charles “El rey del biutiful o del beatiful”, Roco Valente y Tony Arce, “Los destructores”. Esos sí eran rudos de verdad.
Dicen que los chilangos nada más le van a los rudos. Pues sí, yo soy chilango y le voy a los rudísimos. Aunque cuando lucha El hijo del Santo siempre tiendo a cambiar de bando, no sé por qué.
Puede ser fantasía o de a de veras. Pero la lucha libre se contagia. En cuanto acabas de ver una lucha en vivo te pones a soltar putazos a diestra y siniestra. Te crees y te creen en efecto el rey de beatiful, o atlantis maldad qué sé yo.
Aunque tanta parafernalia da al traste. Por ejemplo, el Negro cuatro cuarenta casas era grande cuando era rudazo y peleaba contra el Santo (las mejores batallas que he visto), pero se ha vuelto técnico y ha dejado mucho qué desear, ya no es frío frío como el agua del río, ni caliente caliente como el agua de la fuente.
Dr. Wagner es otro ejemplo de ello. Antes se hacía llamar el galeno del mal, nombre que le quedaba muy bien; ahora se afemina (por el cambio de bando) a llamarse el galeno del bien. ¡Bah!, patrañas. Defenestra en serio.
Los jotitos (que en el país de flechitas se hacen llamar gays) también tienen su espacio para que partan o les partan la madre: Polvo de estrella (jotazo), May Flowers, Casandro, Sexy Piscis, Sexy Francis y la más loca de todas Pimpinela Escarlata, todos forman la comunidad de los exóticos o las exóticas según se quiera ver, y son todo un show que a veces aburre, pero que a veces divierte.
Hay sin embargo, un nombre intocable en la hegemonía de la lucha libre: Daniel López “El satánico”, que hiciera la tripleta ruda de los infernales, estando él en todas las generaciones que ha tenido esa tercia ruda. Ahora, al paso del tiempo, El satánico también ha cambiado de bando y se ha vuelto limpio. Pero qué mal, muy mal se oye un nombre como el del Satánico en un sitio tan angelical como el bando técnico. ¡Bah!
Así que ayer recordé los tiempos de lucha libre, de máscaras, de diversión, de que nos corrían del salón de clases por payasistas y sí, éramos y somos payasistas. Por que ahora, la nueva generación, no nos dejará mentir. Arriba los rudos los rudos los rudos y el atlante… y los payasos diabólicos. Como ño…
(Crónicas defenestrantes)
Alberto Llanes
Apenas ayer se sintió el rigor. Un trío de tres se desplazaba por los pasillos de la Fac., exfacu de letras, y volvió a sentirse el rigor. Ese rigor de cuando estudiantes usábamos máscaras de luchadores de la triple A, o del consejo de lucha libre.
Yo era identificado como coco rojo. David Cheves (nuestro siempre narrador), era coco azul, en tanto que el muerto, alias Alejandro, era coco naranja. Nuestro siempre Juan Pablo (y no precisamente el segundo que ese anda en estadus mortis) era tinieblas, y no lo hubiera sido nunca porque le dábamos cada putiza que para qué les cuento.
El fervor por la lucha libre nos surgió (a los tres citados), desde muy morritos. Cuando nos encontramos en la facu., todos verijones y toda la cosa, nos valía literalmente madre y usábamos las máscaras todo el tiempo. Así tomábamos las clases. Yo enfundado en la máscara de coco rojo ocultaba el rostro a propios y extraños. Lanzaba manotazos a diestra y siniestra y mis compañeros, de la tercia maldita, me secundaban o yo los secundaba a ellos. Total.
Sin embargo, ayer, recorriendo estos pasillos de dios, volvió a sentirse esa furia de antaño. Claro, compartiendo tripleta ahora con otros dos grandes amigos. Carlos Ramírez y Oscar Fernando.
De aquellos que empezamos a luchar por las causas rudísimas de siete suelas y gran turismo, dos terminamos los estudios y nos seguimos frecuentando, aunque ahora lo hacemos por el msn porque David (y aquí entra la siempre frase de que es y será y seguirá siendo nuestro siempre narrador) anda en los chiles. De Alejandro, alias el morido, sé más poco aunque lo tenga cerca, en Manzanillo.
El caso que ayer me recordó esos lejanos días de lucha libre y saltos mortales desde la tercera tercera tercera cuerda Magadán. Íbamos caminando con paso cuasi rudísimo de siete suelas y gran pederismo. Se sintió la vibra, dijo el gran Lalo. Y como la lucha libre la traigo bien metida en las venas de inmediato me acordé de la tripleta ruda ruda ruda de Emilio Charles “El rey del biutiful o del beatiful”, Roco Valente y Tony Arce, “Los destructores”. Esos sí eran rudos de verdad.
Dicen que los chilangos nada más le van a los rudos. Pues sí, yo soy chilango y le voy a los rudísimos. Aunque cuando lucha El hijo del Santo siempre tiendo a cambiar de bando, no sé por qué.
Puede ser fantasía o de a de veras. Pero la lucha libre se contagia. En cuanto acabas de ver una lucha en vivo te pones a soltar putazos a diestra y siniestra. Te crees y te creen en efecto el rey de beatiful, o atlantis maldad qué sé yo.
Aunque tanta parafernalia da al traste. Por ejemplo, el Negro cuatro cuarenta casas era grande cuando era rudazo y peleaba contra el Santo (las mejores batallas que he visto), pero se ha vuelto técnico y ha dejado mucho qué desear, ya no es frío frío como el agua del río, ni caliente caliente como el agua de la fuente.
Dr. Wagner es otro ejemplo de ello. Antes se hacía llamar el galeno del mal, nombre que le quedaba muy bien; ahora se afemina (por el cambio de bando) a llamarse el galeno del bien. ¡Bah!, patrañas. Defenestra en serio.
Los jotitos (que en el país de flechitas se hacen llamar gays) también tienen su espacio para que partan o les partan la madre: Polvo de estrella (jotazo), May Flowers, Casandro, Sexy Piscis, Sexy Francis y la más loca de todas Pimpinela Escarlata, todos forman la comunidad de los exóticos o las exóticas según se quiera ver, y son todo un show que a veces aburre, pero que a veces divierte.
Hay sin embargo, un nombre intocable en la hegemonía de la lucha libre: Daniel López “El satánico”, que hiciera la tripleta ruda de los infernales, estando él en todas las generaciones que ha tenido esa tercia ruda. Ahora, al paso del tiempo, El satánico también ha cambiado de bando y se ha vuelto limpio. Pero qué mal, muy mal se oye un nombre como el del Satánico en un sitio tan angelical como el bando técnico. ¡Bah!
Así que ayer recordé los tiempos de lucha libre, de máscaras, de diversión, de que nos corrían del salón de clases por payasistas y sí, éramos y somos payasistas. Por que ahora, la nueva generación, no nos dejará mentir. Arriba los rudos los rudos los rudos y el atlante… y los payasos diabólicos. Como ño…
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