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Tuesday, March 23, 2010

La charrería, no es signo de buena política




Cronicario
La charrería, no es signo de buena política


Alberto Llanes


Luego del mal gobierno de Vicente Fox (y yo que voté por él, lo reconozco), quedó demostrado que la charrería no es señal de buena política. El presidente necio (del hoy, hoy, hoy) y refresquero por antonomasia, nos convenció a todos con sus puntadas “charrezcas” y sus botas y sus tepocatas y víboras prietas y sus “V” de victoria (aunque yo hubiera preferido que fueran de Vendetta, sólo para que nos recordara la hermosura de Natalie Portman, en fin).
Así nos ganó el presidente más charro (en todos los sentidos) que ha tenido México. Luego vino su debacle, su fama y/o popularidad (como se le quiera llamar) se estropeó o la estropeó él mismo en un santiamén; y tras el fracaso de su matrimonio (fracaso para México, no para Martita ni para él), las rancheradas se vinieron como en cascada, una tras otra (como dijera Paco Stanley).
Primero, las toallas y sábanas carísimas, en tanto que miles de mexicanos se morían y aún hoy, siguen muriendo en la hambruna y pobreza y marginación totales. Y tantos y tantos episodios cómicos y vergonzosos que se atrevió a pasar poniendo a México en ridículo (si ya de por sí) como en esa ocasión del premio nobel peruano (sic) Gabriel García Márquez.
En fin, pobre del gremio de los charros, si alguien le hubiera reclamado a ese presidente balín algo deberían haber sido ellos, por que su imagen, con este preciso que tuvo el país, quedó muy mal parada. En fin.
Yo no tenía la desgraciada fortuna de conocer a nuestro gobernador de lujo Mario Anguiano Moreno, hasta un evento realizado el sábado anterior en lo que serán las instalaciones de Altozano, el residencial que, como su slogan lo dicen “cambiará la forma de vivir de los colimenses” y yo me pregunto, ¿y qué colimense, trabajador clasemediero, o sea, honesto, que no sea ni narco ni político (que hay se van ambos trabajados en degradados últimamente), sino que sea un trabajador normal, promedio, con un sueldito base de 7 mil pesos (cuando más cuando menos) al mes, podría pagar esos “lujos” que nos tienen reservados los Brun? Nadie, para acabar pronto.
Pero decía, que yo no tenía la desgraciada fortuna de conocer a nuestro gober (precioso) sino hasta ese evento. Maldita sea la hora en que estuve ahí, pero funcionó para observar algunos detalles con precisión. Para empezar, me di cuenta que su popularidad está cayendo; si entró al gobierno de Colima con una popularidad más o menos alta, ésta se ha venido abajo poco a poco de forma para nada sorpresiva, luego de tan incómoda que está la gente con un charro más al frente del gobierno, (igualito que le pasó a Fox en su primer trimestre como presidente de todos los mexicanos y mexicanas).
Anguiano Moreno no ha hecho sino correr a miles de empleados de “su mismo gobierno” (o del que le antecedió), dejando a “N” número de familias en el abandono económico y eso que votaron por él, yo conozco a varios. Luego hizo, según él porque nadie se dio cuenta un programita de 100 días 100 actividades que, siendo sinceros, yo no vi esas 100 acciones en los famosos 100 días.
Segundo, en ocasiones pasadas, cuando me tocaba estar en algún evento con el gober presente, se le tenía respeto a su investidura, ahora no, máxime cuando él, el propio gober, pobrecito, es un charrito que no se quiere bajar de su caballito y asiste a un evento, donde va la crème de la crème de Colima, con unas botitas mineras (como si el campo fuera a estar minado o fuera a hacer trabajos forzados), un pantalocinto de mezclilla (rancherito casi marca Yale o Renegado que no iba para nada con las botas mineras, pero sí le podrían quedar a unas de cuello de víbora, claro, si las víboras tuvieran cuello) y una camisita de manga larga a rayas bastante fuera de lugar, por Dios, ¿que no tiene quién lo asesore en casa?
Los demás personajes íbamos adhoc al lugar, al día, a la vegetación etc., guayabera (refrescante), pantalón de lino o de vestir y zapato casual, algunos con sombrero (no vaquero, porque nuestro gober siempre anda pensando en rancheradas) y todos bien vestidos y de acuerdo a la ocasión. Pobre de nuestro gobernador, por eso le llueve sobre mojado y todavía derrapa el pobre.
Pero bueno, todavía supiera hablar, pero no, ni eso. De estar hablando en plural de pronto se deja venir en singular y es un relajo entender lo que quiere decir con su vocecita tipluda y al mismo tiempo amanerada, y esa sonrisa, caray, como si el horno estuviera para bollos y su antecesor no hubiera dejado un boquete millonario que éste no quiere, no puede o le tiembla la mano enfrentar.
Yo no entiendo como los charros no hacen algo para que no sigan fregando su imagen. Ya pasó con Fox, está pasando con Anguiano y ellos tranquilos. Las nueve y sereno.
No tengo nada contra el gremio de la gente que se dedica a la charrería, al contrario, creo que debe haber gente de muy buena estirpe, pero sin embargo, estos políticos “charros” están ensuciando esa imagen que se han ganado con el paso del tiempo. Y que quede claro, la charrería no es signo de buena política. Y nuestro flamante gobernador, de lujo, está en picada. Punto fecha y firma, así lo dejo escrito.

Friday, March 19, 2010

PEÑA NIETO "EL GOLDEN BOY DEL ESTADO DE MÉXICO"

PEÑA NIETO "EL GOLDEN BOY DEL ESTADO DE MÉXICO"
Por Denisse Dresser.

El copete acicalado. La sonrisa diamantina. La novia famosa.. El Gobierno dadivoso. La publicidad omnipresente. La pantalla alquilada. La alianza del guapo y los corruptos. Los componentes centrales del modelo de competencia política que el PRI construye y con el cual logra ganar. Los ingredientes fundamentales de la estrategia que el PRI despliega y con la cual logra arrasar.

Una ecuación cuidada, perfectamente planeada: cara bonita + dinero + televisoras + publicidad + PRI dinosáurico = triunfo electoral. Una fórmula concebida en el Estado de México y ahora instrumentada exitosamente a nivel nacional. Una fórmula patentada por los artífices de la "experiencia probada", en busca de algo que puedan vender como "nueva actitud". El modelo bombón. El modelo "Golden Boy". El modelo Peña Nieto.

Con resultados a la vista y confirmados en esta elección. Distrito tras Distrito, Presidencia municipal tras Presidencia municipal, Diputación tras Diputación, Estado tras Estado. Corredores azules que se vuelven tricolores; bastiones panistas que pasan a manos priistas; territorios del PRD que dejan de serlo. Guadalajara y Zapopan y Cuernavaca y Toluca y Ecatepec y Tlalnepantla y Atizapán y Naucalpan. Tan sólo en el Estado de México, el triunfo en 40 de 45 distritos electorales.

El PRI, beneficiario del voto de castigo por una economía que se contrae más del 7 por ciento. El PRI, beneficiario de la inseguridad que la popularidad presidencial no logra remediar. El PRI, beneficiario de un PRD que se devora a sí mismo y un PAN que se traiciona a sí mismo. Pero más importante aún, el PRI beneficiario de la mejor inversión que ha hecho en tiempos recientes: la campaña publicitaria permanente que lleva a miles de mujeres a exclamar -en mítines de campaña- "Peña Nieto bombón, te quiero en mi colchón".

El "Astro Boy de Atlacomulco", una criatura concebida por la dinastía política más importante del País que ahora busca dominarlo de nuevo. El político Potemkin, producto de un entramado de intereses políticos y empresariales que combina la modernidad mediática para llegar al poder, con los viejos métodos para ejercerlo.

El mexiquense metrosexual construido con carretadas de dinero: por lo menos 3 mil 500 millones de pesos en cuatro años de autopromoción mediática descritos por Jenaro Villamil en su nuevo libro "Si yo fuera presidente: el reality show de Peña Nieto". El posible candidato presidencial, seleccionado, asesorado y adiestrado por personajes como Arturo Montiel y Alfredo del Mazo y Carlos Salinas de Gortari y ejecutivos de Televisa y muchas manos más que peinan el copete. Venden el producto. Posicionan la marca.

Enrique Peña Nieto, emulando a diario la estrategia salinista basada en la inauguración de grandes obras y el cumplimiento de pequeños compromisos. Promocionando a diario la lista de libramientos construidos, tractores regalados, apoyos económicos entregados.

Ejemplo de lo que Octavio Paz llamó el "Ogro Filantrópico"; ese Estado que no construye ciudadanos, sino perpetúa clientelas. Millones de mexicanos educados para vivir con la mano extendida, parados en la cola, esperando la próxima dádiva del próximo político. Como los 9 mil que se aprestaron a celebrar el cumpleaños de Mario Marín hace unos días y los 200 que hicieron cola para abrazarlo. Como aquellos para quienes la corrupción se vale cuando es compartida. Como aquellos que volvieron a votar por el PRI en el Estado de México, a pesar de las marrullerías de Arturo Montiel y las marometas llevadas a cabo por su sucesor para encubrirlo.

Enrique Peña Nieto, actor de un espectáculo continuo, perfectamente producido, escenificado y actuado en la pantalla más grande del País. El candidato de "El Canal de las Estrellas" que hasta novia le consiguió. El candidato que las televisoras hacen suyo y se encargan de edificar. Con promoción política disfrazada de infomercial; con paquetes publicitarios que incluyen la compra de entrevistas en los principales noticieros; con la cobertura de un romance que recibe más atención que la guerra contra el narcotráfico; con el silencio televisivo que se guarda sobre el caso de Atenco o los feminicidios en el Estado de México o cualquier tema controvertido que podría evidenciar las fauces del joven dinosaurio.

Hay un Plan de Trabajo que Televisa ha puesto en marcha y cuyas instrucciones Peña Nieto sigue al pie de la letra: te doy la pantalla desde la cual propulsarte y me das una Presidencia a la medida de mis intereses. Un trueque permanente de favores, dinero, gestión política a cambio de impunidad y promoción mediática.

Como advierte Julio Scherer García, la fórmula Peña Nieto es sencilla: comprar el tiempo en la televisión, corromper y corromper, mentir y mentir, aprender que a los aprendices se les puede y debe aprovechar. Todo para apoyar al joven muñeco, atractivo por su presencia física, a costa de la inteligencia y la pulcritud moral. Todo para que el poder regrese a las manos de la mafia. Todo para que el PRI vuelva a Los Pinos.

Tuesday, March 16, 2010

Sólo es un hasta luego

Cronicario
Sólo es un hasta luego


Para José Gutiérrez, excelente
“profe”, mejor amigo.


Alberto Llanes


La noticia de tu muerte, Pepe, me sacudió casi como un terremoto de ocho punto ocho grados con duración de un minuto en la escala de Ritcher. Como una bala fría, que digo fría, helada, de sopetón, me llegó la noticia. Prácticamente no pude hacer nada, Pepe, en todo ese maldito, fatídico día. Yo no sabía que un día anterior, Pepe, nos habías dejado. Yo no lo sabía, nadie me avisó, nadie me dijo nada. Al otro día, sin embargo, un par de llamadas que, te soy sincero Pepe, no me hubiera gustado recibir, fueron las que me dieron la noticia de tu muerte. Quedé sin aliento por un rato. No lo podía creer pero así era. Salí de inmediato al Cedeluc, Pepe, pero en el Cedeluc nadie, nadie sabía nada, más bien, nadie me dio información porque nadie había, Pepe. Regresé entonces a la oficina a ver si alguien me decía algo y sí, al rato recibí la otra llamada, Pepe, que me confirmó todos los datos. Una amiga en común (Karina), me dijo que iba llegando de la misa de tu muerte, Pepe. Y que ya te llevaban a poner en paz. No lo pudimos evitar amigo, ambos nos pusimos a llorar a través del teléfono aunque tú decías que los hombres no lloran, pues quizá no soy tan hombre, Pepe, porque chillé no te lo voy a negar. Sin embargo esta vida es así, Kari me dijo que iban a hacer novenario en tu casa, amigo, y que ya estabas descansando de esa enfermedad que te pegó justo cuando nos conocimos, en la época de la maestría… Sí, ¿cuántas cosas dejamos en el tintero, Pepe?, ¿cuántas cosas nos faltaron por hacer, planes, proyectos, fiestas?, ¿a cuántas mujeres nos faltó conocer? Yo prácticamente ese día no hice mucho, no me podía concentrar, Pepe. Tenía la mente en otras cosas, en recuerdos que no eran tan viejos ni tan lejanos, ahí tenía la mente, Pepe. No la podía tener en ningún otro lado. En el Messenger puse una leyenda con tu nombre, Pepe, y, muchas personas me preguntaron por ti, por lo que te había pasado, por todo. Yo a todos les respondí lo poco o lo mucho que sabía, Pepe. Incluso, un amigo en común, que fue tu alumno, se estremeció con la noticia y platicamos largo y tendido recordando… recordándote como eras, porque tú eras una persona bien alegre, Pepe, y porque ganaste muchos amigos en todo este tiempo, y porque tuviste un ramillete de alumnos que, cosa curiosa, resultan ser amigos míos algunos, otros conocidos de lejos y los más conocidos quizá de vista o de oídas o qué sé yo, Pepe. Después de sentir esa bala fría, que digo fría, heladísima de la noticia de tu muerte, amigo Pepe. Sentí entonces un calor, un cansancio, un aletargamiento que no me explico, Pepe. Y te digo, la vida es así. Mi jefa mi dio indicaciones para que registrara documentos, revisara textos y bla bla bla… cosas que hace un editor, y como autómata hacía, me movía, leía pero no lograba concentrar mi atención en lo que estaba haciendo, Pepe, pensando en que dos semanas atrás había platicado contigo por teléfono y habíamos quedado de llevar a cabo nuestro proyecto aquél, tú te has de acordar, Pepe, sí, ese, de hacer un taller literario para trabajadores de la Universidad de Colima. Proyecto que veníamos cocinando desde hacía tiempo Pepe, pero que por prescripción médica tuvimos que dejar de lado. No te creas, yo empecé a seleccionar algunos textos que creo, podrían o podrán ser útiles para los trabajadores, más que útiles, Pepe, divertidos, porque te acuerdas que decíamos que la literatura tenía, para llegar a todo el público o la gran mayoría, que ser divertida. Debo decirte, Pepe, que no trabajé como otros días, no, me la pasaba pensando en tantos y tantos momentos divertidos, en aquellas clases de la maestría, o cuando sacabas tus puntadas, o cuando aquella vez sonó tu celular y traías el mugido de una vaca, ¿te acuerdas? Y a todos nos sacaste de onda y no parábamos de reír, o aquella palabra defenestrar que luego hicimos nuestra. Recordaba también que después de las clases nos íbamos por ahí a tomar unos tragos y a planear nuestro siguiente ataque Pepe, nuestro siguiente proyecto. Quizá yo te aburría con mis chingadas pláticas de literatura, pero, hermano, no sé hablar de otra cosa, quizá de futbol, de mujeres, de música, de teatro, de danza, ya sabes, soy un maldito apasionado del arte qué se le va a hacer. Pero en cambio tú siempre sacabas a colación a tus alumnos, decías que eran tremendos pero que eran el futuro de este estado y del país, porqué no decirlo. Me acuerdo de esa noche que andábamos cazando mujeres, cazando en el mejor sentido de la palabra, quiero decir, rondamos calles y calles viendo y no caía nada hasta que nos desesperamos y fuimos a tomarnos unas cervezas, ya sabes que a mí me gusta la cerveza oscura y tú preferías la clara, aunque a veces eso no importaba mucho, y que después llegamos a mi casa, donde mi mamá vendía chelas a no sé qué altas horas de la noche y nos empinamos unas león bien frías. Y entonces nos pusimos a planear, porque quizá eso era lo que hacíamos mejor, Pepe, planear. Siempre es bueno tener proyectos, Pepe, y más si son para fomentar algún buen hábito como la lectura y la escritura en trabajadores universitarios, dios mediante, Pepe, haré todo lo que esté de mi parte para que ese proyecto se haga y se lleve a cabo. Si no estoy yo al frente de él que esté alguien más, Pepe, pero que se haga. No se puede quedar así, creo que tú hubieras querido que ese proyecto se cristalizara. Y así tiene que ser. Por la tarde-noche de ese día, Pepe, hablé por teléfono con mi mamá. Le conté todo. Ella también te recuerda por nuestras noches de juerga en que íbamos a parar a Villa Izcalli por las chelas ¿te acuerdas? Yo tenía una deuda perenne con ella, pero… qué se le va a hacer. Ahí volví a llorar, Pepe, sí ya sé que vas a decir que soy un maricón pero qué se le va a hacer, Pepe. A mí me ha pegado muy feo tu partida, Pepe, porque como lo dijo la maestra Ada en una columna que sacó en Milenio diario dedicada a ti: “cuando un compañero de generación se va para siempre, pega muy fuerte, porque los compañeros de generación son como hermanos, son como de la familia, Pepe”. Y por eso sentí y lamenté mucho tu partida. Y voy a serte sincero, porque ya sabes que a mí me gusta serlo. No pude escribir nada en una semana, Pepe. Este texto lo estoy haciendo apenas el 14 de marzo y tú nos dejaste justito el 28 de febrero (día en que partió también Carlos Montemayor), Pepe. Y sólo quiero terminar con algo que puse en mi Messenger y que decía: “Te llevaremos en nuestro corazón pepito gutiérrez... descansa en paz y con tu alegría haz felices a todos por allá...”. Porque así eras tú, Pepe, feliz, muy feliz y así te quiero y te debemos recordar.